Reportajes

EL PRINCIPIO DE LA BESTIA

20th Century Fox estrenó Depredador el EEUU el 12 de junio de 1987. Tres meses Warner Bros. había estrenado Arma Letal. Un año antes, la Fox había presentado Aliens, de James Cameron. El terreno estaba abonado. 1987 es el año en el que comienza la consolidación definitiva del “género de acción ochentero” que llegaría a la apoteosis un año después, con Jungla de Cristal, film que termina de disolver el término en una mezcla de western, cine de catástrofes y thriller psicológico.

Y la situación hasta ese 12 de junio de hace 25 años es esquiva: algo va a pasar, pero nadie sabe qué. Hollywood lleva meses estrenando aventuras bélicas sin complejos –Rambo II, ver las míticas Chucknorradas de la Cannon, con Desaparecido en Combate– y flirteando con el cine de ciencia ficción de gran presupuesto, porque Aliens había demostrado categóricamente, como ya lo hiciera a principios de esa década En Busca del Arca Perdida, que se podía hacer “serie B” con dinero de “serie A”. Y en el plano meramente tonal, films como 48 horas, de Walter Hill, habían confirmado, para despejar las dudas, que puedes ser brutal, inteligente y entretenido al mismo tiempo. El terreno estaba abonado.

Talento sobraba: al fin y al cabo, al menos un maestro en plenitud de facultades (Cameron) se había atrevido a rescatar todos estos planteamientos simultáneamente en Aliens y Terminator. Pero faltaba algo: un genio, un fuera de serie, un bicho raro de estos que aparecen en el cine cada dos o tres décadas, para terminar de determinar que “el género de acción es ESTO y no otra cosa”, para convertir esta clase de pelis en una entelequia, en la moda, en el modelo a seguir según sus propios términos.

Depredador tuvo dos.

LA PELÍCULA DE ARNOLD

Depredador termina de pulir la figura icónica de Arnold Schwarzenegger y le rescata del limbo de la autoparodia en la que había caído peligrosamente durante los dos últimos años. En el plazo que transcurre desde Terminator (1984) a Depredador, Chuache protagoniza Conan el Destructor, Red Sonja, la descojonante Commando y remata con uno de los puntos más bajos de su filmografía: Ejecutor, de John Irvin. Schwarzenegger insiste contra viento y marea en protagonizar personajes “humanos” pero no es hasta que llega Depredador que aparece el contexto oportuno: un film al que no le falta una chispa de humor pero siempre en sus propios términos. Una fantasía un poco más adulta que las que nos tiene acostumbrados hasta el momento, violenta, oscura, tétrica y brutal.

Es aquí donde vemos la gran jugada del austríaco, que por primera vez juega con su vulnerabilidad. El momento exacto lo marcan los últimos 20 minutos del film, con Chuache huyendo por su vida como una perra, casi a merced de un enemigo superior, mientras echa mano de su inteligencia y de su astucia para mantenerse con vida un solo minuto más.

Si en Aliens Weaver se convierte en Chuache, en Depredador Chuache se convierte en la Ripley del 79. Y cualquier otra superestrella de Hollywood que vea el film comprende que la única forma de consolidar un mito pasa por bajarlo un escalón, y volver a subirlo victorioso: al final del film, Schwarzennegger sobrevive a la explosión de una jodida bomba atómica. Pero la mirada que nos dedica nos revela lo que le ha costado, y lo que ha perdido en el camino. Al fin y al cabo solo es… bien… todo lo humano que puede ser un individuo con los bíceps del tamaño de un buey. Willis, un actor con menor presencia física, terminaría de clavar ese concepto un año después en Jungla de Cristal. Chuache, el Humano. Y a partir de ahora, a solo dos años de su verdadera época dorada (1990-1991), volverá a serlo.

LA PELÍCULA DE MCTIERNAN

John McTiernan es el único director del cine de acción con una sintaxis instantáneamente reconocible –no voy a hablar de él en el contexto de “la historia del cine”, pero no hay muchos, os lo garantizo–. En los albores de esta página que es la vuestra os comentaba la enorme influencia que el cine europeo ejerció en su estilo, y en Depredador introduce una serie de características inauditas en el género de la acción hasta el momento; una mezcla de habilidades que, combinadas, dan lugar a un estilo increíblemente personal que nunca se ha intentado replicar por la riqueza de sus matices.

Todo importa

John McTiernan se caracteriza por dar un carácter visual distintivo a cada escena, sin perder capacidad narrativa. El margen de maniobra es muy estrecho: cualquier movimiento en falso y percibiríamos que existe la figura de un director moviendo la cámara, lo que nos sacaría del film. Las herramientas del director son muy sutiles. En este ejemplo, vemos cómo gracias a sus movimientos y a la música, convierte una escena que en otras manos sería meramente de transición (un grupo de soldados avanzando por la selva), en una vistosa combinación: primer plano, foco a movimiento horizontal de steadicam que nos presenta a los personajes en plano lejano y terminando con un contrapicado a cuerpo entero de nuestro protagonista, con la jungla amenazadora encima suyo, dominando los espacios y rompiendo algunas de las frágiles reglas impuestas por el libro de estilo de la productora.

Ya en faena, McTiernan no solo domina la esteadicaaan, sino que recurre en momentos puntuales a la dolly para dar continuidad y fluidez, como el movimiento de 180º que nos ocupa en este ejemplo. Es un director que, cuando conviene, prescinde de las tijeras y recurre a la fuerza del plano secuencia para como instrumento de tensión. Bonus por combinar imposiblemente a los dos personajes dentro del encuadre, al final del movimiento.

El plano forzado

En Depredador, es rara la vez nos encontramos con un plano a la altura de los ojos y, en determinados momentos, su director no duda en forzar la posición de la cámara para introducir en la imagen todos los elementos importantes, por muy difíciles que sean de encajar. Véase este ejemplo de la secuencia en la que el pelotón aborda el helicóptero, y que termina con Poncho “compuesto” entre el morro del helicóptero, y los asientos de los pilotos. La posición de la cámara elude que veamos de primera mano su triste final, y preludio de la avalancha de vísceras (yuju!) que se nos viene encima.

La paciencia

McTiernan domina la pausa en momentos como el del desafío de Chuache a la criatura, en el que el director deliberadamente mantiene el plano de nuestro protagonista mientras se camufla con barro, y dejando que la música y el momento adquieran su protagonismo. Aquí es cuando Depredador adquiere su aliento mítico: a través de un ejercicio de paciencia, tensión –ese plano de la luna– y clímax (una sucesión de planos estáticos desde el mismo eje horizontal, pero cada vez más lejanos, “unidos” por el grito de Chuache). Son secuencias muy clásicas que no obstante conviven con nuevos modelos narrativos…

La velocidad

…como el que tenemos a continuación. El mencionado libro de estilo de la 20th Century Fox exige que el plano se corte cuando finaliza una determinada acción. Facilita la labor de postproducción en la sala de montaje, pero a nivel narrativo resulta contraproducente para la fluidez de la película. McTiernan da una patada en la boca a este conjunto de normas con escenas como esta, cuya edición fragmentada, en la que se combinan la cámara lenta, los planos POV y detalles fugaces del entorno, logran trasladar la violencia y la confusión del momento.

Los silencios

Un remanente de la educación europea de McTiernan consiste en potenciar los silencios y las miradas de los personajes a través de planos medios. En el caso que nos ocupa, a la posición de la cámara cabe añadir el potente uso del rojo como color predominante y, sobre todo, la presencia en segundo plano de Mac y Poncho, testigos impávidos del duelo de “a ver quién la tiene más gorda y venosa” entre Blaine y Dillon. De este pequeño detalle, vamos a mi característica favorita de este director.

La profundidad

En el cine de McTiernan hay cosas importantes que aparecen desenfocadas. Así, porque le sale de las narices. Pongamos como ejemplo el monólogo de Ana sobre la naturaleza de la bestia. Chuache está al fondo. Le enfocas, ¿no? Porque es Chuache. Es tu estrella. Tiene que salir. Pues no. La escena pertenece a Ana y Chuache es un mero interlocutor silencioso. Y sin mover el plano, y sin cambiar foco, y con un leve golpe de música, Arnold gira la cabeza y descubrimos que el desenfoque en el que se encuentra es una especie de contraplano. Le vemos mirar aturdido a Ana, sin que nunca, ni por un solo instante, hayamos perdido nuestra concentración en la chica. Todo, de nuevo, importa.

LA PELÍCULA DEL BICHO

La película del bicho es la que queda fuera de estos dos animales del cine. Es la película de Jim y John Thomas, quienes estructuran la película en torno al engaño. Este ardid es el indicador de que el género de acción está creciendo, y es capaz de romper sus propias reglas: el film salta sin solución de continuidad desde el género bélico al thriller fantástico a la aventura mítica de supervivencia sin perder ni un solo momento a la audiencia, repartiendo pistas, concediendo importancia progresiva a las tramas –el rescate de los “civiles” fracasa convenientemente conforme el Depredador adquiere protagonismo– y eliminando sin prisas a los integrantes del equipo. Los Thomas ya anticipan la carga mítica del film en monólogos como el que Mac dedica a su amigo a la luz de la luna, pero esconde sus cartas más brutales hasta el último y definitivo acto.

Pero Depredador también es la película de Stan Winston y de su formidable monstruo. A la multitud de anécdotas de su desarrollo (cómo Van Damme iba a ser el hombre debajo del muñeco, cómo James Cameron puso su granito de arena en la creación del rostro del alienígena –las mandíbulas fueron idea suya–), se tienen que añadir un par de características marcadas que han convertido a esta figura en un icono de la ciencia ficción. Lejos de ser una “máquina elemental de matar” como el Alien, el Depredador posee cualidades claramente humanas que le aproximan a la figura de un samurái: nunca te matará si estás desarmado, preferirá morir antes que ser capturado con vida, y ante una presa capaz, preferirá emplearse cuerpo a cuerpo, sin sus extraordinarios artificios tecnológicos. Es un machote, vamos, y un soberano badass, pero se trata de una construcción con la que simpatizamos en algún modo, y el hecho de que las secuelas han intentado convertir a este bicho, más que en un enemigo, en un aliado, demuestra las posibilidades que ofrece.

“UNA AUTÉNTICA BELLEZA”

Tras Aliens, Depredador supuso otro éxito de la 20th Century Fox, y con el mismo resultado que su predecesora: la aparición de un talento de envergadura para el género de la acción a gran escala, en el caso de su director. Y la consolidación de su protagonista como icono del género para los próximos años, dejando atrás el ligero bache de films menores que antecedieron a esta gozada de película. Es tentador recordar el film únicamente por sus extraordinarios 20 minutos finales, pero eso supondría que nos olvidáramos de la inteligencia con la que conduce al espectador por sus derroteros. Es una de guerra, es una con bicho y es una odisea del guerrero, pero sobre todo es un exponente de un género que estaba a punto de conocer su esplendor, que ya no se encontraba constreñido por ningún tipo de reglas, y que con este film se encontraría ante el “Revolver” de su corta pero espectacular existencia. Un año después, misma productora, mismo director, llegaría el “Sgt. Pepper”. De momento, a disfrutar esta gosada de peli.

  • GoldenEye21091987

    Los murcielagos, el interrogatorio a Kass, todo el look de Gordon.

  • Leto83

     Una gozada, ya digo, me lo pasé como un auténtico niño.

  • http://snoweasel.tumblr.com/ Corgan

     Tiene sus momentos, pero es mala mala.

  • Felix Sotomayor

    Joder Leto, el mismo revisionado trilógico que he hecho yo este fin de semana!!!!

    Y hablando de cine ochentero, el otro día me casqué en la tele  la de “Jacuzzi al pasado”, que es bastante malita, pero no pude evitar partirme el culo con el monitor flipao y su colega: “Joder Billy, ¿otra vez viendo Amanecer Rojo?

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