Las Horas Perdidas Las Horas Perdidas
Menú
Buscar
EL GRAN HÉROE A…

NOTA 1: Opinión de quien suscribe. Abierto encantado a otras interpretaciones, especialmente las que me iluminen sobre el recorrido del personaje.

NOTA 2: Si desconoces completa, total y absolutamente la historia de Capitán América… sí, podría decirse que incluye SPOILERS LIGEROS.

Este fin de semana se estrena Capitán América: El Primer Vengador. Creo que lo hace en mal momento y, aún así, soy de la opinión de que esta versión en particular del personaje no debería provocar animadversión alguna al representar, en esta ocasión concreta, valores que en ningún momento han sido exclusivos del país de las barras y estrellas. Me gusta muchísimo menos que otras versiones más radicales –más drásticas, más atrayentes para mí, como espectador que quiere verse desafiado– que he visto del Capi. Pero lo acepto. Quiero ver héroes en pantalla. No me voy a morir por ello.

Desde 2001, Estados Unidos está inmerso en dos conflictos armados de envergadura que han dejado, a día de hoy, cientos de miles muertos, contando soldados y población civil.  Al menos uno de esos conflictos, Irak, fue iniciado sin la pertinente aprobación prefactum del Congreso de Estados Unidos, por lo que se convierte en un acto anticonstitucional. Las repercusiones internacionales –a favor y en contra– son conocidas de sobra a la mínima que se realice una búsqueda en Google. Si nos referimos a otros ámbitos Es fácil asociar Estados Unidos con un modelo de imperialismo económico. Imperialismo social. Imperialismo cultural. Llevamos escuchándolo, llevamos leyéndolo toda nuestra vida. Desde el cliché hasta la opinión más matizada y estudiada, sin menoscabo por supuesto de otras opiniones contrarias.

No sucede aquí. Pero la película es consciente del peligro, y llega incluso a rozar el abismo. En un momento, en particular.

A la media hora de película, el Doctor Abraham Erskine  (Stanley Tucci) pregunta a Steve Rogers, futuro capi:  “¿Matarías a los Nazis?” Y el contesta: “Yo no quiero matar a nadie. Pero no me gustan los matones, sean de donde sean”. Rogers apenas levanta palmo y medio del suelo. Recuerda los callejones de su barrio según las palizas que recibía. Pero si identificas absolutamente todo lo que dice, todo lo que piensa, todo lo que es el hombre que se convertirá en Capitán América como altavoz de los valores estadounidenses, es perfectamente posible que tu cerebro no pueda conciliar estas palabras en boca del héroe que representa, según miles de voces –y una de estas puede que sea la mía, puede que sea la tuya–, al país “matón” por excelencia.

Pero este no es el Capitán América, al menos no el de Joe Johnston. “Quiere servir a su país, pero no es la clase de jingoísta agitabanderas americano”, explica su director.

“Simplemente es una buena persona”, añade.

Y lo es. Lo es, maldita sea. En un momento del trailer, Rogers se arroja sobre una granada para proteger a sus compañeros de entrenamiento.Ya en el film, durante una persecución,  Rogers, convertido en el Capitán América, cesa en su persecución del villano para salvar a un niño que se está ahogando.  Hay un cliché sobre los films de superhéroes que comparto: en muchas de ellas, al final, con las cartas sobre la mesa… el héroe pesa menos que el súper. De ahí que Spider-Man 2, donde nuestro amigo y vecino cesa su combate con Octopus para salvar a los pasajeros de un vagón, me parezca una triunfada.

En su versión ideal, el Capitán América es mucho más complejo que los valores de “verdad, justicia y american way”: es la noción de los artistas estadounideses sobre el actual estado de su país, hecha cuerpo. En mi versión favorita, y ahora la veremos, es América, quintaescencial.  Me guste o no: él es un creyente de sus propios valores. Como cree Vito Corleone en Vito Corleone. Como cree Daniel Plainview en Daniel Plainview. Me gusta o no lo en que cree. Pero cree.

- En 1940, nos cuenta este repaso breve del L.A. Times, el Capi no alberga muchas dudas sobre su función. La portada del primer número –cuya historia es, en cierto modo, revisitada por Chabon en Las Aventuras de Kavalier & Clay– es prueba de ello. Es más que un superhéroe. Durante gran parte de su recorrido estos años, es propaganda –a falta de que algún comicólogo venga y me ponga el culo del revés, lo que es perfectamente factible–.

- En los 70, con la dimisión de Nixon, el Capi reniega de sus orígenes y de su nombre. Se convierte en Nomad tras enterarse de que “un alto oficial del Gobierno” está involucrado en una organización terrorista conocida como el Imperio Secreto.

- En 1986 llega su versión más fascinante. Frank Miller, en pleno uso de sus facultades, presenta a un Capitán América PARA BIEN y PARA MAL. Lo hace en el Born Again –una extraordinaria lectura–. El Capitán América es la bandera americana. Es  “el sueño”. Lo que resulta particularmente perturbador es la forma sobre la que reflexiona sobre las atrocidades cometidas por su propio país. “Quizás no hubiéramos ganado la guerra sin tener que matar a millones de inocentes  con una bomba atómica”. Hiroshima era necesario, a los ojos de este Capi. La bandera lo es todo. El sueño lo es todo. Y en un momento en el que sus amigos (Matt Murdock, Daredevil, abajo) la ignoran…

…y otros la utilizan para sus propios fines (este es Kingpin, villano del cómic)…

…A él sólo le queda agachar la cabeza. A mí, me parece un personaje fascinante.

- En los años 90 Rob Liefeld hizo una cosa muy chunga que me motivó a trabajar duramente con el Paint porque si este sujeto llegó hasta donde llegó (TETAS), servidor podría perfectamente acabar algún día en el Prado.

- El Capi, de un tiempo a esta parte, ha estado en manos de Ed Brubaker, hijo de un oficial de Inteligencia Naval destinado en Bahía de Guantánamo. En 2007, Brubaker comentó al NY Daily News su visión sobre el personaje: “Los izquierdistas a muerte quieren que el Capi dé discursos contra la Administración Bush, y los que son de ultraderecha le quieren en las calles de Bagdad, pegando a Sadam”. Así es como él lo ve.

Pero en caso concreto de este Capitán América,  el de Johnston, el de Marvel Studios, el de Hagamos Dinero, existe incluso un modelo ideal y fácilmente exportable. Exportable, a pesar de la negativa final de Paramount USA ante las peticiones de Paramount Internacional para dejar el título en El Primer Vengador, por motivos de valor de marca. Marca bonita, limpia y ¿a-quién-no-le-puede-gustar? En cierto modo, me recuerda mucho a lo que decía Chun (Joel Gray), el maestro coreano en Remo, Desarmado y Peligroso, enamorado de los culebrones estadounidenses porque  destilan los mejores valores que transporta Estados Unidos –y fácilmente trasladables–: coraje. Valor. Sacrificio. Nobleza. Su versión más pura aparece en los medios de comunicación. En la vida real, se esconden en mayor parte de las ocasiones, y están sometidos a la diferencia de opinión. Pero en sí, son universales.

El de Johnson es el Capitán América idealizado –políticamente correcto, fácil, y absolutamente inofensivo. Y, en cierto modo, como nos recuerda este artículo de opinión de The Guardian, bastante socarrón: en un momento del film, el Capi ejerce de incómodo animador de tropas en un espectáculo puro All-American, en lugar de cumplir la misión para la que se alistó. Impedir que sus compañeros mueran. ¿Y esos matones “sean de donde sean” que menciona Rogers a Erskine? No sé. Quizás se sentaban en la Casa Blanca hace cuatro años. A lo mejor. La ironía no suele tener fin.

La película es mucho más que su personaje: a mí me parece lo mejor que ha hecho Marvel Studios desde Iron Man, un film clasicista, directo, entrañable y vigoroso, lastrado por la tendencia del estudio a incorporarlo dentro de un proyecto más grande –Los Vengadores– y secuela añadida. Una secuela, prevista para 2014 en la que –si Los Vengadores, que se estrena el año que viene, no lo hace antes– el Capitán América deberá enfrentarse a la realidad del siglo XXI en Estados Unidos.  No sé qué Capi será. Podría ser el que se enfrentó a Thanos sin pestañear. Es quien, nada más ser disparado pide a la Policía en su lecho de muerte que ponga salvo a los transeúntes que le han insultado en las escaleras del juzgado. Es un defensor, dicen los de Top Tenz, de los débiles, de los desfavorecidos, y del pueblo (espléndido recopilatorio de sus mejores momentos, por cierto, aquí). Es un Capi Humanidad. No es un Capi complejo. No es un Capi que gusta a muchos de los comentaristas de la noticia de Johnston…

…”No digo que Hollywood odie a América, pero odia la noción de patriotismo”, dice ‘Chris’…

…”¿Más complicado que una bandera?”, proclama ‘Alabama Greaser’, “Si el director tiene un problema con el patriotismo del Capitán América, nunca debería haber aceptado el trabajo”…

…y no es el verdadero  “americano” que desafía mis concepciones como extranjero, que reta mi sentido de la ecuanimidad, que puedes descartar (o admirar) por patriotero. No sería mi Capi favorito. Ni de lejos.

Pero es un Capi con el que puedo vivir.

  • http://angeloydiabolo.blogspot.com/ Angelo y Diabolo

    la epoca de brubaker es soberbia, con su etapa se puede perfectamente estructurar las proximas secuelas del capi y por supuesto añadir personajes contundentes como soldado de invierno, un bourne digno de marvel

  • rolo_tomachi

    Acabo de ver la pelicula, la primera parte es simplemente decente, la segunda simplemente nefasta, capitan truño lo llamaria yo.

  • grijaldo

    Solo una cosa,el Rafa lo ha clavao al poner al Capi de Born Again,para el que esto escribe es posiblemente la mejor representación del personaje en toda su historia y como bien apuntais,Miller cuando estaba cuerdo era el AMO.

  • Delgado

    Me ha encantado, es lo que quiso ser Sky Captain y todos sabemos que pasó. Cuando la una buscaba esa nostalgia del héroe vetusto, en la puerilidad y el esteticismo, la peli del Capi lo hace desde una mirada condescendiente, una convicción moral reaccionaria que la envuelve de dignidad.
    En fin que pa lo que es, está muy bien parida.

  • yoyoucronia

    Pues ya no hay dudas. Gracias