Ser espectadores de una película produce en nosotros efectos similares a ver crecer a nuestros hijos (o a meterte una pirula de éxtasis). Los films de Hitchcock controlan el cerebro de seis de cada 10 personas. Empresas de marketing recurren a estudios neurológicos para diseñar científicamente las películas que veremos en el cine. Existen claros paralelismos en el funcionamiento de nuestro cerebro cuando vemos una situación concreta en un film y experimentamos la misma situación en la vida real a pesar de que, paradójicamente, somos completamente conscientes de la diferencia. La lista sigue.
…Pero, en cierto modo, vosotros ya albergábais una ligera sospecha de ello. El problema de que hallemos dificultades para verbalizarla reside en que los expertos en neurología todavía andan a tientas a la hora de describir científicamente el maremágnum de impulsos que suceden en nuestra cabeza al ver un film, y siempre y cuando los nuevos modos y maneras de ver cine no se interpongan en su camino. Vamos a intentar descubrir por qué somos fans a muerte de las películas en particular, de la experiencia cinematográfica en general, y cómo todo el conjunto cambia con los nuevos avances tecnológicos. Todo comienza con una palabra.
Cocodrilos.
“La película de horror mítica”, apunta Stephen King, “hace un trabajo sucio, como el ‘chiste bestia’. Apela deliberadamente a lo peor que hay en nosotros. Por mi parte, percibo que los films más agresivos –Amanecer de los Muertos, por ejemplo– levantan una trampilla en nuestro cerebro civilizado y lanzan un cubo de carne fresca a los cocodrilos hambrientos que nadan en el río subterráneo”.
En su ensayo corto “Por qué adoramos las películas de terror”, King hace mención implícita a un término absolutamente fundamental para entender por qué nos gusta el cine y ese término es el de la catarsis, una propiedad común a cualquier obra artística. Muchos de vosotros estaréis al tanto de su significado, pero no está de más recordarlo: es un proceso mental por el cual nos aliviamos tras ser objeto de una intensa experiencia emocional; es el principio de todo.
CATARSIS PURA Y DURA
Pero esta definición no alcanza ni remotamente a describir los procesos neurológicos por el cual nos levantamos a aplaudir como folclóricas cuando John McClane tira a Hans Gruber del Nakatomi Plaza. El doctor Jerome Liss, profesor de Psicología Clínica entrenado en Harvard, lo explica (10 pgs. – .pdf) en otros términos, apasionados a su estilo: “Podemos imaginarnos las correlaciones del sub-córtice: cómo la amígdala cerebral incrementa su conexión con el comportamiento de los ganglios basales y con las relaciones espaciales del hipocampo. Inmediamente se intensifican las descargas eléctricas que reciben nuestro hipotálamo, la materia gris central, los centros de activación del tronco del encéfalo, iniciando el sistema nervioso autónomo, y favoreciendo la secreción hormonal. Y al mismo tiempo, la amígdala también dispara sus descargas hacia la circunvolución del cíngulo y los lóbulos parietal, temporal y órbito-frontal, influenciando nuestros pensamientos, actitudes y la conciencia de la emoción. Este período de intensificación y descarga, esta catarsis, va seguida de alivio emocional, con la consiguiente desactivación parcial de las áreas afectadas”.
Subidón-bajón. Esto es lo que sucede en un cerebro. Imaginaos lo que sucede en 600 espectadores sentados, observando al mismo tiempo el film. “Porque una característica primaria de la mente de la multitud es su susceptibilidad al contagio emocional”, apuntaba a su vez el crítico estadounidense Clayton Hamilton. “Las risas, las lágrimas, el entusiasmo, las emociones humanas básicas sacuden a la audiencia entera, porque cada persona de la multitud se siente rodeada por gente que está experimentando esas emociones como suyas propias”.
EL FINAL DE LA EXPERIENCIA COMPARTIDA
Hamilton escribió este texto en 1910 y referido exclusivamente al ámbito del teatro. Pero en lo que se refiere a describir los films como una experiencia compartida, se puede aplicar sin que chirríe. Sin embargo, lo que podría ser válido hace más de un siglo no tiene por qué aplicarse a nuestros días, donde la televisión ocupa un lugar predominante y el desarrollo de las nuevas formas de ver películas hacen temer a algunos entusiastas, como la experta en cine del ‘NY Times’, Manohla Dargis, que esta extraordinaria “catarsis en masa” que experimentamos en una sala de cine se pierda para siempre.
“La idea de que las películas son algo que experimentas con otras personas (a no ser que te llames Howard Hughes) no es ya la verdad que una vez fue”, estima Dargis, quien recuerda la cola que tuvo que esperar para ver Toro Salvaje en 1980. “La televisión y las películas domésticas están convirtiendo los films en imágenes más fáciles de conseguir y que, quizás, ya no son (tan) sagradas”.
¿La televisión ha acabado con la experiencia compartida? No. De hecho, existen estudios que demuestran que la tele disminuye efectivamente la sensación de soledad en uno o varios individuos que simpatizan con las tribulaciones de los personajes que ven en pantalla. El coste a pagar, sin embargo, quizás sea demasiado alto: Está científicamente demostrado que la exposición prolongada a la televisión estimula las ondas alfa de nuestro cerebro (entre 8 y 12 Hz), lo que genera una sensación similar a la de la hipnosis. Es un estado conocido como “niebla mental”, y está producido por el puro funcionamiento del cacharro, no por el mensaje que transmite. No lo llaman caja tonta por nada. Fin del inciso.
POR QUÉ LAS PELíCULAS NOS HACEN SENTIR
Para que exista una catarsis masiva es necesario que exista cierto consenso emocional entre los espectadores. Es de cajón, pero sólo recientemente se ha descubierto a) cómo se conforma el sentimiento de comunidad entre los espectadores, b) por qué nos gusta ir al cine y sobre todo, c) por qué queremos ver películas: porque independientemente de que pasemos miedo, nos riamos o nos dé asco la peli, el caso es que nos provoca (siempre en el caso estándar) una respuesta emocional satisfactoria…
...Por increíble que parezca.
El profesor Paul Zak, de la Universidad de Claremont (California) confirmó que respondemos emocionalmente a determinadas situaciones en los films de la misma manera que lo hacemos en la vida real. El secreto reside en la hormona de la oxitocina, que desarrolla nuestros impulsos maternales/paternales y particularmente asociada a actividades como el sexo o la lactancia. Pero en términos generales, la oxitocina dispara nuestros mecanismos más empáticos, como la confianza o la generosidad.
El experimento de Zak consistió en mostrar a un grupo de voluntarios un film de cinco minutos sobre un niño de cuatro años que padecía cáncer de cerebro, terminal. A otro grupo les puso un film con ese mismo niño de visita en un zoo. Los espectadores del primer grupo experimentaron un aumento medio del 47 por ciento en sus niveles de secreción de la hormona.
Ah, ¿sabéis cuál es la droga de uso común encargada de estimular artificialmente la aparición de la oxitocina? El MDMA. Yonkis del cine, es lo que somos todos.
PERCEPCIÓN COMíšN
Y sin embargo, el film es una experiencia más o menos única en el cerebro de cada espectador. Se suele decir que “todas las películas manipulan” y, según los estudios, esta frase es cierta. El problema pasa por descubrir cómo lo hacen, exactamente. Fundamental: cuando somos espectadores de un film, nuestras opciones cognitivas están limitadas. Dicho de otra forma: determinadas zonas de nuestro cerebro actúan de modo diferente dependiendo de si vemos una película o somos testigos de la vida real. Sí, sentimos empatía, pero conocemos la diferencia entre realidad y ficción. Sabemos cuándo vemos una película, y ni aún así somos libres.
Esto se debe al sencillo hecho de que un film es una obra estructurada: nos dice dónde mirar, nos dice qué pensar, nos sugiere, en mayor o menor medida, como reaccionar ante las imágenes que vemos en pantalla. Un experimento del departamento de Ciencias Neuronales de la Universidad de Nueva York lo ratifica. En las conclusiones del estudio (26 pgs. – .pdf), se demuestra que las zonas cerebrales operativas en los espectadores de El Bueno, El Feo y el Malo no son las mismas que en los que ven un plano fijo de diez minutos tomado en un punto al azar, y sin ninguna intención narrativa alguna, durante un día de verano en un parque de Nueva York. Es más: las primeras no sólo son más densas, sino que además se repiten con más asiduidad, son más comunes. Buena parte de los espectadores siguen, con un razonable grado de exactitud, las “órdenes” del film.
Sergio Leone consigue que un 45 por ciento de los espectadores perciban lo mismo –es decir “manipula con éxito” a casi la mitad de su audiencia– un porcentaje que no está nada mal si lo comparamos con aquellos que vieron, durante el experimento, un capítulo de El Show de Larry David (18%). Pero cuando les ponen un capítulo de Alfred Hitchcock (Bang, You’re Dead, 1961), la proporción se dispara: el Maestro ejerce un control total sobre el 65 por ciento de los espectadores.
“El hecho de que Hitchcock fuera capaz de orquestar las respuestas de tantas regiones cerebrales, que pudiera encenderlas y apagarlas al mismo tiempo en un porcentaje tan alto de la audiencia, nos aporta pruebas neurocientíficas de su notoria capacidad para controlar y manipular las mentes de los espectadores”, afirma el estudio.
EL FUTURO DEL NEUROCINE
El estudio de la UNYC propone una nueva forma de examinar las películas “que en modo alguno puede reemplazar” a los análisis cinematográficos tradicionales. Pero sí propone una alternativa de estudio que, sin embargo, todavía está dando sus primeros pasos. Las técnicas empleadas –como la colocación de sensores para seguir el movimiento de la mirada– “son iluminadoras, pero insuficientes todavía para determinar la cantidad exacta de control que una película ejerce sobre las respuestas emocionales y cognitivas del espectador”.
Pero eso no quiere decir que los grandes estudios no estén comenzando a tener en cuenta los avances en el campo de lo que están dando en llamar la “Neurocinemática”. Montaje de trailers, elección de reparto, pruebas de guión o incluso la adopción de determinados acentos (no es coña) por parte de los protagonistas, son factores a tener en cuenta por diversas compañías de marketing para optimizar el rendimiento del film. En este vídeo que os adjunto (via) tenéis a Devin Hubbard, director de la compañía de “neuromarketing”, MindSign, comentando las bondades de su iniciativa (antes de invitar al presentador, quien es claustrofóbico, a hacerse un escáner, con incómodos resultados).
Ataque chungo de pánico en torno al minuto cinco.
“Examinamos la reacción del cerebro a varios tráilers de películas y vemos qué zonas se activan, y cuándo. Eso nos dice qué partes de la película son más atractivas para el público”, explica Hubbard.
Así llegamos al final. Hoy en día, los estudios sobre el comportamiento de nuestro cerebro durante las películas siguen estando en pañales, pero cuentan con más de 2000 años de trasfondo y decenas de miles de estudios, desde la Poética de Aristóteles hasta el Natya Shastra de Bharata Muni. Todos ellos intentan dilucidar por qué nos atraen las historias y qué mecanismos emocionales y cognitivos satisfacemos.
Cuando se trata de terror, y por poner un ejemplo, satisfacemos animales. Y King lo tiene claro. Cocodrilos. “¿Por que nos molestamos en darles de comer? Porque así impedimos que salgan, hombre. Así, ellos siguen abajo, y yo aquí arriba. Lennon y McCartney decían que todo lo que necesitas es amor, y yo estoy de acuerdo”.
“Mientras los cocodrilos sigan comiendo”.
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valar_Morgulis
Muy bueno el artículo, muchas felicidades!
torreta27
pedazo de reportaje , cuando os poneis con temas mas introspectivos y especializados ,nos damos cuenta de que sguís siendo unas maquinas ¡¡¡¡¡ felicidades ¡¡¡¡ un chico que hace 4 años que lee la pagina (y sufriendo a veces lo que le cuesta cargarla) y segís sin decepcionarme ¡¡¡¡
http://www.lashorasperdidas.com Mary Carmen Rodríguez
Echaba de menos estos reportajes tan cojonudos de Rafa.
Fare
Por cierto, aquí cabría citar una de las colosales críticas de Woody Allen hacia su propio público:
BORIS: La percepción es irracional, implica inminencia.
SONJA: Pero el juicio de cualquier sistema o una prioridad de relación de fenómenos existe en cualquier contradicción racional o metafísica, o al menos epistemológica, de un concepto empírico abstracto como el ser u ocurrir en la cosa en sí o de la cosa en sí misma.
BORIS: Sí, yo he dicho eso muchas veces.
Woody Allen: MACHO. Pero es que en varios de sus filmes ya lo dice, lo dijo en Annie Hall, más claro que nunca. USTED NO LO ENTIENDE, NO SABE DE QUÉ VA MI OBRA.
Colosal.
Fare
“El hecho de que Hitchcock fuera capaz de orquestar las respuestas de tantas regiones cerebrales, que pudiera encenderlas y apagarlas al mismo tiempo en un porcentaje tan alto de la audiencia, nos aporta pruebas neurocientíficas de su notoria capacidad para controlar y manipular las mentes de los espectadores.”
Vamos, lo que viene a ser un narrador. Hay otra frase, aquella famosa de que el cine es una mentira sesenta veces por segundo. Pero es que en eso consiste la historia, en mentir, y en hacer que otros se lo crean. He ahí el problema, pensar lo que deben pensar los demás mientras se piensa en lo que uno quiere no es nada fácil, de otra forma todos tendríamos éxito, y no. No somos todos unos Hitchocks.
Por eso siempre me gusta mucho la condescendencia y la hijoputez propias del espectador imbécil que insulta o se carga al director. Igual, no sé, los directores de cine son hijos de vecino a los que les gusta X y Z y quieren hacer una película del tema. Y ya. Entonces viene el típico gilipollas, pero así, GILIPOLLAS, que no tiene ni puta idea ni educación mínima en sociales y te la pone en un contexto asobinado; esto es sólo para echarnos unas risas, esto es cine de progres, de artistetos españoles parásitos, que los pago yo y que les den por culo y…
¡Ay, la catarsis, que me viene!
De Kere
Rafa, muy buen articulo, de mensaje muy obvio, pero excelentemente narrado.
Me ha gustado que no siguieras la línea de la manipulación comercial, que lo dejaras en la síntesis de lo puramente científico.
Meter al capitalismo subvencionando los estudios del comportamiento neuronal frente la caja tonta desvirtuaba tu articulo!