Críticas

Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros

Timur Bekmambetov y Seth Grahame-Smith, director y escritor para el gran público, se han encontrado en el camino en la adaptación de la novela del segundo, también encargado del guión de esta película. Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros, igual que en Orgullo, Prejuicio y Zombies, toma un personaje clásico, en este caso real, el presidente Abraham Lincoln, y lo descontextualiza para meterlo en una historia de género en la que, el que es considerado uno de los grandes presidentes de la historia de Estados Unidos, se convierte en un cazador de vampiros movido por la venganza, ya que aquí nos cuentan que siendo niño vio cómo un perverso vampiro asesinó a su madre.

La idea resulta divertida, de eso no tengo dudas, pero como viene siendo costumbre en Bekmambetov, todo se orienta en la película hacia el efectismo puro y duro. Una película donde lo que prima es la forma y no el fondo. De acuerdo, estamos ante una peli que no tiene más pretensión que entretener y hacer pasar un buen rato y no necesita justificarse más allá de ese objetivo. El problema es que no cumple. Bekmambetov es excesivo, como siempre. El grueso de escenas de la película son de acción, todas rodadas de forma espectacular, pero sin nada que diferencie unas de otras, así lo que resulta impactante en la primera, se convierte en una rutina realmente aburrida. Sólo se salva una persecución en medio de una estampida de caballos. El acabado técnico es notable, pero todo está presidido por una gran pereza en el trabajo de dirección, y con pereza me refiero a no esmerarse en ver qué es mejor para cada escena, a dedicarse simplemente a jugar a meter cámaras lentas y piruetas imposibles a discreción, lo que destroza cualquier posibilidad de diversión, aunque sólo fuese en lo que a las escenas de acción se refiere. Aburre por saturación. El ritmo es desenfrenado de principio a fin, pero no hay sensación de progresión en el mismo, ni pausas suficientemente interesantes y con su adecuado tempo para que las partes más vertiginosas cobren fuerza. No dejan espacio para el drama, ni tampoco para el terror. En cierta manera la sensación es parecida a ver La Momia 2, no deja tiempo para matices, y a diferencia de aquella, tampoco hay espacio para el humor.

El guión de Grahame-Smith, que también es responsable del de Sombras Tenebrosas, no ayuda en absoluto. La historia no tiene ninguna idea original más allá de presentar a un joven Lincoln como un Van Helsing mamporrero. El resto son topicazos, uno detrás de otro, y escenas que, cuando no son de acción, no aportan nada al personaje. Es más, lo de que estudiase derecho y acabase siendo presidente parece más un capricho, que una consecuencia lógica de sus actos. La historia del cazador de chupasangres y la del líder idealista e implacable no tienen nada en común, al menos en lo que al personaje respecta, y lo deja cojo de las dos piernas. Insisto en que tampoco se pide una intensidad dramática shakespiriana, pero no puedes coger un personaje como Lincoln y limitarte a tratarlo como una especie de ninja con cara de mindundi.


Esta película es como cuando de pequeño te comprabas uno de esos muñecos de acción tan automáticos que se divertían solos.


Y da rabia ver que hay ciertos puntos de interés que quedan muy poco aprovechados. Un par de ideas interesantes como la del desengaño respecto al maestro y mentor de Lincoln, interpretado por Dominic Cooper, y la de la familia de Lincoln sufriendo los estragos de su lucha, ocupan mucho menos metraje del que deberían. Ya no sé si es cosa del guión o de que Bekmambetov prefería leches a meter algo de chicha. El caso es que ambas tramas se despachan en dos segundos, pese a que implican a los dos mejores actores de la función, Dominic Cooper y Mary Elizabeth Winstead, que ponen ganas al servicio de nada. Porque en lo referente al prota, Benjamin Walker, falta carisma y garra por todas partes. Insisto en que hablamos de un tipo que se convierte en Presidente de Estados Unidos, no puede quedar reducido a un panoli vengativo.

Pero tampoco sé por qué me decepciono. No es nada que no pudiera esperarse de Bekmambetov. Hasta la incoherencia de ciertas escenas, simplemente para sacarse un plano chulo de la manga, como pasaba en Los Guardianes de la Noche y su secuela, está presente desde el principio, cuando Lincoln comienza su entrenamiento para cazar vampiros y, como se ve en el tráiler, hace estallar un árbol tras una breve sesión de motivación nada más comenzar su formación. Y se quedan tan anchos. Toda esa acción loca y la falta de participación del espectador en nada meramente emocional llevan esta película a un punto similar a cuando de pequeño te comprabas uno de esos muñecos de acción tan automáticos que se divertían solos. Un juguete que no vale para nada porque no puedes jugar con él como te apetecería, ya da él las patadas, tú simplemente miras cómo.

Desearía ver a este director en otra liga de una vez, porque visualmente tiene buenas ideas, pero le falta la cabeza para gestionarlas mejor. No quiero que me haga algo megaintenso, sino simplemente que sea capaz de cuidar sus personajes y sus historias un poco más, y que asuma que más acción efectista no tiene por qué suponer más entretenimiento si se abusa de ello. Desde luego no será en esta ocasión, donde ni la relectura del mito, ni la acción pura resultan interesantes o divertidas.


Timur Bekmambetov | Seth Grahame-Smith | Benjamin Walker, Dominic Cooper, Anthony Mackie, Mary Elizabeth Winstead, Rufus, Sewell, Marton Csokas, Jimmi Simpson, Joseph Mawle, Robin McLeavy, Erin Wasson, John Rothman, Cameron M. Brown | Timur Bekmambetov, Tim Burton, Jim Lemley | John J. Kelly, Simon Kinberg, Michele Wolkoff | Henry Jackman | Caleb Deschanel | Caleb Deschanel | William Hoy | François Audouy | Abraham Productions, Bazelevs Production, Tim Burton Productions | Hispano Foxfilm |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

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