Opinión

LA BABA BLANCA

Como más de una vez he dicho, quiero hacer cine, y como soy algo disperso, reconozco que me gustan palos tan distantes como el guión o el etalonaje. El proceso entero me parece fascinante. Además, ahora que la cosa está más jodida que Nicolas Cage en el concurso de Pelo Pantene, tampoco me atrevo a orientar mis esfuerzos en una única vía. Pero como uno tiene que comer, mientras voy haciendo cosas en una y otra dirección, mi trabajo actual se centra en grabar, entre otras cosas, entrevistas y eventos, situaciones en las que la gente habla, en ocasiones con una extraordinara habilidad para meter al público en un trance más profundo que el de un cani escuchando su himno.

Cuando una persona habla mucho rato seguido pueden pasar dos cosas, que para colmo de males, no son incompatibles. La primera es que aburra. Que aburra hasta el punto de que se vea a gente dar cabezadas entre el público con la clásica postura de cruzar los brazos e intentar mirarse la espalda a través del pecho. La segunda es que se le seque la boca, lo que a su vez tiene otras dos consecuencias, trabarse más al hablar porque cuesta vocalizar, y empezar a segregar una baba blanca que no resulta nada elegante por muy peripuestos que vayan los parlantes.

Cuando edito los vídeos, si la persona se alarga mucho y aburre, corto y hago una pieza más breve y la cosa queda medianamente bien. Si el señor o señora en cuestión empiezan a segregar, mal asunto. Casi siempre coincide con esa anécdota supergraciosa que triunfa en todas sus reuniones sociales o con el clímax del discurso, el apoteosis final que, como es lógico, tiene lugar cuando el tiparrel lleva 20 minutos rajando y la boca está más seca que la los huevos de un quinceañero un domingo por la tarde.

La pasta que puede llegar a formarse asustaría incluso a Sasha Grey. Tenemos la versión guacheras que los fans de La Hora Chanante conocerán de sobra gracias al personaje de Bocasecaman. Dos comisuras adornadas con una mus de saliva blanca como la leche. De crío, en el pueblo, conocí la versión crocanti que consistía en eriquecer estas deliciosas comisuras con pipas masticadas. Ferrán Adría aún no ha inventado algo tan refinado.

Sin embargo la versión que más distrae en un vídeo es la del pegotillo. Un mondonguete blanco, como un moco, que se posa en el labio inferior y que, incluso cuando el speechman es consciente de su existencia (cosa que ocurre muy pocas veces) y lo elimina con un ágil golpe de lengua, insiste en volver al labio como un triunfito saludando a sus fans. Es el momento en el que el pegote y su progenitor empiezan a compartir protagonismo de forma peligrosa. Porque el pegote, una vez posado en el labio inferior, comienza su auténtica actuación. Mientras las palabras del orador brotan por la boca, a la primera interlabial que sale por ella, el pegote engancha con el labio superior y comienza ha hacer una sesión de estiramientos sólo comparables en horror a las que Leticia Sabater nos regalaba mientras tomábamos el colacao. Es como ver a los chinos del circo del sol actuando en Altamira.

Llegados a este punto ¿qué pollas hago para arreglar el vídeo? Alguno dirá que lo suyo hubiera sido grabar en un plano abierto. Ok, pero se ve… ¡SE VE! Y queda muy raro hacer un plano general en el que se vean más las cabezas del público que a la persona que está soltando el gran discurso de su carrera. Así que uno puede abrir hasta cierto punto, y las cámaras en HD sacan detalle de todo. Así que sólo queda la opción de meter tijera o, si tienes la suerte de haber tenido un compañero grabando a otra gente (la que se aburre y se duerme), puedes empezar a meter insertos a discreción. Pero el resultado no mola, el cliente quiere ver al orador hablando, pero no quiere ver a su saliva danzando, quiere, y esto es una constante en el mundo audiovisual, QUE LO ARREGLES. En definitiva, quiere un imposible. Quiere que una persona que babeaba como un oso en celo quede más sobrio que Camilo José Cela recibiendo el Nobel de Literatura… pero Cela absorbía palanganas de agua por su ano, la gente no es perfecta. Que se lo pregunten a Hugh Jackman.

La solución real, como en muchos males de la vida, hubiese pasado por la prevención, que consiste en algo tan sencillo como tener una botella de agua a mano. Así que todo esto se resume en que toda persona que deba hablar más de dos minutos ante un público, y sobre todo, una cámara, tenga siempre un poco de AGÜITA.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • 1_21gigovatios

    Decidido. Hasta que no quiteis la foto de la baba no vuelvo a entrar. Ea

  • Grijaldo

    Calla macho que es que no lo había terminado de ver jajajajaja!!!!

    Que puto amo!!! Un +100 no,un +1000 joder,que cosas me descubrís madre mia jejeje….

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    A mí casi me triunfa más el del rapero en plan matón de mierda. Lo que está claro es que este tipo es un genio.

  • Grijaldo

    Jajajajajajaja!!!! Que guapo el del gótico jejeje….que crack. +100 Javi.

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