Reportajes

HARAM (“PROHIBIDO”)

Si alguno o alguna cree que Afganistán es una cinematografía emergente, este es el post equivocado. El pasado 10 de noviembre de 2011, la Unión Europea decidió autocensurar un documental costeado y producido por sus propias instituciones sobre los abusos perpetrados contra las mujeres afganas encerradas en prisión por “crímenes morales”. La decisión fue adoptada por temor a que las participantes de la pieza fueran objeto de represalias, en particular la protagonista del documental, Gulnaz, una joven prisionera de 19 años encerrada en prisión tras ser violada. Su hija recién nacida, fruto de la violación, cumple condena con ella.

“Sería reconfortante pensar que las historias que se describían en este film representaban aberraciones o casos extremos”, explica Heather Barr, de la ONG pro Derechos Humanos, Human Rights Watch. “Por desgracia, esta afirmación no puede estar más lejos de la verdad”.

Está el caso de Sonia Nassery Cole, realizadora afgana expatriada. En 2010 se encontraba en su país natal preparando un film abiertamente crítico contra los talibán. Dos semanas antes del incio del rodaje, un grupo de milicianos rodearon el domicilio de la actriz protagonista y le amputaron los pies.

La International Film Guide describía a Afganistán en 1983 como un país “en el que se producían tantas películas como revoluciones”. Ahora ya no. La afgana reúne todas las características que distinguen a una cinematografía subdesarrollada: nulo respaldo institucional, carencia absoluta de medios de distribución o exhibición, un modelo de película de coste nulo, doméstica, con vistas a su venta a ridícula escala en formato DVD a un precio irrisorio, un mercado monopolizado por la cinematografía extranjera –India y Pakistán en este caso–, y un entorno ideológico radicalmente contrario a la creación cultural, que impone, como sucede en otros tantos países, penas y sanciones a cualquier producción de este tipo. Lo que la distingue es el castigo.

ESPÍRITU DE CONTRADICCIÓN

El primer problema es el dinero. El Gobierno afgano “no solo ha ignorado por completo el cine, sino el arte en general”, explica el director del Festival de Cine de Kabul, Malek Shafi’i. “Por desgracia, como resultado del dominio de la perspectiva del fundamentalismo islámico en las instituciones, todavía hay una oposición extrema hacia el cine, la fotografía y la música, bajo el nombre de la democracia”.

Ni siquiera existe un consenso entre los directores afganos. “Los cineastas más conservadores aceptan este fundamentalismo, y los que quieren tomar cartas en el asunto ni tienen las facilidades ni tienen la capacidad”, apunta Shafi’i.

La afgana es una economía en guerra. El país está ocupado por una fuerza internacional. Los núcleos culturales del país son inexistentes. El apoyo institucional depende directamente del Ministerio de Información y Cultura que dirige el escritor persa Sayed Majdoom Raheen, uno de los primeros abanderados de la libertad de Expresión en la república islámica –fue director de Free Kabul Radio durante la invasión soviética–. Las pocas veces que su nombre sale a la atención internacional es para desmentir presiones del Gobierno iraní que terminaron saboteando el estreno del polémico film Madrasa, de Asad Siskandar, en Kabul.

La inversión nacional privada está paralizada por el terror a los secuestros y a los asesinatos, un fenómeno que se ha disparado durante los últimos meses y que las autoridades temen que podría incrementarse aún más conforme se aproxima la fecha de retirada de las tropas estadounidenses en 2014. La Cámara Afgana de Comercio e Industria (CACI), organismo que aglutina a la mayor parte de estos posibles valedores, informa de que 85 de sus miembros han sido secuestrados o ejecutados desde marzo de 2011.

Y la inversión extranjera, en última instancia está sujeta a la contradicción porque supone que tú, como cineasta, vas a aceptar dinero del país que te está ocupando, simbolizado en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, la ISAF, que es la misión de la OTAN en el país centroasiático. Es una paradoja. Los cineastas intentan conciliar que gracias a la presencia internacional pueden hacer películas, indica Alí Karimi, periodista cinematográfico afgano. No obstante, temen que su deseo de representar a estos soldados como seres humanos pueda ser interpretado como una reacción crítica contra la presencia internacional. Como apunta un cineasta a la Afghanistan Analysis Network, “los donantes extranjeros no están interesados en que les critiquemos. ¿Por qué deberían los extranjeros financiarnos algo que no redunda en su beneficio?”.

PROFESIONALES CONTRA EL TERROR Y AYUDA ESPAÑOLA

Los talibán han declarado “haram” al cine: una actividad prohibida.  Said Rahim Saidi es uno de los pocos realizadores afganos que han decidido no formar parte de la diáspora de realizadores, bajo la amenaza constante del extremismo. Su film Tears of Blood, que describe la vida de jóvenes heroinómanos –Afganistán produce más del 90 por ciento de la heroína que se consume en el mundo, un aspecto que ha dado pie a multitud de interesantes conspiranoias sobre los verdaderos motivos del conflicto–, fue rodado bajo la amenaza de los talibán y de los señores de la guerra. La cámara estaba ocultaba debajo de un burka. “Cada vez que los talibán venían, nos dispersábamos. Ocultábamos la cámara en un baúl y fingía que era un limpiabotas”, explica el actor Basir Mujahed.

La estrella de cine más importante del país, Salil Shaheen también ha experimentado de primera mano los efectos de los combates: perdió a ocho miembreos de su equipo en 1993 cuando un cohete impactó contra una de sus localizaciones. El actor cree que el atentado fue deliberado. “He pagado las 107 películas que he hecho con la sangre y las vidas de mi equipo. Seguiré haciendo películas en su nombre. Nunca dejaré de rodar”, asegura el actor en la web Kabul At Work, donde se pueden ver algunas de sus obras.

Al margen de su campaña de asesinatos, mutilaciones y en términos generales, porque para qué exagerar, terror homicida contra los artistas afganos, los talibán y sus simpatizantes han centrado parte de sus esfuerzos en destruir el archivo cinematográfico de Kabul, lo que han intentado sin éxito hasta en dos ocasiones en los últimos diez años.

La Filmoteca de Kabul contiene cerca de 6,000 latas de celuloide con las únicas copias disponibles de clásicos de su cine, documentales y rollos de noticia que datan de la II Guerra Mundial. La primera vez tuvo lugar en 2000, con el Gobierno talibán todavía vigente. Los extremistas intentaron quemar el archivo para convertirlo en un arsenal. Los documentalistas, comenzando por su director, Abdul Latif Ahmadi, “arriesgaron sus vidas ocultando las películas en el techo, en los conductos de aire y en los armarios”, cita el Christian Science Monitor. La segunda vez tuvo lugar casi por accidente, cuando estalló en las inmediaciones un coche bomba, destinado contra las tropas extranjeras.

Se negoció su llegada a España, que dio a conocer las tribulaciones de Ahmadi para salvar el material a través del documental Los Ojos de Ariana, el ex corresponsal y director Ricardo Macián.  El Instituto Valenciano del Audiovisual y la Cinematografía (IVAC), entidad adscrita a la Conselleria de Cultura, impulsó el traslado de las más de 6.000 películas que “se salvaron de la ira de los talibán”.

“La filmoteca afgana, aparte de cintas informativas, ha producido también cine de ficción desde el año 65. En su seno ha podido producir sus películas, sin ir más lejos, Siddiq Barmak (‘Osama’), quien ha llegado a pasearse por Cannes”, afirmó Macián a la extinta Soitu. Osama es posiblemente una de las películas afganas más reconocidas de la última década: la odisea de una madre que disfraza a su hija de chaval para evadir la condena talibán que impide trabajar a las mujeres, y así dar de comer a su familia.

PEQUEÑOS FOCOS AISLADOS

En la capital, Kabul, solo quedan siete cines operativos, reservados para films extranjeros. La mayor parte de la producción cinematográfica nacional tiene lugar en la localidad de Jalalabad, a 150 kilómetros al este. Poco o nada tienen que ver estos productos con films clásicos del país como la primera película nacional, Ishq wa Dosti (Amor y Amistad, 1946), dirigida por Rashid Latif. Cinco años después, India comenzaba su irrupción en el cine afgano, una influencia que ha seguido hasta hoy, y que ha acompañado a décadas como las de los 70 y 80–marcadas por la doble inversión soviética y estadounidense– hasta 1992, el comienzo de la guerra civil en el país, el ascenso de los talibán al poder que terminaría en 2001.

“Actualmente el país logra sacar al año entre 30 y 40 cortometrajes digitales. Los largos de 35mm quedan principalmente reservados a los directores extranjeros o para los afganos repatriados, que se traen a su propio equipo”, indica la excelente historia del cine afgano que nos deja Afghanistan Cultural Profile. Las películas “estilo Bollywood” son las favoritas del Gobierno afgano, que se reserva el derecho de aceptar “films con espíritu crítico” –“ni siquiera se molestan en examinar ese tipo de guiones”, denuncia el director de Osama–.

En Jalalabad (también conocida como Jallywood), las películas más populares pueden vender hasta 10,000 copias en las provincias de habla pashtún, que se envían a otras partes del país e incluso a Pakistán. Dado que no hay cines en la ciudad, los equipos montan cines improvisados en tiendas de campaña. El coste de la entrada es de un dólar y solo hay proyecciones en días festivos.

“Dado que no hay cines, los films se estrenan en CD antes del montaje final, se venden en las tiendas, y no se cubre ni el 5% de lo que costaron, explica el productor Mohamed Asif Bahadori. Prácticamente ninguno de los productores consigue recuperar su inversión, y dada la elevadísima tasa de analfabetismo, los actores tienen enormes problemas para leer los diálogos al vuelo en su propio idioma pashtún. “No saben distinguir entre femenino, masculino, singular o plural. Es una desgracia”, explica el residente Fazel Mowlá. Las actrices vienen de países cercanos como Kazajistán. Está terminantemente prohibido a la mujer afgana que participe en un film, so pena de cárcel, mutilación o muerte.

Existe además el problema de que muchos profesionales se han declarado acérrimos críticos de lo que califican como “comercialización” del cine afgano. Primero, porque “la industria se ha llenado de amateurs”, afirma el actor Qarar Aziz, que denuncia a las “compañías privadas que solo trabajan por el dinero y la fama”. En segundo lugar, porque estos films atentan contra los principios morales de muchos profesionales. “Cuando hago una película”, explica el actor Maroon Maqsoodi, “el film debe presentar la dignidad y el prestigio de Afganistán. No quiero enseñar a jovencitas en vaqueros mientras beben vino”.

CINE FEMENINO

Solo un 12 por ciento de las mujeres afganas sabe leer, así que es inusual encontrarse a directoras de cine que trabajan en el país. Saba Sahar es una de ellas. Es oficial de Policía y comenzó a trabajar para el Ministerio del Interior hace 22 años, a la edad de 14. “Quiero demostrar que las mujeres somos capaces de hacer todo lo que los hombres hacen, y enseñar a los conservadores que encierran a sus hijas en casa que deberían permitir que recibieran una educación, ganaran dinero y ayudaran a reconstruir el país”.

Imagen cortesía de Studio Mueller

Ahora, la directora está preparando una serie de acción policial protagonizada por ella misma titulada Comisaria Amanulá, en la que “una íntegra oficial de Policía se enfrenta contra los tipos malos”, bromea Sahar, quien ha recibido numerosísimas amenazas de muerte. Hace unos años, varias llamadas anónimas la recomendaron “que se despidiera de sus seres queridos porque pronto estaría muerta”. Sahar denunció el caso ante las autoridades, solo para terminar empeorando su situación. “Me volvieron a llamar preguntándome por qué había alertado a las autoridades y amenazaron con asesinarme en público”, recuerda.

Junto a Sahar se encuentran otras pioneras como las hermanas Roya y Alka Sadat, de 28 y 25 años, responsables de la pieza Half-Valued Life . “Mis vecinos no saben que me dedico al cine”, explica Alka a Doniphan Blair, de CinemaSource. “Quizás no quieren saberlo. ¿Mis padres? Al principio no lo aprobaban. Creían que era demasiado peligroso. Se ponen más contentos cuando viajo a festivales de cine en el extranjero, porque no estoy en Afganistán y por lo tanto no estoy en peligro”.

El artículo de The Guardian sobre Sahar, firmado por Jenny Kleeman, contiene las parcas opiniones de un comandante talibán sobre el cine. “Va contra la Sharia (ley islámica)”, afirma tajante. “Debería ser prohibido. Deberían decir a los creadores de estas películas que lo que están haciendo está mal. Y si no paran, les castigaremos de acuerdo con la Sharia”. La ley islámica pena estas actividades con la muerte.

La visita a los talibán acaba con el siguiente párrafo.

“El comandante está relajado, tranquilo y confiado. Tiene toda la razón del mundo para estarlo. Todos aquellos con los que hemos hablado –desde actores a directores pasando por oficiales y policía– están convencidos de que los Talibán volverán a asaltar el poder y que Afganistán volverá al fundamentalismo cuando las tropas extranjeras abandonen el país en 2014. Lo único que necesitan es tener paciencia”.

NOTA: Las tres imágenes iniciales pertenecen a un espléndido fotorreportaje de Ahmad Masood para Time. Altamente recomendado.

  • Anónimo

    gran REPORTAJE… tanto intervenir en guerras inutiles y luego todo sigue igual, cambiar unos dictadores por otros que nos gusten mas, lastima del mundo en el que vivimos

  • GoldenEye21091987

    Lo malo es que como en la mayoría, la religión es medio pretexto para los asquerosos juegos de poder y. como bien señala Rafa, la heroína es factor clave en este caso

  • Grijaldo

    Lo de las mujeres en este pais es terrible,que barbaridad y que pena de verdad,el primer párrafo me ha dejado helado.
    Que cara se les quedará a los salvajes estos cuando palmen y se encuentren frente a Satanás con sus cien pollas?

    De verdad que cuanto atraso y cuanta barbarie por la puta religión,que lástima.

    Y gran artículo faltaría más.

  • Anónimo

    Gran (por lo currado del mismo) y terrorifico (por la realidad que expone) articulo. Lo de esta gente si es amor por el cine y lo demas mierda seca.

  • Rafa Martín

    Bueno, Estados Unidos y Naciones Unidas a día de hoy han manifestado su deseo de establecer un Gobierno democrático en Kabul. Durante los años 80, Estados Unidos financió a los talibán para combatir a la Unión Soviética y reforzar su posición en el centro de Asia.

    El Tribunal Penal Internacional técnicamente puede enjuiciar a los talibán –por ejemplo a su líder, el Mulá Omar– por crímenes de guerra. Afganistán es firmante del estatuto de Roma y miembro del TPI. Pero es un proceso muy lento y reservado hasta el momento a África y los Balcanes, en general.

    La situación en el país más allá de 2014 dependerá en buena medida de cuántas tropas de EEUU se queden allí tras la retirada oficial. El retraso viene porque quieren entrenar a las fuerzas afganas, pero cosas como la de hace unas semanas (policía al servicio de los talibán ataca el ministerio del Interior) da pocas esperanzas, la verdad.

    Masacres como la cometida por el sargento Robert Bales tampoco ayudan. Ni las redadas nocturnas, ni las masivas bajas civiles en bombardeos de la OTAN. Pero EEUU no es firmante del TPI, como tristemente saben familias como la de José Couso.

    El gran problema, el gran, gran problema ha sido el opio, a mi entender.

  • GoldenEye21091987

    A pesar que a veces ni en el exilio están a salvo de sufrir represalias de fanáticos religiosos, a mi me parece lo mas viable. No seria cine 100 % afgano ciertamente, pero las realidades determinadas son ellos, directoras, directores, actrices y actores; la experiencia y la visión de las atrocidades que ahí ocurren la tienen y no creo que necesiten mas tiempo en Afganistan para poder plasmarlo, ademas como artista debes ir donde puedas expresar tu arte. Claro para mi es muy fácil decir esto desde la comodidad de mi sala, pero yo trataría de irme y no mirar atrás. 

  • GoldenEye21091987

    Gran artículo, y al respecto de esto ¿cual es la posición de EE.UU. y de la ONU sobre el regimen taliban? ¿acaso no hay forma limitar el poder de esta gente o de enjuiciarlos por crimenes contra la humanidad?   

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Articulazo!!!

    Yendo al grano, es muy chungo encontrar una solucion viable a corto plazo para una situación tan lamentable como esa. La desprotección es total y aunque hubiese apoyo gubernamental y extranjero a la producción de cine en Afganistan, mientras los talibanes sigan campando a sus anchas, seguirá habiendo una producción de cine paupérrima y coaccionada. La única posibilidad medianamente práctica sería el exilio, pero claro, ya no hablaríamos de una producción de cine afgana 100% y las limitaciones para abordar determinadas realidades serían casi totales.

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