Reportajes

ENTREVISTA A JORDI COSTA

Es común que dentro del mundo de la crí­tica profesional de cine, los autores publiquen libros propios analizando vidas de personajes relevantes, estilos cinematográficos, eventos históricos, retrospectivas de festivales o filias y fobias propias, además de los clásicos recopilatorios de “pelis que deberí­as ver”, “lo mejor de…”, etc.

Jordi Costa es, hoy por hoy, uno de los crí­ticos más relevantes del panorama español. Colabora habitualmente con El Paí­s, Cahiers du Cinema, Fotogramas, etc. además de colaboraciones en radio y televisión. No es ajeno al mundo literario pero si que acaba de coescribir su primer cómic junto a Darí­o Adanti, Mis Problemas con Amenábar, del que es protagonista, y en el que da rienda suelta a su conocida fobia con el director a través de una historia en el que queriendo huir del mismo, no deja de encontrarse con él.

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Por eso aprovechamos la ocasión para que nos comente cómo ha sido su incursión en el cómic y comentar su concepción del mundo de la crí­tica cinematográfica. Esperamos que os guste.

Sorprende que un crí­tico se lance al cómic, aunque quizás no tanto aprovechando una de tus rivalidades de toda la vida (si se le puede llamar así­). ¿Cómo surgió la idea de hacer el cómic?

Antes que ser crí­tico de cine fui crí­tico de cómics. O, por lo menos, algo parecido: empecé a los 15 años en las páginas de El Ví­bora, aunque no era precisamente un niño prodigio. Lo que escribí­a entonces era tan imprudente y tosco como propio de mi edad. El cómic (o, mejor dicho, el tebeo o la historieta) ha sido mi primera gran pasión. De niño quizás no pensaba en convertirme en crí­tico de cine (aunque hací­a mis pre-fanzines caseros pegando anuncios de pelis aparecidos en la prensa comentados con un resumen del argumento: una forma de sub-periodismo cinematográfico de la EGB), pero sí­ que soñaba con ser dibujante de tebeos. Por suerte, no tardé mucho en darme cuenta de que no tení­a talento para eso. Convertirme en guionista de tebeos podí­a ser la segunda opción, pero mis primeras intentonas tampoco fueron gloriosas. O sea que he tardado mucho tiempo en perder el pudor y atreverme a hacer algo como esto. Por el camino, me he convertido en algo parecido a un crí­tico de cine profesional. Si bien pienso que la crí­tica de cine es, por definición, subjetiva, creo que conviene mantener a raya las fobias personales y extra-cinematográficas. Desde el momento en que reconozco que lo mí­o con Amenábar es personal, el tebeo parecí­a el mejor medio para hablar de él y de su cine y para intentar explicar, y explicarme, por qué una figura que genera una idea tan consensuada sobre su excelencia me parece un emblema de la mediocridad institucionalizada.

No puedo evitar preguntarte tu opinión sobre la rajada de Vicente Molina Foix.

Supongo que las palabras de Molina Foix han dolido especialmente a quienes sabemos que él es una persona sumamente cultivada e inteligente y, por tanto, no esperábamos ese impulso de rechazo dogmático a lo que se desconoce. En la polémica, muchos defensores de la historieta han caí­do en algo peor: el insulto homófobo y la dinámica de agruparse en pelotón de linchamiento. En las páginas de Público, Rafael Reig trató el tema con la lucidez, la serenidad y la civilizada sorna que le caracterizan: dijo que, en el fondo, ninguna de las partes estaba hablando de lo que es o no es arte, sino del prestigio cultural. Y, desgraciadamente, tanto Molina Foix como muchas de las voces que se alzaron en su contra pecaban, en el fondo, de lo mismo: donde uno colocaba papanatismo cultural, otros contra-atacaban con el ariete de su complejo de inferioridad y, en uno y otro frente, afloraba una extraña obsesión por los cánones.

Volviendo al cómic. ¿Por qué esa tirria a Amenábar? ¿Le regalarás un ejemplar?

Está todo explicado en el tebeo: todo parte de un puñado de anécdotas reales en las que, por decirlo de algún modo, no surgió una buena quí­mica entre él y yo. No diré que todo fuera culpa suya: en el tebeo, no se trata de reformular lo que ocurrió para quedar yo como el héroe (o el agraviado). Creo que hay cierta impudicia en el tono auto-biográfico y mucho de auto-parodia. A partir de esas situaciones reales, el tebeo intenta esbozar una lectura sobre el fenómeno Amenábar, casi como un caso de delirio colectivo. Por supuesto, como cualquier crí­tica cinematográfica, esa lectura del icono Amenábar es sólo una de las posibles, aunque no creo que tenga muchos números para convertirse en una de las más populares.

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La historia narra cómo por una serie de casualidades coincides con Amenábar en los sitios más insospechados sin poder escapar a su presencia. Imagino que viene a resumir la sensación que te produce Amenábar como personaje, ya que desde Tesis cada nuevo proyecto suyo sale hasta en la sopa.

Sí­, bueno, como te he dicho antes, la trama del álbum se fundamenta en anécdotas reales: por supuesto, reforzadas por la exageración propia del lenguaje de la historieta de humor. Eso es importante: este tebeo no quiere acabar de una vez por todas con Amenábar, ni sentar cátedra alguna, sino, en la medida de lo posible, hacer reí­r al lector a partir de la relación más o menos tragicómica entre una gran figura del nuevo cine español y un crí­tico que se resiste a considerarla como tal.

En cierta medida es también un riesgo pasar de la crí­tica profesional al lado opuesto, la creación artí­stica. ¿Crées que habrá alguien con ganas de juzgar tu trabajo?

Espero que lo haya, porque, de lo contrario, significará que nadie nos ha leí­do o que quien lo haya hecho no se ha sentido motivado para comentar nuestro trabajo. Es importante subrayar que Darí­o Adanti no es sólo el dibujante de este tebeo: también es uno de los personajes principales y, en buena medida, el discurso parte también de nuestras conversaciones sobre muy diversos temas, desde Amenábar hasta el mundo de los festivales de cine, pasando por la industria audiovisual o los medios de comunicación.

Me gustarí­a hablar sobre tu labor como crí­tico. ¿Cual crees que es la labor fundamental de la crí­tica? ¿Consideras que hay una única forma de ejercer tu labor o crees que la crí­tica puede tener distintos objetivos?

No, hay muchas formas de ejercer la crí­tica, por fortuna. De lo contrario todos los crí­ticos serí­amos iguales y lo interesante es, precisamente, que cada crí­tico tenga su discurso, su identidad e incluso sus debilidades y sus maní­as. Un crí­tico no es más que un espectador profesional, que ofrece una lectura –que nunca es indiscutible, ni infalible- de una pelí­cula. Cuanto más interesante, esclarecedora y estimulante sea esa lectura, mejor será la crí­tica. Se pueden escribir muy buenas crí­ticas de pelí­culas, en apariencia, irrelevantes.

En Cahiers Du Cinema, revista en la que también colaboras, llevan realizando una serie de publicaciones sobre este tema, el de la labor que debe hacer el crí­tico. Hay quienes defienden una “crí­tica artí­stica” frente a una meramente funcional. ¿Puede suponer eso anteponer la figura del crí­tico a la obra que se valora o son aspectos compatibles? ¿No se separa muchas veces el crí­tico del espectador, aunque sea de forma inconsciente, a través de un lenguaje muchas veces enrevesado, pomposo y autorreferencial mientras se queja de que éste no sea más exigente y analí­tico con las pelí­culas? Me refiero a que quizás se podrí­a captar el interés del público con un lenguaje más directo, sobre todo si la crí­tica, además de cumplir la labor de análisis, pretende también hacer una labor didáctica.

El término funcional sólo me suena bien aplicado al diseño. Tu pregunta apunta a un tema que es muy complejo y que no vamos a resolver aquí­. No se trata de anteponer la figura del crí­tico a la obra, pero todo crí­tico interesante tiene una identidad marcada y un discurso sólido y personal. Es (o ha sido) el caso de gente como José Luis Guarner, Manny Farber, Pauline Kael, Tony Rayns, Kim Newman, Jonathan Rosenbaum, Gonzalo de Lucas, Xavier Pérez y Núria Bou, etcétera… También hay quien prefiere un modelo de crí­tica populista que, hablando claro, me parece el grado cero de la crí­tica: la crí­tica que sustituye el lenguaje analí­tico por el lenguaje emocional. En otras palabras: la crí­tica del “me gusta”/”no me gusta”. Aunque pueda parecer paradójico, quienes prefieren este modelo de crí­tica son ví­ctimas del culto a la personalidad: no les interesa tanto una lectura de una pelí­cula, sino saber si al crí­tico le ha gustado o no una determinada pelí­cula, sin que, muchas veces, las razones desempeñen ningún papel en el discurso. Simplificando mucho la cuestión, podrí­a decirse que una buena crí­tica de cine sale del diálogo entre el culo y la cabeza, de compaginar en el discurso el puro placer como espectador con la capacidad de analizar por qué se ha dado (o no) ese placer. Quien desea una crí­tica funcional, quiere, en el fondo, que la crí­tica se escriba sólo con el culo, con el culo del crí­tico como centro del discurso. Tampoco hay que subestimar la labor didáctica del crí­tico: el crí­tico es un espectador que puede abrir puertas de interpretación y de lectura a otros espectadores, que son sus lectores. En este sentido, las crí­ticas de Guarner funcionaban casi como hipertextos, porque siempre te llevaban a otras lecturas, a otras pelí­culas, a otros directores… El lector que desea que el crí­tico sea como él –un espectador no necesariamente sofisticado al que sólo le interesa si el crí­tico pone el pulgar arriba o abajo, o si le pone una o cinco estrellas a la pelí­cula- forma parte de un impulso anti-intelectual que quiere despojar al oficio de toda posibilidad formativa.

¿Hasta qué punto el espectador tiene capacidad de ejercer como crí­tico? Una crí­tica requiere una serie de conocimientos previos para poder tener una capacidad analí­tica suficientemente solvente, pero por otro lado el espectador es a quien se dirigen las pelí­culas, series, libros, etc. ¿Dónde empieza la crí­tica o análisis, y dónde termina la mera opinión?

Creo que te lo he respondido antes. El crí­tico es un espectador profesional: en lo esencial, no deja de ser un espectador, pero se supone que su profesionalidad, sus conocimientos del pasado y del presente del medio y la exigencia de ofrecer una lectura interesante de la pelí­cula marcarán la diferencia. También es importante que el crí­tico tenga cierta intuición sobre el futuro del medio o cierta capacidad de reflejos para no desestimar, de entrada, la novedad relevante y para no celebrar por inercia lo que no es más que el hype de temporada. Por supuesto, la opinión del espectador es legí­tima, pero cuando uno lee una crí­tica siempre lo hace (o deberí­a hacerlo) con la esperanza de que el crí­tico le haga ver a uno la pelí­cula que no ha visto. Y que no tení­a por qué haber visto. Los crí­ticos no tienen por qué tener rayos X en los ojos, pero serí­a deseable que, por lo menos, esa fuera la aspiración de todo crí­tico. Y de todo lector empeñado en leer crí­ticas.

¿Cómo acomodas tu forma de hacer crí­ticas a los distintos medios en los que colaboras? ¿Siempre utilizas un mismo lenguaje y contenido o amoldas estos aspectos en función del medio en el que publiques y el público al que vaya dirigido?

El formato te marca el lenguaje, la posibilidad de profundizar más o menos… No utilizo el mismo registro cuando hago una crí­tica escrita que cuando lo hago en un programa de radio o en un video-blog. Lo único que tiene que sobrevivir al paso de un medio a otro es la sinceridad y la coherencia.

Tengo que preguntarte también por la eterna discusión que vemos en la web y que también está presente en otros medios. ¿Se puede poner nota a una pelí­cula? ¿Existe una forma de hacer crí­tica objetiva? Personalmente pienso que es imposible desligar tu experiencia como espectador del análisis más riguroso, aunque siempre se puede tender más a un lado que al otro.

No se puede poner nota a una pelí­cula sin dejar fuera los matices. Soy enemigo de poner estrellitas, pero no me queda más remedio que hacerlo, porque los medios en los que colaboro así­ lo disponen. Pedirí­a que nadie se tomase demasiado en serio mis puntuaciones, porque siempre dejan fuera las razones. Y no, no hay, por suerte, ninguna forma de hacer crí­tica rigurosa que sea objetiva.

Por último quisiera preguntarte si has pensado en alguna ocasión ponerte tras la cámara (delante ya te vimos en Tu Antes Molabas) o participar en el proceso creativo de alguna pelí­cula, corto o serie, más aún tras tu experiencia con el cómic.

No. No tengo talento para el cine y me parece terrible afrontar un trabajo tan aparatoso. Dejo lo creativo para los medios low-cost: el tebeo y la escritura.

Tú antes molabas ep.8 from Tú antes molabas on Vimeo.

Muchas gracias por todo y suerte con el cómic.

Muchas gracias a vosotros. Con el cómic imagino que tendremos suerte si Darí­o Adanti y yo no acabamos emplumados en un pilón. Un abrazo.

El cómic podéis encontrarlo en Casa del Libro y librerí­as especializadas.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • lufannag

    Y tan subjetivo. Jordi Costa es un magní­fico analista en su vertiente hipersubjetiva, pero deberí­an quitarle el honor” de llamarle crí­tico… porque vamos, sólo busca ir contracorriente. Que malo es Nolan porque la gente o adora…que buena es mamma mia porque me lo pasé bien aunque no la considero buena peli pero le pongo 4 estrellas. Todas las criticas de jordi costa tienen las siguientes expresiones: hipertrofiado y tour de force. y muchos lugares comunes.

    Molina es un imbécil, y eso que he leido cuatro cómics en mi vida. Pero también su última novela. Benditos cómics. La clave no esta en si se puede comparar a Dostoieski y Frank Miller, sino que va siendo horA de que Alan Moore este cosiderado al nivel al que puede aspirar esa ierdecilla llamada Dan Brown.

  • Esteparia

    Excelente entrevista y excelentes preguntas. Estoy de acuerdo con la visión de la crí­tica cinematográfica que da Jordi Costa, y la analogí­a del culo y la cabeza me parece muy acertada.

    Tema Amenábar: Aunque entiendo su punto de vista, ni lo comparto ni me considero parte de ningún delirio colectivo. Fui a ver Tesis y me gustó. Fui a ver Abre los ojos y me gustó. Fui a ver Los otros y me gustó. Fui a ver Mar adentro y me gustó. En definitiva, nadie ha venido a decirme si Amenábar es bueno o malo. Otra cosa es que esté en todas partes cuando toca rodaje o promoción de sus pelí­culas y eso sature a algunos, pero para mí­ esto está totalmente desligado de su labor como director.

    Tema Molina Foix: Me parece un estupendo articulista y un novelista mediocre, pero esta opinión en concreto me parece de una memez e intolerancia absolutos (y eso que a a mí­ el cómic, ni fu ni fa). Pero es una opinión y, por tanto, respetable.

    Tema estrellitas: Socorridas, sí­ (y no niego que a veces me guí­e por ellas cuando me da pereza leerme la crí­tica entera), pero en general estoy en contra de ellas, y siempre me merecerá más respeto el medio de comunicación que prefiere los matices a la pincelada gruesa. Una de las razones por las que dejé de ver el programa de Ebert y Roeper fue la simpleza del “Thumbs up” o “Thumbs down” con el que suelen calificar las pelis (bueno, y porque era un programa de crí­tica cuando yo querí­a información objetiva, pero esa es otra historia). Sin salir de Fotogramas, medio para el que escribe el propio Jordi Costa, a veces encuentro más útil el recuadro “Lo mejor y lo peor” que las propias estrellas; es una manera de valoración rápida -aunque parcial- pero sin dejar de lado el matiz.

  • http://rodriguezspain.blogspot.com/ triunviro

    A mi lo de las notas me parece interesante solo en el caso de que no tengas tiempo (o ganas, en esos momentos que no apetece hacer nada…) para leerla completa. Aunque si no hay nota siempre se puede recurrir al último párrafo.

    Saludos

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