Críticas

DE MAYOR QUIERO SER SOLDADO

Todo lo que lleva la marca Ejpaña, sorprende. De Mayor quiero Ser Soldado, por ejemplo. Una producción con ánimo didáctico, con el auspicio de las autoridades de este país (os juro que no sospeché. No lo hice. No) y especialmente destinada a los padres sobre la necesidad de educar a los pequeños en el consumo de televisión. En el mejor de los casos un producto recomendable y merecedor de cierta divulgación, y en el peor,  inofensiva. Pues nada, acabé más o menos así:

Cómo esta propuesta termina convirtiéndose en una de las cinco peores películas jamás comentadas en la historia de Las Horas Perdidas tiene en parte que ver con el hecho de ser una peli “didáctica” –un apunte: me joden enormemente. Me parecen otra forma de describir films de contenido social llevados al extremo del Talibanismo. Se caracterizan porque prefieren machacarte su Mensaje en lugar de desarrollarlo a través de una trama y, lo que es peor, no tienen los cojones de defender su propia tésis ante posturas contrarias, lo que paradójicamente reforzaría su credibilidad–.  Pero principalmente, y viva la Magia del cine, con que pocos o ningún aspecto de la película transcurren en lo que conocemos por “realidad”. Quiero decir que esta peli está como unas maracas, y hoy Ken Loach es más héroe que ayer, viendo la clase de esperpentos que pueblan su patio.

Imaginaos. Del director de Diario de una Ninfómana y la guionista de Bigas Luna llega la historia de Alex. Ocho años. Quiere ser astronauta, como su amigo imaginario, el capitán Harry. La imaginación del chaval no da para un all-american hero, así que un señor con mostacho afinado y cierto parecido a David Thewlis tendrá que valer. Los primeros minutos de la peli avanzan por un derrotero tierno –en especial cuando el chaval juega bajo las sábanas con este clon de Knox Harrington, videoartista– si bien comienza a apreciarse que su medidor de “Sentido común” comienza a descender a un ritmo bastante rápido. Total, resulta que su madre está embarazada de gemelos. La feliz noche del parto, su padre deja a Alex con los vecinos. El padre deja a las claras de que ya no es una prioridad en la familia, y se pira (hm…), a lo que el chaval responde pidiendo una tele en su cuarto. Los padres se niegan. El chaval llena la nevera de post-it diciendo “quiero una tele”. Entonces sí (hm, hm). Le da al ON y la lógica hace OFF, porque lo que ve en pantalla (y nosotros) es un equivalente del Tratamiento Ludovico: una distorsión indescriptible de la forma en la que se emiten las imágenes por televisión: TODO MUETTE, TODO TIROS, TODO EL RATO, en lo que es la demonificación más brutal de un electrodoméstico desde el frigorífico caníbal de Requiem por un Sueño. Es en ese momento cuando el espectador se da cuenta de que está completamente jodido y en que la peli revela realmente de qué palo va: hacer programa doble con “Vegetarianos cómo Molan”, dirigida por Hannibal Lecter.

Libre de ataduras, lo que sucede a continuación es de traca: el chaval se vuelve soldado (que según el film equivale a filonazi), su amigo astronauta es reemplazado por un coronel del Ejército –es, en realidad, el mismo actor– y el film deja de hablarte de los peligros de la tele para convertirse en una adaptación en firme del Necronomicon. Arden pollitos, bebés juegan con cuchillos y la familia entera, comenzando por el propio Alex, inician un viaje con todos los gastos pagados, y acompañados por un guía de excepción (el psiquiatra del chaval, que no es otro que Robert Fucking Englund) al maravilloso mundo de la esquizofrenia.

Bien. Si la película quiere describir un hipotético escenario en el que la televisión, y sólo la televisión es responsable directa de actos de violencia tanto contra humanos como contra animales, desintegración familiar y de la subida del número de ingresos en los psiquiátricos, se pegan un tiro en el pie. Primero, porque el film ignora factores adicionales (Internet brilla por su ausencia), o bien exhibe un conocimiento limitado de los mismos (videojuegos: el chaval juega con el mando de una Xbox en un portátil jugando al hiperviolentísimo Halo (But Not!). Los compañeros de clase, factor esencial a la hora de afectar la personalidad del niño, se limitan a “Empollón” y “Faceless Fuckers”. Y segundo y más importante, porque en lugar de aplicar su mensaje sobre la realidad, hace exactamente lo contrario: curva el espacio tiempo, por sus cojones, y se inventa un mundo de fantasía en el para demostrar su mensaje.

Un mundo donde los padres carecen de visión periférica –Madre: ha sido su hermano pequeño quien ha cometido la fechoría. No acuses a Alex. Estabas a treinta centímetros del pitufillo cuando tiró el puré. Puedes ser cabrona, pero eso es Villarato–, ignoran deliberadamente nimios detalles como la propaganda de las SS con la que Alex decora su cuarto –lo hacen mirando a cualquier otra parte, cosa harto difícil porque la habitación está empapelada con Hitleradas. Hilarantes resultados a efectos narrativos– y, por encima de todo: son la clase de padres incapaces de ocultar a su hijo la existencia de una amante que en sublime enroque, será utilizada por el chaval, como método de chantaje, para conseguir ver. la. maldita. televisión.

¿Es plausible? Sí, en Narnia. Todo es superdramático, no hay mano izquierda, la peli te habla como si fueras subnormal, ningún estereotipo queda sin tocar y en términos cinematográficos, consigue lo que consiguen todas las del género “Didáctico”: distorsionar el sentido de la palabra misma y aniquilar la película. Los actores no tienen personajes. Tienen altavoces. El guión tiene una idea única y exclusiva: venderte la moto del Mensaje. No hay quien escriba sobre ello. La foto es correcta. Hay demasiada música. Ya está.

“Devuélveme la tele o le cuento a mamá que metes picha en cubil ajeno”. No me jodas. Cómo se escribe. Cómo se interpreta. Cómo se rueda. Por qué Valeria Marini, profesora, parece una dominatrix –er… he visto Bámbola, tachad esto último— Por qué Robert Englund interpreta como si esta peli la patrocinara la revista Fangoria. Qué me está contando Danny Glover en los créditos. Los monólogos de “Yo quiero ser soldado porque…” que se intercalan una y otrayotrayotrayotra vez. Ad infinitum. Ya es chungo que una película refrendada por el Defensor del Menor transmita un mensaje tan exageradamente alarmista (padres, profesores y otros especialistas aparecen completamente incapacitados para impedir el negativo influjo de la televisión sobre Alex, quien perfectamente podría ser un desequilibrado –tu amigo imaginario comparte rasgos con John Waters–) sin necesidad del detonante de la caja tonta, pero por culpa de estas indescriptibles (y, en retrospectiva, descojonantes) pérdidas temporales del sentido común, todo se vuelve enormemente confuso: la televisión te perjudicará si y solo si tus padres son anormales, tu psicólogo es Freddy Krueger, y tu profesora está un paso de aparecer en Putalocura, sección Bondage.

Chulo, ¿eh? Un film de carácter decididamente social se convierte en una retorcida fantasía infantil que evoluciona a horror esquizoide freak con la profundidad de la canción de los teletubbies. Y, nada, hablemos de la tele qué mala es, en 2011. Total, no lo hemos oído nunca. Es tan dogmática, talibán, distorsionadora y peligrosa como la amenaza que pretende destacar, más una pizca de bochorno. Y si esto es lo mejor que han podido hacer para convencerme de que la tele es muy mala, me voy a asegurar de que mis críos nazcan en el cuartel general de Ozymandias. Se lo han ganado.


Christian Molina | Christian Molina, Cuca Canals | Fergus Riordan, Ben Temple, Jo Kelly, Andrew Tarbet, Cameron Antrobus, Josephine Barnes, Robet Englund, Danny Glover, Valeria Marini | Pere Carreras | Juan Carlos Lausín | Juan Carlos Lausín | Alberto de Toro | Federico Jusid | Ferran Monje | Mariví de Villanueva | Canónigo Films, Produzione Straordinaria | Canónigo Films |
  • javiknight

    La mayoría de peña de mi generacion se paso los 9 meses de Mili fumando porros y agilipollado.
    Yo me vine de Melilla igual que cuando llegue.
    Ya en esa época estaban perdidos todos los valores educativos de la disciplina Militar.
    Igualmente en la escuela se fue diluyendo todo el concepto de formación disciplinaria en base al respeto.
    Y seguimos igual.

  • grijaldo

    Lo de la mili lo dije de coña como bien apunta 00110011(Como me conoces jodio).

    Ahora bien,coincido en que realmente la mili no valía para nada,pero como ha dicho ithilatan,entrabas siendo un crio y no es que madurases,pero si que aprendias a convivir y a acatar una normas y tal.
    Yo guardo un gran recuerdo aunque reconozco que era una gilipollez y que es mejor que no siga existiendo.

    Como ya he comentado antes,la clave está en los “nuevos” padres y en la carencia total de disciplina que no han savido o no han querido inculcar.

    Luego los crios salen como salen,y hablo con conocimiento de causa,en mi familia hay unos cuantos micos a los que habría que enderezar a base de vara,y sus padres pues eso,unos incompetentes.
    Menos mal que mis sobrinos ha salido buenos.

    Y no digo que todo se reduzca a guantazos y a ser un nazi,pero hay que ser firme y medianamente severo cuando hace falta,y si el niño llora no pasa nada,es bueno para los pulmones.

  • naxete_69

    Dudo mucho que la mili fuera a solucionar estos problemas, a ver si os pensáis que el que era un hijoputa no salía de la mili siendo hijoputa. De estos los ha habido todas las épocas, además la mili de los últimos años era una chufla, un puto cachondeo donde el que era porrero y borracho salía más porrero y borracho (por no hablar de la coca que todos sabíamos que corría a raudales). Otra cosa es que queramos echar la culpa a algo que ya no existe. Como siempre mirando atrás. La culpa la tienen muchos factores, principalmente los cambios que ha sufrido nuestra sociedad en los últimos diez años, contando entre los fundamentales, el hecho de que los padres de hoy en día son unos despreocupados y pasan de sus hijos.

  • Grandier

    “Dentro de mil años ya no habrá tíos ni tías, sólo gilipollas.”

    – Renton.

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    No es por nada, pero la mili dudo que sea precisamente una institución educativa y bien quitada está. No va a arreglar un militar en 9 meses lo que no han solucionado unos padres en 18 años.

    Además creo que confundir disciplina y educación con obediencia incondicional tampoco es lo más correcto.

    Si muchos chavales hoy día son unos macarras es porque los indisciplinados son los padres. El carácter de un niño se forma en sus primeros años de vida, y eso es cosa de sus padres. Si estos pasan de largo o no pueden estar con el niño pasa lo que pasa. Ni tele, ni videojuegos, ni rol, ni pollas en vinagre.

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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