Críticas

DÉJAME ENTRAR

Cuando terminé de ver esta pelí­cula, embargado por los maravillosos 105 minutos que Alfredson me regaló, me puse a escribir una crí­tica. Puede que la oprimida necesidad de expresar lo que habí­a visto, me hiciera actuar con una celeridad poco aconsejable que convirtió un texto que debí­a ser toda una oda a una pelí­cula magistral en un insulto que no hacia del todo justicia a un filme que merece algo mas y mejor que ese pedazo de mierda que escribí­. Y aquí­ me encuentro, 24 horas después, 24 horas secuestrado por el recuerdo del cine mas ejemplar, intentando homenajear como se merece una de las obras maestras de esta década.

En aquel texto, comenzaba analizando las bondades del nuevo cine de terror europeo, ¿Qué necesidad existe de volver a insistir en la grandeza de este movimiento emergente dentro de un género que ha caí­do en desgracia por culpa de la maquinaria hollywoodiense?. Sí­, todos sabemos que Hollywood banalizó un género que tantos buenos momentos nos ha dado y que directores como Neil Marshall, Pascal Laugier, Jaume Balageró y tantos otros intentan recuperar con acierto. ¿Pero que necesidad tenia de hablar de ello cuando Déjame Entrar no es una pelí­cula de terror?.

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Y aquí­ me encuentro ahora, delante de un portátil, mientras suena la banda sonora de Blade Runner y con un Jack Daniels y un cigarro encendido intentando describir las sensaciones que una sencilla historia entre un niño solitario llamado Oskar y una niña vampira llamada Eli me han transmitido. Y para ser sinceros, sigue siendo igual de jodido. ¿Sabéis lo que es que una pelí­cula, te haga pasar de la perplejidad al terror más absoluto, para luego emocionarte, entristecerte y finalmente hacerte llorar?, ¿Cuánto hace que no veí­amos algo así­ en una pantalla?, ¿años quizás?, ¿Cuándo fue la última vez que salimos de una pelí­cula romántica abatidos, con una sonrisa en la cara y unas lágrimas inexplicables en las mejillas?.

Cuando descubres que una pelí­cula te llega tan profundamente y te provoca sentimientos inesperados, sabes instantáneamente que estás ante algo mágico, ante un autentico milagro del séptimo arte, ante un clásico imperecedero. Rememoro la pelí­cula y no puedo evitar pensar en el cine de Wong Kar Wai, porque el tratamiento que Tomas Alfredson hace del amor lo podrí­a haber firmado el realizador de Deseando Amar, una de las obras maestras indiscutibles de la historia del cine. Si hubiéramos cambiado esa gélida Suecia por el bullicioso Hong Kong con todas sus consecuencias, estarí­amos hablando de la enésima pelí­cula que engrandece aun mas el aura de un realizador al que admiro con pasión desmesurada. Pero no es de Wong Kar Wai, sorprendentemente no lo es, es de un tipo que en su vida a tocado el género de terror en su filmografí­a lo que le permite abordar la historia de forma sincera, intima, alejada de los efectismos y la futilidad en la que caerá sin duda el próximo remake americano. Y dilapido ya el remake americano, porque una pelí­cula tan emocional, es complicado que se haga fuera de Europa o Asia.

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Porque para describir el amor, la soledad y la amistad, no hacen falta textos inútiles, no hace falta palabrerí­a, basta con una imagen, sin complicaciones, nada de movimientos de cámara sin sentido, eso Alfredson lo hace maravillosamente. No necesita 50 planos para narrar un momento cruel, no necesita un “te quiero” en el guión para describir el amor, le basta una mirada en mitad de la nieve, en un plano general y la complicidad de un espectador entregado, que sabe lo que es. Porque cuando veí­a esas inocentes y aparentemente superfluas secuencias donde los dos protagonistas transmití­an un sentimiento semejante, me bastaba con recordar lo que significaba el amor para ser consciente de que yo habí­a vivido aquello, y por tanto, esa era su verdadera esencia. No es efectista, no es sensiblera, es sentimental, y eso queda reflejado desde el primer hasta el ultimo minuto. Pocas pelí­culas pueden orgullecerse de ello, esta es una de ellas. Pocas pelí­culas pueden orgullecerse de ofrecer toda una gama de sentimientos sin tirar de recursos facilones asiliconados.
Ves el ataque de la niña vampira y te aterrorizas por la crueldad y el mensaje subliminal que subyace, para a continuación fundirse con un sentimiento de ternura que jamás esperarí­as sentir tras ser  espectador de una matanza semejante. Ves la tan comentada escena de la cama, inocencia en estado puro, y pasas de la sonrisa al suspiro, al ver en pantalla una de las escenas romanticas mas memorables de la historia del cine –y en esta pelí­cula hay varias que omitiré para no destriparla-. Ves a Oskar siendo acosado por el niñato hijo puta de turno y tu ira inicial se transforma en pena para finalmente acabar absolutamente destrozados aní­micamente. Lo dicho, puro y duro sentimiento.

Y todo ello en mitad de un pueblo sueco nevado, tercer gran personaje de la historia, completamente blanco, impoluto, como la inocencia de Oskar que se ve mancillado de pinceladas de sangre que la naturaleza inhumana de Eli arrastra en una maldición que la obliga a vivir su particular soledad. Algo que inevitablemente le une a Oskar y que provoca que nazca en ellos primero una amistad de comprensión, y después un amor adolescente que saca de ti todas esas sensaciones que creí­as perdidas.

En la construcción de esas sensaciones intervienen tres importantes elementos: La puesta en escena del director que ya ha sido brevemente comentada antes, las excelentes interpretaciones de Kare Hedebrant y Lina Leandersson(simplemente maravillosa) que llevan sin complicaciones el peso de la historia con una quí­mica que ya quisieran muchos actores con mas rodaje y la partitura de Soderqvist, una de esas piezas musicales imprescindibles para todo buen amante del cine. Estos tres elementos se fusionan como un reloj suizo para funcionar tan perfectamente que dotan al metraje de un aura de aterrador cuento de hadas completamente mágico convirtiéndola sin complicaciones en la mejor pelí­cula del 2008.

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Puede que muchos de los que se aproximen a esta pelí­cula se sientan decepcionados porque no era lo que esperaban. Lo digo desde ya, no es una pelí­cula de vampiros al uso, es un drama romántico europeo con todas sus consecuencias. Los que busquen algo similar a Crepúsculo, Drácula de Coppola o bien Entrevista con el Vampiro, que se vayan olvidando, no tiene nada que ver. Los que se entreguen en cuerpo y alma a esta pelí­cula, los que no busquen una historia de amor fácil, se sentirán embaucados por ella, y en última instancia, agradecerán como yo lo hago, la existencia del cine, porque son pelí­culas tan humanas y tan deliciosas como estas las que justifican plenamente la invención del cinematógrafo y las que en ocasiones nos recuerdan porque cojones nos enamoramos una vez de este arte. Lo dicho, una obra maestra absoluta.

Javier Moreno.


Tomas Alfredson | John Ajvide Lindqvist, basándose en su novela | Kí¥re Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl | Hoyte Van Hoytema | Tomas Alfredson, Dino Jonsí¤ter | Johan Sí¶derqvist | Eva Norén | Jon Nordling, Carl Molinder | EFTI | Karma Films Spain | 10 |
  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100000799069581 Armando Moreno

    muy buena critica, pienso lo mismo que tu, es una película que se te puede quedar por un tiempo muy dentro de ti… felicidades 

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100000799069581 Armando Moreno

    buen trabajo

  • Nelvhar

    Una muy buena pelí­cula, pero a mi humilde parecer no llega a obra maestra. ¿Y qué le falta para llegar a obra maestra? Pues bien, creo que se trata de una versión algo luminosa y edulcorada, sin pretender con ello menospreciarla, de la historia en la que se basa, historia que manteniendo la luz y la dulzura es a la vez mucho más perturbadora. Es decisión del director, muy válida, a qué matices de la historia dar más o menos peso; una opción que da como resultado una gran pelí­cula, delicada, bella, emotiva sin caer en el sentimentalismo, de esas que más que darte ganas de aplaudir al final te hacen levantarte en silencio y llevarte a la tranquilidad de casa reflexiones sobre lo delicada que es la lí­nea entre el amor y el egoí­smo y sobre los monstruos que nos acechan a veces entre las ramas de un árbol y a veces en nuestro propio pecho.

    Pero si se hubiera atrevido, si hubiera sido capaz de mantener al mismo nivel por un lado la ternura, la belleza y la delicadeza y por otro la sordidez y la brutalidad de historia original, si hubiera ahondado en la oscuridad y lo malsano de los personajes y sus relaciones en lugar de apenas esbozar tales aspectos, entonces habrí­a conseguido bordar una obra maestra. Falta explotar la sordidez, el lado grotesco (a veces extrañamente entrañable), de Lacke, Virginia, Hí¥kan, el padre de Oskar o el mismo Oskar, cosa que permitirí­a comprender aún mejor la psicologí­a y motivaciones de los personajes (puntos bien desarrollados de todas formas), ahondar en ellos, y habrí­a dado mayor profundidad a la historia, aportando matices interesantes a cada drama personal de los que componen el relato.

    Respecto al ritmo que algunos catalogan como lento yo personalmente lo encuentro muy apropiado y no tan lento como esperaba, y no creo que haya ninguna escena sobrante; al contrario, me quedo con ganas de un desarrollo más detallado y pausado de la relación entre Eli y Oskar, por ejemplo (en parte porque la quí­mica entre ambos actores es tal que una desearí­a disfrutar el doble de escenas de ambos). Y de hecho al final creo que todo se apresura demasiado, y no se puede disfrutar lo suficiente de esa desesperante sensación, conforme te acercas al último tercio de la novela, de que poco a poco todo se va desmoronando y nos vamos todos al carajo; sensación que se consigue en parte gracias a la presencia de dos o tres tramas que no aparecen en la pelí­cula, y sin las cuales el desplome final sucede de forma demasiado brusca y rápida.

    Eso es lo que le falta a esta buena pelí­cula, según mi opinión, para ser Grande, así­, con mayúsculas. Tiene no obstante numerosos ingredientes para que la considere una buena obra con la que deleitarse, admirable y digna de pasar con los años a ser un clásico: la originalidad a la hora de tratar el tema de las relaciones personales tortuosas introduciendo el elemento vampí­rico no como protagonista absoluto sino como medio para plasmar la soledad y la incapacidad para encajar en el mundo; el ser una adaptación bastante aceptable de una buena novela; las interpretaciones de los personajes, especialmente de los protagonistas, que se comen la pantalla; la notable belleza estética que colabora eficazmente con el guión y las actuaciones sin socavarlos, sin resultar avasalladora… Yo como nota creo que no llega a 10, pero el 8 se lo pondrí­a sin dudarlo.

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