Críticas

MELANCOLÍA

Melancolia es un avance digno de encomio dentro de la nueva etapa de Lars Von Trier, cineasta en incansable evolución cual Pokèmon, que con Anticristo nos presentaba una nueva versión, la Vontri 3.0, caracterizada por a) un dominio abrumador de la tecnología cinematográfica y b) su entrada en un tema que a Von Trier le resulta absolutamente fascinante y del que está enamorado hasta el tuétano: él mismo. Nunca hasta estas dos últimas películas el director danés se ha mostrado tan dispuesto a la hora de ahondar en aspectos de su propia personalidad y, siguiendo esa lógica, el gran triunfo de Melancolía reside en la madurez que ha adoptado su mensaje. El precio a pagar puede ser, quizás, demasiado alto: el film menos atractivo y con menos garra de la filmografía de su realizador.  En cualquier caso, si aplicamos la plantilla de que Von Trier nos está guiando por una relación de pareja fallida –y es sorprendente comprobar la cantidad de piezas que encajan a través de esta teoría– Anticristo podría resumirse perfectamente en un “todas putas”, pero Melancolía es la película que hay que ver la semana después de que nos deja la piba, ya no podemos destrozar la habitación más de lo que está  y solo nos queda la bolsa de Doritos, el Fifa y un sentimiento de aceptación. Catastrófico, sí. Pero hemos dejado el Infierno atrás.

Melancholia es una declaración íntima y personal y como tal hay que tomársela con una pizca de sal, particularmente en lo que se refiere a la tendencia de su realizador a modificar la realidad para trasladarnos su mensaje. Aquí, sin ir más lejos, directamente se saca del culo un apocalipsis planetario. Literalmente: un masivo planeta está a punto de devorar la Tierra, un evento que no resulta del agrado de los asistentes y protagonistas de una lujosa boda, quienes se verán afectados a más de un nivel por tan incómodo acontecimiento. Particularmente Justine (Kirsten Dunst), la novia, cuyo delicado estado mental comienza a deteriorarse cada vez más conforme se aproxima el gigantesco cuerpo. Pero hasta aquí llega el juego de la película: el planeta no es más que una herramienta que se saca el director para acelerar unos conflictos cuyas piezas estaban colocadas desde hace mucho tiempo. La falsa sensación de felicidad entre Justine y su novio (Alexander Skarsgard), los recelos entre sus padres divorciados (John Hurt y Charlotte Rampling) , la ojeriza con su pragmático cuñado (Kiefer Sutherland), la repugnante presencia de su jefe (Stellan Skarsgard) y sobre todo, la relación con su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg), madre, esposa y mujer desarrollada. “Oveja blanca” de la familia. Todo va a estallar. En todos los sentidos.

Las dos hermanas son la clave del film. Un debate Dunst vs. Gainsbourg –siguiente párrafo– no lleva a ninguna parte, porque la de ambas es posiblemente la dinámica personal más compleja que Von Trier ha establecido en años. A primera vista, incluso a los ojos de la familia, Claire y Justine parecen estar inmersas en el típico rollo celos, envidia, superioridad. Pero su relación va mucho más lejos y los matices que Von Trier introduce entre ambas –y que nadie se confunda, las dos se quieren hasta la muerte– acaban pagando en oro al final del metraje. Es aquí cuando te das cuenta de que Von Trier ha pasado del “reina el caos” a la comprensión. Amor (o lo que Von Trier entiende por amor) frente a la adversidad. Mientras dure. El chochamen del director danés planeta va, planeta viene simplemente existe para amplificar los sentimientos entre Claire y Justine –y la progresiva inversión de roles, que se desarrolla con una suavidad extraordinaria conforme avanza el metraje–. Esta relación tan ajustada, tan “real”, se puede aplicar al resto del film, rico en situaciones –sobre todo en el primer acto, una desdicha de boda que valdría para una película entera–,  y variado en su tono, con un aire agradecidamente costumbrista y con variopintos personajes (yo destacaría a Hurt y a Skarsgard padre, pero evidentemente lo más curioso reside en ver a Sutherland, convertido ya en un estoico actor de carácter, canalizando a Jack Von Bauer porque su personaje está toda la peli cabreado con la imbécil de su cuñada).

Von Trier no es un marciano. Es un director de cine y los directores que saben de cine tienen una premisa muy clara. No aburras. Melancholía no me aburrió. Ni por un segundo. Eso no significa que estuviera completa total y permanentemente enganchado. En realidad, la peli se queda a un milímetro. Pero no lo consigue. Quizás puede ser por su temática, muy difusa –es complicadísimo rodar un film dramáticamente eficaz sobre la depresión por la naturaleza intrínseca de la enfermedad–, quizás porque en algunos momentos Von Trier intenta demasiado llamar nuestra atención –el danés es, por instinto, un provocador en el mejor sentido del término– con esos planazos espectaculares a superlenta compuestos por CGI, que en Anticristo eran coherentes con el estilo de la película, y que aquí quizás chirrían un poco. Hay cierta falta de foco en la película, en general. El primer acto, el de la boda –que por sí solo me parece brillante– tiene la desventaja de que parece una película en sí mismo, y nunca llega a entrelazarse apropiadamente con lo que viene después. Además, veo cierta desgana en Von Trier a la hora de profundizar sobre todo el contenido de ciencia ficción que incorpora el film. Sé que el planeta es una vulgar excusa, pero joder podría haber intentado no dar tanto el cante.  Son detalles más o menos importantes que sumados pueden alcanzar la categoría de puñeteros porque contribuyen a aumentar el metraje del film y le hace perder una intensidad que en muchos momentos necesita como el comer. Pero ya sea por la puesta en escena –rueda como Dios. Vale la pena insistir–, por los elementos aislados, por los mecanismos que describen el ánimo de los personajes. Las interpretaciones. No sé. Yo seguía con la peli. Siempre había algo. Probablemente miré la hora en algún momento, pero le di más importancia. En este sentido, la capacidad del realizador para que un servidor se zambulla cual salmonete en sus jodidas idas de olla sigue intacta.

Llegados a este punto, tendríamos que hablar de Dunst y no tendría ningún problema en aceptar el galardón obtenido en Cannes de no ser porque Gainsbourg simplemente se come esta película. No voy a desmerecer a Kirsten, icono de mi adolescencia, poseedora de un par de tetas modeladas con barro del Paraíso, y digna sucesora de un grupo de valientes actrices que se han puesto en manos del realizador para dar lo mejor de sí mismas. Pero si Kirsten está al 110% para conseguir la mejor interpretación de su carrera –y lo es: un solo gesto mal medido y su Justine se podría haber convertido en una auténtica zorra cabrona y chiflada– , Gainsbourg parece que ni siquiera se está esforzando a pesar de que la tarea que tiene sobre sus hombros es una pesadilla digna del cerebro de este tarado mental: es la narradora de la película desde un papel secundario. Es la encargada de conseguir que nosotros, audiencia, nos creamos lo que, desde fuera, parece una verdadera locura. Y como no aparece en cada plano, tiene que conseguir que sus escenas valgan por dos. Por no mencionar que tiene no uno, ni dos, tiene cuatro personajes con los que lidiar: madre, esposa, hermana y finalmente ella misma, conforme se aproxima el espectacular climax.

Pegas de lo más normal, como véis. Creo que se sigue considerando a Von Trier como un marciano, pero si el Joker tiene método en su locura maldita sea este pirado danés también. No voy a dejar de recomendar Melancolía. Tiene demasiadas cosas a apreciar. Gainsbourg está inmensa. Kirsten Dunst se deja la piel intentando entrar en una bañera. Nos focka un planeta, señores y señoras.  Hay cariño y gusto por los detalles, por intentar trasladar emociones difícilmente explicables.  Pero la gran triunfada reside en el éxito de un realizador a la hora de reinventarse y expandirse y en permitir que la audiencia se aproxime a su persona sin requerir de un collar de ajos y una estaca de plata, en intentar comprenderse un poco mejor, matizando su discurso –se acabaron los sermones– y revelándose como un ser adulto y funcional –al menos en lo que se refiere a su persona cinematográfica–. Porque por ese camino se evita el estancamiento, se evita la autoparododia, y se termina llegando a cosas más grandes, más pequeñas, mejores, peores, da igual. Pero cosas nuevas.


Lars Von Trier | Lars Von Trier | Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Cameron Spurr, John Hurt, Charlotte Rampling, Brady Corbet, Stellan Skarsgard, Alexander Skarsgard, Udo Kier | Manuel Alberto Claro | Jette Lehmann | Molly M. Stensgaard | Louise Vesth, Meta Louise Foldager, Marianne Slot | Peter Aalbaek Jensen, Peter Garde, Peter Aalbaek Jensen, Peter Garde | Zentropa | Golem |
  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100000526143764 Chica Bond

    Me encantó la peli,atrapada hasta elfinal

  • http://www.myspace.com/sessionumerada biniwoo

    Yo lo que no entiendo es por qué cuando la gente cita lo mejor de Von Trier no se menciona Europa (cojonudísima).

    A mi Melancholia me pareció una muy buena peli, con un dominio de la técnica increíble (la fotografía es asombrosa), pero para nada una obra maestra. A pesar de que la primera parte parece sacada de una obra de Ibsen tengo problemas con la resolución de ésta. No con que tenga que enlazar con la segunda parte (que no tiene por qué) si no que me dio la sensación de: “venga, vamos a acabar con lo de la boda, que si no me quedo sin tiempo para contar la otra parte”

    Lo que sí puedo decir es que me gustó mucho más que El Árbol de la Vida, que no la disfruté nada.

  • http://www.lashorasperdidas.com Rafa Martí­n

    @juan_mas

    No comparto tu opinión, concretamente en esta, pero tomo nota de lo que has dicho, de todas formas. Gracias por tus palabras, tío.

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