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TRASCENDIENDO LOS LIMITES DEL CINE EN EL SIGLO XXI

Por Borja Crespo.

Escrita por: Colaborador | 7 julio | 10:00 AM


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Vivimos en un mundo multipantalla. El medio audiovisual no se limita únicamente a la televisión y el cine. La irrupción sin límites de internet y el auge imparable de los teléfonos móviles han cambiado las reglas del juego. Acorde a los nuevos tiempos, el lenguaje audiovisual evoluciona según las exigencias del público, se adapta a nuevos soportes, aparecen formatos innovadores y surgen maneras diferentes de narrar en imágenes. Los avances tecnológicos han puesto al alcance de la mano a muchos usuarios la posibilidad de contar sus historias sin la necesidad de grandes medios. Podemos disponer de un equipo completo de grabación y edición en nuestra propia casa. Incluso en nuestro bolsillo. Estamos en la era digital.

El cine y la televisión van juntos de la mano, pero su fusión con otras disciplinas, la fertilización cruzada, no ha hecho más que empezar. Las sinergias son (casi) obligatorias y la narración transmedia está al orden del día. Desde el momento en el que grabamos una situación, con una cámara cualquiera de las muchas disponibles, y podemos reproducirla en distintos dispositivos, al pasar el video al formato oportuno –teléfonos móviles, PDAs, ordenadores portátiles, pantallas de televisión, etc.-, los elementos de la narración tienen la capacidad de difundirse a través de diversos canales. La distribución de nuestras imágenes, con orden y concierto, pueden dar lugar a una experiencia audiovisual única, convenientemente orquestada. Esta opción ha aumentado nuestras posibilidades de comunicarnos. Ha cambiado nuestra manera de transmitir, de pensar, de percibir, de contar, de escribir, de rodar…

ROMPIENDO BARRERAS

Podemos emplear muchas opciones a la hora de inventar historias, elaborarlas y difundirlas a través de diferentes plataformas, lo que antes se llamaba multimedia, ahora elevado al cubo (atrás queda la torpeza de las revistas en papel acompañadas de un CD ROM). Las últimas generaciones, alimentadas con el cambio del sistema analógico al digital, han crecido expresándose a través del medio audiovisual de una forma natural (hablan y se registran con la cámara web, por ejemplo). Grabar un video y mezclarlo está al alcance de cualquiera con un mínimo de solvencia. Estas nuevas formas de narración responden a la evolución del público, a una necesidad de contar historias, de transmitir sensaciones, contestando a la demanda, con o sin olfato comercial (importante, no obstante, reconocer que hay expresiones minoritarias con una comunidad muy fiel). La obra no se limita, por tanto, a su estreno en salas. El cine salta de la gran pantalla a las pequeñas ventanas. El concepto de target se expande. Estamos ante el espectador multitarea que, además de ver, puede participar. En definitiva, crear y desarrollar.

La actual cultura popular está ligada a las redes sociales, imposible no ir de la mano. Cuando se emplean múltiples plataformas en un único universo narrativo estamos hablando de transmedia. Así, cuando aprovechamos un video capturado de YouTube y lo doblamos con una voz en off, o lo subtitulamos buscando parodiar la pieza original, estamos creando una nueva obra, remezclando el material de partida para dar lugar a una ficción renovada que, a su vez, podemos colgar en nuestro propio canal de internet para su libre difusión. Podemos añadirle música, planos inéditos, grabarnos frente al espejo con la cámara de fotos digital y hacer una presentación previa de la propuesta a modo de prólogo. Después, otros usuarios de la red pueden descargarse nuestro video y hacer lo propio en una cadena infinita. A nuestra disposición un más que campo abonado para expresarnos en el terreno del videoarte, por ejemplo, sin salir de casa.

GENERACION TRANSMEDIA

La generación transmedia es, generalmente, autodidacta. Maneja el ordenador como si fuera un lápiz. Las posibilidades de expresión del medio audiovisual se multiplican cada día, sustituyendo al texto. Son evidentes las ventajas que presenta Internet como soporte para el consumo de contenidos audiovisuales. Facilita la distribución, rompe las barreras geográficas, abarata los costes de producción (al igual que la nueva tecnología en cámaras e informática), permite la especialización y, sobre todo, su uso es bastante sencillo para el individuo. El sujeto pasa a ser un agente activo que puede elegir lo que quiere ver, incluso modificarlo, o aportar ideas (desde su opinión en los comentarios de un blog sobre determinado video a la aventura del remake, el remix, la respuesta filmada…). Se acaba la idea tradicional de parrilla televisiva. Cambia el concepto radicalmente. El espectador selecciona aquello que le interesa y dónde quiere verlo: ordenador, televisión, móvil…

El cine del siglo XXI traspasa fronteras, en todos los sentidos, y no puede evitar, en su vertiente más comercial, aprovechar el tirón de una campaña transmedia. Por ejemplo, la taquillera adaptación cinematográfica de “Los Vengadores” llegó a la cartelera precedida de una fuerte campaña de marketing, apoyada en los propios tebeos, el principio de todo, videojuegos, merchandising y, sobre todo, en las anteriores películas que presentaban, poco a poco e individualmente, a los miembros del popular grupo de superhumanos. Se convirtió en un divertido pasatiempo esperar al final de los créditos de los lanzamientos de superhéroes made in Marvel para contemplar una escena extra, una suerte de secuencia bonus, que lanzaba un guiño a los seguidores del cómic y promocionaba, de paso, la siguiente cinta del lote aventurero que llegaba meses más tarde a las salas. Un huevo de pascua, un easter egg, que puede funcionar como video viral para los internautas, ávidos consumidores de este tipo de publicidad con vida propia. Las franquicias buscan una audiencia global, se cuelan por cualquier resquicio donde pueden encontrar beneficio. El corporativismo manda.

NUEVOS FORMATOS

Los spots virales se han convertido en una excelente manera de promocionar un evento, producto o marca, con imaginación, manejando presupuestos modestos, sin excesos –a veces es un eufemismo de anuncio barato-, máxime en los tiempos que corren. Con una buena campaña de marketing en los medios, algunos de estos videos han conseguido excelentes resultados, como en su día la sonada campaña de “Yo amo a Laura”, de MTV, o la película “Cloverfield (Monstruoso)”, cuyo teaser –otro concepto novedoso ya extendido- arrasó en internet. Piezas convertidas en fenómenos de masa, que se extienden a través de la red y saltan a los grandes medios. Queda claro que el vídeo, forma de comunicación masiva, goza de una audiencia potencial excepcional. El lenguaje audiovisual es universal. Es lógica, por tanto, la aparición de nuevos géneros acorde a la expansión de las herramientas que sirven para crear y difundir contenidos por diferentes canales. El ser humano, es oportuno repetirlo, ya no es sólo consumidor, también realiza las imágenes que nos rodean. Esta revolución responde a la necesidad del ser humano de crear como forma de comunicación social, con la diversión como principal motivación, por encima de los impulsos creativos o comerciales, a diferencia de lo que ocurre en el sector profesional. A su vez, la idea de producción finiquitada se desvanece. Una vez disponible en la red toda pieza es susceptible de ser modificada a través del tiempo, con o sin permiso de los autores originarios. Puede vivir una evolución constante. No termina.

Imagen de previsualización de YouTube

El terreno del videoclip musical se ha visto enriquecido por los cambios mentados. Al margen de la mayor facilidad a la hora de contar con medios para la realización de trabajos atendiendo al lenguaje abierto de este formato, el público potencial de este tipo de obras audiovisuales, un género en sí mismo, ha aumentado gracias a iniciativas imparables como YouTube, agente de difusión indispensable, además de surgir nuevas motivaciones para el usuario, como la creación de clips no oficiales, piezas tributo a artistas con pegada o remontajes –remixes- de canciones elegidas a conciencia, ilustradas con imágenes capturadas aquí y allá. Bootlegs, mash ups a golpe de video. El auge de los visuales, los VJs, capaces de generar propuestas a partir del reciclaje de obra propia o ajena, fusionando material dispar atendiendo al ritmo de la banda sonora, debe tenerse igualmente en cuenta en esta onda. Cabe citar el ejemplo de un clip que aprovecha bien el carácter transmedia. En “Pork and Beans”, de Weezer, el grupo emplea como protagonistas de la acción a un puñado de personajes delirantes, popularizados gracias al impacto de internet (sus intervenciones catódicas tienen millones de visitas debido a su llamativa absurdez). Metalenguaje cibernético. La propia pieza se difunde en la red y aprovecha sus mecanismos desde su contenido. El marketing implícito en la creatividad. Indisoluble.

Imagen de previsualización de YouTube

Siguiendo la estela de las ventajas de la red, el crowdfunding lleva, en realidad, tiempo existiendo, pero se ha puesto nombre a la búsqueda de mecenas para una determinada obra a través de la red. Los internautas pueden aportar su grano de arena a la producción de un corto, un documental, la grabación de un disco o lo que uno pueda imaginar atendiendo a la petición de los responsables de la iniciativa sin moverse de casa, por cauces donde reina la espontaneidad. El anuncio del proyecto, la búsqueda de su financiación, funciona a su vez como promoción del mismo. Se crean teasers o trailers para vender la idea a posibles interesados, sea una obra audiovisual o no. Esta opción de exploración de recursos es ideal para afrontar desde el punto de vista económico algunos formatos como el documental.

Ciertos géneros se han beneficiado enormemente de la revolución digital en muchos aspectos, forma y fondo. En el cine del siglo XXI los “mockumentary”, léase falso documental –imita los códigos del género con otros objetivos-, o en la misma línea el “found footage” –crear una ficción a partir de metraje supuestamente real encontrado-, viven una época dorada. “Blair Witch Project”, cinta en la cual unos excursionistas de medio pelo se marcaban un pic-nic en medio de un oscuro bosque, según narraba una sucesión de secuencias grabadas con una videocámara (vendidas como auténticas), asentó un precedente y confirmó que el futuro de la promoción estaba en internet. La rompedora película revolucionó el cine de terror al acercarlo más al espectador, echando mano de una estética, ahora extendida, de imágenes filmadas cámara en mano, sin postproducción ni artificios, supuestamente testimoniales, que enfatizan su condición de “encontradas al azar”, en busca del realismo… Franquicias como “Rec” o “Paranormal Activity”, uno de los últimos fenómenos inesperados de la taquilla norteamericana, le deben mucho a esta cult movie, aunque bastantes años antes la escalofriante “Holocausto caníbal” ya había dado un toque de atención al respecto utilizando armas similares para acongojar al público en las salas, aunque le faltó la ayuda del poder mediático de internet. Son muchos los títulos que actualmente van en esta onda, como “Distrito 9”, filme que mezcla varios lenguajes, el cinematográfico de toda la vida y el falso documental, o la más reciente “Chronicle”, con el cómic como inspiración. Dos ejemplos más de un nuevo cine que busca la identificación del espectador con imágenes aparentemente rodadas en video que han podido ser tomadas por el vecino, a la vuelta de la esquina, las mismas que proliferan en YouTube un día sí y otro también y acaparan la atención de las noticias en los telediarios. Algunas series de televisión, como “The Office”, también se han beneficiado de este look que aporta verosimilitud y veracidad a situaciones que, en realidad, responden a un guión.

SEXO Y MENTIRAS EN VIDEO

La idea de falso documental sirve como elemento catalizador ideal para sembrar el miedo en la platea. “Paranormal activity”, convertida en serie respondiendo a su éxito con otras dos entregas posteriores, se rodó en apenas una semana, en formato digital, respondiendo hábilmente a los tiempos que corren, con un equipo mínimo de cinco personas. Presuntamente lo que vemos es real, con lo cual el escalofrío puede ser mayor si toca la fibra del espectador, como ha quedado antepuesto. Recaudó millones de dólares a nivel internacional y apenas costó 15.000. Cine doméstico, de ultrabajo presupuesto, que alcanzó el mainstream. Fue la primera película que se estrenaba bajo la demanda del público. Los internautas pedían el estreno en su ciudad a través de internet, donde empezó a sonar el proyecto en sus inicios. La red sirvió para llamar la atención del personal. La página web del filme mostraba un contador que iba marcando las peticiones a tiempo real. Si sobrepasaban las 200.000 llamadas, la película se estrenaba a nivel nacional. Evidentemente, todo estaba preparado de antemano y las salas estaban reservadas con antelación. Además, Facebook desarrolló una aplicación viral específica, donde los usuarios podían vivir una actividad paranormal.

Si hablamos de modos de representación audiovisual frescos, originales, que van encontrado su hueco en los últimos tiempos, afectando al lenguaje habitual del cine, y de nuevos canales de distribución, el género pornográfico ha encontrado en la red su hábitat natural. Las películas X al uso apenas se consumen, han sido sustituidas por un tipo de imágenes más cercanas al demandante. Escenas de sexo explícito donde despunta el POV (point of view), género en sí mismo, relevo del porno gonzo, ideado para implicar al máximo al espectador, como si éste interviniese en la escena, con el uso y abuso de la cámara subjetiva. Actualmente los beneficios del negocio de audiovisual subido de tono vienen más de las webcams. Los ingresos aumentan cuando la actriz que trabaja frente a la cámara, llamando la atención de los usuarios que pagan por conectarse y verla en acción, goza de mayor fama. La popularidad se la sigue otorgando las escenas que rueda para su divulgación previo pago, imágenes calientes que, inevitablemente, son pasto de la descarga ilegal. Como los cantantes y grupos musicales que aplauden la libre divulgación de su música porque se ganan la vida gracias a los conciertos en vivo y en directo, en el mundo del sexo virtual son conscientes del panorama reinante. La interactividad, con periféricos de por medio, es el siguiente paso en la cadena de explotación de uno de los mayores motores de la existencia del hombre. Porno transmedia. Existen webs donde el propio espectador construye su película X eligiendo los encuadres, el punto de vista, el tipo de actividad registrada, etc… Los aficionados también cuelgan su material, grabado por ellos mismos en sus hogares, el llamado porno casero, consecuencia de una demanda a dos bandas, el voyeurismo onanista y el excitante exhibicionismo, reflejo de la idea de espectador partícipe.

Si pasamos a hablar de pornografía emocional, ahí están los videologs, bitácoras en la red donde sus artífices se graban a sí mismos hablando de todo tipo de temas. Abundan los dedicados a la moda y el cine. En algunos sus protagonistas no tienen ningún reparo en contar su vivir cada día. La webserie “Qué vida más triste” (QVMT) nació como una parodia de este formato, cuando todavía no se había extendido, convirtiéndose, gracias a las numerosas visitas de su site, en un fenómeno que saltó a la televisión con varias temporadas en antena, explotando muchas veces temas relacionados con el concepto de transmedia con una mirada irónica y sarcástica. Son muchas las series online que inundan actualmente el ciberespacio, con una calidad muy dispar, casi todas con un elemento en común: el bajo presupuesto. La relación del audiovisual con otras disciplinas de las que se nutre, como el cómic, la música o los videojuegos -existe una legítima sinergia entre sus respectivos contenidos y sus públicos-, todavía tiene mucho que decir. La fértil convergencia de medios, al servicio de la generación transmedia, trasciende los límites del cine en el siglo XXI. La retroalimentación es hipnótica e infinita.

Borja Crespo.

SOBRE EL AUTOR: Borja Crespo empezó en el mundo del fanzine para acabar dirigiendo la lí­nea editorial de cómics de Subterfuge. Es guionista e ilustrador de cómics, ha colaborado regularmente con El Correo escribiendo sobre cine y nuevas tendencias, ha dirigido el Festival de Cine de Comedia de Peñí­scola de 2003 a 2005, dirige el Salón del Cómic de Getxo desde 2002, fue finalista al mejor corto fantástico europeo en los premios Melies con su corto Snuff 2000, es director de publicidad y realizador en televisión, y es socio de Arsénico Producciones junto a Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Nahikari Ipiña y Koldo Serra. Es colaborador habitual de El Butano Popular y actualmente está escribiendo el guión del que puede ser su primer largometraje.


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