Críticas

REVOLVER

Si algún dí­a Guy Ritchie se convierte en un vampiro inmortal todopoderoso, con el que no valgan ni ajos ni cruces ni pollas en vinagre, nadie tema por la salud de su Facebook que la solución está a mano: tirarle a la cara una copia de Revolver, una pelí­cula tan sumamente indescriptible que dos proyecciones simultáneas son capaces de invertir los polos magnéticos de la Tierra. Rodada en 2005 y considerada desde entonces una “patata caliente” en el mundillo de la distribución –nadie querí­a ni olerla, y a dí­a de hoy se desconoce todaví­a quién se encargó de la única frase realmente elogiosa jamás redactada sobre la pelí­cula– es uno de estos films tan abominables que a la mí­nima que se descuide uno, alguien acaba considerándolo un clásico de culto, vuelve a distribuirse por la red y entonces la hemos cagao.

Intentar describir la trama de Revolver es una tarea enormemente complicada para lo poquito que esta pelí­cula va a decirnos. Esencialmente, es el thriller estándar de Guy Ritchie hasta que llega Madonna y reescribe el film desde la página 60 a la 121. Lo que inicialmente parece una prometedora historia en la que un pobre estafador sale de la cárcel con la fórmula secreta para ganar en Las Vegas, termina derivando –a través de otros dos estafadores– en una increí­ble paja mental rollo psicológico donde lo que está en juego es la llamada “extinción del ego”, como apunta el film. Mil veces. Es decir: se trata de dos films en uno y cuya unión es inexistente. Hablando en términos lógicos: “A” no tiene nada que ver con “Cebollas”. En cierto modo, Revolver me recuerda al tí­pico viaje en coche en el que pretendes ir a Cuenca y vas bien por el kilómetro 20 y antes de que te des cuenta acabas en un bosque camboyano y te está violando un oso. No tiene sentido, de verdad que no tiene sentido alguno y cuánto más intentas pensar en él, más te cabrea.

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La obligada visita a la Wikipedia indica que el film está sembrado de numerosas referencias cabalí­sticas y es por ese ámbito por donde comienza aproximarse la sombra de ese estropajo vigoréxico que es Madonna Victoria Ciccione de todos los Santos, chiflada adoptiva de Reino Unido y que desde hace 11 años a esta parte –desde el Ray of Light, más o menos– distribuye su vida en tres cí­rculos: adoptar niños, sacar chuminadas de consumo masivo bajo un rollo provocador, mierdas que consiguen que el cadáver de los Lipps Inc. lleguen a las 10.000 revoluciones por minuto, y entre medias escribir de soslayo y protagonizar productos absolutamente egotistas de tal manera que el resto de los participantes se convierten en una piara de calzonazos. Madonna actúa en ciclos, como la crisis financiera mundial, pero siempre nos recuerda que esta ahí­, y que sus tentáculos llegan a todas partes.

Ahora bien, evidentemente no cuento con las pruebas necesarias para sustentar la afirmación de que Madonna es la mano negra detrás de Revolver: al fin y al cabo, Ritchie también se sumó al aprendizaje de la Cabala y se podrí­a entender que el tí­o querí­a evolucionar en su, ejem, arte. Pero seamos sinceros y tiremos de biografí­a y de pelis: Ritchie es un buen friki hooligan de Hertfordshire. Hace dos pelis de mafiosos. Se casa. Hace Barridos por la Marea. ¿Protagonizada por quién?. Después, rueda el corto de BMW, Star. ¿Protagonizado por quién?. Hace esta cosa. Se divorcia. Y ¿qué hace? Otra de mafiosos, esta vez sí­ encuadrada perfectamente dentro de sus capacidades. Quod Erat Demonstrandum. Así­ que voy a decir que Ritchie lo hizo por amor o de lo contrario se quedaba sin sesión de sado. Y además, para hacer la crí­tica más amena también voy a conjeturar que Madonna escribió el guión de Revolver detrás de un sillón, a contraluz, con monóculo y gato en regazo. ¿Por qué? Porque este film supone un cambio radical para su autor y la corriente mí­stica judí­a defendida a capa y espada por este caballo de tiro se encuentra, según Wiki, por todas partes. Incluso en billetes (que, ¿no os lo habí­a mencionado?, son todos de 12 dólares).

Dicho esto, lo que subsigue para cagarse. Es decir: llega Ray Liotta, quien hubiera deseado que 1991 –el año en el que protagonizó Uno de los Nuestros– se hubiera repetido ad infinitum. Teóricamente, es el villano del film: Dorothy Macha (uno casi echa de menos los motes marca de la casa de Ritchie). Macha, cabe destacar, es el equivalente contemporáneo del Biff Tannen de Regreso al Futuro II: batí­n de lino, bronceado de rayos UVA, despacho barroco y, como colofón, la malsana tendencia a ir caminando con la bata abierta y en slips ajustados. Básicamente, cuando la acción se centra en Macha, uno no sabe dónde mirar: si a la cara cubierta de pellejillos fruto de la sobreexposición a la radiación, o si a los huevacos colganderos que le llegan hasta la rodilla. Y con todo –y ahí­ está parte de maldita la gracia de este film: ves lo que quiere ser, ves detallitos, y finalmente terminas sentado en la butaca esperando a que esta cabrona de peli se muera.

Porque el caso es que no es que Ray Liotta lo haga mal. De hecho, hasta la mencionada página 60 es convenientemente amenazador. Pero a partir de ahí­, sus acciones comienzan a derivar en extrañas (léase tremendamente sobreactuadas) crisis nerviosas provocadas por la gran jugada del film: el hecho de que Ritchie está rompiendo las reglas del thriller convencional haciendo que su protagonista se libere de su propio rol vital. También es de la Wikipedia, esta última frase, por cierto. El encargado de romperlas no es precisamente un actor cerebral como Daniel Day Lewis, sino un actor bastante menos aconsejable para este tipo de papeles: Jason Statham. Simplemente insistir en que este tí­o se merece un proyecto en condiciones. Cualquier actor con un mí­nimo de discernimiento para entender remotamente qué hace el protagonista de esta pelí­cula merece una nominación perenne al Oscar. Pero el mero hecho de que Statham está a punto de hacerte creer que está dando vida a dos personas dentro de la misma escena, delante de un plano fijo, en un ascensor, con una luz morada que te perfora los ojos, merece un monumento. Este tí­o tiene mérito.

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Tiene mérito, pero también tiene mérito el minúsculo y pequeñito, pequeñito Guy Ritchie que lucha por salir a la luz y respirar aire fresco, como el cigarro que te echas por la ventana cuando tu mujer no mira. Este film tiene incluso un par de decentes secuencias de acción y, si me apuráis, una de las mejores escenas de suspense que he visto en meses (transcurre en un restaurante, no voy a decir más). Es más, durante la primera hora del film, Richie parece realmente libre y su estilo es mucho más arriesgado, y devuelve a la voz en off la calidad que se echaba de menos en RockNRolla. Pero la segunda mitad de Revolver es tan absolutamente atroz que funciona como un virus: por sí­ misma, es letal, pero lo peor es que se come lo que tiene justo al lado. Y termina en la audiencia.

Vista la filmografí­a de Ritchie ordenada, por fin, cronológicamente, no es que RockNRolla sea un esfuerzo a medio gas: es como el primer disco que saca un rockero tras una cura de desintoxicación. La magia sigue ahí­, pero está diluida y aterrorizada por esa época de pesadilla capitaneada por esta puñalada trapera de pelí­cula. Y la garra ha muerto. Y ¿sabéis qué es lo mas gracioso de todo? Que Revolver, bien empollada, a fondo y con guí­a –mucho más de lo que se merece el cacho de zurullo que es– acaba siendo perfectamente comprensible. Lo que de verdad jode es la avalancha psicomí­stica que sus autores se sacan de la manga. A nivel comparativo es una estafa: todas las pelí­culas que cuentan lo que cuenta Revolver, lo cuentan mil veces mejor. Y el ejemplo capital os vendrá a la mente como un relámpago. Jode la escasa coherencia demostrada al insertar este tema en un film de mafiosos, su falta de habilidad para mezclar ambas cuestiones, su escaso respeto por las reglas que se impone –por lo que es una castaña como pelí­cula de estafadores–, y su incapacidad para hacerte intuir siquiera qué parte de la pelí­cula puede formar parte, o no, de la imaginación del protagonista –por lo que es una castaña de thriller psicológico–.

Eso era 2005. Y todo ello, afortunadamente, ha quedado en el olvido. Pasado este fin de semana, espero. Ritchie es ahora libre y 75 millones de dólares más rico.

Pero de verdad, hay cosas que no tienen precio.


Guy Ritchie | Guy Ritchie, pero vamos: Madonna | Jason Statham, Ray Liotta, Andre 3000, Mark Strong, Vincent Pastore, Terence Maynard | Tim-Maurice Jones | Ian Differ, James Herbert, Romesh Aluwihare | Nathaniel Mechaly | Sam Stokes, Ed Walsh | Viriginie Silla | Luc Besson | Europa Corp. | Barton Films | 1 |
  • http://www.myspace.com/sessionumerada biniwoo

    ¿Sabí­ais que hay una series de una sóla temporada basada en “Lock & Stock”?

  • Manu D

    El puto amo, y un engendro, lo reafirmo rotundamente. Sólo con El quinto elemento ya tengo razón.

  • Perry

    Me alegro mucho de haber leido la critica de Rafa, ya que la ha puesto tan mal que no me esperaba nada de ella. Creo que con otro montaje y con menos pajas mentales hubiera quedado un filme más que recomendable. Su primera hora esta más que bien pero hay un bajón increible a partir de la conversación en la azotea de un edificio entre el personaje de Statham con el petardo ese de Outcast mientras este ultimo esta lanzando una bolas de golf.

  • David89

    Desfase, respecto a lo que dices de Luc Besson, estoy de acuerdo en un 50%: es el “puto amo” del cine DE ACCIÓN europeo, sí­, y el equivalente francés a Steven Spielberg (Europacorp y la mansión que tiene en las afueras, dedicada a efectos y animación 3D y sonido -cual edificio de la ILM- son el equivalente al imperio de Tito Steven) en cuanto a generador de necesario dinero para la industria de cine galo. Como director ha hecho pelis bastante destacables como “Leon”, “Nikita”, “El Quinto Elemento” (no es la repera pero está francamente bien) o la más reciente “Angel-A”. También le debemos válidos entretenimientos como “Danny The Dog”, “El Beso del Dragón” o “Venganza” (la recomiendo solo por ver a Liam Neeson en plan “badass”). Pero otra parte… ha producido verdaderas infamias: la saga “Transporter” debió quedarse en una entrega (la primera, bastante entretenida) y no perpetrar las dos últimas, verdaderas gilipolleces supinas; también contarí­a como desastre fí­lmico “Wasabi” y la infumable saga “Taxi” (que ya va por la 4 en Francia, tiene telita), uniéndolas al cubo de basura con “Bandidas” y “Los Rí­os de Color Púrpura 2”. Por no hablar de la fallida “Arthur y los Minimoys”, a la cual da mil vueltas el videojuego que hicieron sobre ella (lo cual no dice mucho en favor de la peli).

    Aún así­, es un tipo muy necesario dentro del cine francés, y ojalá tuviéramos a una máquina de hacer dinero y un mecenas como ese aquí­ en España en lugar de a cuatro “iluminados” de la Academia hegemonizando el cotarro.

    http://www.davidhidalgomoreno.blogspot.com

Críticas

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