Las Horas Perdidas Las Horas Perdidas
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SE SIGUE LLAMANDO ROBERT PAULSON

“Las crí­ticas que recibió fueron bastante polarizadas”, recuerda Edward Norton, “pero la mitad negativa es lo peor que he escuchado en mi vida”. El film era El Club de la Lucha, del que se dijeron cosas como:

Hace eco de la propaganda que dio permiso a la brutalidad de las SS. Resucita el espí­ritu del Führer” – Alexander Walker, London Evening Standard.

“No hay ni una sóla cualidad redimible. Espero que encuentre su audiencia. En el Infierno” – Rex Reed, The New York Observer.

“¿Euh?” -  Rafa Martí­n, 18 años. Palacio de la Música. Recién vista.

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              Booklet DVD en castellano. Pinchad en ellas para verlas enteras

Diez años después del estreno de El Club de la Lucha, uno no sabe exactamente cuánta fuerza ha perdido la pelí­cula. Su director, David Fincher, es ahora mismo uno de los diez directores más importantes del momento. Brad Pitt es uno de los cinco actores más conocidos del mundo. Edward Norton se ha consolidado como uno de los grandes intérpretes de su generación. El film ha generado un videojuego y hasta una lí­nea de ropa de Donatella Versace.  Son hechos difí­ciles de conciliar con una pelí­cula que emergió en su dí­a como un alegato anticonsumista y, por lo que al público se refiere,  fue entendida en sus primeros dí­as como “minoritaria” y calificada con el sambenito de “la cult movie de nuestra generación”. Seamos sinceros.  Se gastaron 60 millones de dólares en el film. Recaudó 37 en Estados Unidos (sin ajustar la cifra a la inflación, ojo), 63 en el resto del mundo. Diez años después, ha vendido seis millones de copias en DVD. Difí­cilmente un fracaso.

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Para mí­ sigue siendo, entre otras cosas, la única pelí­cula en la que se gastaron 60 kilos para poner un cimbrel en pantalla. Sus intenciones eran puras. “Recuerdo las caras de los ejecutivos tras el primer pase”, cuenta su productor, Art Linson. “Estaban saltando todos como salmones bañados en LSD, preguntándose como diablos habí­a terminado haciéndose esta pelí­cula”.  Yo imagino que si hubieran visto antes Starship Troopers, de Paul Verhoeven, el pildorazo hubiera sido mucho menos amargo: ambas pelí­culas se implican tanto en el contenido del que quieren burlarse, que uno no sabe donde acaba el contenido, y donde empieza la coña. Viendo su primera hora, la más asentada en la realidad (antes de las peleas y las quemaduras quí­micas) es complicado de dilucidar; ahí­Â  tenemos a Narrador, acudiendo a reuniones de enfermos para desatar las emociones que no puede expresar en su vida real. Tenemos una escena en la que se describe un accidente de coche donde muere una familia entera abrasada entre los chistes de varios responsables de seguros. A una enferma de cáncer terminal suplicando que alguien se acueste con ella antes de morir. Y todos ellos forman parte, de un modo u otro, de la generación de consumidores más histérica de toda la historia de la humanidad. “Las cosas que posees terminan por poseerte”, dice Tyler Durden,  niño póster del Anticapitalismo y eventual fundador de la contraofensiva contra Ikea, Apple, Volkswagen, Starbucks, Microsoft y similares: El Club de la Lucha y su fase número 2, la operación terrorista anticorporativa conocida como Proyecto Mayhem.

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Viendo todo esto, la pelí­cula serí­a mierda pretenciosa si no fuera tan desagradablemente divertida. “Creo que las chicas pillaron antes el sentido del humor del film”, recuerda David Fincher. “Fueron ellas las que captaron antes que nosotros el giro satí­rico del film en relación a las posturas de machitos que adoptan sus protagonistas”. Para Edward Norton, la clave residió en que “se trataba de un film muy serio, realizado por gente profundamente poco seria”. Sobre la primera parte del film, la más cruel,  el escritor de la novela original, Chuck Palahniuk no duda en señalar la hipocresí­a ejercida por un determinado sector de la audiencia. “En particular la más adulta, que parece que quiere ver films tristes y oscuros de forma más convencional. En el fondo, son los mismos que desean ver a Hillary Swank luchar, sufrir y morir, bien de una paliza, a causa del cáncer o machacada en un accidente de avión”, explica. “La audiencia tiene un miedo terrible porque creen que ya no pueden simpatizar con la forma en la que evoluciona la cultura”.

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Gran parte de los fans del film creen que El Club de la Lucha es demasiado compleja para ofrecer una sóla lectura. Yo creo que en realidad es una pelí­cula simple, enmarañada a propósito. Si el espectador cae en su juego será él, por propia voluntad, quien se ofrezca a definirla en sus propios términos. Lo que me gusta del film es que, para funcionar realmente, necesita de tu furia y de tu indignación. “Tení­a el libro en mis manos y me estaba preguntando, ‘¿Quién es este escritor y cómo me ha robado mis pensamientos?’”, explica Fincher. Tyler Durden ve a las mejores mentes de su generación trabajar por cuatro perras en un Burger King. Oprimidos, decepcionados, despersonalizados. “Creí­amos que serí­amos estrellas del rock. Pero no”. Es una de tantas frases que han acabado en el diccionario colectivo de expresiones. “No somos nuestros putos khakis”, “somos una generación de hombres criados por mujeres”, son frases dificilmente originales, habida cuenta de que gran parte de la literatura, del cine, de la música, ha existido como reacción a la sociedad de su tiempo. El Club de la Lucha –parte thriller psicológico, parte triangulo amoroso maldito– da un giro más: es demasiado absurda, demasiado ambigua, y finalmente demasiado hipócrita como para suponer un contundente mensaje contra el mundo contemporáneo. Pero la pelí­cula lo sabe. Y, joder, cómo se divierte sabiéndolo. El mensaje contundente, lo podemos poner nosotros.

Armas para la Revolución

- Uno de los ensayos más difundidos en Internet: la comparación entre Narrador/Tyler con la tira cómica infantil de Bill Watterson, Calvin y Hobbes – Aquí­

- Las Ocho Reglas de El Club de La Lucha empleando tipografí­a cinética

-  Lo mismo,  pero con la escena de la Quemadura Quí­mica

- “La orina es estéril. Se puede beber”.

- Nada más poner el DVD, te sale este mensajito

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- Arte de Neuron Syndicate para la edición 10º Aniversario (pinchad para verlo en grande) [via]

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- ‘This is Your Life’, de los Dust Brothers.

  • Fare

    me*

  • Fare

    Esta pelí­cula fue la primera que casi de dio miedo por las ideas en el cine. La mujer que querí­a acostarse con alguien antes de morir me provocaba horror.

    En fin, increible film. Una parodia de principio a fin.

  • Farnsworth

    Envidio mucho a los que tuvieron la oportunidad de verla en cine.

  • 01001

    Totalmente de acuerdo, es la hostia esta pelí­cula.

  • Tonnygun

    Qué gusto de pelí­cula, coño. En fin, para no repetirme, sólo cuatro palabras más:

    OPERACIÓN TRUENO CON LECHE.

  • Leto

    Siempre diré lo mismo sobre Di Caprio…Revolutionary Road.