Críticas

BLACK SWAN

Entretenimiento de clase A disfrazado de cine de “qualité”.  El Scream para los fans de la Cahiers. Ni más ni menos. Es divertida, es emocionante y es tensa como la piel de un tambor. Y cuando te quieres dar cuenta de que Cisne Negro (Black Swan) no es más que uno de los ejemplares más extraordinarios de su género, es demasiado tarde: el film ha sido nominado a cinco Oscar y la interpretación de Natalie Portman ha sido encumbrada hasta por el ayatolá Jamenei. Pero, en realidad, Cisne Negro no es más que la respuesta a una suma y es una respuesta difí­cilmente “nominable”: Aronofsky de Requiem por un Sueño se junta con el Aronofsky de El Luchador, y el resultado es la mejor pelí­cula sobre ballet y paranoias que jamás hubiera querido rodar Dario Argento.

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Cisne Negro tiene un tema: la obsesión por la perfección, y un argumento visual que se repite una y otra vez: la dualidad. Y por las pelotas de Aronofsky que te vas a enterar: al margen de, ná, la maldita trama –una bailarina con el recorrido emocional de una adolescente comienza a sufrir ilusiones esquizoides por la presión inmensa de interpretar el doble personaje protagonista de El Lago de los Cines de Tchaikovsky– es el film con mayor número de espejos por plano de la historia del cine y mete tanto blanco y negro que parece el equivalente cinematográfico del Ikaruga de Dreamcast. Podrí­a quedarse ahí­, pero Aronofsky no se distingue por ser un mingafloja, así­ que te va a explicar cómo sobrevive una artista bajo presión y encima te va a contar los vericuetos del mundo del ballet a través de descriptivas escenas sobre cómo los artistas se preparan las zapatillas, por ejemplo. Ah, también va a explicarte las tensas relaciones madre-hija, el efecto de la edad entre las bailarinas, escenas lésbicas –siempre buenas para unas risas– y lo va a poner todo en una olla a presión con banda sonora sinfónica de Clint Mansell, golpes de efecto de Viernes 13 a tutiplén y un par de momentos escatológicos. Y lo va a hacer acompañado de su dire de foto habitual Matthew Libatique (no hace falta que diga que esta peli está repleta de planos que podrí­amos usar de fondo de pantalla, de lo bonitos que son) y un diseño de vestuario que deberí­a recibir el Oscar por correo. En suma: el tema central será el que queráis, pero el objetivo final del film es que revientes y se te caiga la mandí­bula al suelo.

¿Lo consigue? Sí­. Pero quien desee algo de profundidad, que se abstenga. Para todo lo compleja que aparenta ser, Cisne Negro es más fácil que usar un sonajero. Se trata de una progresión de escenas para morderse las uñas en las que Natalie Portman se le va cada vez más la cabeza hasta culminar en una traca final que no desmerece al desaguisado de Tarantino con Hitler en Malditos Bastardos. Ambas pelí­culas –y, hasta cierto punto, Balada Triste de Trompeta– obedecen más a delirios de directores que desean simplemente pasárselo bien sin prestar atención a aspectos más formales (como el sentido común, sin ir más lejos). Lo que realmente distingue especialmente a Cisne Negro es que Aronofsky nunca termina de perder el control: lo que tiene entre manos ya es suficiente como para volvernos locos, sin necesidad de subir innecesariamente el volumen. Cisne Negro es una locura, pero está contigo, a cada minuto del metraje y, sobre todo, cumple su premisa fundamental: es un thriller malrollero que contiene THRILLER –ni una sóla escena es “pací­fica”– y MAL ROLLO. Parece una redundancia, pero a un servidor le entristece recordar cuantas pelí­culas han resultado arruinadas en el momento en el que su director se cree con la capacidad suficiente como para alejarse de sus premisas básicas. Y fallan por ello.

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Y aquí­ no sucede el caso: todo puede suceder en Black Swan pero todo está bajo control. Cada escena es una sorpresa y las secuencias de terror / susto / yuyu se encadenan –sobre todo en torno a la media hora, cuando el film entra en “velocidad de crucero”– con una facilidad pasmosa, tanto más eficaces (ojo a la bañera) conforme se aumenta el empleo de los sorprendentes efectos visuales del film como comprendemos cada vez mejor el constante incremento de presión al que se ve sometida nuestra protagonista: incapaz de dominar la parte más sexual del Cisne, amenazada por una competidora, machacada por su director, asediada por su madre. Natalie Portman, quien es una nerd, hija de Harvard, empecinada en la excelencia, es la elección perfecta. Ahora: yo, particularmente, no la veo como un talento natural –nunca ha vuelto a exhibirse como lo hizo en El Profesional– pero su interpretación es enormemente esforzada, está en un punto crucial de su carrera en el que puede convertirse, finalmente en una Actriz Importante y el mí­nimo reconocimiento es de rigor es necesario, por muy imposible que sea reconciliar a Audrey Hepburn, a Sharon Stone y a Jamie Lee Curtis en un solo papel.

Cisne Negro es el show de Natalie Portman pero hay que llamar la atención sobre el reparto. No particularmente sobre Vincent Cassel –quien raya a su nivel habitual, es decir, inalcanzable para el 99,9 por ciento de actores del mundo– ni tampoco sobre la bienvenida y correctí­sima Barbara Hershey. Winona Ryder y Mila Kunis son otra cosa. La primera, en full mode Joan Crawford, interpreta a una bailarina entrada en años a la que Portman ha arrebatado su puesto bajo los focos, porque es un ejemplo de “no se puede hacer más con menos”. Muchos de nosotros sospechamos desde hace años que Ryder está como un cencerro y, sea como sea, aquí­ la actriz abraza completamente esa identidad sin el menor asomo de vergüenza. Es un personaje limitado a dos funciones: incrementar la tensión y meter miedo como la niña de The Ring. Y la que pudo ser la actriz más importante de los últimos 20 años hace virguerí­as con ello.

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Kunis, sin embargo, está a punto de robar la pelí­cula. Simplemente. Portman deberá agradecer que el personaje de esta chica sea… (me callo; id a ver el film), porque la manera en la que Kunis pasa SIN NINGíšN TIPO DE ESFUERZO de ser la mejor amiga de la protagonista a su rival más encarnizada de una escena a otra es, junto con la intensidad fí­sica de Portman, el mejor punto interpretativo del film. Dejo a vuestra elección con cual de los dos os quedáis, sabiendo que Kunis –una actriz que va a tener que pelear, y mucho, contra decisiones de casting basadas en el hecho de que es increí­blemente atractiva– es la principal sacrificada: si deja por un sólo momento que su personaje quede por encima de Portman en alguna circunstancia, la pelí­cula morirá. Kunis entra en esta pelí­cula sabiendo que tiene que pegarse un tiro en el pie. Y por ello tiene tanto mérito.

Y dirigiendo el cotarro está Aronofsky y su sentido del drama. Porque es drama lo que rodea a cada plano de la pelí­cula, hasta el punto de la exageración (y es ahí­ donde la peli ejerce un sano sentido de la parodia), y tensión y garra hasta reventar, como deberí­a hacer todo thriller psicológico que se precie de serlo Aronofsky es un tipo extraño sobre el que me reservo juicios (al margen de lo obvio: es muy, muy, muy, muy bueno). Pero ¿es un genio? Pues todaví­a no lo sé. Algo tiene, como lo tiene David O. Russell (The Fighter). Son dos directores con un rara habilidad: la de convertir pelí­culas tradicionales en experiencias diferentes. Black Swan es una de ellas, y está bañada en pura Clase. He leí­do definiciones de “genialidad” que se ajustan bastante a esto.


Darren Aronofsky | Mark Heyman, Andres Heinz y John J. McLaughlin | Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder | Matthew Libatique | Andrew Weisblum | Clint Mansell | Thérí¨se De Prez | Mike Medavoy, Arnold Messer, Brian Oliver | Jon Avnet, Brad Fischer | Protozoa Pictures, Phoenix Pictures | 20th Century Fox |
  • Joe Montana

    El problema de Aronofsky es que exagera y se recrea tanto en el drama de sus historias que terminan por parecer una parodia. Algo de lo que no se escapa Black Swan.

  • Heimdal

    Qué buena crí­tica, Rafa. Si algún dí­a escribo alguna, plagiaré tu estilo vilmente.

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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