Reportajes

2º ENCUENTRO DE GUIONISTAS

Este año he asistido al 2º Encuentro de Guionistas que se ha celebrado en Madrid, una megarreunión de guionistas de todo el país que durante viernes, sábado y parte del domingo ha servido para conocer el estado del gremio en los distintos ámbitos en los que trabaja, conocer tendencias en cine y televisión, nuevos horizontes profesionales y, cómo no, derechos de autor. ¿Qué hacía yo allí? Pues como muchos, buscar algo de luz en este oscuro presente y conocer gente, algo que como aspirante a guionista es básico para que al menos te saluden al año siguiente. Yo, que soy asquerosamente tímido, no tengo huevos de abordar a nadie, suerte que hoy existe Internet y esta bendita web que ayudan mucho a romper el hielo. Pero vamos al grano, porque imagino que os importa poco si en las distancias cortas me convierto en un hobbit rechoncho que mira al infinito, en medio de la vorágine de gente, para no abordar a nadie pero no perder posibilidad de que te salude alguien. Muy lamentable.

VIERNES 4 DE NOVIEMBRE: El primer día consistió en una especie de repaso generalizado de la situación actual en cine, guión de ficción televisiva y guión de no ficción programas. Tres paneles que contaron con invitados de excepción y que fueron muy interesantes. Vayamos uno por uno, pero antes, durante el acto de inauguración del encuentro, éste fue el momentazo y el espíritu del comienzo:

– Panel de Escritura Cinematográfica: En este panel moderado por el amiguete Cristóbal Garrido, estuvieron de ponentes nada menos que mi profesora Alicia Luna (Te Doy mis Ojos, La Vida Empieza Hoy), Fernando Castets (El Hijo de la Novia, Pájaros de Papel), Joaquín Oristrell (Éxtasis, Todos los Hombres Sois Iguales), David Muñoz (El Espinazo del Diablo, La Posesión de Emma Evans) y Pablo Remón (Casual Day, 5 Metros Cuadrados).

Curiosamente se abrió un debate metodológico entre los más acérrimos defensores de la escaleta (Luna y Muñoz) y quienes no la utilizaban casi nunca (Castets y Remón). Para quienes no sepáis mucho sobre la escritura de guión, digamos que la escaleta es un esquema de lo que va a ser la historia, una serie de acontecimientos ordenados y muy brevemente explicados que permite ver de forma más clara la duración de los distintos actos, si hay redundancia entre escenas, la importancia que tienen los personajes a lo largo del relato o si hay huecos narrativos que rellenar. Los más dogmáticos guionistas son muy fans de esa metodología de trabajo que permite construir un relato bien armado y estructurado antes de desarrollar el guión, otros prefieren dejarse llevar para ver cómo hablan sus personajes, qué ritmo les pide la historia o simplemente no dejar pasar buenas ideas para una escena determinada, y hacer ese trabajo de pulir cuando ya tienen un primer tratamiento o una primera versión del guión. En cualquier caso todos estaban de acuerdo en que el guión era un texto que sufre cambios constantes hasta que se da por cerrado a fin de afinar la historia.

Otro tema de interés fue el de los trabajos de encargo, algo sobre lo que habló Joaquí­n Oristrell. Dijo que hay que tratar de hacer el trabajo lo más tuyo posible y que en el caso de Felipe y Letizia tuvo que llegar a la conclusión (con bastante sentido del humor) de que él era Letizia, que era como “un alien entrando en un palacio”. Luego comentó que cuando uno escribe, no siempre se puede pensar en vender, porque limitamos nuestras propias ideas. De nuevo con bastante coña y siguiendo la declaración de Carlos Molinero en la inauguración dijo que “estamos en el Apocalipsis, la civilización occidental comenzó en Grecia y termina en Grecia”.

La labor de coescritura era un poco más compleja para todos, ya que al final implica poner de acuerdo a distintas mentes y, como Joaquín Oristrell confirmó, construir una estructura eficaz de trabajo, algo que puede variar en función del número de guionistas. Pero el punto clave fue cuando se abordó el trabajo mano a mano con un director. Para evitar sorpresas la mayoría estaban de acuerdo en que había que tener muy claro que tanto guionista como director van en una misma dirección, para lo que es necesario mantener muchas conversaciones previas a la escritura y a partir de ahí, dejar que el guionsita vaya desarrollando su trabajo y que el director vaya proponiendo cambios al respecto o bien dividir el trabajo entre ambos y luego realizar las reescrituras necesarias el uno al otro, aceptando que existe una jerarquía, como dijo David Muñoz. En caso de no realizar ese trabajo previo, puede darse la situación de que cada uno esté tirando hacia lados opuestos y el trabajo no sólo no tenga un buen resultado, sino que produzca encontronazos y tiranteces innecesarias. También se insistió en que la labor del director no puede limitarse a “me gusta” o “no me gusta”, sino que debe implicarse a fondo para tener claro lo que quiere y no ir dando tumbos caprichosos. Sin embargo muchas veces los roces son inevitables y en ocasiones llegan a extremos, como contó David Muñoz, en los que a un compañero se le llegó a hinchar un cojón debido al estrés y los malos modos. El respeto y la confianza, sin duda, son la base de esa relación que todos calificaban como similar a un matrimonio.

Hubo cierta preocupación al hecho de envejecer y que eso supusiera un alejamiento de cara al público de los cines, que es generalmente joven. Pero se comentó con acierto el éxito de las series de ficción americanas, seguidas por el mismo público, y donde muchos de los creadores son gente con muchos años de carrera. Para Oristrell lo esencial era ser original, entendiendo la palabra no en su acepción habitual de ser distinto al resto, sino de volver al origen de las cosas, de las emociones, una vuelta a la infancia, para lo que afirmó que tener hijos era de gran ayuda.

Se habló de hasta dónde llegaba la labor del guionista. Sabiendo que eso era ya una decisión del director, que era quien ponía el límite, la mayoría agradecían poder estar presentes en todo el proceso salvo en el rodaje, donde más que ayudar uno anda por ahí mirando (y sufriendo) cómo se plasma lo que ha escrito. Pero en el resto del proceso podían aportar teniendo voz en temas como el casting o el montaje. Castets, sin embargo si que solía apreciar participar en el rodaje para poder aportar pequeños cambios que casi siempre consistían en quitar diálogos cuando un actor ya transmite ese texto con su propia interpetación, sus gestos, sus miradas, etc.

Y para acabar, del público surgió una de las preocupaciones habituales del sector, LOS DINEROS. Un asistente preguntó sobre cuánto era lo mínimo que debía cobrarse por un guión de largometraje cuando se empieza, y antes de que acabase la pregunta Carlos Molinero saltó de su butaca como un cohete para prevenir sobre tocar ese tema, ya que en estos momento se considera ilegal establecer unas tarifas, aunque sean orientativas, algo por lo que el sindicato ALMA, como ya dijimos hace varios días, tenía un expediente en curso por parte del Tribunal de la Competencia. Así que fueron algunos guionistas, a título particular, quienes dijeron lo que habían cobrado por determinados trabajos y cuándo ellos aceptaban o no determinadas condiciones salariales. En cualquier caso, trascendió la queja de algunos asistentes de cómo se dejaba a este sindicato atado de pies y manos (ALMA suele estar excluido de las negociaciones colectivas debido a la actual ley sindical, que exige delegados sindicales, para lo que hay que formar parte de una plantilla asalariada, y los guionistas son casi siempre autónomos), al no poder hacer una de las labores básicas, que es la de la reivindicación salarial.

– Panel de Escritura Televisiva de Ficción: Con Albert Plans como moderador (Ventdelplà) y Natxo López (7 Vidas, Hispania), mi otra profesora, Tatiana Rodríguez (Águila Roja, 2055), Alberto Macías (Cuéntame), Javier Olivares (Los Serrano, Infidels) y Oriol Capel (Aída, Los Quién), abordaron desde el trabajo en equipo a las tendencias actuales en televisión.

La mayoría de los ponenetes estuvieron de acuerdo en resaltar la necesidad de hacer un trabajo en equipo coordinado, algo que junto a la falta de tiempo suele ser uno de los grandes problemas del trabajo de guionista en televisión, como dijo Tatiana Rodríguez. Se reclamaba, de hecho, traer la figura del productor ejecutivo que hay en Estados Unidos, un guionista que es quien lleva la batuta del proyecto participando en el equipo de guión y también supervisando el resto de aspectos de la serie. Aquí empieza a darse esa figura, pero la acumulación de tareas en una sola persona suele impedir su participación directa en guión. Como decía Natxo López, el sistema en España es demasiado vertical, con más gente supervisando los guiones que los que trabajan en ellos. La figura de un verdadero productor ejecutivo con capacidad de control sobre el proyecto sería ideal para solventar muchos de estos problemas.

El único disidente del trabajo en equipo fue Alberto Macías. El que es uno de los principales guionistas de Cuéntame Cómo Pasó se declaró contrario al trabajo en grupo y a la “democracia” a la hora de afrontar dicho trabajo. Para él, el guionista está para escribir sobre aquello para lo que le pagan desde el anonimato y su aportación personal se da en la forma de narrar eso que le piden. La metáfora del palo y la zanahoria terminó de redondear su argumentación. Cuéntame, a diferencia de otras series, suele contar con un guionista distinto por capítulo, y no con un equipo que realiza el trabajo en conjunto.

Pero no todo son lamentos. En España la figura del show-runner, ese productor ejecutivo del que hablaba antes, empieza a imponerse según Oriol Capel. Y Javier Olivares reclamo el reconocimiento del guionista, no tanto de cara al público sino como pieza clave de cualquier serie, destacando que en TV3 existe un convenio por el que los guionistas pueden participar en todas las reuniones que la cadena organiza sobre su trabajo.

A nivel de tendencias la conclusión es que no había una tendencia clara en lo que quieren las cadenas, que suelen ser conservadoras y seguidistas. Cuando algo triunfa en una cadena las demás lo copian, de ahí el actual aluvión de series históricas, por ejemplo. Del mismo modo, cuando algo falla, suele evitarse utilizar una fórmula similar. Son decisiones que se basan más en el miedo que en la reflexión, sin tener en cuenta cosas básicas como la calidad de los guiones, los plazos de trabajo, el casting o los cambios en la parrilla, que afectan seriamente a cualquier producción. Como dijo Natxo López, “van como pollos sin cabeza” y para Olivares “ir a la zaga no es un motor creativo”.

Durante el turno de preguntas salió el ya clásico problema de la duración de los capítulos, un problema que la mayoría de los guionistas quisieran cambiar pero que coincidían en que había que empezar a asumir como un rasgo propio de nuestra industria. Pero la tendencia va hacia duraciones cada vez mayores que permitan a la cadena, por el mismo precio, meter más cortes publicitarios, sin tener en cuenta que estirar formatos como el de la sitcom hasta los 70 minutos es totalmente contraproducente, ya que la comedia exige de un ritmo ágil y rápido, algo que en minutajes altos acaba por cansar al espectador.

Como anécdota personal debo señalar que pude conocer a uno de nuestros habituales en los comentarios, el bueno de Lufanag, en persona, analista de guiones desde hace años, que anduvo por allí aguantando el tipo cuando se dio uno de los momentos incómodos de la jornada, donde Javier Olivares afirmó que no consideraba normal que alguien recién salido de la facultad analizase y dijese lo que estaba mal de un guión, si bien reconoció la necesidad de la figura de los analistas, como una opinión externa. Javier Olivares denunció además el trato recibido por Telecinco en la época en que David Martíenez era Jefe de Ficción de la cadena. Por entonces, Olivares tuvo que pasar por la amarga experiencia de realizar continuos cambios contradictorios por parte de los analistas en una serie que la cadena ya sabía que no iba a sacar adelante, algo que consideró inmoral y totalmente irrespetuoso.

– Panel de Escritura Televisiva de No Ficción: Éste fue el panel, a mi parecer, más decepcionante y cansino de la jornada, siendo uno de los que más me interesaba al ser una especialidad de la que dice poco cuando la gente habla de guión. Conducido por Ana Hormaetxea (Vaya Semanita) tuvo como invitados a Inma García (Magnolia TV), Toni Betrán (El Club de Flo, Gormandía), Henrique Rivadulla (Os Andolios sobre a Chaira, Coralia e Marux) y Sandra Gómez (Play, Club Súper 3).

La charla se centro más en lo etéreo que en lo palpable y buena parte de las intervenciones se encaminaron a pedir que no se definiera una categoría de guión como la negación de otra, proponiendo cambiar “no ficción” por “programas” o “entretenimiento”.

Tras darle vueltas a esa idea Sandra Gómez denunció que las cadenas no atendían al rendimiento social de los programas, exigiendo que si ellas no se autorregulaban, debería existir algún organismo público que limitase determinados programas que podrían considerarse nocivos y poco respetuosos de cara al espectador. Lógicamente hubo murmullos en la sala porque, llamémoslo como queramos, se refería a un organismo censor.

Luego se tocó otro tema de especial sensibilidad entre los guionistas, los derechos de autor, y es que es cierto que muchos guionistas de programas no son reconocidos como tales y, por tanto, no reciben ingresos por derechos de autor, algo que para Rivadulla se debía esencialmente a intereses económicos de las cadenas, que se ahorran así el dinero que deberían destinar a todos esos guionistas. El problema, como se dijo más adelante, estaba en dónde fijar ese límite entre un guionista y un redactor, algo que para Rivadulla era tan claro como el hecho de que un guionista de programas aporta una visión particular sobre una determinada realidad. El amiguete Juanjo Moscardó, organizador del encuentro, no tardó en recordar, bromeando, que con esa definición muchos informativos podían considerarse guionizados.

Uno de los asistentes, miembro de la SGAE, recordó sobre el tema de los derechos de autor, que admitir a los guionistas de programas como tales implicaría que el dinero que actualmente se reparte entre los de ficción pasaría a repartirse entre mucha más gente, y por tanto, que esa decisión debía partir del propio colectivo de guionistas. Así que la cosa quedó un poco en el aire, abierta para un debate futuro.

Toni Betrán afirmó que desde los sindicatos de guionistas habría que atender a esa gran masa de guionistas de programas porque son un gran número y, en buena medida, se encuentran excluidos del gremio o considerados como unos guionistas de pefil bajo. Por lo que cierto ejercicio solidario por parte de los guionistas de ficción con el tema de los derechos de autor revertiría en una mayor masa de afiliados a los sindicatos, y por tanto, un mayor poder de presión hacia las cadenas.

Se dio a conocer, por otro lado, lo difícil que resulta actualmente registrar un formato de programa, ya que, como también dijo Betrán, a veces hasta pedían entregar un programa dialogado, algo que resulta absurdo. Pero recordó que existía la posibilidad de simular un piloto de forma rudimentaria en casa de uno mismo y presentarlo como una especie de prototipo del programa. La administración, amigos.

En todo este debate en torno a derechos de autor y reconocimiento profesional hubo poco espacio para hablar de tendencias, un tema que abordó Inma García con ejemplos como la scripted reality que se da ya fuera de nuestro país, un formato que consiste en guionizar mínimamente el detonante de escenas reales entre personajes esperando una reacción concreta entre ellos. Como en un guión de ficción, buscar el conflicto. También se habló de realitys, docushows, etc. como las principales apuestas de las cadenas en la actualidad.

Como veis la cosa fue completita y densa durante el primer día, por lo que mañana seguiremos avanzando con lo que sucedió el sábado, para ir en dosis digeribles.

Mientras tanto podéis echar un vistazo a Bloguionistas, al Blog del Encuentro y al hashtag de Twitter #encuentroguion, que fue sin duda uno de los alicientes de las jornadas con gente como Sergio Barrejón dándolo todo.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • http://www.anasanzmagallon.com Anamag

    Por alusiones yo también…
    He estado fuera y llego al humo de las velas, pero desde luego estaría encantada de tomar esas cañas con lufannag y Javier -e insisto en que en el siguiente encuentro habría que dedicar un rato a esto de analistas “vs” guionistas.
    Del famoso tema escaleta: “sacar” la escaleta de un guión ya escrito es un curro bastante aburrido y de vez en cuando toca hacerlo para que el guionista vea la “radiografía” de su historia y se dé cuenta de por dónde puede fallar. Por eso no entendía que fuera motivo de cabreo. Hombre, si es otra escaleta diferente, creada por el analista, entiendo que es una propuesta que también se hace en formato radiografía, y que si uno se la encuentra en una pizarra es para que se discuta, aunque el método (respetable) pueda ser un poco abrupto -como decían en bloguionistas refiriéndose a otra cosa, como entrar a ligar con la bragueta ya bajada.
    El trabajo de un desarrollista tiene que ver con la teoría de guión tanto como con el trato con los autores, pero esto último no es algo que se aprenda en las escuelas, sino con la experiencia. El tipo que llega a una cita con la bragueta bajada no lo hace por prepotente, sino porque piensa que todo el mundo quiere ahorrar tiempo e ir al grano, y no es consciente de la violencia de la situación.
    Es tan difícil interpretar actitudes ajenas -el ejemplo de la pataleta- que nada como suponerle al otro buena voluntad y , si quedan dudas, dirimirlo con unas cervezas. Fue una pena, como dice Paco, que hubiera cierto mal rollo en mi sesión. Pero no vamos a achacárselo sólo a la polémica del viernes: en general, mucha gente no sabe qué hace un analista y les tiene cierta tirria. O eso me pareció. Pero es tan difícil interpretar actitudes ajenas que etecé.
    Un abrazo. Y a ver cuándo cae esa copa, Javier.

  • Paco Lopez Barrio

    Aunque he de reconocer que suelo echar alguna cabezadita en las reuniones largas (cosas de la edad), estuve bien despierto durante la intervención de Javier Olivares. Y, sentado en la tercera fila, no se me escapaban los gestos ni el tono. En ningún momento vi a Olivares ni enfadado ni nervioso. Las pataletas, al menos tal como las entiendo yo, son otra cosa.
    Javier demostró en todo momento no ya respeto, sino aprecio por la labor de los lectores/analistas (que no son la misma cosa, ojo). Y mostró reconocimiento a los profesionales de TV3 y TVE. La crítica se dirigió exclusivamente hacia una época concreta de Tele 5. Yo no se si el momento era “incómodo”. Supongo que para el aludido lo sería. Pero la reacción mayoritaria de la sala fue de acuerdo con Javier. Ya no sabria decirte si hubo aplauso general, tendria que ver el video. Pero, al menos la gente que estaba cerca de mi (todos ellos con una experiencia larga y reconocida) estuvieron de acuerdo con la observación de Javier.
    Pero la mala interpretación de sus palabras creo que es previa a lo que se ha comentado en blogs. Y lo creo porque conozco ya un poquito a Ana Sanz Magallón y la encontré un tanto a la defensiva. Alguien le habia dicho que el dia anterior habiamos estado despellejando a los analistas y venia preparada para lo peor. Y eso es mentira. Los analistas son muy útiles, porque trabajan a tu lado. No tienen nada que ver con lectores que simplemente le ahorran al jefe el ingrato trabajo de leer. No me imagino a Ana alabando que el lector le dé a ningún guionista una escaleta hecha. Ésa no es mi Ana. Y el mal rollo que se creó -no se si por accidente o con premeditación- nos privó a todos de lo que podria haber sido una buena charla de Ana sobre el tema.
    En todo caso, me parece muy injusto el reproche a Olivares, que al fin y al cabo dió la cara diciendo lo que muchos pensamos, porque hemos sufrido situaciones similares. Y a un Congreso se viene a poner sobre la mesa problemas reales, no a quedar bien todos con todos. Por mi parte, Javier, te agradezco tu claridad y los riesgos que asumiste.

  • lufannag

    ¡Y es Lufannag con enes, gente! Ya sé que es un pseudónimo de mierda, pero oye…

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