Críticas

LA CONSPIRACIÓN DEL PÁNICO

NOTA: Enrico Palazzo es este señor de aquí­.
Dados los lí­mites a los que está llegando Hollywood hoy en dí­a en cuanto a meternos bolas chinas en forma de guión, un film con la palabra “conspiración” en el tí­tulo es para cagar raquetas. En inglés se llama Eagle Eye pero tampoco creáis que esta denominación va muy desencaminada con la trama de este film, que por otro lado es una patada en la boca a la suspensión de incredulidad y que se salva porque es endemoniadamente entretenido durante los 30 o 40 minutos en los que se olvida de recordarnos que Estados Unidos, de Washington a Washington pasando por Ojaio es un paí­s sumamente acojonante, y cuenta con unas fuerzas de seguridad tan absolutamente infalibles que en realidad, por raro que parezca, la culpa de todo el follón –si atendemos bien a los primeros cinco minutos de la trama–, la tienen los británicos. Hos-tias.Imagino que la consecuencia del 11 de septiembre de 2001 que más va a perdurar en un film comercial de Hollywood es la maní­a de rodar todas las escenas en las que aparece el Ejército como si fuera una pelí­cula porno: sustituyendo “semen”, “gaggling” y “tetas” por “aviones espí­a”, “satélites” y “Pentágono”. Llegados a este momento hay que recordar que el film procede de la mente del productor autónomo Steven Spielberg, no confundir con el extraordinario director de cine Steven Spielberg, que es ideológicamente hablando un poco Bruckheimer (liberal, pero un poco Bruckheimer al fin y al cabo). Hay otro tipo de films que se centran en el elemento castrense adoptando una postura más crí­tica: el poder absoluto corrompe absolutamente, pero esos los dirige Paul Haggis y los protagoniza Tommy Lee Jones, ambos traidores a la Patria.

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Es necesario puntualizar que el Ejército estadounidense es un elemento imprescindible en la trama de La Conspiración del Pánico pero puestos a soñar: si este film transcurriera dentro del ámbito privado, quizás nos ahorrarí­amos elevadas cantidades de vergüenza ajena. Tal vez penséis que estoy dedicando demasiado tiempo a esta cuestión, pero a nivel de la pelí­cula en sí­, esta rajada tiene sentido: resulta angustioso comprobar como el Ejército de los cojones se entromete sin parar en un film que en sus primeros cinco minutos y para el espectador ligeramente atento, comienza a desvelar las primeras pistas de un misterio que, de haber sido presentado a bote pronto, hubiera enganchado al espectador como un clavo a una pared.  ¿Cómo las desvela? A través de la operación militar más nefasta jamás organizada por la mente humana.

Pero a lo que vamos. El misterio es este: ¿de quién demonios es la voz femenina que está guiando al tirado Jerry Shaw y a la MILF Rachel Holloman por todo el paí­s? ¿Acaso está relacionada con el material terrorista hallado en casa de Jerry? ¿O con la amenaza que pesa sobre el hijo de Rachel? ¿Ein? ¿Cómo es posible que la misteriosa voz sea capaz de manipular semáforos, anuncios electrón…

…GLOOOOOORY GLOOOOOORY HALELLUUUUUJAHHHHHH….

…er… anuncios electrónicos, o material semejante con una precisión de décimas de segundo?. Semejante argumento progresa –a veces mediante el guión, a veces por ciencia infusa– mientras el género del film comienza a mostrarse deliberadamente ambiguo: acción mega burra, intriga, buddy movie, ciencia ficción o comedia encubierta. Vosotros decidí­s. Las únicas cosas que me han quedado claras son las dos tetas como botijos de Trujillo que el Señor, en su sabidurí­a, puso entre los sobacos de Rosario Dawson (una actriz que merece ya mismo un papel como Dios manda, porque se desenvuelve en pantalla con una naturalidad asombrosa).

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El caso es que cuando la pelí­cula va, va. Sobre todo en las secuencias de acción, con un saludable sentido del disparate. Ante la duda, el director / antigua promesa independiente /actual y futuro lacayo de Spielberg, D.J. Caruso ha tenido el buen criterio de dejarse influenciar por Michael Bay en su punto justo. Sigue sin haber Dios que entienda en qué punto espacio-temporal se encuentran los personajes, pero el film es sorprendentemente espectacular: hay cosas muy grandes que explotan, mierda CGI acompañada no obstante de excelentes efectos prácticos, y lo mejor, cierta progresión en las aventuras de Jerry y Rachel. La mayor parte del film es un “a ver qué nos cuenta ahora la tipa esta de la voz” pero dentro de esta estructura tan plana, la peli es lo suficientemente variada para que no pongamos muchas quejas al respecto.
Por lo que se refiere a los actores, LaBeouf y Monaghan carecen de quí­mica alguna y en cada vez que tienen una escena para ellos solos, básicamente nos importa una mierda. Afortunadamente el guionista (los cuatro) no se encuentra completamente vegetativo y entiende que la diferencia de edad entre nuestros protagonistas, así­ como su “personalidad” y “actitud” ante la vida impiden una relación amorosa entre ambos. Por lo demás, dos robots. La única razón por la que voy a acabar queriendo a LaBeouf es porque al menos parece un tipo normal destinado a acabar con la tiraní­a sádica del heroismo juvenil, representados en la muñeca chochona de Paul Walker (sin olvidar la amenaza siniestra que es el gilipollas cool representado en James McAvoy). Monaghan muy guapa. No enseña cacho. Carece de cualquier asomo de atractivo insinuado en Kiss Kiss Bang Bang. Billy Bob Thornton es ahora medio millón de pavos más rico, gracias por preguntar.

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Frente a chuminadas guais como Wanted, se agradece un ejemplo de cine de palomitas como La Conspiración del Pánico. La clave estará en soslayar el panfleto de alistamiento que es la pelí­cula y sus continuas y asombrosas violaciones de ese escenario al que llamamos “la realidad”. Cualquier sensación de paranoia, alienación, suspense, o espí­ritu antisistema del que suelen gozar sus congéneres (estoy mirando más a Siete Dí­as de Mayo que a Enemigo Público) queda completamente difuminada entre choques de coches, detonaciones, asesinatos absolutamente demenciales en su concepción, y por la sensación que le queda al que suscribe de que ojalá viviéramos en un mundo donde destripar spoilers a diestro y siniestro no estuviera condenado por la sociedad, porque con este film, uno tendrí­a La Fiesta del Milenio en su teclado. La Conspiración del Pánico te pilla o no te pilla. Y a mí­ me pilló, y no me preguntéis por qué. Dad a vuestro cerebro el besito de buenas noches, pedid al proyeccionista a ver si puede borrar la pista de audio de la banda sonora (ESTÁ POR TODAS PARTES, SIEMPRE, EN CADA ESCENA, FOREVER AND EVER AND EVER) y a verla. Y cuidado con las cámaras.


D.J. Caruso | John Glenn, Travis Wright, Hilary Seitz, Dan McDermott | Shia LaBeouf, Michelle Monaghan, Billy Bob Thornton, Rosario Dawson, Michael Chiklis, Anthony Mackie, el gran William Sadler | Dariusz Wolski | Jim Page | Bryan Tyler | Naaman Marshall | Alex Kurtzman, Roberto Orci | Steven Spielberg | Paramount Pictures, Dreamworks | Paramount Pictures | 6 |
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  • juan_mas

    Joder es verdad… Ni me acordaba de eso.

  • rafael garcia

    Lo que no entiendo es porqué se empeñaron en meter “homenajes”, que a muchos nos facilitan deducir lo que va a venir despues.
    Cuando el tí­o que estaba en el sotano del Pentagono se presenta a sí­ mismo como “Bowman”, os juro que como un resorte mi mente dijo “anda, como el astronauta de Kubrick”. Y ya, cuando veo que el ordeanata tiene UN GRAN OJO ROJO….pues que para mí­, se acabó el suspense porque me fue muy fácil deducir la trama, y de que iba la cosa.
    Joder, si es que encima, lo del ojo rojo ya nos lo habí­an recordado en “Wal-E”.

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