Críticas

El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

Durante más de una hora de su metraje, The Dark Knight Rises es una película especial. Especial de verdad. Es el cumplido más apropiado que le puedo dedicar al film. El resto es simplemente lo que me esperaba, que era algo muy elemental: un conjunto de fallos y aciertos concentrados en torno a la pirámide familiar conformada por Jonathan Nolan (coguionista), Emma Thomas (productora) y en ultima instancia, el responsable final, Christopher Nolan, director, mente maestra y sumo sacerdote de la franquicia.

Pero en esos sesenta y pico minutos, DKR adquiere la resonancia épica que exige. El héroe reticente es derrotado, después sobrevive al infierno y finalmente, transformado y comprometido con sus ideales, regresa al mundo para protagonizar su triunfo final. Joseph Campbell en estado puro, sin complejos ni miramientos: el viaje del héroe es un tesoro de la Humanidad, y un concepto tan brutal que puede con todo.

DKR me parece mejor película cuanto más abraza este principio y cuando en vez de abrazarlo se lo lleva al catre, sin ningún tipo de sutileza, el film simplemente entra en órbita. En los sesenta minutos mencionados, Bruce Wayne, derrotado, arruinado y enfrentado a demonios físicos y mentales, contempla impotente cómo su némesis, Bane, viola a Gotham, su ciudad, a través de una monumental engañifa enmascarada como una revolución de clases, con el propio Bane al frente, quien no duda en impartir su propio y cruel código de justicia.

Estos momentos culminan el modelo narrativo propuesto por Nolan para la trilogía y terminan de confirmar su gran tema: no hay superhéroe sin el pueblo, con el que comparte sus triunfos y sus derrotas. Cualquier ilusión de que ambos pueden vivir en desequilibrio no es más que eso, una ilusión. El precio a pagar son imágenes extraídas de revoluciones pasadas y presentes que componen alguno de los planos más sombríos –y directamente duros– de toda la saga. Nolan está desatado como no le había visto desde Begins, dejando que fluyan las pasiones de nuestros protagonistas –en particular Batman, que atraviesa los momentos físicos y mentales mas extenuantes de la serie entera–, sin ningún tipo de contexto temporal, y recuperando imágenes exóticas, recargadas y fantasmagóricas que proporcionan un agradecido contraste entre tanto hormigón y cristal, antes de culminar el acto con un momento de EPIC WIN tan animal que casi tiene que venir el SAMUR a despegarme del techo.

Ya no estamos hablando de “Batman lucha contra el crimen”. Hablamos de Batman, salvador de una ciudad destruida por un estado criminal y fascista, y se encamina lenta e inevitablemente a la guerra total. Es el momento final en el que tu protagonista se convierte en una leyenda. Llega un momento en el que no racionalizas esa clase de cosas: simplemente las pones en pantalla y dejas que la película explote. Durante unos momentos, lo hace.

Nolan, responsable de llevar la película a ese portentoso extremo, es responsable también de fracasar a la hora de estrujarla al límite por su tendencia a racionalizar por defecto hasta la última coma del guión. Y en un film con los ritmos emocionales tan marcados, el efecto es particularmente contraproducente, en especial en su primera hora, que explica el conjunto de eslabones en la cadena que integran a todos los personajes en el plan de Bane. Un plan que no quiero que me expliquen cómo funciona: lo que quiero ver es qué sucede cuando funciona.

Es como esperar a que tu contrincante coloque las piezas de ajedrez en el tablero: no ves el momento de que empiece la partida. El problema reside en que el director dedica una hora entera a prepararla, tan larga que apenas percibes la ominosa sensación de que Gotham está a punto de morir, porque Nolan, por defecto, siempre estará más preocupado de los mecanismos que de las sensaciones.

Pero cuando llegan, llegan con mayor nitidez que lo visto en entregas anteriores. Sensaciones, por ejemplo, como las que tienen lugar en el primer y memorable enfrentamiento entre Batman y Bane (Tom Hardy), momento en el que Nolan apaga la música omnipresente de Zimmer y deja el mando en manos de los rugidos desesperados de Batman y los golpes de su adversario, en una escena que marca el inicio de la experiencia visceral que transcurre a continuación.

La relación entre ambos no será tan rica como la que tienen Batman y el Joker (qué relacion lo es) así que Nolan elige una aproximación menos elegante pero casi igual de eficaz. A hostias. Y Hardy es ideal.

En realidad, todos los actores que intervienen en el film alcanzan el máximo de sus posibilidades en ese momento porque todos, de una forma u otra, están involucrados en la crisis que atraviesa la ciudad. DKR es una épica, no un comentario social, pero su interés por examinar a sus personajes bajo el prisma de un golpe de Estado disfrazado de revolución es un aspecto enriquecedor.

Nolan no duda incluso en retorcer el guión para dar tiempo a que cale el cambio social que impone Bane — y aquí, acepto barco encantado-. Lo hace para desarrollar personajes. Para que Bane desarrolle su ángulo político como embustero revolucionario (ángulo que Hardy vende con una voz de villano de Bond). Para que Selina Kyle, una joven de clase humilde puteada mil veces por las élites, se dé cuenta de que esta no es la clase de revolución que quería ver. Para que el agente John Blake comprenda que la ley no llega para proteger a los inocentes en tiempos extremos. Para que Jim Gordon termine de asumir que él es responsable indirecto de este caótico escenario.

Este es el tapiz al que llega Batman, renovado. Por favor, mirad a Bale al principio y antes de enfundarse la máscara antes del acto final: no parecen la misma persona. Si acaso, lo que hace el galés es una suerte de reivindicación. Hace cuatro años le comió la tostada un genial maníaco difunto. Hoy, todo vuelve a terminar en él. Bale se reparte con Caine la carga emocional del film. El venerable actor, que ya no está para ir a la guerra, se sienta en el banquillo a cambio de los momentos más melancólicos, según reconoce que su hijo adoptivo ha iniciado un viaje en el que no le puede acompañar.

Comentar interpretaciones no es plan. No hay ninguna débil. Todos los personajes encajan mientras la película juega en sus propios términos, y mientras Nolan no se sobrepasa con sus vueltas de tuerca. Pero la cabra tira pal monte, y llega el segundo error: el director no termina de enterarse de que esto es una épica y no un misterio. Y son dos géneros irreconciliables. Uno provee, el otro oculta. El resultado: los giros del film –en general, no me refiero a giros con spoiler, no preocuparse– suceden en el peor momento posible, dañan las expectativas que tienes de los personajes, y te cortan momentáneamente el rollo Braveheart.

Te desenganchas de los personajes y de la épica que les envuelve por otro motivo, esta vez mucho más comprensible, en el climax, que combina hasta cuatro secuencias de acción paralelas. Satisface nuestras ansias de destrucción y si aguanta su larga duración es en parte por ser una lógica consecuencia de los acontecimientos previos. El debate del siglo, Nolan y las putas escenas de acción, tendrá que esperar. Ninguna de ellas involucra a tantos elementos como la persecución de El Caballero Oscuro. Es en realidad una prueba más de virtuosismo técnico y carnaza, lejos de la rica y personal narrativa que el film nos llega a proporcionar, pero inevitable.

Batman termina. Quince minutos finales en los que su director ata los cabos que tan ceremoniosamente ha hilado durante la primera hora (porque ser un obsesivo meticuloso tiene sus ventajas) proporcionando momentos de inmensa satisfacción al espectador, no gracias a la destrucción precedente, sino a la mencionada resonancia que el film ha adquirido en sus mejores momentos.

Algún día hablamos tranquilamente del significado global de la película en la trilogía, del significado de la trilogía en el género y del propio género en el mundo cinematográfico. Hasta entonces: The Dark Knight Rises me parece un film especial dentro de trilogía, género y cine en general. No tengo ganas de hacer un drama de toda esta despedida. Y tampoco encuentro un cumplido más apropiado.


Christopher Nolan | Christopher Nolan & Jonathan Nolan, según una historia de Christopher Nolan y David S. Goyer. | Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Michael Caine, Gary Oldman, Joseph Gordon Levitt, Marion Cotillard, Matthew Modine. | Wally Pfister | Hans Zimmer | Lee Smith | Nathan Crowley, Kevin Kavanaugh | Emma Thomas, Charles Roven, Christopher Nolan | Thomas Tull, Michael E. Uslan, Kevin De La Noy | Legendary Pictures, DC Comics, Warner Bros., Synchopy | Warner |
  • http://www.facebook.com/arturo.gmaiso Arturo G Maiso

    Me gustaría dejar una visión diferente a la que se ha dado hasta ahora: http://elcineenlasombra.com/2012/07/30/el-caballero-oscuro-la-leyenda-renace-the-dark-knight-rises/

  • GoldenEye21091987

    Estas solo

  • GoldenEye21091987

    De acuerdo contigo, a mi parecer siento que la película gana con mas visionados y si, hay detalles que tal vez pasen desapercibidos o que algunos se ofendan con extrema facilidad por no pensar con detenimiento. En general la película me parece una gozada, con defectos puntuales, que la verdad sea dicha, no desentonan con defectos de las anteriores.

      

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