Reportajes

POLíTICA Y CINEASTAS

A través del blog de mi vecino Daniel Castro, Guionista en Chamberí­, me encuentro con el debate surgido en las páginas de El Paí­s en torno a un tema ya famoso en nuestro cine, el de la politización o no de un sector de la cultura tan trascendente y mediático como el cine y el audiovisual en general.

Dos personas muestran puntos de vista diferentes sobre un fenómeno palpable, el hecho de que nuestro cine, si bien tiene prestigio internacional, sufre un desprestigio bastante grande en nuestro propio paí­s. Las dos personas están de acuerdo en ese hecho, y en que buena parte de las crí­ticas se centran en las subvenciones que recibe el sector, cuando éstas no son mayores en proporción que las que puedan recibir sectores como el de la pesca, la agricultura, la ganaderí­a y otros sectores dependientes del estado para seguir siendo productivos.

De un lado Jaime Rosales, director de Las Horas del Dí­a, La Soledad y Tiro en la Cabeza, expone que ese desprestigio viene seguramente del hecho de que el cine, como colectivo, se ha posicionado polí­ticamente en demasiadas ocasiones, y que en algunos casos, incluso, ha sentido que el gobierno estaba en deuda con ellos. Un fenómeno, que de darse en otros sectores, acabarí­a con similares resultados. Es decir, que el cine casi siempre ha apoyado a la izquierda esperando que luego ésta respondiese al llegar al poder con más y mejores ayudas al sector. Rosales afirma que eso supone un tumor para el sector y para la sociedad, y que la tendencia deberí­a ser la de despolitizar el colectivo del cine (evidentemente las pelí­culas son otra cosa, y deben dar voz a sus creadores) para no viciar el sector y mejorar la imagen pública del mismo. En definitiva: fuera polí­tica, hay que valorar únicamente los méritos, y las opiniones mejor en el ámbito privado.

Por otro lado Manuel Martí­n Cuenca, director de La Flaqueza del Bolchevique o Malas Temporadas, responde que la libertad de expresión nunca puede ser puesta en duda, y que si otros sectores no se pronuncian es por miedo a ser perjudicados, por falta de organización o por no ser tan mediáticos. Afirma también que el cine, y la cultura en general vive y se nutre de la realidad que ha tocado vivir a sus creadores, y que si bien puede no ser un deber hablar sobre esa realidad, al menos sí­ deberí­a ser un derecho posicionarse ante ella. Martí­n Cuenca asegura además que la posición de Rosales, centrada en defender el cine como sector productivo, no deja de ser polí­tica al tender a anteponer una visión capitalista del sector frente a otras que pudiesen dar prioridad a la cultura como modo de crear conciencia y ejercer de espejo de la sociedad. Contesta a Rosales diciendo que la polí­tica y la democracia no puede pertenecer sólo a los polí­ticos y los medios de comunicación. También afirma que si posicionarse busca un objetivo, el no hacerlo también busca otro (que nadie te de la espalda y vivir bien gobierne quien gobierne). En definitiva: que uno no puede limitarse a votar si no está de acuerdo con lo que sucede, y que en esos casos lo propio es criticar lo que uno considera injusto, porque lo contrario es delegar el ejercicio de la democracia exclusivamente a quienes viven de ella.

cinepolitica

Los dos coinciden en lo que se deduce de la orden ministerial. Se divide el cine en dos clases. Una clase A, de “alto presupuesto”, donde aquellas producciones que cuesten más de dos millones de euros, y una vez recaudados un mí­nimo de 75.000€, percibirí­an automáticamente una ayuda. Y luego una clase B, de bajo presupuesto, donde los proyectos serí­an evaluados por un comité de selección en función de su calidad y viabilidad y dando preferencia, en igualdad de condiciones, a aquellos que estén dirigidos o escritos por mujeres.

La diferencia, igualmente, viene a la hora de posicionarse frente a esa división. Rosales la ve con buenos ojos. Asegura que se van a dar mejores ayudas y que se van a excluir aquellas pelí­culas de la “zona media” que define como poco interesantes tanto para el público como para la crí­tica, al no situarse ni en una clase (la comercial), ni en la otra (la puramente artí­stica). Martí­n Cuenca en cambio es firmante de un texto que buena parte de los cineastas ha firmado rechazando esa orden ministerial por considerar precisamente que es en esa zona media donde se mueven muchos creadores, y que además, los proyectos pequeños, quedan también limitados a un dinero prefijado reduciendo en gran medida la posibilidad de que existan propuestas menos ambiciosas, pero no por ello menos enriquecedoras.

Rosales cree que hacer cine no es un derecho como tal, es un derecho aspirar a hacerlo, pero que para disfrutar del mismo hay que avalarlo con resultados y méritos. Martí­n Cuenca critica que se quiera hacer una división entre grandes producciones y pequeñas cuando España, por tamaño y capacidad, es un paí­s, precisamente, mediano.

Nada más leer el artí­culo de Rosales, todo lo que me comentaba me pareció bastante lógico y coherente, salvo algunos matices. Incluso estoy totalmente de acuerdo en el hecho de que no se debe premiar a un creador por cuestiones de sexo, raza o religión. Considero también que el sector del cine tiene la imagen pública que tiene por el hecho de haberse pronunciado numerosas veces en temas polí­ticos, lo que lo ha alejado, o incluso enfrentado, a la derecha, limitando su público potencial a la mitad de la sociedad. Pero también es cierto que leyendo a Martí­n Cuenca coincido en que cada uno debe ser libre de opinar como quiera, y que el hecho de pertenecer a un determinado colectivo o el miedo a las represalias, si en conciencia se tiene un problema, no debe ser un muro que impida levantar la voz.

Por último Daniel Castro cita otro artí­culo, esta vez de David Trueba, que contrario también a la discriminación positiva, asume que la relación entre estado y cultura se basa en la culpa, la culpa de que creadores de talento reconocido no hayan podido vivir de su trabajo, algo que contrasta con la aportación cultural que han hecho históricamente los artistas. Que si no fuese por esa responsabilidad asumida por el estado, museos, catedrales y bibliotecas serí­an hoy polvo y ceniza. Del mismo modo asegura que la gente de la cultura se ve también obligada, por la culpa de su éxito, claro, a lavar su imagen mostrándose comprometidos con causas polí­ticas y sociales. Al final Trubea se pregunta esto: “¿por qué la sociedad no garantiza la supervivencia del arte, de la inteligencia, de la sensibilidad?”

De nuevo un tema complejo. Quizás el problema sea no el hecho de que los cineastas, como individuos, puedan expresarse públicamente en temas polí­ticos, sino el que lo hagan como colectivo. Porque lo segundo, si bien da fuerza mediática, también puede convertir al sector en un medio de propaganda, y por tanto, a ojos del público, en un colectivo perteneciente ideológicamente a un único bando o partido polí­tico. En ese sentido entiendo y comparto lo que dice Rosales, no se puede dar esa imagen de bloque a favor o en contra de algo, porque al final el cine lo componen individuos y no todos apoyan esos movimientos. Eso es lo que ha llevado a que a ojos de parte de la sociedad y de medios interesados en ello, se tome a la parte por el todo, tanto para apoyar las posturas de los cineastas como para criticarlas, tanto para alabar su valor como para tacharlos de “bocas agradecidas” o “los de la ceja”. Creo que individualmente sí­ que cada uno puede hablar y criticar públicamente lo que quiera, pero a nivel colectivo es un error que al final perjudica a todos y pone en la picota a un sector que debe ser fuente de cultura, arte y entretenimiento, no únicamente de polémicas ajenas a lo que realmente es su profesión. Tan malo es callarse como erigirse en portavoz de un colectivo (o dar involuntariamente esa imagen).

En lo que respecta a la orden ministerial creo que estoy más a favor de lo dicho por Martí­n Cuenca. Hacer divisiones no sé si es lo más oportuno. Coincido con Rosales en que valorar aspectos de sexo, raza o religión deberí­a quedar fuera de cualquier ayuda pública, y deberí­an ser sólo objeto de sanción cuando por esos aspectos alguien salga perjudicado. Entiendo que limitar la producción de largometrajes es una necesidad, pero quizás ésto deberí­a derivarse de un sistema de ayudas que no divida las pelí­culas entre grandes y pequeñas, sino de un sistema de ayudas que valore los méritos de las pelí­culas en su conjunto y que permita que el mercado se autorregule, impidiendo por métodos fraudulentos como la compra de entradas por parte de una productora para obtener una subvención y cosas así­, que se sabe que se dan con considerable frecuencia, pero que se toleran como mal menor. Que si una pelí­cula no obtiene la taquilla mí­nima establecida, no se de a su productor dinero público para su siguiente proyecto, viéndose obligado a buscar financiación privada o a asociarse con productores que si que hayan obtenido esos mí­nimos. Del mismo modo creo que para permitir que el cine pequeño sobreviva, también se podrí­an dar ayudas a aquellas pelí­culas que aunque no hagan taquilla, si que por ejemplo consigan estar presentes en festivales internacionales, algo que da prestigio a la industria y que, por tanto, repercute en un mayor éxito e interés internacional en nuestro cine, y por tanto, más beneficios y sostenibilidad.

En cualquier caso, lo que a mí­ me preocupa más es justamente el hecho de que socialmente haya calado, por un lado, la idea de que el cine español sea un género en sí­ mismo (lo que es una gilipollez) y por otro, un conjunto de directores y actores de izquierdas que viven del cuento (del de tocarse la polla, no del que se narra en una peli). Sí­ algo he aprendido es que aquí­ se hace cada vez un cine más variado, y que el cine ni es un oficio fácil, ni aquí­ sirve para hacerse rico. Si algún dí­a llegamos al punto en el que cine español sea exclusivamente el conjunto de pelí­culas producidas en España, deberemos felicitarnos. Fijaos cómo está el patio.

Pero vamos, esta es mi lectura de este debate. Espero que deis vuestra opinión en los comentarios. Creo que es un tema interesante, tanto la cuestión meramente polí­tica, como la de cómo gestionar una industria que siempre va a ser dependiente del estado (recordemos, como muchas otras).

P.D.: Gracias a Daniel por descubrirme estos artí­culos. Os recomiendo su blog para conocer los entresijos del trabajo de guionista en una serie como Yo Soy Bea (en su segunda etapa), sin duda un trabajo duro, difí­cil y que aunque pueda no parecerlo, exige machacarse el coco para mantener el éxito de la misma una vez despojada de sus elementos de base. Tremendo.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • Leto

    No es lo mismo que el señor Michael Mann haga una peli sobre la guerra civil que no pedrito el de los palotes, no se si me explico…

    Hay pelis sobre Vietnam que molan mucho, otras que no valen nada, y otras que son obras capital del cine (apocalypse now redux), y del golfo tres cuartos de lo mismo (solo que no hay obra capital del cine en ese marco referencial creo).

    Una peli española con la guerra civil de fondo que me parece preciosa, y un peliculón de cabo a rabo, fue “La lengua de las mariposas”, no creo que nadie se haya quejado de ella jamás, porque es una GRAN pelí­cula. Ahí­ radica la diferencia en mi opinión.

  • Van Helsing

    ¿Spielberg? ¿Rodar bazofias? ¿Enmedio de una discusión sobre el cine español?

    Ay oma…

  • final alternativo

    Hombre… mithrandir, lo que pretendí­a con mi comentario (el último) era apoyar lo que le decí­as a DelPulgar y exponer mi opinión de que creo que el cine español en general, tiene mala fama injustamente.

    Tengo una curiosidad, ¿por qué dices que con mis comentarios anteriores te he dejado fuera de sitio?

    Saludos!!!

  • http://nicuervo.blogspot.com mithrandir

    Eso es lo que intentaba explicar y defender final alternativo, justamente eso.
    Pero joder, leyendo tus opiniones anteriores me ha dejado un poco fuera de sitio jejeje.

    Saludos.

  • final alternativo

    Esto que voy a decir no lo digo sólo por la gente que opina aquí­, que también, lo digo en general. Me parece muy curioso que la gente que más opina/critica el cine español, es en la inmensa mayorí­a de los casos, la gente que menos ve cine español.

    Evidentemente toda industria tiene pelí­culas malas, hasta la de Hollywood, nos llegan verdaderos truños de EE.UU. ¿Dejamos de ver pelis americanas por ello? No. Grandes directores como Steven Spielberg, por poner un ejemplo, han rodado autenticas bazofias, ¿dejamos de ver pelis de Spielberg por ello? No. Pero en cambio, en España se hacen cuatro o cinco pelis malas , por decir un número, y ya se generaliza, ya todo el cine español es una puta mierda. Creo que es injusto. La gente además suele criticar que siempre se hagan pelis sobre la guerra civil, o con la guerra civil de fondo. ¡Joder! En EE.UU ¿cuántas pelí­culas sobre Vietnam o la guerra del Golfo se han hecho? Incontables. El otro dí­a leí­ que Michael Mann iba a rodar una peli con la guerra civil (la nuestra) de fondo. Todaví­a estoy esperando que alguien diga: ¡Joder, otra peli sobre la guerra civil! ¡¡Hay no, perdón, que esta vez como dirige Michael Mann y a casi todos nos gusta…!!

    Que el cine español esté muy politizado, de acuerdo, lo está. Pero lo de que el cine español, generalizando, sea una mierda, lo siento pero por ahí­ no paso. Que alguien no quiere ver cine español por prejuicios, está en su derecho. Pero luego que no hable de lo que, evidentemente, no sabe.

    Saludos!!!

  • http://nicuervo.blogspot.com mithrandir

    Cada uno es libre de ir a ver lo que quiera faltarí­a más, solamente lo comentaba porque me llama la atención que digas todo eso del cine español actual si llevas dos años sin ver ninguna peli.
    Y que hay mucha mierda es verdad, al igual que hay mucha mierda en todo tipo de cine, lo que pasa que aquí­ decidimos destacar las malas sobre las buenas a la hora de poner ejemplos como si fuesen obras malignas que solamente se hacen en España.

  • DelPulgar

    Pues se puede analizar habiendo visto antes muchas y en casa otras tantas… y a lo que me referí­a era que vemos los trailers, sinópsis y demás de las pelí­culas cada semana y nunca nos atraen las españolas. A quién le gusten, por mí­ perfecto, yo solo trataba de explicar los motivos por los que no triunfa más “nuestro” cine y lo siento por ir a ver lo que nos gusta a nosotros y no lo que te gusta a tí­.En que estarí­amos pensando…

    Yo he vivido en Italia y ví­ más cine italiano allí­ que español aquí­, porque es mucho mejor, a mi modo de ver claro, más variado, de mejor gusto…en general.Lo comparo porque son dos paí­ses parecidos, las cosas se pueden hacer de otra manera.

    Un saludo.

  • http://nicuervo.blogspot.com mithrandir

    DelPulgar, si la única pelí­cula española que habéis visto tú y tus amigos en los últimos dos años es Agora, lo siento por vosotros por la cantidad de pelí­culas buenas que os estáis perdiendo; a parte de que si no se ve cine español, ¿cómo se lo puede criticar e intentar analizar?

  • Palahniuk

    Recuerdo que hace un tiempo gente de determinada ideologia queria apoyar el cine español porque era “el nuestro”.
    Tras el No a la guerra, esos mismos lo detestan. Curioso.

  • Gondolindrim

    Javi, antes que nada muchí­simas gracias por el resumen del tema. No he leí­do los artí­culos de Rosales, Martí­n Cuenca y Trueba, pero confí­o en tu análisis.

    No quiero (ni puedo) alargarme mucho, pero básicamente coincido con tres cosas que ya se han dicho aquí­:

    1) El cine español necesita despolitizarse, no estar claramente ligado a la ideologí­a (ni a la mayoritaria de izquierdas ni a ninguna). El colectivo no puede tener ideologí­a, aunque cada uno de sus individuos sea muy libre de posicionarse como quiera.

    2) El cine español como género no existe, como muy bien señalabas en el post. Deben acabarse las tonterí­as del estilo “no veo cine español porque no me gusta” o “porque es una mierda”. Ves esta pelí­cula porque te gusta o no, tí­o, sea española o de las islas Fiji.

    3) El cine es entretenimiento e industria. Se deben hacer pelí­culas que puedan gustar al público, más arriesgadas o menos, con más o menos pretensiones artí­sticas, pero siempre dirigidas al público. Si éste responde, genial, y si no, a reponerse y a pensar que la próxima irá mejor. En el cine de Hollywood (en general) hay buenas y malas pelí­culas, pero depende básicamente del público, y éste es el único diagnóstico que cuenta.

    Así­ pues, estoy básicamente con Rosales. Claro que el señor no es un ejemplo de rentabilidad…

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