Críticas

LOS ABRAZOS ROTOS

Pedro Almodóvar con Los Abrazos Rotos me ha proporcionado la experiencia más innenarrable que me ha tocado vivir en una sala de cine. Acudí­ a la sesión de las cinco y junto a mí­ se encontraba un grupo que aproximadamente se acercaba a la treintena, no era un grupo grande pero sí­ que era mayor que el que me he encontrado en situaciones similares. Los futuros espectadores de Los Abrazos Rotos tení­amos entre 20 y 50 años, éramos cinéfilos y ante todo respetuosos. La pelí­cula comenzó y a los 10 minutos se pudo escuchar un “¡Qué rollo!”, y eso animó a todos los que estábamos en la sala, así­ que durante las casi dos horas y cuarto que duró la proyección se pudo escuchar comentarios como: “¡Vaya mierda!”, “¡Esto no arranca!, “¡Vaya bodrio que has hecho Almodóvar!”, y las sonoras carcajadas del personal durante los momentos más pasionales y dramáticos del film. Esto que os cuento no sucedió durante un pase de prensa ni en un festival de cine, sino que sucedió durante una proyección con espectadores que habí­an pagado su entrada, así­ que me puedo imaginar que la que se ha convertido en la pelí­cula más cara de Almodóvar no tendrá, al menos en España, una carrera comercial tan larga como la que se espera.

Tras Volver, uno de los grandes éxitos de su cine, Almodóvar estuvo tanteando diversas historias, entre ellas la adaptación de Tarántula, a la que iba a llamar La Piel que Habito, y que nunca ha logrado desarrollar. Y decidió retomar una historia que tení­a en mente desde hací­a años y que surgió en Lanzarote.

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El protagonista de esta historia es un guionista y director de cine Harry Caine / Mateo Blanco, ciego desde que hace 14 años sufrió un accidente de tráfico y que quedó marcado por una historia de amor del pasado, la que mantuvo con una aspirante a actriz, amante de un millonario, en la que los elementos como la pasión, los celos y la traición son fundamentales.

La trama arranca en el presente, en donde tenemos a Harry Caine que sobrevive como guionista. Tiene como fiel compañí­a a la productora y agente Judith Garcí­a, personaje inspirado en Esther Garcí­a, y al hijo de esta, Diego, un Dj que actúa como su sparring y Lazarillo. Un buen dí­a aparecerá en escena un misterioso personaje llamado Ray X que provoca que todos los recuerdos del pasado afloren. Esto hará que Harry saque por primera vez en años a relucir la historia que le marcó de una manera tan trágica, la del rodaje de una pelí­cula maldita, Chicas y Maletas, y la de su protagonista, Magdalena Rivero, una aspirante a actriz, con mucha mala suerte en su vida, que en señal de agradecimiento se convirtió en la amante de un multimillonario para el que trabajaba como secretaria, y de la que Mateo Blanco se enamora locamente.

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Almodóvar tení­a la intención de rodar un melodrama en donde nos iba a narrar una apasionada historia de amor con tintes de cine negro y en el que no iba a prescindir de la comedia que tanto ha caracterizado su cine. Lo malo es que en todo momento tenemos la sensación de que Pedro I, el Gran Ganga, se ha hecho un lí­o entre tanto género y al final no vemos nada de lo que él pretendí­a.

En ningún momento nos podemos creer esa historia de amor entre Mateo Blanco y Lena. Almodóvar no consigue transmitirnos la pasión de estos dos personajes, algo increí­ble en un realizador que es de todo menos frí­o. A ello contribuye el hecho de que entre Lluí­s Homar y Penélope Cruz no exista nada de quí­mica, he visto en mi congelador a un par de pechugas de pollo en las que habí­a más quí­mica que entre estos dos actores. Y esto lo único que provocó fue que el personal se partiese de la risa durante las escenas de amor protagonizadas por Cruz y Homar, algo que también sucedió cuando estos dos amantes pronunciaban sus apasionados diálogos.

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Si la historia de amor entre los dos protagonistas no funcionaba, el resto tampoco lo hace. Ni la dramática historia de Lena y su obsesivo y multimillonario amante, con el que protagoniza un revolcón muy estético bajo las sábanas que provocó el delirio de los presentes. Y mucho menos el thriller que parece resolverse en cinco minutos, lo de resolverse es un decir porque da igual. Lo único que sí­ funciona es la parte en la que se recrea el rodaje de una pelí­cula, algo que ya hizo Almodóvar en La Mala Educación, la ya mencionada Chicas y Maletas que no es otra cosa que un remedo de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, una de sus mejores pelí­culas y que rodó hace más de veinte años. Pero con esto tengo una extraña sensación y es que pienso que Almodóvar lo metió con calzador para evitar que el desastre fuese aún mayor.

Penélope Cruz se ha convertido en una de las musas indiscutibles de Pedro Almodóvar, es al cine del manchego de los inicios del siglo XXI lo mismo que Carmen Maura lo fue en los ochenta o Victoria Abril a inicios de los noventa. Esta es su cuarta colaboración con el realizador tras Carne Trémula, Todo sobre mi Madre y Volver. Y se puede decir que Almodóvar es el realizador que mejor la dirige y el que mejor la conoce. Pero lo mejor de este tándem lo vimos en Volver, ya que en Los Abrazos Rotos no dejo de ver a una Penélope Cruz muy mona, embutida en Chanel o en el recargado Versace de los 90, qué recuerdos, pero como actriz no pasa de estar correcta, en unas escenas funciona con creces pero en otras está perdidí­sima.

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Lluí­s Homar es un actor inmenso, no voy a descubrirle ahora, y realizó un trabajo magní­fico en La Mala Educación, aquí­ lleva todo el peso de la pelí­cula y aunque  desempeña un buen papel no me llegó a emocionar en ningún momento.

Mejor están José Luis Gómez, un actorazo, y Blanca Portillo, especialmente esta última, que es la única que de verdad se cree su papel. La Portillo levanta la pelí­cula cada vez que aparece y es que es una auténtica gozada verla actuar, bien es verdad que por momentos está un poco forzada, pero aún así­ se come a todo lo que tiene alrededor.

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Tamar Novas, ganador del Goya al mejor actor revelación por Mar Adentro, convertido en una especie de cruce entre Mika y Fabio McNamara interpreta al hijo de Banca Portillo. En algunas escenas funciona y en otras nada. Pero lo peor sin duda es Rubén Ochandiano, un actor al que siempre he encontrado muy intenso, él cuando estaba en Al Salir de Clase recitaba sus textos como si estuviese protagonizando Crimen y Castigo, tal vez participar en dicha serie juvenil le parecí­a como el clásico de Dostoievski o más bien como su tí­tulo, y aquí­ su intensidad y su look, entre el Santiago Segura de El Asombroso Mundo de Borjamari y Pocholo y un chapero, le llevan al esperpento.

En Los Abrazos Rotos vemos muchos cameos. Me quedo sin duda alguna con Ángela Molina, que conmueve y estremece de una manera asombrosa y en tan solo cuatro minutos. También están estupendas Lola Dueñas, Mariola Fuentes, Rossy de Palma, Carmen Machi y la inigualable Chus Lampreave, estas tres últimas como personajes de Chicas y Maletas. No puedo decir lo mismo de Kira Miró que una vez más cumple el tópico de que si sale Kira Miró en una pelí­cula es para despelotarse, pero aquí­ es aún más triste, porque aparece, se desnuda y desaparece.

Visualmente es impecable, gracias al diseño de producción de Antxón Gómez y a la fotografí­a de Rodrigo Prieto, el tratamiento del color en algunas escenas es asombroso, y en Lanzarote le van a hacer un monumento porque ha fotografiado los paisajes volcánicos de la isla conejera de una manera espectacular, y miren que es preciosa Lanzarote. No me olvido tampoco la música firmada por Alberto Iglesias, que una vez más está a la altura de su talento.

El Almodóvar que he visto en Los Abrazos Rotos no es el mismo que me ha apasionado en tí­tulos como La Ley del Deseo, Todo sobre mi Madre o Volver. Ni me conmueve como en Hable con Ella ni me llega a fascinar como en La Mala Educación. Está más cercano al que me horrorizó en Matador o en Kika. Creo que después de que viese su obra él se quedó convencido de que habí­a hecho un homenaje al cine y al mejor de su cine, lo malo es que lo ha hecho a través de el  peor de su cine, que también lo tiene.

Una verdadera lástima.


Pedro Almodóvar | Pedro Almodóvar | Penélope Cruz. Lluí­s Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez, Tamar Novas, Rubén Ochandiano, Lola Dueñas, Mariola Fuentes, Carmen Machi, Ángela Molina, Kiti Manver, Chus Lampreave, Rossy de Palma, Alejo Sauras, Dani Martí­n, Kira Miró | Rodrigo Prieto | José Salcedo | Alberto Iglesias | Antxón Gómez | Esther Garcí­a | Agustí­n Almodóvar | El Deseo, Universal Pictures | Warner Bros | 5 |

Mary Carmen Rodrí­guez

Soy iconódula y oscarnallóloga.

  • andkoppel

    Gran critica -perdon he perdido los acentos- y hasta demasiado benigna. La pelicula me parecio forzada, cursi, pedante, autocomplaciente y a ratitos escasos brillante.

    Como declaracion de un gran director de su amor por el cine algo pobre. Creo que Pedro Almodovar ya ha declarado su cariño de la unica forma licita, haciendo buenas peliculas.

    Hablando de lo “mejor” de la pelicula, el homenaje a Mujeres al borde…

    …en que universo paralelo o realidad alternativa a la nuestra, un director heterosexual, que mientras esta rodando se preocupa mas de follarse a su actriz principal que de dirigir, catalan y rubio, es capaz de crear Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, una pelicula que en nuestra realidad, universo, mundo, solo hay una persona capacitada para hacerla, el propio Pedro Almodovoar.

    Todo Mentira hasta lo que funciona mejor en Los Abrazos Rotos.

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  • Manu D

    Mary carmen, es cuestión de perspectivas. A mí­ me gusta Matador. Siempre he pensado que es una pelí­cula infravalorada. Eso sí­, podrí­a haber sido muchí­simo mejor adecuadamente pulida y con más presupuesto, pero es que yo creo que Almodóvar necesita caminar al borde del percipicio para brillar, algo que el dinero le impide desde hace dos décadas. Si hubo un momento en que Almodóvar fue grande es a mediados de los 80, cuando su cine aún no debí­a nada a nadie. En Matador están desde la Fiesta nacional, a la represión religiosa del franquismo, el fetichismo sexual, la modernidad cañí­ de los 80, la moda, la tragicomedia,el flamenco y la legendaria estela que Ava gardner dejó en nuestro paí­s. Todo eso y más obsesiones suyas, mezcladas de un modo absolutamente fresco y tan chirriante como irresistible. lo que ha hecho desde Tacones lejanos es cambiar ligeramente sus ingredientes de siempre. Mse es el valor de Matador. Me parto cuando se encumbra Todo sobre mi madre, puro y aburrido manierismo almodovariano. A Almodóvar ya no le hace grande su cine, sino su capacidad para la polémica y el autobombo, porque en eso recoge muy bien todos los complejos y tópicos de españa; a cualquier estrella internacional se le pregunta por españa y fijo que citará a Almodóvar junto a los toros, el flamenco y la tortilla de patatas o el jamón ibérico. La gente dice que le gusta Almodóvar incluso sin interesarle su cine, porque aún sigue siendo sinónimo de modernez, porque Pedrito se ha instalado en el subconsciente de este paí­s del mismo modo que los santos o los toros y si uno se atreve a criticarle, siempre queda el recurso de acisarle de envidioso. Por más orgasmos que tenga Persépolis viendo las pelí­culas del manchego, ese es esl mérito de Pedro, que no es poco.

  • http://www.lashorasperdidas.com Mary Carmen Rodrí­guez

    Si lo tuviera Jude lo harí­a, son tres escenitas pero no se puede estar mejor, y apenas le hace falta hablar. Está maravillosa.

    La mala educación me gusta, Kika la aborrezco, Carne trémula no me gusta, especialmente por Liberto Rabal, que es un auténtico lastre, y Todo sobre mi madre me encanta, salvo ese par de seres que son Toni Cantó y Carlos Lozano…Y Matador está al mismo nivel de Kika.

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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