Críticas

PROYECTO DOS

Jeff Goldblum decí­a algo así­ en Parque Jurásico: “Asumimos ese conocimiento: no lo adquirimos, no nos lo ganamos. ¿Ahora quieren empaquetarlo y venderlo? Bien. Vendanlo”. Dinosaurios o bioquí­micos, es lo mismo porque Proyecto Dos pretende ser, en sus escenas de acción, la respuesta al cine estadounidense actual y, en la parte de su intriga, una especulación de ciencia-ficción sobre las posibilidades de la genética. En las escenas de tiros, coches y hostias, honestamente, se pueden decir que lo han conseguido. Puro Tony Scott cañí­. Repito: tiros, coches y hostias.  

Pero el lema tradicional español: “SOMOS LA POLLA” y el género de la ciencia-ficción tienen un problema: simplemente, no lo pillamos. Es un género, como cualquier otro, donde las posibilidades sólo están limitadas por la imaginación humana. Estableces tus premisas, estiras un poco la realidad y creas un mundo. Tu mundo, con sus caracterí­sticas especiales. Sitúas a los personajes en la historia. Desarrollas la historia. La llevas hasta el final. Pero todo ello para explicar a una audiencia “lo que sucederí­a si…”, ampliando sus horizontes un poco y finalmente (porque el cine trata bastante de ésto), evadiéndoles de la realidad cotidiana durante dos horas. En ese aspecto, el de evasión, la ciencia-ficción guarda sus mejores bazas. Si quieres rizar el rizo, puedes explorar las consecuencias morales del adelanto cientí­fico sobre tus personajes, pero de éso no va esta pelí­cula. Recordemos: tiros, coches y hostias y misterio.

Ah, y en algún momento, a lo mejor es posible que te enamores de la historia que estás contando. El roce hace el cariño. Y aquí­ está el problema: porque a uno no le pueden caber muchas dudas del amor que toda la gente implicada en Proyecto Dos ha desarrollado por este film. Pero qué poquito de ese amor ha llegado a la gran pantalla, oyes. En sus mejores momentos, Proyecto Dos es pura y simplemente un ejercicio de estilo televisivo (¿alguien en España piensa rodar en 2:35 alguna puta vez?). En sus peores (la mayor parte del metraje), es un desastre motivado por un guión absurdamente complicado hasta el extremo, que en ningún momento desarrolla personajes con los que podamos empatizar para dar al film una oportunidad que, conforme pasan los minutos, se merece cada vez menos.

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Cinco guionistas son absolutamente incapaces de explicarnos por qué deberí­a interesarme la historia de Diego, un bioquí­mico aquejado de constante sensaciones de deja vu, y su esposa, Susan. Y de cómo un dí­a muere en la calle un hombre clavado a él, lo que le incita a una búsqueda internacional –Londres, Buenos Aires– para averiguar las respuestas sobre su existencia. Esto es todo lo más que puedo comentar el argumento del film sin tener que estrujarme la cabeza más allá de lo genuninamente aconsejable. Pelí­culas de ciencia ficción verdaderamente hardcore, como Primer, se sostienen gracias a un ritmo pací­fico que permite al espectador cavilar sobre las consecuencias de la escena que acaba de ver sin perder ripio de lo que sucede a continuación. En Proyecto Dos, esta tarea es absolutamente imposible porque de cada tres planos, uno incluye un efectito visual (contad los desdoblamientos de imagen y os quedaréis sin dedos en las manos pasados cinco minutos) que simplemente te desmarca de lo que sucede en pantalla, y porque las explicaciones provienen no de descubrimientos, sino de laaaaargos monólogos de nulo interés donde las soluciones al argumento llegan de la forma más fácil posible: un personaje, hablando. Quizás simplificar un poco el argumento del film y centrarse en los personajes hubiera sido una buena idea. Hubiera.

Pero tenemos lo que tenemos y la factura del film contribuye, pero no mucho, a elevar el resultado final. Sí­ que es cierto que Proyecto Dos es, técnicamente, superior a la media habitual. Lo que intenta Groizard no es fácil: un viaje visual. Claves de la historia trasladadas al espectador a través del simple poder de la imagen, empleada por ejemplo para descubrirnos retazos de flashbacks que en teorí­a deberí­an proporcionarnos un punto de apoyo para sustentar las ideas de la pelí­cula y que terminan resultando confusos, de lo absolutamente distorsionada que está la imagen. En general, la presentación de estas “ideas visuales” no puede ser más efectista. Al margen de que es difí­cil capturar un elemento concreto, generalmente suelen ir acompañadas de un “whoooossh” que es como un “chan-ta-tachaaaaan-pero-no” en lo que es la mejor parte de la omnipresente banda sonora.

Adriá Collado y Lucí­a Jiménez son lo mejor del film porque por lo menos están absolutamente convencidos e implicados en lo que están haciendo. En particular Collado, que por lo menos tiene planta de action-hero. Y hay una especie de sensación de confort y seguridad (y amor, recordemos, amor) en su matrimonio que se da a lo largo de la pelí­cula y que se convierte en la fina cuerda de la que se sustenta el resto de la, ejem, historia. Pero ninguno de ellos llega a emerger como un personaje en firme. Simplemente, son mecanismos, lo que en relación al resto de la banda, es un elogio porque los secundarios simplemente son bochornosos. Dejando a un lado cierta predilección por irse de putas (creedme), tanto “amigo cómico” (ojo a la escena del “quesito”. Impagable), como “ayudante empollona”, “inglés tétrico que habla inglés”, y “secuaces rusos que hablan castellano en privado” conforman uno de los repartos más absolutamente desquiciantes que un espectador se pueda echar a la cara en meses.

¿Y la acción? Bien, gracias. Una persecución de coches, unas cuantas hostias bien dadas, y un tiroteo final. Bien montadas, dinámicas, interesantes pero resueltas a la gornú. Este film te demuestra cómo un conductor capaz de conducir a 160 kilómetros por hora por las calles de Madrid, pilla mal un bache a 20 y vuelca el coche. Yo me he llevado a cuestas un quitamiedos en mis años jóvenes de carnet, pero ni por asomo se me daban tan mal las marchas cortas. La ejecución de las escenas es correctí­sima, pero su estructura (la enésima vez que hago referencia al guión) no la salva ni Cameron, menos Groizard, cuya gran habilidad como director de acción nunca va acompañada en las escenas en las que nadie va corriendo a ningún lado.

Así­ que, en resumidas cuentas: sin menoscabo del esfuerzo, Proyecto Dos es en el fondo un film que muerde más de lo que puede comer, que trata de abordar una historia compleja centrándose de forma obsesiva en el aspecto de la intriga sin importarle demasiado las consecuencias morales de sus acciones o el impacto real sobre los personajes (“vámonos de putas”) y que aquella no sólo es confusa, sino completamente intrascendente, y mera excusa para desarrollar la currada factura técnica del film, que no se distingue mucho por su elegancia o su estética (moderniqui) y sí­ por su montaje (labor homérica de José Ramon Lorenzo, aunque no se por qué me viene a la cabeza Superlópez, encerrado comiendo bocatas mientras monta Tronak el Karbaro a supervelocidad). Además, puntos añadidos por intentar demostrar que en España se puede hacer cine de acción, cámara al hombro y que salga lo que Dios quiera. A la mierda Don Siegel. Nunca le conocimos. Total.


Guillermo Groizard | Nacho Cabana, Guillermo Groizard, Manuel Valdivia, Chus Vallejo, Margarita Varea | Adriá Collado, Lucí­a Jiménez, Alfonso Lara, Maria Luisa Merlo, Manolo Zarzo, José Marí­a Pou | Rafael Bolaños | José Ramón Lorenzo | Daniel Sánchez de la Hera, Cristopher Slaski, Crispin Taylor | Mike Downey, Zorana Piggot, José Antonio Romero, Sam Taylor | Film and Music Entertainment, Ensueño Films, DeAPlaneta, Rioja Audiovisual | DeAPlaneta | 2 |
  • jrlorenzo

    ¿Habrí­a variado la planificación de tener otro presupuesto y el doble de semanas de rodaje? ¡Sin duda! Probablemente, hasta habrí­a algunas escenas suprimidas o modificadas por exigencias presupuestarias. La verdad es que 5 semanas es una proeza para rodar un thriller de acción de este tipo (y, ojo, los storyboards de Guillermo estaban muy detallados ¡hasta para la persecución!) Quizá la frase de la crí­tica “morder más de lo que se podí­a” pueda ser considerada…

    También lo “esperable” de la historia está en lo subjetivo. De los temas abordables, la pelí­cula se centra en uno que quizás sea el que menos tenga que ver con la clonación, pero interesante de todas formas: ¿Puedes amar a alguien que te diga que JAMÁS te va a decir toda su verdad? Ése es el clí­max con Lucí­a y lo que la peli desarrolla creo que bastante (incluso hubo variaciones de montaje destinadas a potenciar más su amor inicial para luego hacer más relevante el sentimiento de pérdida). Pero, como dices, cada uno juzgará mejor el propósito que “mejor le sentarí­a” a la pelí­cula.

    Sobre el aspecto de “trailer de hora y media” es cierto que uso más de un recurso expresivo de montaje que se asocia mucho a un trailer, así­ que es una sensación lógica. Sólo que a mi me parecí­an expresivos y útiles para las transiciones (eso sí­, siempre quise huir de cosas como “En la boca del miedo” – magní­fica en otros aspectos – donde el clí­max de la escena siempre era resulto por un aluvión de planos absurdo). Lo que ocurre es que, a los menos amigos de cierto estilo de montaje, dichos efectismos les van a saltar a la cara – como a los que les parece que en un disco puede haber muchos solos de guitarra.

    PD: Estoy de acuerdo que hay excesiva densidad de información por diálogo en ciertos puntos de la pelí­cula, pero también es cierto que se ha hecho un trabajo de contraponer esa información. Es una dialéctica en la que el espectador debe preguntarse siempre quién está mintiendo y construir su propia historia con un final deliberadamente abierto.

    Cuando quieras que pare, dí­melo. :)

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Me encantan estas discusiones porque ayudan a encontrar distintos puntos de vista, a conocer los porqués de cosas que a veces no vemos y a debatir ideas en general.

    Sobre lo que comentas yo no me referí­a con televisivo a hacer cortes y estoy de acuerdo que pensar que un “autor” es un tipo que es escueto en montaje es algo equivocado. Tan autor es Tony Scott como Von Trier, de hecho es tan reconocible el estilo del primero como el del segundo. A lo que me referí­a es a que quizás, por economizar tiempo (ya que no fue mucho en rodaje) se ha recurrido a una forma de trabajo demasiado condicionada por las prisas a la hora de rodar, y no tan centrada en elaborar más el qué y el cómo se cuenta. Eso evidentemente es una especulación mí­a, pero es la sensación que tuve, que la planificación consistí­a más en cubrir todo y tener material que en tener claro cómo y por qué se rodaba cada plano.

    Es cierto de todas formas que uno no puede ir al montaje con estrechez de miras, se tiene que estar abierto a posibilidades de montaje, a jugar con escenas paralelas o a eliminar escenas que luego resultan no ser necesarias para narrar la historia. Pero aún así­ el director debe tener una idea bastante aproximada al resultado final.

    En lo de Cuarón no vamos a coincidir. Hijos de los Hombres me parece, con diferencia, de las mejores pelí­culas de la década y me ha emocionado como pocas, eso es lo bueno del cine. De hecho es una pelí­ que me ayudó a tener de nuevo fe en las pelí­culas ya que en los últimos años no han habido muchas pelí­culas que me hayan entusiasmado. Hay muchas que me entretienen, pero no han pasado de ahí­, y de cuando en cuando me apetece encontrarme con una peli que me de un bofetón en la cara como esa.

    Pero como te comentaba en correo, al margen de elementos objetivos, mucho depende de los gustos de cada uno, del estado de ánimo, de que te reconozcas en la historia o no, etc.

  • jrlorenzo

    ¡Debate de ideas!

    Javier me dijo en un mail “la chapa que te estoy dando…”. Bien, pues eso podemos tener en común: un montador TIENE que sobreanalizarlo todo (y, en la época de la escuela de cine, para defender tus gustos, pues también). Me gustarí­a, por ese motivo, el responder a unas cuantas cosas:

    ¿Qué es “la intención” de una escena?

    Parece que aquí­ se contrapone la cantidad de planos (y, por consiguiente, un número elevado de cortes) con pretender que una escena cuente o no adecuadamente lo que tenga que contar. Creo que no es cierto: tanta intención dramática y expresiva tiene, por ejemplo, la soberbia secuencia de la bala en “El fuego de la venganza” como los cuatro magistrales plano secuencia de “Hijos de los hombres” (fuera de esos planos, la pelí­cula es un guión lamentable, insustancial, con un final absurdo y una estructuración dramática caótica y nula en la que 20 minutos que sobran son claramente visibles: mal ejemplo Cuarón, para mi, como cánon de narrativa cinematográfica).

    Lo que sucede en cine, muchas veces, es que las necesidades de iluminación te obligan a una sí­ntesis de planos que se confunde con “tener las ideas claras sobre la escena” en vez de “carecer de los elementos necesarios”. En “Proyecto Dos” – déjí  vus aparte – podrí­a justificar cualquier cambio de plano en función de lo que se quiere narrar en la escena (por ejemplo: la secuencia de la Caperucita Roja está centrada en lo que ocurre en la cabeza de Adrií  y cómo todo lo que sucede es consecuencia de sus actos: no se trata de crear un mero efecto rí­tmico por acumulación de encuadres, sino de crear analogí­as entre CADA plano).

    En varios proyectos he tenido ayudantes de montaje que, al abordar el premontaje de una secuencia solí­an cometer el error de montar para crear un efecto rí­tmico, y eso era lo primero que les corregí­a: “Siempre tiene que haber un porqué para cambiar de plano”. Aunque dicho porqué sea el aligerar acciones mecánicas como subirse a un coche y ponerlo en marcha.

    ¿Estilo televisivo?

    Una vez más, supongo que eso va asociado a la multifunción que pueda tener una toma larga: esto es, sirve para varios encuadres compaginada con la otra cámara. Pero, una vez más, las consideraciones sobre esto son de í­ndole fotográfica: no creo que resolver algo en plano/contraplano suponga no tener “intención”: ¡Porque es algo que – sin problema – hace gente como Scorsese en secuencias bien largas!

    Cada vez que abordo una secuencia me planteo: “¿Qué es lo que quiero contar con esta escena?” y, en función de eso, monto: cosas tan simples como elegir el tamaño de plano adecuado o la pausa precisa en un corte en un diálogo tienen la misma intención que el largo – y magní­fico – plano sostenido de Shyamalan en “El bosque”. Lo que ocurre es que, desde “la polí­tica de los autores” se parte de que el gran autor es aquel que no “encuentra” nada en montaje, sino que lo tení­a YA todo claro en su cabeza. Y no me parece.

    Por ejemplo, una de las secuencias que más me ha impactado del cine reciente es la explosión del autobus en “La inérprete”. Sydney Pollack no es un gran director de acción, ni se marca Spilbergadas virtuosas en esa secuencia: prefiere apoyarse en la tensión creciente creada por el maestro Steinmkamp, y no por ello le tacharé de televisivo. Son diferentes opciones y gustos estéticos (como a los que no le gustan los solos de guitarra y los que somos fans de Eddie Van Halen: hay espacio para todos).

    Ahora sí­ que soy yo el chapas. Chorry.

    PD: Hay cosas en las que sí­ tenéis razón. No quiero parecer una pared diciendo sólo aquellas de las que disiento.

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Ya lo sé hombre. Si lo decí­a porque a veces también la gente nos toma demasiado en serio o viceversa, que nos desprecian cual cagada de rata. Y no es ni lo uno ni lo otro. De todas formas ya he visto el blog y ahora comprendo.

    Si algo me llevo de la pelí­cula es lo gran tipo que es su montador. Él, junto al director, a apostado por un estilo y lo ha defendido con total coherencia. Pero lo que a ellos y a alguno de los que habéis visto la peli os ha parecido un acierto, a Rafa y a mí­, que vimos juntos la peli, nos pareció lo contrario, más por la omnipresencia de ese estilo de montaje que por el estilo como tal.

    Pero es genial tener gente como José Ramón Lorenzo y Groizar que apuestan por algo, lo defienden con lógica (lo malo serí­a lo tipico que hacemos muchos al empezar en los cortos de “pero así­ mola más”, que no es el caso), y se toman las crí­ticas como algo inevitable, tanto buenas como malas, a lo que hacer caso hasta cierto punto. Porque también es cierto que la gente serí­a tonta si sólo se guiasen por las crí­ticas a la hora ce enfocar un trabajo. Está bien tenerlas en cuenta, al menos si son constructivas, pero no puedes dejar de ser honesto contigo mismo. No puedes hacer algo de una forma porque alguien te diga que es mejor si tú opinas justamente lo contrario. Además, como mejor aprende uno es con experiencia y fallos, de nada te sirven que te digan que algo está mal hasta que tú no lo haces y te das cuenta de que es así­ (o no).

  • atamayo

    Ojo, que no querí­a faltar. Que hay muchas cosas que están muy bien. Supongo que me quedaré por aquí­ más de un rato. :)

    Y todos tenemos nuestra opinión, claro. Pero, pobre vicisitud, que vais a desanimar a la peña a que vea la peli. ¡Que está bien, joer! ¡Que es un blogger muy cachondo que se merece una oportunidad!

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Voces sabias no sé si somos, pero pretendemos ser honestos con nuestra opinión. Tratamos de argumentarla lo mejor posible, pero lo dicho, como siempre, es una opinión, no la verdad definitiva.

    Me alegro de que nos hayas conocido en cualquier caso.

  • atamayo

    He descubierto esta página a través del link de vicisitud. La entrevista, muy bien ¡pero cómo os pasáis con la peli! No entiendo muy bien por qué os llama “voces sabias”. No es que la peli sea la peli definitiva del cine español, pero es muy entretenida, de las mejores de nuestro paí­s que he visto. Y montada de cojones por vicisitud, claro. Le darí­a un 7 en vez de un 2.

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