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LA BANDA NOS VISITA

La mejor virtud y el mayor defecto de La Banda nos Visita es que se trata de una película tan amenazadora como una niña de cinco años recién salida de misa saltando a la comba. En serio. Sin embargo, y a la luz de la perspectiva catastrofista de la que hace gala el cine “social, comprometido y necesario” de hoy en día (que básicamente nos indica que nos vamos todos al Infierno cogiditos de la mano), se agradece una película tan inofensiva, entrañable y simbólicamente conciliadora.

La banda en cuestión es la pequeña Orquesta de la Policía de Alejandría (Egipto), que llega a Israel para dar un concierto en un centro de Cultura Árabe en el interior del país hebreo. Sin embargo, los planes no salen como era previsto y los músicos acaban en el culo del mundo, concretamente en una pequeña y aburrida ciudad donde entablan relaciones con Dina, la propietaria de un restaurante donde algunos de los comensales les ofrecen la posibilidad de pasar la noche antes de partir hacia el concierto. Sin precisar mucho más, puede decirse que entre ellos predomina sobre todo una atmósfera de civismo y educación, que prevalece por encima de sus políticas, las cuales sin embargo se hacen patentes en diversos matices muy puntualizados a lo largo del metraje.  

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En el centro de toda la visita se encuentran tres personajes principales: la propia Dina, por un lado; Jaled, el joven guaperillas enamorado del jazz y, sobre todo, el director de la orquesta, Tawfiq. Este último, dado su cargo, ejerce de representante oficial no sólo del grupo, sino también de su país, y se trata de un personaje admirablemente construido y mejor interpretado por el veterano Sasson Gabai. Y señal de que el film no está dispuesto a machacar conciencias, más que un monolito del estado se comporta como un hombre tímido y humilde: su amor al Ejército y al orden establecido queda supeditado al enorme daño que su actitud recta y oficialista se ha cobrado en su vida personal. No son de extrañar las emociones que despierta en Dina y el deseo mutuo de ambos de llegar a un punto compartido que no pueden alcanzar. Todo muy bonito.

Así, la música y el amor son los dos ejes fundamentales sobre los que se asienta la película. El primero, sobre todo, como factor de unión entre la banda y los israelíes. Las referencias musicales dentro del film son constantes, desde Chet Baker al Summertime de George Gershwin, que sirve de telón de fondo para mi escena favorita de la película, en la que una familia israelí acoge a algunos miembros de la banda y donde quedan de relieve como nunca en el film las distintas realidades que les diferencian. Esto es aún más bonito.

Todo ello, insertado en el solitario escenario que es el desierto del Negev, va acompañado de una cierta sensación de aislamiento que confiere a la película una cierta dimensión onírica. Es difícil apreciar si hay un mundo exterior que rodea a los personajes, que constantemente emplean citas, refranes y referencias culturales tan conocidas superan las distancias entre los dos pueblos. No pocas veces se nos recuerda que todos los personajes de la trama son pequeñitos dentro del cuadro global del conflicto árabe-israelí, y cuyas ambiciones difieren mucho de los ideales que defienden sus respectivos gobiernos y una inmensa mayoría de sus respectivas poblaciones. Lo que queda realmente precioso, por si no lo he mencionado antes.

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Así, el film transcurre por el camino del costumbrismo, que es un género que hay que cuidar especialmente porque los personajes evolucionan a base de pequeñísimos detalles y cambios en su rutina y tanto director como guionista cumplen modélicamente en este aspecto, con detalles cómicos (nunca hilarantes). Ya sea en un solitario restaurante o en la pista de baile, árabes e israelíes se comunican a través de temas compartidos y universales en un film donde rarísima vez se nos plantea algún dilema moral en la arena política. Baste con apreciar el esfuerzo realizado por su director, que se luce especialmente a la hora de manejar las conversaciones entre los personajes y a sacar partido del irreal entorno donde se desarrolla la acción: una ciudad en mitad del desierto donde lo que sucede fuera apenas alcanza a los protagonistas, y donde las cualidades humanas (tristeza, amor, compasión, contacto emocional) barren del mapa cualquier asomo de la tensión ideológica.

La Banda nos Visita se las apaña para ser, al mismo tiempo, una película absolutamente trascendental a la vez que completamente anecdótica y entrañable. Porque no solo de La Batalla de Argel vive el hombre.

PD: Hilaridad. El hecho que que árabes e israelíes se hablen en inglés entre ellos durante más de la mitad de la película valió para que el film fuera descalificado de cara a la carrera por el Oscar a la Mejor Película Extranjera.



Nota: 7

Una crítica de: Rafa Martín


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Un comentario en “LA BANDA NOS VISITA”


Comentario de
George Kaplan
April
13th, 2008

Solo puedo decir que me agrada mucho que presteis atención también a estas pelis pequeñas, para que no se nos quede todo en cine espectáculo, que al menos a mí me gusta ver y saber de todo un poco y cuanto más mejor.


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