Críticas

SEXO EN NUEVA YORK

Con esta crí­tica, no pretendo recaer en el tópico sobre un hipotético cine sexista, que nace con el único propósito de contentar a un borreguil y estereotipado público y que se nutre de clichés y chabacanerí­a barata, filosofí­a retrógrada para alimentar mentes simples y de pretensiones unidireccionales (ya saben, Stallone para nosotros, Hepburn para ellas).

No obstante, me veo en la obligación de reseñar el espectáculo dantesco, tanto fuera como dentro de la propia pelí­cula al que tuve que asistir anoche, que resultó tan bochornoso como esperpéntico. “Sex in the City”, la exitosa serie que reinó las televisiones mundiales desde 1998, actuaba de forma frí­vola y desvergonzada en las mentes de millones de mujeres que rondan los cuarenta años y ven en esa diabólica cuadrilla de la ostentosidad, un modelo a imitar. Hasta ahora, muchos éramos los que, puede que tapándonos con vergüenza la cabeza bajo la sábana, nos divertí­amos con esta superficialidad barata, apologí­a al absurdo, preciosos locales de diseño de NY y en ocasiones, excelente vestuario. Pero quizás al sentarnos en la sala de cine, un lugar que un cinéfilo considera un templo inmaculado, más aún que el propio retrete (aunque en ocasiones como ésta puedan confundirse) no puedes sentir más que repulsión al ver a orondas cajeras del Carrefour, sentadas en la sala comienzo nachos con el cerebro lobotomizado imitando con descaro al equipo del horror.

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Muy poco queda de la frivolidad nihilista de la serie. Precisamente, los polos entre personajes de culto como los de “The Big Lebowsky” y los de “Sex in the City” (serie) están más próximos de los que podrí­a insinuarse al comprobar que sus particulares leit motiv son francamente similares, pese a que unos calcen viejas New Balance y ellas Marc Jacobs. La pelí­cula de Michael Patrick King es un sórdida, machista, puro teatro del absurdo que logra en los momentos más dramáticos (la inconclusa boda con la que finaliza el primer acto) alcanzar la hilaridad extrema (mientras que las cajeras tení­an el corazón en un puño, siento no haber podido contener mi ataque de risa).

Pese a su discurso flagrante, una pelí­cula que presume de lujo y protocolo, se enfrasca en los momentos menos oportunos en humor de parvulario INCLUSO bromas intestinales. Ver para creer, las mismas cajeras que aplaudí­an sesiones fotográficas para Vogue con una luz artificiosa digna de un anuncio de Mercadona (o pelí­cula porno, a no, que no es “glam”) se trinchan y retuercen de la risa (provocando movimientos sí­smicos en toda la sala) viendo a Charlotte cagándose encima. Como yo, pero de la vergüenza ajena y a nadie parecí­a hacerle gracia.

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Todo esto aderezado con prejuicios raciales subliminales (turbios y que prefiero obviar a favor de mi salud mental), un feminismo mórbido, que caricaturiza al hombre llevándolo a un ridí­culo extremo y un sinfí­n de momentos que degradan la poca dignidad de una serie que se conformaba con ser frí­vola, sarcástica y divertida que recae en una moralina pro-familia final que hunde el concepto de mujer luchadora e independiente debido a la necia búsqueda del prí­ncipe azul (paradójico…o no). En ciertos momentos, no parece una reunión de estereotipos y despunta con actitud visceral dentro del corsé comedido al que una serie para cajeras como esta puede aspirar. Sólo en esos es cuando puedes ver a Samanta retorciéndose por el desproporcionado pene de un culturista, puntos ácidos donde desatar una sonrisa y dejarte llevar por lo que “Sex in the City” ha significado siempre, excentricidad comedida.

Una pelí­cula dañina, envenenada, pueril. Una reunión de ví­boras en un mundo más dantesco que el de Terminator, una amenaza que paliar antes de que las legiones de cajeras adictas a los saladitos nos intoxiquen con su abrupto borreguismo. El resultado es tan estremecedor, tan decimonónico que parece un chiste machista posmoderno.

PD: No crean que el comentario de Terminator fue fortuito. Sarah Jessica Parker ha desarrollado más músculo que el T-800, es la puñetera máquina de la muerte definitiva, el ángel exterminador, un depredador con sed de sangre. En momentos puntuales, sólo de imaginar una violenta escena sexual con Mr. Big pude temer por su vida creyendo que la pelí­cula darí­a un interesante giro de 180º destripando al pobre sufridor de un letal golpe pélvico.

Omar Álvarez Garcí­a (colaborador).


Michael Patrick King | Michael Patrick King | Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Chris Noth, Candice Bergen, Jennifer Hudson, David Eigenberg, Evan Handler, Jason Lewis, Mario Cantone | John Thomas | Michael Berenbaum | Aaron Zigman | Jeremy Conway | Sarah Jessica Parker, Michael Patrick King, Erin M. Cyphers, John P. Melfi, Darren Star | Richard Brener, Kathryn Ann Busby | New Line Cinema, HBO Films, Darren Star Productions, IFP Westcoast | Tri Pictures | 1 |
  • lordcendejas

    A mi la serie me parecia ESPANTOSA!!!
    Ver a Sarah Jessica Parker durante una hora (con comerciales) me parecia una tortura…
    Ahora verla “actuar” durante mas de 2 horas debe ser mucho peor.
    No la he visto y sinceramente es de las peliculas que JAMAS veria ni en el cine ni en video.

  • Vennora

    lo del principe azul=mcguffin, me ha encantado.
    en serio, me parece genial.

  • http://www.myspace.com/sessionumerada biniwoo

    Sí­, pero en las pelis de Vin Diesel o Stallone, al menos, no intentan ocultarlo o camuflarlo.

  • Silvia Broone

    pues veré Casino Royale Vennora, a ver si me sorprende…
    defender Sexo en N.Y como una serie feminista es una batalla perdida. Pues claro que no lo es, ni falta que hace.
    Yo defiendo que cada uno vea lo que quiera.
    Para empezar es una serie en la que las mujeres son protagonistas, con lo cual ya nos podemos identificar más que con cualquier pelí­cula de James Bond.
    Y claro que se pasan la vida buscando su prí­ncipe azul, es un mcguffin como otro cualquiera…
    Y en Perdidos llevamos cuatro años con el enigma de la isla. A efectos de guion, es lo mismo. Una excusa para hacer avanzar la trama.

  • JFSebastian

    Yo no dirí­a precisamente que Mr Big sea un hombre objeto. Ni siquiera el avatar que en la serie desarrolla Chris Por La Mañana. Ahora bien, es usted el que descalifica Sexo en Nueva York acusándola de no se qué cuántos (y marimachos y caballos chupapollas) y luego defiende al agente al servicio de su majestad con argumentos tan espúreos como el entrecomillado más arriba. Y no me diga que tras esos adjetivos tan monos de la chupapollas marimacho lo que le molesta a usted de Sexo en Nueva York es su machismo, que me entra la risa. ¿Hipocresí­a tal vez? ¿Ganas de no querer detectar sus propias incongruencias?

    Porque yo también creo que ésta es una serie conservadora y esencialmente machista (como Tehlma y Louise, por otra parte). Pero viendo las desmesuradas reacciones de ciertos sectores masculinos (esta página, por ejemplo), me entra una enorme duda razonable.

    Y si le sirve de respuesta: sí­, estoy de vacaciones y tengo muuucho tiempo libre. Pero no le hubiera contestado de no ser por su respetuosa respuesta a mi primer comentario: por lo visto era usted el que tení­a ganas de tocar la narices.

  • seakermdc

    Como le dije, la objetividad no existe (ni puñetera falta que hace). Eso es una utopí­a. Así­ que en mi derecho estoy de ser “objetivo” diciendo que Sexo en Nueva York es una puñetera serie machista con un caballo chupamiembros que licua el cerebro de muchas mujeres. En cuanto a las pelí­culas James Bond anteriores a Casino Royale, la aparición de mujeres atractivas forma parte de la identidad de la saga, y a nadie le ha molestado precisamente. Siempre que estrenan una pelí­cula de James Bond hablan de las chicas Bond. O que pasa, no es el mismo juego cuando unas chicas ven una puñetera telenovela por los pedazo hombres que salen. ¿Eso no es crí­ticable? ¿No es el hombre objeto? ¿No se habla también del hombre objeto en Sexo en Nueva York? Entonces de que narices nos estamos quejando. ¿Hipocresí­a tal vez? ¿Ganas de tocar las narices sin argumentos posibles?

  • seakermdc

    Depende. Como ya le he dicho la objetividad es un término utópico. Así­ que con mi razón en efecto puedo decir lo que usted relata, entre otras cosas que en Sexo en Nueva York solo sale un “caballo chupapollas”.

    Cuanta hipocresí­a hay con esto del machismo por favor.

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