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PARA GENTE SIN COMPLEJOS

Os dejamos aquí­ otra de nuestras listas, esta vez protagonizada por pelí­culas opresivas, con bastante mala idea, incómodas de ver, tensas y, en general, de estas que nos compramos por si alguna vez las volvemos a ver de nuevo. Cosa que no suele pasar mucho. Como siempre, aviso de la presencia de SPOILERS y dejo constancia de mi criterio personal, así­ que si que las que queráis añadir, a los comentarios, compais.

Crash (David Cronenberg, 1996)

Modus Operandi

Esencialmente, Crash, de David Cronenberg, va sobre un grupo de personas con una especial fijación por los accidentes de tráfico. Su protagonista, James Ballard, alter ego del escritor de la novela original, sufre un accidente de coche que sirve de detonante para introducirle en un submundo dominado por Vaughn, organizador de espectáculos de simulación de accidentes históricos.

Acojona porque…

Porque Crash es una pelí­cula donde James Spader chupa una enorme cicatriz en la pierna de Rosana Arquette y es difí­cilmente el momento más angustioso del film. En él, todos los protagonistas discurren por sus respectivas vidas de forma mecánica hasta que una experiencia cercana a la muerte como es un accidente de coche les saca del estupor en el que se encuentran, despertando en ellos una adicción por la que descubren que la única forma de sentirse vivos es a través del dolor y la violencia. Pero lo realmente soprendente es la indiferencia con la que Cronenberg contempla situaciones que podrí­an despertar las emociones más profundas de un ser humano: Holly Hunter pierde a su esposo en el accidente y a ella no le podrí­a importar menos. El matrimonio de James está dominado por la infidelidad consentida pero ni siquiera eso es capaz de inyectar dinamismo en la pareja hasta que su mujer se presenta a Vaughn, momento en el que es “violada” en un túnel de lavado. Cuando hasta lo que parece una alteración de las convenciones sociales se nos presenta como quien oye llover, es entonces cuando descubrimos que Cronenberg nos está retando a que nos hagamos la gran pregunta: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para escapar de una sociedad donde hasta las mayores transgresiones forman parte del sistema?.

Persona (Ingmar Bergman, 1966)

Modus Operandi

Tras un descalabro mental durante su última actuación, la actriz Elizabeth Vogel llega a su casa de verano acompañada de una enfermera, la hermana Alma, para asistirla durante su recuperación. A lo largo del film, Alma comienza a asumir los rasgos de personalidad de su silenciosa paciente, incluyendo sus memorias y sus recuerdos, hasta tal punto que cuando el marido de la actriz llega de visita se dirige a la cuidadora como si estuviera dirigiéndose a su propia esposa. Lo normal.

Acojona porque…

Porque todas las pelí­culas que se vanaglorian de ser “el thriller psicológico definitivo” en la carátula de su DVD son mariconadas en comparación con este film. En wikipedia encontraréis ante cuatro interpretaciones sobre este film, que Bergman desarrolló tras estar a punto de palmar de neumoní­a. Ni siquiera hay un conflicto de voluntades o un enfrentamiento entre dos personalidades contrapuestas –un principio narrativo que Bergman empleó posiblemente para limpiarse los mocos–. Simplemente se trata de un film que descubre uno de los peores miedos del ser humano y uno de los más improbables, la pérdida de la identidad personal, y uno  en el que el espectador no va a contar con ayuda de ningún tipo para descifrar las claves de la historia. Oh, sí­: se me olvidaba, acompáñese todo de una sucesión de planos iniciales que aluden (o no) a traumas psicológicos habituales del ser humano y que concluyen en un rabo erecto, similar al que David Fincher emplearí­a en El Club de la Lucha –por motivos mucho más divertidos–, film que guarda con Persona más de un punto en común, salvando las distancias.

Requiem por un Sueño (Darren Aronofsky, 2000)

Modus Operandi

Las historias de cuatro personas dominadas por sus respectivas adiciones se diferencia de congéneres similares en la intención de su director, Darren Aronofski, en convertir el film en una pesadilla visual empleando mil y un recursos, maquetas y trucos de montaje varios.

Acojona porque…

Si bien se puede acusar al film de Aronofski de “efectista” –reconozcámoslo, hay formas más sutiles de expresar la adición a la comida que un PUTO FRIGORíFICO CON DIENTES QUE VIENE A COMERTE–, este film no nos cuenta gran cosa, en un primer momento: si eres un yonki, espera consecuencias desagradables. Lo que sí­ hace es redefinir “consecuencias desagradables” introduciéndonos la mí­tica escena del “De culo a culo”, en la que la pobre Jennifer Connelly termina pagando su adición a la cocaí­na ensartándose el ano con un consolador gigante cuya otra punta está justo en el ojete de otra mujer –por cierto, en el guión original se especifica que “Ella (Connelly) se corre”–. Por no mencionar que a su novio le están amputando el brazo en el que se chuta. Sobre esta cuestión, hay que decir que hasta que vio esta peli, servidor estaba hartito de los films habituales que describen el infierno mental de los adictos sin hacer partí­cipe al espectador más que a un nivel puramente superficial (sacudimos la cabeza, decimos “pobrecillos” y nos vamos al Burger). Es con este film, y particularmente con la historia de Ellen Burstyn (en una de las mejores interpretaciones de la historia del cine. Digámoslo ya que toca), con el que se aborda un aspecto fascinante: la forma en la que el cerebro humano suspende la tristeza de la vejez sustituyéndola por la adicción a la esperanza, a la que nos arrastramos de forma casi inconsciente y que de vez en cuando acaba de la forma más desoladora posible. Duele más por no haberlo buscado. 

Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Modus Operandi

¿En serio hace falta que explique de qué va Taxi Driver?

Acojona porque…

El momento llega más o menos sobre la hora de pelí­cula, cuando Travis Bickle (Robert De Niro, en el papel que definió la expresión “no llega ni a las suelas de De Niro”) se encuentra contemplando la televisión con los pies apoyados sobre la silla en la que se encuentra el aparato. Poco a poco, Bickle inclina la silla cada vez más hasta que el aparato cae al suelo, estallando, ante la total y absoluta indiferencia de nuestro afable taxista. Otros Greatest Hits de Bickle incluye anestesiarse contra el dolor acercando el brazo a una cocina encendida o, convertir una máquina de escribir en el carril de salida de una pistola oculta (lo que me parece, sin menoscabo, la leche). Estamos hablando de un individuo tan, pero taaaan pirado –pirado porque está solo, sólo porque está pirado–, que entiende que la única forma de demostrar sus intenciones románticas a una chica es llevarla a un cine porno, expresión por cierto de una sociedad sin valores a la que desprecia. El Gobierno de los Estados Unidos tampoco es que le haga mucha gracia, vistas sus intenciones de masacrar a tiros a un candidato a la presidencia. Y en el fondo,  siempre puede ejercer de ángel guardián de una joven prostituta, asumiendo el papel de vigilante social y, finalmente –en uno de los mejores giros jamás vistos en una pantalla– admirado por el resto de la ciudad. La sencilla, pero jodida historia de un hombre que solo quiso importar y que, encima de esas paranoias, es capaz de funcionar como una persona normal y corriente si le da la gana –véase cuando conversa en el taxi con el senador, futuro objetivo de su pistola automática–. Jate tú.

Perros de Paja (Sam Peckinpah, 1971)

Modus Operandi

Entre galón y galón de guisquito, Sam Peckinpah se casca su pelí­cula más infravalorada –no hay tintes épicos oigs crepúsculares y eso pesa en la Historia del Cine– y una de mis favoritas. Perros de Paja es la historia del pací­fico profesor de matemáticas David Summer, que decide terminar su tésis en el pací­fico pueblo natal de su mujer irlandesa (e hija de la gran puta, pero dejemos eso para el siguiente apartado). Su temperamento racional y pausado sirve de ví­a de escape a los palurdos del pueblo, cuyo lí­der mantiene una vieja llama con la mujer de Summer, la cual evita cortésmente todo asomo de tensión sexual salvo minucias, como ir por el pueblo con los pezones atravesando el jersey o enseñando teturcias tras salir de la ducha. Confiados de sí­ mismos, tocan progresivamente los huevos al joven profesor, hasta que se cabrea. Dos telediarios, le duran esta panda de fornicacabras.

Acojona porque…

Porque esto son vacaciones de mierda y no las de Chevy Chase. Vas al pueblo de tu mujer, contemplas como un puñado de paletos te están tocando las narices, la gente se mete contigo sin venir a cuento porque eres de ciudad y tienes estudios, en vez de ganarse la vida pintando el tejado del tí­o Ulpiano. Encima tu media naranja / alma gemela no sólo no hace absolutamente nada para evitar avances, sino que se presta a un polvete en grupo que desemboca en una de las escenas más polémicas de la historia del Cine: ¿la violan o no la violan?. Es un film que reserva la violencia fí­sica para su última media hora pero que antes ha incorporado todo tipo de violencia psicológica en su metraje. A primera vista parece un verdadero testamento de odio hacia el género femenino, algo bastante presente en su filmografí­a (¿quién hiere de muerte a William Holden en Grupo Salvaje?), pero sobre todo es una reflexión sobre el miedo y la falta de confianza en las relaciones humanas que caracterizó siempre a su director, un renegado por definición y uno de los temperamentos más furiosos jamás puestos –en todos los sentidos– detrás de una cámara.

El Tiempo del Lobo (Michael Haneke, 2003)

Modus Operandi

El fin del mundo, según Michael Haneke. Posibles causas: contaminación del agua, o guerra nuclear. En cualquier caso, todo se convierte en un “Sálvese quién pueda”.

Acojona porque…

Haneke es un maestro en despersonalizar la violencia. Imaginaos a un tí­o que lanza una pelota a toda velocidad contra la pared de un frontón y se agacha en el último momento antes de que le de en la cara. Y detrás estamos nosotros. No nos da directamente, pero nos jode igual. Una experiencia similar es la que se vive en El Tiempo del Lobo, donde se encuentra poco, muy poquito de ese cachondo juguetón de Funny Games, o del Nirvana artí­stico de La Pianista, Caché o Código Silencioso. Para muestra el inicio del film, cuando Isabelle Huppert llega con su familia huyendo de la catástrofe, sólo para encontrarse a otra familia que vive allí­. El hombre procede a reventar al marido de Huppert de un escopetazo. La mujer, con la cara manchada de sangre y materia cerebral, mira el cadáver de su marido –en la mejor tradición de Haneke, fuera de plano– y directamente y sin cambiar el gesto, vomita –en la mejor tradición de Haneke, en pantalla–. El caso es: en las pelí­culas solemos encontrarnos con cierto contexto y reglas narrativas que nos ayudan a orientarnos a nosotros, espectadores, y a que la trama discurra por determinados senderos conforme a aspectos previamente fijados. Aquí­ Haneke hace un “fuck that” y nos lleva a un mundo postapocalí­ptico, del que no conocemos absolutamente nada salvo que cada uno es capaz de vender a su madre por un vaso de agua, y en el que, escena tras escena, descubrimos cada vez más desesperanza y desolación, hasta un final abierto a cualquier tipo de interpretación del que se puede deducir desde un nuevo principio, hasta una conclusión bastante devastadora. Es el resultado de combinar uno de los géneros más amargos con el director más bastardo del cine reciente.

Tideland (Terry Gilliam, 2005)

Modus Operandi

Niña loca y padre yonkarra se van a una casa de mierda en el campo. Aparece gente chiflada.  

Acojona porque…

Se mire por donde se mire, descomunal ida de olla de Terry Gilliam. Claramente inspirada por Alicia en el Paí­s de las Maravillas, es un cuento que entremezcla realidad y fantasí­a infantil que, en sus mejores momentos, revela lo que El Laberinto del Fauno querí­a ser y no fue: terror infantil en estado puro mezclado con la idea de que la lí­nea entre la inocencia y la locura es demasiado fina. Desgraciadamente, se echa en falta la mano de un productor capaz de controlar a un tí­o como Gilliam que progresivamente ha perdido el contacto con la realidad y que ni siquiera es capaz de hacer ya una pelí­cula comercial como Dios manda –como demostró en Los Hermanos Grimm– que en determinados momentos del film se dedica simplemente a dar yuyu por el placer de darlo con un guión poco, muy poquito currado. Por supuesto, esto no califica a Tideland para entrar en esta lista así­ que repasemos sus principales, ejem, virtudes: “niña que inyecta a su padre chutes de heroina”, sí­. “cadáveres en composición, disecados y, posteriormente, sentados a la mesa”, sí­; “asomo de pedofilia”, sí­. “masacre total en accidente de tren”, oh, por supuesto.

Cube (Vincenzo Natali, 1997)

Modus Operandi

Pelí­cula de culto seguida por secuela y precuela más centradas en cargarse todo lo que hizo único y original en la primera entrega: un grupo de personajes atrapados en una extraña prisión dividida en celdas, muchas de las cuales están pobladas de mortí­feras trampas que sólo se pueden esquivar resolviendo combinaciones matemáticas.

Acojona porque…

Su director, Vincenzo Natali, intenta demostrarnos que nada es tan peligroso como el ser humano. La mayor amenaza de Cube no proviene de las trampas en sí­, sino de los personajes agobiados, exaustos, desesperados y paranoicos que intentan escapar del extraño lugar en el que se encuentran. Sin embargo, al final lo que me quedó del film es su extraordinaria simplicidad y su magní­fico diseño de producción, acompañado de brillantes efectos de sonido. Es una pelí­cula que costó 900.000 dólares y que si llega a costar un millón, ya la habrí­an jodido porque es esta escasez de fondos lo que convierte a la pelí­cula en una experiencia aterradora. La secuencia de la habitación azul –que los personajes tienen que atravesar sin hacer ruido, so pena de ser ensartados por un abanico de pinchos– es espléndida. Y Cube, en el fondo, gana mucho más y es tanto más opresiva por tener ese aura de “pelí­cula de estudiante” que al menos sabe qué elementos debe manejar para aterrorizar al espectador prescindiendo de golpes de efecto innecesarios, y que muchas veces suele perderse con presupuestos mayores.

KIDS (Larry Clark, 1995)

Modus Operandi

24 horas en la vida de unos adolescentes neoyorquinos, que otra cosa no será, pero aprovechan su tiempo: polvetes, drogas y palizas varias con el sida como telón de fondo.

Acojona porque…

Pelí­cula de cabecera de la Conferencia Episcopal en la cruzada contra los vicios de la juventud, Larry Clark no tiene mucho interés en demostrarnos aspectos psicológicos de los chavales y chavalas, que hablan sin tapujos del sexo y de las drogas. No es algo nuevo, pero en este caso es ciertamente creativo (ahí­ tenemos a Telly, el –cita textual– “follabebés”, con especial afinidad por las ví­rgenes y su –palabras textuales– “chocho 100% puro placer” y su colega Casper, que presenta uno de los usos más originales de un tampón –de nuevo, remito al film– jamás vistos en la pantalla para –cuarta mención especí­fica– beber zumo de arándanos). En cualquier caso, lo que eleva este film a la categorí­a de “culo inquieto del espectador” es la forma en la que sin comerlo ni beberlo, el sida comienza a propagarse por el grupo de chavales como el fuego en el bosque culminando con una escena de bandera (e interprétese de bandera en el contexto más terrible posible): Chloe Sevigny violada por Casper tras una fiesta el primer dí­a que descubre que es seropositiva. Recuerdo que en el VHS aparecí­a un anuncio de Loquillo instando al uso del condón, sujetando una goma en la mano. Será la única vez que veamos algo similar en toda la cinta.

  • wikiheavy

    Un post muy interesante. Algunas de las pelis que se mencionan no las he visto pero desde luego nombrar CUBE me ha sorprendido, creia que sólo a mi me habia parecido una pedazo de peli.

    Recuerdo perfectamete cuando vi por primera vez PERROS DE PAJA, en TV2 versión original subtitulada. Me dejó un mal cuerpo de cojones. Magní­fica y violenta pelí­cula que cala en lo más profundo del espectador. De las pelis que más me han marcado. Toda una experiencia.
    Saludos!

  • Niebo

    “Irrevesible” da un mal rollo impresionante por varias razones:
    – La atmósfera. No es necesario echar mano de las escenas de violencia fí­sica para apreciar la tremenda violencia psicológica que empapa la pantalla. Gritos, planos mareantes, amenazas, fotografí­a cruda…
    – Las escenas crudas en sí­. Que, vale, no es que sean sutiles. Pero de eso se trataba. El director te lo planta ante la cara y te reta a que sigas mirando. Lo habitual es que suela salirse de plano ciertas cosas, pero Gaspar Noe no, te lo muestra en directo.
    – La narración hacia atrás, dando detalles de la vida de los personajes. El espectador sabe lo que les va a pasar, por lo que da mal rollo el ver según qué comportamientos.

    Creo que hay una diferencia bastante importante entre ver a Jason masacrando a adolescentes en el bosque de Crystal Lake, y escenas como la del extintor, o la escena chunga de “American History X”, o las que muestra Scorsese.

    Con la primera me descojono y con las otras se me pone el estómago al revés. No considero que se deban meter todas en el mismo saco.

    Ah, y acojona más encontrarse con el Joe Pesci de “Uno de los nuestros”, que con Jason Voorhes.

  • jude

    me refiero al acto de violencia del Joe Pesci contra el camarero…aparte confieso que no me gusta nada de Scorsese o mejor, que todo lo que se le reniega -ejemplo cumbre, Cape Fear- es lo único que me interesa de él. (obviando claro estí  Taxi Driver).

  • steve james 2

    gratuito, vací­o y patético goodfellas? mr jude aclárelo please..irreversible me gustó, sobre todo hacia el final, eso es lo más estremecedor..los momentos de calma y sosiego

  • jude

    De Cronenberg me he visto casi todo excepto El almuerzo desnudo, que no se deja ver. Yo dirí­a que Videodrome es otra muestra suprema del maestro.Rabia, Cromosoma 3, etc. son más ligeritos.
    Veo que muchos comentan Irreversible y parece que sólo porque se ve cómo destrozan una cara con un extintor. ¿Eso es mal rollo? Mal rollo me produce ver la sombra de Bardem tras la puerta en No country for old men, el silencio tras el primer crimen de Una historia de violencia, la ruleta rusa de El Cazador, la sangre estampada en la pared de Funny Games, los gritos de las pupilas en Picnic en Hanging Rock…pero lo de Irreversible es -junto a la escena de El laberinto del fauno en la que Sergi López se carga con una botella la cara de un tí­o, o a otro ejercicio de tremendismo violento de Scorsese como es Goodfellas- más de lo mismo, gratuito, vací­o y patético.

  • Niebo

    Cómo me molan estas pelis malrolleras!
    Añado a la lista dos de Gaspar Noe: “I stand alone” e “Irreversible”. La primera por el montaje tenso que tiene (y los disparos), la fotografí­a y por su prota hijoputesco. La segunda por el momento extintor. Estuve dí­as con mal rollo en el cuerpo después de haber visto esa escena. Jo-der!

    Si Isabel Adjani no te deja con la boca desencajada en “Posesión”, es que estás muerto por dentro o algo.

    “It is fine, everything is fine” de Crispin Glover. Tela! y seguro que mejor que la primera parte, que no he visto. Por lo menos tiene un argumento.

    Miike es otro grande:
    “Audition”, “Visitor Q”, “Ichi the killer”, “Imprint”…

    Una de Haneke que da un mal rollo “quetecambas lapatabajo” es “El séptimo continente”, su primera peli, si no me equivoco. Véanla entera y verán a lo que me refiero…

    Greenaway con su “El niño de Mí¢con”. Jodorowsky con su “Santa sangre” y “El topo”.

    Cronenberg tiene una filmografí­a repleta de momentos malrolleros. Pero nombrarí­a también, además de las citadas, la de “Vinieron de dentro de…” La de “Rabia” no la he visto aún, pero a juzgar por el cartel, seguro que también se las trae.

  • Manu D

    Pedazo reportaje, me flipó Crash, eso sí­ que es una pelí­cula cañera. Me encanta el cine que no da tregua al espectador.

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