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Es una noche tormentosa en la tí­pica casa solitaria pegada a un acantilado cual Lord Byron y Paulina espera la llegada de su marido, Gerardo, funcionario del Gobierno. Ambos trabajan en un comité encargado de investigar las atrocidades del régimen anterior, que Paulina ha tenido la desgracia de experimentar en sus propias carnes. Cuando Gerardo llega a casa acompañado del exquisitamente educado doctor Roberto Miranda, a Paulina se le mete en la cabeza la inicialmente peregrina idea de que se encuentra ante el hombre que hace diez años se dedicó a electrocutarla y a ordenar violaciones turnadas sobre su persona. Vale que la historia transcurre en un ambiente, por asi decirlo, de regeneración, y que Paulina tuvo en todo momento los ojos vendados durante su trance, pero la voz le suena, y la duda es demasiado cruenta como para dejarla pasar. Ante la estupefacción de su marido, Paulina secuestra, ata y posteriormente tortura al buen doctor en un intento de confirmar sus sospechas, en una operación que va a sacar a relucir lo peor que lleva dentro.

En primer lugar, al margen de su contenido polí­tico, La Muerte y la Doncella es un thriller. Del tipo que se desarrolla en un espacio cerrado, único y protagonizado por un pequeño número de personajes. Está basado en la obra homónima de Ariel Dorfman –que también se encargó de la adaptación al cine– y en lo que se refiere al lugar, se puede decir que en general La Muerte y la Doncella no remite a ningún paí­s reconocible, aunque la sombra de la dictadura pinochetista planea en cada escena del film.

Después, hay que añadir que es un thriller bastante intenso. Es intenso porque genera misterio y expectación sobre cómo van a tarminar las relaciones entre los personajes. Paulina está bastante convencida de que se encuentra ante el hombre responsable de su actual estado mental: una frí­a sombra de sí­ misma, confinada no sólo en su domicilio, sino dentro de su propia cabeza. El doctor Miranda, por su parte, reconoce desde el principio una relación bastante indirecta con el Gobierno anterior, pero considera intolerable la actual situación en la que se encuentra y que se le juzgue de forma completamente atroz sin darle oportunidad de réplica. Gerardo, defensor de la democracia en todas sus formas, comienza a contemplar la idea de que quizás permitir que su mujer descanse tranquila compensa tirar por la borda sus convicciones dejando que Paulina se despache a gusto con el doctor Miranda, sea este inocente o no.

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En cualquier caso, La Muerte y la Doncella se mueve a dos niveles. Superficialmente, nos encontramos con un intento de conciliación con las tragedias históricas a las que se ve sometido un paí­s y de la fina linea entre retribución y venganza que suele continuarlas. Pero a un nivel interno, se trata una de las últimas pelí­culas de Polanski que abordan una constante fundamental de su cine: la mente humana es algo maravilloso y no descansará hasta que las atrocidades que se nos infligen sean revertidas sobre la persona que nos hizo daño, diluyendo cualquier atisbo de ambigüedad y recordándonos que nunca nos permitirá que dejemos pasar una ofensa sobre nosotros, hasta que nos perdonemos primero a nosotros mismos.

Así­ que viendo pelí­culas como El Cuchillo en el Agua, El Quimérico Inquilino o, si me apuráis, Frenético, Polanski parece el director ideal para dirigir este tipo de historia. Tanto en el fondo como en la forma: en lo que a este director se refiere, siempre me ha flipado bastante su capacidad para manejar diferentes tipos de suspense: palpable como Hitchcock, psicológico como…como el del propio Polanski (se aceptan sugerencias en este sentido, niños y niñas). En este ejemplo de esta última variedad, Polanski ejerce un extraordinario control de los actores porque dentro del complicado entramado que escribe Dorfman,  cada diálogo parece que debe ser proclamado de una, y una forma sola. Claroscuros, música de Schubert –precisamente su pieza titulada “La Muerte y la Doncella”–, y una cámara que casi siempre se coloca por debajo del nivel de los ojos para incrementar la claustrofobia son las armas de Polanski.

Del resto se encargan los personajes.  En este sentido, siempre he tenido muchos problemas para apreciar como se merece a Stuart Wilson–más conocido a muchos de nuestros lectores por interpretar al villano de La Máscara del Zorro–: es un secundario que tiene la, dependiendo de cómo se mire, tendencia de fundirse con el personaje (y en algunas ocasiones, por desgracia, con el decorado). Pero aquí­ hace de hombre corriente, y funciona. Más o menos.

Lo de “corriente” no puede ser dicho de Ben Kingsley o de, mucho menos, Sigourney Weaver. La quí­mica que tienen entre ambos es absolutamente espectacular (para los curiosos, por esos mismos meses Polanski, actor, se enfrentarí­a a Depardieu en otro asombroso duelo en Una Pura Formalidad) principalmente porque por muy peligrosa que es Paulina, y por muy asustado que se encuentra el doctor Miranda, ninguno de los dos olvida que están jugando en un combate de audacia. Es importante entenderlo porque ambos añaden un nivel a la pelí­cula y funcionan, en determinadas ocasiones, completamente aparte de la trama de la pelí­cula: cada vez que el film oscila peligrosamente hacia el terreno de la denuncia polí­tica, Paulina y Miranda recuerdan que en el fondo, en ese momento y lugar, hay vidas que están en peligro. Weaver está especialmente milagrosa en el film.

En definitiva, La Muerte y la Doncella parece pelí­cula pequeñita. Como muchas obras con antecedentes teatrales, hay una reducido número de escenarios y pocos personajes. Es la tensión que genera la situación, y las profundas resonancias históricas de la trama las que potencian el material que maneja Polanski, respaldado por una pareja de actores sensacionales. La fuerza interior del film es perturbadora, y su mensaje es de todo menos conciliador: hay cosas que, simplemente, no pueden ser dejadas atrás.

Cosillas– El film fue rodado, en parte, en las localidades de Valdoviño y Meirás (A Coruña).

– Se estrenó en España el 3 de marzo de 1995.

– Disponible en el Youtube en su integridad.

  • George Kaplan

    Buff, qué recuerdos de este pedazo de pelí­cula. La vi hace muchos años, cuando se estrenó y me dejó profundamente impresionado, me pareció intensí­sima y magní­fica. Y no he vuelto a verla, pero vuestro recordatorio hará que su revisionado obligatorio caiga en breve.

  • Subcdte Nachete

    Grande, muy grande. Considero que esta pequeña joya es de las que deberia visualizarse en los centros educativos.

    Con cuatro duros también se hacen obras maestras. Solo hace falta tener el talento que demuestra el equipo y deseo de hacer CINE con mayusculas.

    Hasta luego

  • Manu D

    Por fin!!! Esperaba esto de vosotros desde hace tiemp¨; comentar pedazos de pelí­culas, sean del tiempo que sean. Que se repita más a menudo.
    Pedazo de pelí­cula,pedazos de Sigourney y Ben, pero qué grande que es Polansky. Totalmente de acuerdo con Iburton182. Lo de las ví­ctimas del franquismo me toca nada menos que en segunda generación.

  • lburton182

    La tení­a en casa desde hace tiempo, pero no la habí­a visto. Pero al leer este artí­culo me anime a verla, y me ha encantado. Comparto la idea de que el marido de ella parece un mueble mas, pero esque con esa pedazo de pareja protagonista no podia ser de otra forma. En cuanto al tema, creo que trata algo muy interesante, la vergüenza y muerte en vida que sufren las personas que han sido oprimidas de forma violenta y por otro lado, la increible normalidad con la que los opresores viven su vida. Creo que es un tema que no solo vale para la américa latina, también es algo que se da en España, además por dos lados, un en caso de la dictadura (tenemos a todos los franquistas y descendiente campando a sus anchas, humillando a todas sus ví­ctimas y a los familiares de estas) y por otro lado en el Pais Vasco (donde muchos ciudadanos deben vivir sabiendo que su vecino participo en el asesinato o amenaza de algun familiar suyo).
    Gran pelí­cula

  • steve james 2

    compartido al 100 por 100

  • Perry

    Un aplauso por el momento recordatoria, ojala podrais repetir esto en más ocasiones. SALUDOS

  • jude

    Una obra maestra.

Críticas

Captura1

Malas personas. Grandes soldados.

tu hijo

Vivas recupera el espíritu de ‘Secuestrados’ para contar una historia de venganza que no es tal cosa.

buster

Todos pasamos al otro lado con las manos vacías.

animales2

El precalentamiento (segunda parte).

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

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