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A PROPÓSITO DE “SNUFF 2000″

Por Borja Crespo.

Escrita por: Colaborador | 19 marzo | 10:15 AM


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El universo de papel del dibujante de cómic  M.A. Martí­n resulta de lo más imaginativo y atractivo. Cautivado por la facilidad de este autor por describir situaciones retorcidas en ambientes asépticos, con un grafismo limpio que enfatiza la extrañeza, me animé a proponerle un nuevo reto: plasmar en imágenes una selección de sus historietas. La idea fue acogida con interés por el autor leonés y el proyecto se hizo realidad. Un producto que no ha dejado indiferente al espectador.

“Snuff 2000”, el cortometraje, es un ejemplo de equilibrio entre fondo y forma. La puesta en escena y la dirección artí­stica son esenciales en la obra. Las “snuff-movies”, esas presuntas pelí­culas de muertes reales, han sido un tema recurrente en el cine. M.A. Martí­n es un autor que lleva mucho tiempo escarbando en el lado más oscuro de la mente humana y su serie de historietas bajo el tí­tulo de “Snuff 2000” son un buen ejemplo, en circulación desde los años 90. Su visión de este tema se aleja de pelí­culas como la conocida “Tesis” de Amenábar y otras edulcoradas producciones made in USA que han tratado la materia. En esta ocasión todo es más cotidiano y, por lo tanto, escalofriante. A su vez, además de analizar el comportamiento humano, el propio espectador cae en las fauces de las imágenes. Algunos se sentirán mal observando un espectáculo atroz tratado como algo normal: unos personajes que se ganan la vida torturando a sus semejantes y grabándoles con una cámara mientras charlan de sus cosas tranquilamente. Otros se reirán escuchando sus naturales conversaciones. Se reirán de algo realmente horrible. Lo más impactante no son las imágenes, ni lo que cuentan. Lo impactante es cómo lo cuentan y la reacción del público.

Lo más fácil era imaginar que “Snuff 2000” perteneciese al género de la animación o que ofreciese un baño de hemoglobina a diestro y siniestro. Sin embargo, el reto planteado fue más allá y dimos la vuelta a la sartén para sorprender al espectador en general y a los conocedores de la obra de M.A. Martí­n en particular. El film es en imagen real y no hay escenas explí­citas de sexo y violencia, todo es sugerido. La estética es una baza muy importante, al igual que la atmósfera que envuelve al espectador, sumergiéndole en una historia tremendista empapada de humor negro. Un cortometraje de mal rollo sin caer en recursos dramáticos trillados, apostando por la innovación.

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Para dar cuerpo a “Snuff 2000” el dibujante M.A. Martí­n escribió un nuevo guión (tan breve como directo) partiendo de algunas de sus historietas, convenientemente  seleccionadas. Tras una primera versión, se añadió una nueva escena que transcurre tras los créditos finales. En ella el espectador termina de verse reflejado y la sonrisa se queda congelada del todo. Transmitir las mismas sensaciones que el tebeo, multiplicadas por la ayuda del soporte audiovisual, era el objetivo. La iniciativa se adelantó a un momento actual en el cual el cómic vuelve a ser objeto de interés en los medios y el género fantástico autóctono explora nuevos caminos.

La estética del cortometraje era importante para dar un atractivo acabado visual. La idea era plasmar lo más fielmente posible en imagen real el estilo de las ilustraciones del dibujante M.A. Martí­n. Por lo tanto, la ambientación y puesta en escena supusieron un interesante reto que conllevó una total cooperación entre los equipos de dirección artí­stica y fotografí­a.

Aunque las historietas de M.A Martí­n bajo el sello “Snuff 2000” son  en blanco y negro, fieles a la idea de ofrecer algo más allá y huyendo de lo obvio, las imágenes del cortometraje son en color. Los personajes, vestidos con trajes de caucho color fucsia, producen un evidente impacto visual en el espectador, que escucha sus diálogos a través de unas máscaras de gas. Esto implicó un trabajo de actores intenso, debido a que no se puede apreciar en pantalla los movimientos de su boca y rasgos faciales.

La situación de agobio de la ví­ctima, observando y escuchando a sus torturadores, es asfixiante sin la necesidad de recurrir a un estilo efectista. La violencia no va a verse, sólo intuirse. Está latente. Una violencia simbólica que se hace notar a través de los escalofriantes diálogos de los hombres enfundados en caucho que se toman con total naturalidad el asesinato.

La historia planteada está vista bajo el prisma del humor negro. Así­ debe entenderse, aunque para gustos están hechos los colores. De una manera u otra, lo acontecido en pantalla transmite una sensación al espectador. Una sensación de agobio: ¿qué barbaridades le van a hacer a la ví­ctima? Y a su vez aparece la risa nerviosa o grandes carcajadas al oí­r la absurda conversación de los torturadores. Como en la escena que acontece justo antes de los primeros créditos, protagonizada por dos chavales que ven videos “snuff”, el espectador voyeur busca el morbo, pero se queda sin él. Se queda sin él y con la sonrisa congelada al darse cuenta de que se ha estado riendo de algo realmente terrible. Semejante reacción han conseguido pelí­culas como la conocida “Ocurrió cerca de su casa”, donde un serial-killer mata a sus ví­ctimas mientras es grabado por un equipo de televisión. Sus métodos de exterminio y comentarios mientras realiza la faena producen el cachondeo entre el público, hasta que asistimos al crudo retrato de la violación de una mujer. Esta escena ya no es tan divertida, da mal rollo. Somos unos cabrones, ¿de qué nos hemos estado riendo? Pero a su vez es un entretenido pasatiempo.

La presencia de la tecnologí­a es una de las caracterí­sticas de la obra de M.A. Martí­n, quien supervisó la imagen de todo el proyecto. La aparición del ordenador, la cámara de video y el equipo de música, en un entorno de decoración minimalista, es un rasgo habitual en sus historietas que en el cortometraje se mantiene. El diseño de interiores corrió, por tanto, de su parte, con diversos bocetos e ilustraciones. Las localizaciones son escasas, dos interiores, lo que permitió ahorrar en costes de producción.

La aparición de extraños insectos y bichos mutantes también es otra de las obsesiones del dibujante. Elementos hostiles, sucios, que entran en un entorno limpio y aséptico. En “Snuff 2000” no podí­a faltar su presencia, un detalle que sirve de excusa para adentrar al espectador en una atmósfera retorcida e inquietante. Los insectos son la proyección del lado oscuro del propio ser humano, que camina a sus espaldas. En una escena dos bichejos pelean y acaban devorándose. La humanidad caní­bal. Y el insecto que parece más pací­fico es el que se revela como el más agresivo.

La fotografí­a planteó la necesidad de transmitir al espectador un ambiente aséptico, y a la vez extraño e inquietante. Los trajes fucsia de los protagonistas permitieron un gran contraste con los fondos limpios, recordando la escena del quirófano de la pelí­cula “Inseparables” de David Cronenberg, un director cuya obra fue tenida en cuenta a la hora de realizar “Snuff 2000”. En ella el actor Jeremy Irons encarna por partida doble a un ginecólogo que opera vestido de rojo chillón.

Borja Crespo.

SOBRE EL AUTOR: Borja Crespo empezó en el mundo del fanzine para acabar dirigiendo la lí­nea editorial de cómics de Subterfuge. Es guionista e ilustrador de cómics, ha colaborado regularmente con El Correo escribiendo sobre cine y nuevas tendencias, ha dirigido el Festival de Cine de Comedia de Peñí­scola de 2003 a 2005, dirige el Salón del Cómic de Getxo desde 2002, fue finalista al mejor corto fantástico europeo en los premios Melies con su corto Snuff 2000, es director de publicidad y realizador en televisión, y es socio de Arsénico Producciones junto a Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Nahikari Ipiña y Koldo Serra. Acaba de editar Cortocuentos y actualmente está escribiendo el guión del que puede ser su primer largometraje.


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    Este texto esta genial porque más allá de hablar sobre un trabajo, da muestra de que hasta la historia más corta requiere de una serie de decisiones que van a determinar el resultado final del corto, y que esas decisiones deben tomarse en base a un criterio homogéneo. Espero que sirva para todos los que de cuando en cuando nos embarcamos en esto de los cortos, nunca viene mal recordar que no basta con escribir y rodar, hay que saber muy bien qué quieres ver y por qué.