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SITGES 2011 – DÍA 5

La mañana empezó cañera con The Yellow Sea, un thriller violento que cuenta la historia de un hombre que acepta un contrato para asesinar a alguien a cambio de la vida de su familia. La cinta es un festival de secuencias de acción, una especie de Bourne de ojos rasgados al que le va la vida en su objetivo y se deja la piel de forma literal. El problema es que Na Hong-jin se olvida de su protagonista durante la segunda mitad del segundo acto, justo cuando estamos sufriendo con él en primera persona y el clímax pierde fuelle. Sin embargo, es una película muy recomendable y representativa del buen cine de acción oriental que lleva años poniéndonos palote.

Y dos días después de ver la porno del plus en 3D (3D Sex and Zen) nos cerramos la bragueta y nos volvemos a poner las gafas para entrar en la tercera dimensión innecesaria de Hara Kiri: Death of a Samurai. Pero vamos, que el 3D es lo único que sobra, pues Takashi Miike está en plena forma. Al ritmo de dos películas al año, es capaz de sorprendernos con este remake que nos cuenta la historia de Hanshiro, un samurai sin recursos que pide realizar un ritual de suicidio. Honor, lealtad, familia y sangre, todo con una plasticidad y una estética de gran factura.

La tarde llegó con Bellflower, una peli yanky que cuenta una historia de amor preapocalíptica y emocional. Según los que la han visto (a mí me resultó imposible asistir a la proyección) es una explosiva crítica de la inseguridad masculina a través de la violencia extrema. Si alguien tiene más detalles desembuchar en los comentarios.

Trabalhar Cansa, pero aún más cansa ver esta película. ¿La historia? Una tipa brasileña abre un supermercado y, después de una hora viendo memeces, se encuentra con el cadáver de un monstruo entre las paredes de la tienda. Lo mete en una bolsa, lo quema, y todos tan felices. Y perdonar los spoilers eh, pero es que vaya tela telita tela de película, no se la recomiendo ni al gafapasta con más dioptrías del mundo. Tiene un ritmo lentísimo injustificado, las escenas desfilan sin contar nada y la realización está llena de vacíos y silencios pretenciosos. Es como esas tías que se hacen las interesantes callándose y cuando abren la boca resultan ser tartajosas.

Y bueno, no quiero parecer un destroyer, pero el día ha tenido el mismo ritmo que el de un caracol dando sus primeros pasos en la luna. Con The Moth diaries metí mi primera “cabezá” (“cabezada” es de finolis, y los finolis no dan “cabezás” porque duermen bien). Lo que parecía una historia de vampiros sangrienta en una residencia femenina de estudiantes acabó siendo un melodrama más dulzón que Jigglypuff bañado en azúcar. A medida que la película avanzaba sólo veía una manera de que acabara bien: que todas las pavas se quitaran los uniformes de las carmelitas y montaran una orgía. Fuera de coña, The Moth Diaries es el típico largometraje que entra en un bucle narrativo en el segundo acto y que, por no avanzar, retrocede. Una ocasión desaprovechada para la aclamada directora de American Psycho.

Otra peli 3D: The Mortician, en la que aparece el expresidiario redimido de la 3ª temporada de The Wire (va, frikazos, que seguro sabéis quién es, el del boxeo). En pocas palabras, aprovecha el careto de este hombre para contar una historia de redención muy emocionante, un drama con una estética y un drama de lujo que te crujo, pero con un 3D que, como siempre, sólo sirve para sudar el entrecejo.

El punto final de la jornada lo puso The Turin Horse. Si el año pasado pudimos ver un neumático asesino (Rubber), en esta edición tenemos el placer de tener una película que trata sobre la vida de… atención eh… la vida de un caballo al que el filósofo Nietzsche mordió en un arrebato de locura. Ya lo dicen, a filósofo regalado no le mires los dientes (porque muerde). La película ha abierto un debate entre los más sensibles y los más superficiales. Yo diría más bien entre los que tienen cosas que hacer en la vida y los que tienen paciencia para ver durante 2 horas y 26 minutos de planos laaargos y leeentos que enseñan cómo se hierve una patata, cómo se la comen bocado a bocado, cómo la digieren intestino a intestino y cómo la cag… ¡me cagüen la madre del cine húngaro! Eso sí, una fotografía muy preciosa de la muerte (pero eso ya se aprecia con un vistazo rápido a las foticos).

Y ya sabéis, podéis seguirme por twitter mientras que los amigos de blackberry sigan cumpliendo su deber.

Fernando Polanco.

  • Bracero

    “y la otra obra maestra del director

    Samurai Rebellion.”

    Hostias Doc, pues coincidiendo en que Samurai Rebellion y Seppuku son grandes obras de Kobayashi, no creo que lleguen al nivel de ninguna de la Trilogia de La Condición Humana. Brutales, sobretodo La Plegaria del Soldado, algo fascinante

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