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ALPS

Escrita por: Rafa Martí­n | 11 abril | 7:05 PM

Yorgos Lanthimos | Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou | | Christos Voudouris | Yorgos Mavropsaridis | | Anna Georgiadou | Athina Rachel Tsangari, Yorgos Lanthimos | | Haos Films, Hellenic Radio & Television (ERT) | Avalon


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5

Alps me ha recordado que emplear las mismas herramientas para contar historias diferentes puede tener resultados bastante peligrosos. Yorgos Lanthimos, su director, es un hombre de ideas, excelente en la descripción de estructuras, de normas, a través de un estilo frío, parco y deliberadamente distanciado, como demostró en Canino, su debut en el cine. Imaginadlo (salvando las distancias) como un modelo europeo de Andrew Niccol en los años de Gattaca pero sin su capacidad de introspección emocional. Sus características principales y sus pequeños gustos (la semiótica, la música, el sexo) funcionaron bastante bien hace tres años, cuando nos contó la historia de una familia oprimida, aislada del mundo exterior y sometida a una serie de reglas tan extensa que prácticamente su director te estaba abriendo la puerta a otro universo. Los personajes de Alps, sin embargo, viven en el mundo real, y protagonizan una historia conmovedora, pero Lanthimos carece de la cintura emocional para adaptarse a este hecho. Con una trama sustancialmente distinta, decide adoptar el mismo patrón y el resultado es injustificadamente deprimente y forzado.

Canino y Alps parten de una premisa sugerente y extremadamente original. En el caso que nos ocupa ahora, los Alpes son un grupo de personas que se ofrecen a familiares y amigos para sustituir a los seres queridos que han muerto. Su líder es Mont Blanc, un conductor de ambulancias, quien se encarga con mano de hierro de la organización del grupo, compuesto por una joven gimnasta, su entrenador y una enfermera. Como en Canino, hay un personaje que no está a gusto con las estrictas reglas impuestas por su líder. Como en Canino, absolutamente nadie pestañea y todos los diálogos son recitados de manera monótona. Al igual que en Canino, hay un juego de sustitución, violencia y momentos extremadamente incómodos. Pero a diferencia de en Canino, ni por un solo momento me he creído que lo que está sucediendo en pantalla.

Los Alpes reproducen eventos significativos, traiciones, noches especiales y son un reflejo de que una vez perdido algo, es irremplazable. Sobre el papel, funciona: las mejores escenas del film nos muestran a los Alpes en acción, intentando reproducir gestos y matices de los fallecidos a los que sustituyen en algunas escenas de la vida cotidiana con los familiares, quienes experimentan ciertos cambios a nivel personal tras su contacto con estos personajes, a pesar de que son actores muy malos. El problema es que estos cambios oscilan entre “deprimente”, “triste”, “melancólico” o directamente cruel.  No es precisamente el mejor estado en el que puede permanecer un film. El humor negro que emplea de vez en cuando no sirve de agradecido contraste, sino que te machaca aún más. Se hace repetitivo. Lanthimos prefiere que te deleites con el desarrollo de estas falsas escenas en lugar de refocilarse los originales y fascinantes sentimientos que las recorren por dentro. Prefiere ser consciente de sí mismo y de lo chulo que es. A cambio sacrifica pegada emocional, y pierde por ello.

Además, el film posee una inusual carga de violencia y sadismo que no termino de entender muy bien y que me encantaría que me explicara alguien. Cabría pensar que los Alpes son un grupo de personas que han emprendido esta idea, primero para extraer un beneficio económico, pero después para tener la oportunidad de sacar algo en claro como individuos. En manos de Lanthimos, no obstante, son un puñado de gilipollas y rancios, divididos en sumisas (las chicas) y los matones (el entrenador y el amigo Mont Blanc). Se les describe como retrasados emocionales y pésimos actores tanto en el mundo real como en sus respectivas actuaciones para los fallecidos. Cualquier violación del comportamiento del grupo es penalizada con violencia. Yo soy de la opinión de que se trata de una excusa barata: se comportan así simplemente para que Lanthimos te justifique que uno de ellos termine decidiendo escapar y no porque necesariamente descubre algo mejor en una de las vidas que interpreta. Forzado de cojones.

Lanthimos ni siquiera tiene la oportunidad de mostrar su mejor versión. La gran fuerza de Canino residía en la elegancia con la que se enfrentaba a sus  problemas, a todas las cuestiones que atentaban contra la idea general del film –¿Y si alguien descubre lo que pasa en esa casa? ¿Y si los niños se escapan?– y el resultado era original, y sobre todo, riguroso. Y ahí residía el inmenso mérito de la película. Alps, no obstante, te pide que des una inmensa cantidad de cosas por sentado. Durante tres cuartas partes del film, la historia discurre sin oposición alguna. Nadie planta cara a estos pirados, ningún familiar reacciona sorprendido ante sus propuestas, ninguno de ellos se enfrenta al líder. No hay un solo resquicio. Más que controlar, Lanthimos tiraniza la película, y ni de coña el universo que nos plantea aquí es tan fascinante, rico o complejo como para funcionar durante tanto tiempo sin pedir que aparezca urgentemente un verdadero conflicto que nos distraiga. Para cuando llega, el metraje casi ha llegado a su fin, su resolución es casi arbitraria de puro increíble, y depende de personajes con los que no me he implicado en lo más mínimo.

Es La Casa de Bernarda Alba otra vez, la misma plantilla de su debut aplicada a una historia que, en esta ocasión, ya no va concretamente de reglas, ni de inteligentes vueltas de tuerca al relato, ni de descripción de ambientes. Los actores podrían haber sido un aliciente, pero están tan absolutamente dogmatizados por el director que carecen del más mínimo margen de maniobra, y quedan anulados por completo para convertirse en una parte más del mecanismo. Aquí no funciona: Alps está fundamentalmente estructurada en torno a emociones humanas como el dolor, la pérdida, la desolación y las falsas esperanzas, pero también a la compasión y a la ternura y a los amores perdidos. Son conceptos que requieren un tono emocional variado, rico en matices y esto no es incompatible con una mirada distanciada. Lanthimos se mete en un terreno completamente diferente en su nueva película, una que habría necesitado de él mucho más corazón –y cierta brújula moral, por desnortada que fuera– del que ha exhibido hasta el momento.


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  • Anónimo

     Efectivamente, es una clarísima referencia al único e inigualable detective rockandrolero…ahí lo llevas, uuooooouuuuh !!

  • http://twitter.com/Xanti82 Xanti Sarabia

    Pues a mi me ha gustado. Fijate que igual hasta mas que Canino

  • Anónimo

    Esto… ¿Se me va la olla o el subtitulo de la critica es una referencia a “Las Aventuras de Ford Fairlane”?

  • Anónimo

    esta por la mala distribucion tampoco pasara por jaen… que pena, merece la pena el que la haya visto

  • http://www.facebook.com/people/Antonio-Jarreta-Blasco/100001692218005 Antonio Jarreta Blasco

    Canino me parece el mayor timo del cine europeo en años, un Michael Haneke/ Robert Bresson wannabe que no dice nada que no pueda imaginarse alguien con dos dedos de frente que haya pasado cinco minutos en la influencia de la familia y lo que te dicen tus padres de crío (lo que los sociólogos llaman “proceso de socialización primario) y que trata de ser una indie muy seria y circunspecta, y una de humor negro nuy cachonda al mismo tiempo, con lo que no acaba siendo ni una ni otra, sino un pedazo de FAIL con mayúsculas. Parece ser que ALPS es exactamente lo mismo que prometía tanto el trailer como la trayectoría de Lanthimos, confirmándolo como un bluff gafapastoide más de los de a duro la docena. Pues que le den. La va a ver su tía.