Críticas

EL ESCRITOR

Antes de empezar; no perdáis el tiempo leyendo mi diabólica y personal impresión y largaos echando leches  a ver este  peliculón.

¿Ya habéis vuelto? Bien pues ahora sí­. Entremos en materia. No tengo más remedio que avisaros que ésta no es una pelí­cula que vaya a funcionar con el gran público. Demasiado cáustica, demasiado sutil, demasiado especial, demasiado “polanskiana”  para que suscite el nivel de adhesión general de Million Dollar Baby o Ciudad de Dios, por usar los dos ejemplos más dispares de excelencia cinematográfica reciente que me vienen a la memoria.

Ahora bien: ¿es tan buena como ésas? Rotundamente sí­. Por lo valiente de su propuesta, por ir a contracorriente, por pasarse por el forro las tendencias y las costumbres del espectador actual, por hablarle siempre de frente y por considerarle  como un individuo inteligente y único al que no hace falta ofrecer carnaza, ni explicarle las cosas en monólogos insoportables  con tal de ahorrarle actividad cerebral. Y sobre todo por su clase, su elegancia y su inteligencia. En definitiva, cine que separa a los hombres de los niños.

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La nueva pelí­cula de Roman Polanski nos pone en la piel de un escritor fantasma, lo que aquí­ conocemos como “negro”, un tipo situado en el escalafón más bajo de la cadena alimentaria del mundo cultural. Un personaje sin pasado ni futuro que en el film no tiene ni tan solo un nombre por el que responder y cuyo último trabajo ha sido reescribir, también en calidad de “negro”, la autobiografí­a de un mago llamada “Vine, serré y conquisté”.

Sólo con esa negación de identidad propia y esa referencia jocosa sumadas a unos escrutadores primeros planos durante la escena en que se decide si nuestro hombre consigue el  lucrativo trabajo de escribir las memorias del recién retirado primer ministro británico Adam Lang, Polanski consigue una perfecta descripción de personaje con una economí­a de tiempo que deberí­a estudiarse a partir de hoy en cualquier taller de guión.

Después de recibir la aprobación de un aparentemente corriente cónclave de abogados y representantes (¡¡¡que grande y fatalista se revela esa escena en un segundo visionado!!!), McGregor volará a la residencia privada de Lang en E.E.U.U donde su antecesor en el trabajo se ahogó en misteriosas circunstancias. Nada más revelaré del plot de la pelí­cula. En primer lugar porque no tengo costumbre de hacerlo como ya sabéis, pero sobretodo porque no tiene la más mí­nima importancia. Es decir que, como bien sabí­a el gran Alfred, del cual Polanski es el más aventajado alumno por mucho que le pese a Brian De Palma, una pelí­cula puede tener un magní­fico guión usando un argumento más delgado que un papel de fumar. ¿¿¿Alguien dijo diálogos, uso del espacio como elemento narrativo, cuidado por el detalle???  Yuhuuu, Hoollywood, ¿¿¿hay alguien???  Pero ya volveremos luego sobre esto.

El Escritor no puede entenderse ni saborearse igual sin un mí­nimo conocimiento de la filmografí­a previa de Polanski. Pocos autores tienen un universo tan perfectamente definido y auto-referencial, tanto en temática como en estilo,  a excepción de Hitchcock, Allen, Bergman, y Fellini. Quizás se me escapa alguno, pero creo que esa lista es suficiente para que entendáis de qué estoy hablando. La premisa básica de su cine, recurriendo a la famosa frase de Hobbes, es “el hombre es un lobo para el hombre”. Desde la fundacional El Cuchillo en el Agua, pasando por las magistrales Repulsión, Chinatown o La Semilla del Diablo, y terminando en El Pianista, dónde  se hace dolorosamente explí­cita y obvia,  ésta es la máxima de la que emana un complejo, retorcido y disfuncional universo.

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La pelí­cula entronca argumentalmente con pasados trabajos del autor funcionando como un cruce entre El Quimérico Inquilino, donde el propio Polanski protagoniza la historia de un hombre que alquila una apartamento donde previamente se ha cometido un suicidio y no tarda en convencerse de que la comunidad de vecinos conspira contra él, con el fin de que también termine con su vida, y la fallida La Novena Puerta donde un iluso Johnny Depp se ve envuelto en una investigación en torno a un libro (otro) que bien podrí­a ser la autobiografí­a del diablo.

McGregor, y antes que él casi todos los protagonistas/ví­ctimas de Polanski, pensad especialmente en Nicholson y en Mia Farrow, se enfrentan a enemigos fenomenales, terriblemente más poderosos que ellos, con una implí­cita (el John Houston de Chinatown, los nazis de El Pianista) o explí­cita (La Novena Puerta, La Semilla del Diablo) connotación satánica, para casi triunfar cuando todo está en su contra y finalmente caer ví­ctimas de sus propias debilidades, especialmente, aunque no siempre, la vanidad. Fijaos en el plano de McGregor en la última escena copa de champagne en mano y particularmente en la expresión de su rostro.

Polanski desarrolla el suspense de una forma exquisita durante 130 minutos que se hacen cortí­simos, evitando cualquier concesión al susto, al golpe de efecto sonoro o visual, apuntalando el desarrollo de la peripecia en la creación de una atmósfera malsana, inquietante, con una alternancia majestuosa entre el primer plano obsesivo dentro del set principal  y unos encuadres amplí­simos en exteriores que nos transmiten la insignificancia de McGregor deambulando por paisajes que pese a estar completamente vací­os evocan una intensa sensación de peligro. Todo ello bajo la lente de la gélida fotografí­a de Pawel Edelman. Mediante un abrumador dominio del tempo narrativo nos hace caer por la madriguera del conejo en un juego de espejos donde nada es lo que parece ¿o sí­?, explota en un antológico clí­max de más de media hora precedido por una revelación brillante de puro absurda/paródica  ví­a Google y finiquita la pelí­cula en un epí­logo filmado prácticamente off-camera, que no sé si era necesario y que no pertenece a la novela en que se basa pero que es lo más elegante estilí­sticamente hablando que he visto en años. Y no exagero. Años.

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El guión escrito por el propio director a cuatro manos con el autor de la novela, Thomas Harris, está trufado de frases ingeniosas, en la más pura tradición bitchy, siendo su mayor acierto convertir al difunto “negro” en catalizador de la trama, comunicándose con su sucesor de una forma que se antoja casi extrasensorial y otorgando un ingenioso juego de palabras al tí­tulo original –The Ghost Writer– . Los encuadres, las réplicas, la música y los silencios funcionan como un todo perfectamente ensamblado y te dan la sensación de estar recibiendo un masaje (cerebral) que revitaliza neuronas adormecidas. Otro punto fuerte de la pelí­cula es la tremenda dirección de actores. Arrollador y carismático Brosnan en su composición de un actor que cree ser un polí­tico, un gigante con pies de barro. Sutil y empático McGregor que llena de humanidad el personaje con sus miradas y sus torpes movimientos, increí­ble poniéndonos ya no de su parte sino en su misma piel. Gigantescos Eli Wallach y Tom Wilkinson que con una sola escena demuestran ser actores de raza, puros titanes. Aunque la reina de la función es Olivia Williams, indefensa, poderosa , shakesperiana, amarga, seductora, en una de esas interpretaciones “Oscar worthy” que jamás se llevarán un Oscar y posiblemente ni una triste nominación. Ni pega gritos, ni es ciega, ni le gustan los batidos…

Este es el thriller más hitchcockiano que se ha rodado desde la muerte del maestro. Desde el peso especí­fico del escenario principal, que es el reverso aséptico y prácticamente desnudo de la barroca Manderlay de Rebeca, a la secuencia en el ferry deudora de Con la Muerte en los Talones, después de la que McGregor mutará de antihéroe  a ví­ctima  “made in Polanski”,  pasando por los trucajes ópticos voluntariamente evidentes , todo ello rematado por un travelling lateral donde un papel pasa de mano en mano que encajarí­a perfectamente en 39 Escalones y que casi me hace explotar de placer, los paralelismos visuales son prácticamente infinitos.

Sumadle a eso la clara vocación a lo Bernard Herrmann de la partitura de Alexandre Desplat, con sus notas agudas y graves en maravillosa alternancia, sus sincopados, sus ajustadí­simos subrayados de estados emocionales, su anticipación del peligro y rematadlo con los guiños como la rubia aparentemente peligrosa y mordaz y los detalles, cómicos y inquietantes a la vez, de la pareja de sirvientes chinos para obtener un resultado  que más que un homenaje es una prolongación de la obra del maestro sin perder por ello las señas de identidad propias de su director, que siempre ha tenido, más que un punto de contacto, una amplia intersección con el universo del rechoncho genio potenciando su latente lado enfermizo.

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Es El Escritor cine con mayúsculas, que parece traí­do en una máquina del tiempo; de la época en que el ruido y la furia no eran necesarios para vender entradas. Dónde se suponí­a que si pagabas tu entrada ibas a quedarte la hora y media de rigor con el oí­do atento dejándote seducir por maestros, y a veces por genios, que cuidaban sus criaturas con un esmero y una aplicación que la mayor parte de los directores actuales, incluso bastantes de los buenos desconocen. No diré que cualquier tiempo pasado era mejor,  pero sí­ que era cojonudo.

Y directo de ese tiempo, de ese cine, de esos maestros viene El Escritor. Y en glorioso 2D. Fuck, yeah¡¡¡¡

Doctor Diablo.


Roman Polanski | Roman Polanski y Robert Harris, basándose en la novela de este último 'El Poder en la Sombra' | Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Kim Catrall, Jon Bernthal, James Belushi, Olivia Williams, Tim Preece, Timothy Hutton, Tom Wilkinson, Anna Botting, Eli Wallach | Pawel Edelman | Hervé de Luze | Alexandre Desplat | Albrecht Konrad | Roman Polanski, Robert Benmussa, Alain Sarde | RP Films, France 2 Cinéma, Elfte Babelsberg Film, Runteam III | Aurum Producciones | 9 |
  • Anónimo

    Peliculón con todas las letras. Anoche la volví a ver por segunda vez, una delicia y una maravilla. Sentía cierta envidia por las personas que todavía no la han visto. De lo mejor del 2010.

  • Skyla

    Se que la crítica es del año pasado, pero me he “topado” con esta película por casualidad… y madre mía, hacía tiempo (exceptuando Orígen) que no veía una peli acercándome cada vez más a la pantalla para no perderme un sólo detalle, una voz de fondo, un gesto en una cara…. me ha enganchado por completo. Me ha encantado la peli, de hecho rápidamente he buscado en las críticas de la página a ver si estaba para “flagelarme” por no haberla visto antes. Suscribo todo lo dicho hasta ahora. ¡CINE!

  • xanti82

    La mejor pelicula de 2010. Si existiese dios, Olivia Willians hubiese ganado el Oscar a mejor actirz de reparto

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