Críticas

MIDNIGHT IN PARIS

No sé si en esta página que tanto me gusta: Las Horas Perdidas, queda sitio para una pelí­cula como Midnight in Paris.

Las Horas Perdidas se ha especializado en un tipo de cine, sin ánimo de generalizar, más bien de género o de acción.

Sus fans flipan con Inception, o votan como mejor escena del año el horroroso primer asesinato de la francesa Un Profeta. No tengo nada en contra de eso, pero no sé hasta que punto interesa la íºltima pelí­cula de Woody Allen. Sus eternas preguntas acerca del sentido de la vida, en un siglo en el que hasta la angustia existencial parece haberse superado, y la inmediatez y la velocidad de los acontecimientos que vivimos, nos deja tiempo para preguntarnos apenas nada…

Curiosamente Woody Allen, ahora que se podrí­a agobiar un poco ante la proximidad de la muerte, ya que tiene 75 años, y es de suponer que tiene más motivos que a los 30 cuando torturaba al psicoanalista con su angustia existencial, va y se pone optimista.

En su íºltima pelí­cula, Midnight in Paris, hace una curiosa celebración de la vida, del arte y del amor.

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Creo que Midnight in Paris tiene los mismos defectos que Vicky Cristina Barcelona, incluso acentuados; y que es una obra maestra, bueno, quizá ni eso, quizá es algo mejor, es una pelí­cula preciosa, de la que sales feliz, plagado de referencias artí­sticas y literarias, pero siempre desde la ternura, y nunca desde la pedanterí­a. La pelí­cula fluye de tal manera, que hasta Carla Bruni encaja en su papel de guí­a turí­stica, y no te preguntas demasiado que hace ahí­, ni donde está Sarkozy. La fuerza de la historia puede con cualquier licencia caprichosa o “marketiniana”.

La pelí­cula me recuerda a Vicky Cristina Barcelona, porque en ningíºn modo es realista. Es una visión personal del autor. A Woody Allen le encantan las ciudades, las metrópolis urbanas (ya saben: “a cinco minutos de Manhattan me ahogo”), y en los íºltimos años le ha dado por viajar por ahí­ un poco, y ha hecho unas pelí­culas en Londres, una en Barcelona, otra en Parí­s… cada una de estas pelí­culas es un tributo a la ciudad que le aloja en ese momento. Una imagen idealizada, estereotipada puede, pero también mágica, y evocadora, con un encanto sencillo, el de las cosas que nos fascinaban en nuestra niñez, y que no siempre se logra trasladar a un cine más adulto, ya que parece que las cosas, llegados a este punto, o son ñoñas, o son crudas y amargas.

En la Barcelona de Allen no tienen cabida los travelos de Almodóvar, en Londres solo sale el barrio de Belgravia, porque todo lo demás, como que no le interesa, y Parí­s es un sitio repleto de encanto bohemio.

A mí­ no me molesta esta distorsión romántica de ciudades tan emblemáticas. Allen, que tanto las ama, nunca pierde la ocasión de hacerles un homenaje. Esto queda aíºn más patente en Midnight in Paris, en un momento dado, a través de la boca del propio protagonista.

Por tanto Parí­s es un personaje más en la pelí­cula. Al igual que en Vicky Cristina Barcelona, salen unos americanos millonarios retratados como auténticos gilipollas, y más bien republicanos, y el protagonista, americano también, pero éste suponemos que demócrata, se siente atrapado en una vida que no es la suya. Su viaje a la vieja Europa, servirá para poner a prueba sus creencias y cuestionar un futuro bastante gris y previsible. Aquí­ surge el conflicto, EEUU es racional y material: una casa en Malibíº, un futuro como guionista de pelí­culas estíºpidas, y una novia cero interesada en su comeduras de tarro. Parí­s representa la oportunidad de hacer algo distinto, aunque ni él sabe muy bien qué, pero pertenece al mundo de los sueños, de lo intangible, y lo perdido en algíºn punto del camino.

Pero la historia no se limita solo a ese conflicto universal de “sigo por el camino alquitranado o me la juego”, también de la negación de la realidad, y de una manera muy original, muestra lo difí­cil que es aceptar y enfrentarse a las crisis (personales, no a la crisis mundial de la que se habla a diario).

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En mi opinión la pelí­cula está muy bien resuelta, no puedo desvelar más de la trama, ya que hay un truco de guion, del que es mejor no saber nada para disfrutarla plenamente.

Uno de los grandes aciertos de la pelí­cula es Owen Wilson. Si no fuera porque la sombra de Larry David es alargada, dirí­a que por fin Woody Allen ha encontrado a su alter ego, al actor que le interprete con 30 años menos. Owen Wilson tiene algo que hace que lo identifiques sin problemas con el prototí­pico personaje neurótico y desorientado de Woody Allen, pero lo hace sin cargar las tintas, sin abundar en los tics. Además, el actor le da su toque personal, y construye un personaje Alleniano pero más ingenuo, más idealista. Divertido, pero sin ser desternillante. Agobiado, pero no llega a cansino.

El resto de los actores también están muy bien. Hay que destacar a Michael Sheen, ese actor que lo mismo hace de Tony Blair, que de David Frost, y aquí­ se hace cargo del personaje secundario hilarante, en este caso un insoportable profesor de universidad, encantado de haberse conocido, y por el que se siente inexplicablemente atraí­da la novia pija del protagonista.

Animo a los lectores de Las Horas Perdidas a ver esta mágica y romántica pelí­cula.

Yo ya tengo seleccionada mi escena del año para 2011. En un coche de los años 20, un escritor curtido en mil batallas, habla de los grandes temas al bueno de Owen Wilson, básicamente de la vida, del amor y de la muerte. Y esa escena, es para mí­ tan intensa como los asesinatos hiperrealistas que tantos fans tienen aquí­.

Le pondrí­a un 9. Un 10 es Si la Cosa Funciona, esa otra carta de amor a otra ciudad, en este caso la ciudad de ciudades, y la íºnica en la que Allen habla de lo que conoce y no de lo que se imagina, Nueva York.

Elena González (colaboradora).


Woody Allen | Woody Allen | Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Carla Bruni, Tom Hiddleston, Adrien Brody, Alison Pill, Kathy Bates, Léa Seydoux, Corey Stoll, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Gad Elmaleh | Darius Khondji | Alisa Lepselter | Anne Seibel | Letty Aronson, Jaume Roures, Stephen Tenenbaum | Javier Méndez | Gravier Productions, Mediapro | Alta Films | 9 |
  • Ivan Casajus

    la acabo de ver [al aire libre, con mi cerveza y mi cigarro… como un señor] y, así como la idea de la película me parece muy original… me parece que se limita a poner en acción a personajes históricos y a hacer tiempo para que, en el tercer acto, Wilson pueda soltarle a la Cotillard el tema de la película. El final es muy flojo. 
    En serio, desde ya hace tiempo que a Allen no se le exige. 
    Haga lo que haga, está bien. Para su público acérrimo eso es así.
    El resto, queremos ver una película.

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