Críticas

MOON

(( CONTIENE SPOILERS A PARTIR DEL CUARTO PÁRRAFO DESPUÉS DE LA SEGUNDA FOTO. NO SÉ CUÁNTO VA A DURAR EL FILM EN CARTELERA PERO TENÉIS QUE VERLO Y COMENTARLO AQUí PORQUE CREO QUE ES UNA OBRA MAESTRA DE LA CIENCIA FICCIÓN, EL MEJOR CAPíTULO DE ‘MÁS ALLÁ DEL LíMITE’ QUE HE VISTO, UNA PELíCULA “NUEVA”, QUE ME HIZO PENSAR EN COSAS “NUEVAS”. ME GUSTÓ HORRORES Y PREFIERO DEJAR ESTE POST PARA SOLTAR MI ESPERMA. PARA AHORRAROS EL CHOPO  BESTIAL — 1.461 PALABRAS, SEGíšN WORDPRESS– Y DADO QUE LA PELíCULA ES UNIFORMEMENTE ACOJONANTE, HE DECIDIDO PONER LA NOTA)).

Moon es la historia de Sam Bell, un astronauta que trabaja solito en La Luna recogiendo helio y enviándolo posteriormente a la Tierra para que sea empleado como fuente de energí­a. A falta de dos semanas para terminar su turno, comienza a experimentar problemas psicológicos. A los veinte minutos de pelí­cula, Bell realiza un sorprendente descubrimiento. En un film más tradicional, dicho descubrimiento serí­a un spoiler. Aquí­, el descubrimiento es la pelí­cula.

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Lo de que el descubrimiento es la pelí­cula viene a cuento de que en muchas pelí­culas de ciencia ficción que veo, cada vez que hay una revelación, una sorpresa, o algo de información relativamente original, simplemente se nos presenta y deja que se acumule sin prestar demasiada atención a dos preguntas: por qué sucede y, sobre todo, qué consecuencias implica. Deberí­a hacerlo porque es cine fantástico. Porque nos propone situaciones muy irreales para las que necesitamos una explicación y un contexto. La pelí­cula generalmente no nos la concede porque está más ocupada en meterse dentro de un género determinado. Distrito 9 termina siendo una pelí­cula de acción, Horizonte Final es una variedad de terror de casa encantada. Y no tengo ninguna pega. Pero son buenas pelis “de género”. Pero en Moon (o Gattaca, o Solaris, o Primer, o Naves Silenciosas) el “conceto”, que dirí­a el Manquiña, es la pelí­cula. Moon quizás es un thriller psicológico o un suspense espacial, pero sobre todo es un film de ciencia ficción que va sobre sí­ mismo, y eso la hace particularmente única.

Después de este párrafo llega lo que muchos considerarí­an el spoiler, otros (yo) no. Si queréis dejar de leer aquí­, os hago un resumen: es un film muy personal, una pelí­cula con ideas trascendentales desde un punto de vista mundano, solemne, sosegado,  realizada con un pulso tremendo, cuyo limitado presupuesto se ve subsanado por el uso y abuso de maravillosas maquetas. La espartana pero contundente puesta en escena contribuye a potenciar aún más la interpretación de Sam Rockwell que simplemente sienta cátedra. El ritmo espantosamente lento del film requiere inmensas cantidades de café y, después, que entres en el juego de la peli. Pero no puedo dejar de recomendarla de cualquier forma, modo o manera, aún teniendo en cuenta que le sobra pelí­n de metraje y algunas tramas se merecerí­an un poco más de desarrollo. Pero madre, qué debut, madre.

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Vamos allá.

Os lo advertí­.

Sam Bell es un clon. Trabaja tres años, y cuando comienza a dar claras muestras de deterioro fí­sico y mental, le dicen que se le ha acabado el turno, y le engañan haciendole creer que regresa a La Tierra, pero en realidad es fulminado en una cámara de ignición. Sale del almacén otro clon, nuevo, perfecto. Todos ellos tienen recuerdos de una familia en La Tierra. Todo ello queda explicado en una media hora, a partir de la cual la pelí­cula entra en faena, y comienza a preguntarse cosas. Como por ejemplo, si eres un clon, ¿hasta que punto tienes derecho a poseer tus recuerdos?. ¿El amor que sientes es igualmente válido cuando lo compartes con varias copias de ti mismo –para más información sobre este tema, véase Mis Dobles, Mi Mujer y Yo–?.

La pelí­cula medita estas cuestiones mientras el Primer Sam Bell comienza a experimentar un severo deterioro de su estado fí­sico y mental mientras su nuevo clon resulta activado. Ambos coinciden y se comparan. Uno está muy débil, pero posee el valor de la experiencia, que es justo de lo que carece su nuevo yo, un joven inexperto. Son la misma persona pero uno de ellos es un anciano, el otro un niño. Ambos comparten las mismas emociones. El primero las interpreta como un recuerdo lejano y entrañable. El segundo, como si estuvieran pasando en ese mismo momento, hasta que progresivamente comienza a aprender su verdadero valor. Idea que me parece absolutamente acojonante. Y por si quedaba un aspecto por desarrollar, el film señala con el dedo a los responsables de la empresa encargada de extraer el material como criminales bioéticos que han perpetrado semejante putadón. Lo hace demasiado tarde y un poco demasiado obvio (voz en oooffff), pero no se olvida.

Para dar vida a Sam Bell hace falta un actor, en este caso, Sam Rockwell, habitual pirado del cine contemporáneo que en ocasiones nos regala un tí­pico papel normal en una pelí­cula de envergadura sin destacar demasiado porque se ha puesto el chip de “me importa un huevo”.  Hete aquí­ que Sam Rockwell se inventa aquí­ por tercera vez (hizo algo parecido en Joshua, pero no a esta escala). Que de entre todos los actores de este planeta hayan elegido precisamente a Rockwell para interpretar a un personaje con unas caracterí­sticas humanas tan universales no puede ser otra cosa que un sensacional acierto de casting. El segundo Sam Bell es “me importa un huevo”. Pero el primero –a la postre el protagonista del film– es “me importa un huevo” con un extra de intensidad. Nada, muy poquito. Pero ese poquito es iluminador y transmite inmensa cercaní­a. Ya no es Sam Rockwell el apático, es Rockwell el padre de familia, el esposo, el astronauta solitario, el hombre que desea volver a casa. En definitiva, el tipo normal pero interesante. Para mí­, el jodido clí­max en un actor. Y, ya en el terreno de la diferenciación fí­sica entre los los personajes, oí­ decir a gente  en la sala que el primer Sam Bell y el segundo estaban interpretados por actores distintos. En realidad no lo escuché, pero tiene más gracia que si lo digo yo. Y para mí­ es igualmente cierto.

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Continúa la limpieza de sable. Cinco millones de dólares de presupuesto y gracias. Da igual. Hay maquetas. ¡Maquetas, nenes y nenas!. La sensación esa de “me parece tangible, ergo tiene que ser real por cojones”. Cuento cinco o seis decorados en toda la pelí­cula. Todas son como las partes más bonitas de la Nostromo de Alien. Lucecitas, botoncitos. Pantallas. Nada de TDT, hologramas ni mariconadas. Todo es funcional. Cada trasto que Bell toca tiene que servir para algo. Y se rompe fijo. Casi toda la iluminación parece salir del entorno, así­ que, en general, y si a ello sumamos que la puesta en escena de Jones es clásica, funcional, y se adapta tranquilamente al ritmo del film, sólo faltarí­a que la banda sonora fuera buena para culminar una clase de “no puedo hacer más con menos”.  Pero como la banda sonora la hace Clint Mansell, resulta que no sólo es buena sino que es el tercer protagonista de la pelí­cula porque, mirad, me parece indisociable de lo que estoy viendo en pantalla hasta tal punto que una banda sonora distinta alterarí­a la opinión que tengo del film. A falta de hablar sobre los arpegios y las sarabandas, me limitaré a decir que Clint Mansell es un verdadero bastardo. Otra vez.

Total, que me pareció la polla, sin remisión. A nivel técnico, a nivel interpretativo, a nivel de estructura, y a nivel de honestidad. Moon nunca te engaña. Cuando la computadora Gerty (Kevin Spacey, casi me olvido de él. Bien. Gerty es más una curiosidad que otra cosa, un accesorio. Añade algo, no demasiado, al drama de Sam. Nunca resta. Poco trascendente. No es Hal 9000. Buen detalle lo del Smiley) le dice “eres un clon”, es que “es un clon” y la pelí­cula sigue desde ahí­. No es, “eres un clon que tiene que acabar con bichos del espacio que van a invadir la base”. La pelí­cula va de “eres un clon, ¿ahora qué haces?”. En el que, con la novela de misterio, es posiblemente el género más dado a la vaguerí­a, al recurso fácil y a sacarse el “Chuscutruscu Cafetrónico Solucionador de Tramas X-2000” y encima ir de serio (por lo que cosas como Star Trek no cuentan porque valen para pasarselo pipa) lo que se agradece que venga una pelí­cula con una idea sobre la Humanidad y te hable de ella hasta reventar es algo que uno no se encuentra todos los dí­as. Duro de ver, sí­, pero satisfactorio no veas.

Paso de llamarla “copia flagrante”: gracias a Dios está influida por, pero no copiada de 2001 ( sí­ que hay una relación hombre-herramienta pero no veo por ningún lado la brutal carga simbólica y el rollo megaépico del film de Kubrick), lo que me evita hacer comparaciones del tipo “2001 es más peli, pero Moon me pareció más í­ntimaoigs”. Se conforma con ser Moon, lo más grande que he visto en mi género particular de “pequeñas joyas de la ciencia ficción” desde Cube de Natali. Y basta.


Duncan Jones | Nathan Parker & Duncan Jones | Sam Rockwell, Kevin Spacey (voz), Dominique McElligott, Kaya Scodelario | Gary Shaw | Nicolas Gaster | Clint Mansell | Tony Noble | Trudy Styler, Steve Milne, Stuart Fenegan | Alex Francis | Liberty Films UK, Lunar Industries, Xingu Films | Sony Pictures | 9 |
  • Lili

    La memoria de cada clon comienza llegando a la Luna con recuerdos de su hija recien nacida. Como el clon vive solo 3 años, las grabaciones que le muestran a los clones son de su hija creciendo hasta que cumple tres años, luego los clones creen que el contrato se ha terminado y vuelven a la Tierra a reencontrarse con una hija de tres años, pero nunca vuelven porque son asesinados.
    El Sam Bell que está enfermo logra traspasar las antenas que bloqueaban la comunicación en tiempo real con la Tierra y logra hacer una llamada a su hija. Ahí es cuando ve que en la Tierra el tiempo ha seguido transcurriendo y en realidad la niña ya tiene 15 años y vive con su papá, que es el Sam Bell original de quien sacan los clones y de quién tomaron todos los recuerdos que les implantan a los clones. Además ahí se entera que hace varios años ya que su “esposa” había fallecido. Las grabaciones son las mismas que le mostraban a todos los clones. Ellos debían creer que eran actuales y que ellos recién había llegado a la Luna por tres años. Por eso las grabaciones comprendían imágenes de su hija solo hasta los tres años. Porque se supone que después regresaban a Tierra (cosa que no ocurria porque los mataban y despertaban a un nuevo clon, al cual le empezarían a mostrar las grabaciones desde un comienzo, desde que su niña era recién nacida hasta los tres años). Por eso no le permitían a los clones tener comunicación con la Tierra y les hacían creer que los enlaces estaban malos. Si lograban comunicarse con Terra, se darían cuenta del engaño. El Sam Bell original y su esposa estaban al tanto de todo, ya que él se prestó para ser clonado y que tomaran sus memorias y ella se prestó y prestó a su hija para hacer las grabaciones.

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