Críticas

Dredd

Dredd es la rara clase de entretenimiento que resulta de la combinación de dos factores. Uno: está perfectamente contento consigo mismo y absolutamente convencido de lo que es, una de acción scifi sin disculpas ni arrepentimientos. Dos: para la considerable dosis de talento creativo involucrado –perteneciente en su mayoría al clan de Danny Boyle–, todos los esfuerzos del equipo están sintonizados en torno a una pequeña historia de 24 horas memorables en las que un agente de Policía y su pupila novata se enfrentan a lo imposible en un rascacielos de yonkis del futuro. El resultado: un film, a la vez, artístico y artesano, sin ningún punto débil especialmente doloroso. Y eso es raro.

© Aurum

Me gana su pequeño enfoque. Me ganan pequeñas pero esenciales decisiones narrativas, que empiezan y terminan en Olivia Thrilby, ancla emocional de la historia. Me gana que en torno al minuto 70 Alex Garland se siga estrujando los sesos para encontrar soluciones que enriquezcan la acción. Y en el ámbito del género de la ciencia ficción, disfruto con el futuro de presupuesto moderado que me plantean: elegantes fotocomposiciones de megaciudades contemporáneas coronadas por rascacielos digitales de kilómetros de altura. Es un futuro tangible, creíble, y se ve en el primer tercio del film, antes de entrar en faena.

Es en este escenario en el que Dredd y la aspirante a jueza, la joven Cassandra Anderson, combaten a la reina de la droga de Megacity, la exprostituta Madeleine Madrigal (Ma-Ma), responsable de colocar en la calle ingentes cantidades de una droga llamada “Slo-Mo” que ralentiza la actividad cerebral. El film nos pone en la piel de sus usuarios a través de imágenes congeladas, de amplio contraste –en las que Anthony Dod Mantle se lo pasa como un e-na-no–, que proporcionan a la película un agradecido cambio de ritmo en términos visuales. Su uso recuerda al “bullet time” de Matrix: virtuoso, hermoso, diferente, pero nunca abusivo, mientras Garland encuentra distintos usos para la droga, no todos beneficiosos, lo que elevan este recurso por encima de la mera excusa.

El slo-mo es la característica visual más distintiva del film, pero en términos generales, es una herramienta más. Más allá de su empleo, las secuencias de acción de Dredd están diferenciadas y construidas para conseguir en la medida de lo posible cierta naturalidad en el desarrollo de la película. Así, hay tiroteos ocasionales que aparecen por la mera mecánica del film, y hay otros, los más importantes, que emergen por decisiones tomadas por sus personajes en sus minutos precedentes, lo que proporciona un mínimo de coherencia. Dredd espera pacientemente antes de liarse completamente a tiros. Hay unos buenos veinte minutos en los que la película no tiene miedo a convertirse en un procedimental, parecido a CSI, y en prolongar la agonía del espectador ante lo que se viene encima de nuestros protagonistas.

© Aurum

Urban y Garland están a ESTO de convertir a Dredd en un personaje mítico. Hay “algo” debajo de su capa de férrea disciplina que ni siquiera Anderson acierta a describir, y el film se reserva al menos un plano memorable del personaje que enfatiza su característica principal: si eres culpable, estás jodido. Pero no llega del todo, por culpa de una teoría que me monto en la cabeza y que comienza con el casco que lleva nuestro protagonista.Ni siquiera cuando el film saca las ametralladoras se olvida de conservar cierto ángulo de intriga, sobre todo en lo que se refiere al personaje de Wood Harris, un integrante de la banda de Ma-Ma al que es necesario conservar con vida a cambio de información esencial sobre la organización. Harris resume la plantilla de interpretaciones del film: comprometido, pero sin exhibirse. Se extrae sorprendente partido de su personaje y de su dinámica con Thrilby. Tenemos a Anderson –por su capacidad especial, es a la vez la persona más indicada y la más vulnerable para asumir la tarea de juzgar– y tenemos a un gangsta hardcore HBO que pulsa hasta el último botón de la chica (es un rollo Lecter-Clarice, carga sexual incluida, que obliga a Thrilby a dar lo mejor de sí). Es más, funciona tan bien que resulta contraproducente para con la relación entre Dredd y Anderson. Y así llegamos al personaje principal.

Urban, veréis, no se lo quita nunca. Es una decisión consciente, tradicional y respetuosa con el comic. El casco oculta la mayor parte de sus rasgos faciales. En estas situaciones, si un actor acepta (ojo, ejercicio de mentalismo, pensando en Weaving/V de Vendetta, por ejemplo) lo hace a cambio de riqueza dramática. Dredd no anda muy sobrado en este aspecto. Es monolítico, y su relación con los personajes brilla por su ausencia (Anderson no es un igual, pero ni siquiera es una aprendiz: está ahí para ser evaluada, por lo que Dredd la deja un poco al pairo, para que se curta). Me provoca un efecto distanciador. A Dredd no le pido un viaje emocional, pero sí un par de opciones morales, un mundo en el que Thrilby navega CONSTANTEMENTE. Incluso Ma-Ma, terrible como es –Headey en full Cersei Mode, maravillosa– tiene una excusa. Dredd tiene la mejor pistola del mundo. Incluso Verhoeven nos descubre el rostro mutilado de Murphy, en un momento dado.

© Aurum

No habría venido nada mal, sobre todo de cara a los últimos veinte minutos finales, en los que el film sufre un poco para llegar a la orilla. Tiene que ver con lo limitado de su planteamiento: sube o muere. Sin embargo, es justo reconocer que gran parte de la fuerza de la película reside ahí, en su uso de los pasillos, de los espacios –literal: no hay elemento del rascacielos Peach Trees que se emplee con más asiduidad que su hueco central–, de su inmenso vestíbulo, repleto de tiendas y residentes.

No quiero cerrar sin poner el film en un contexto más general. Dredd es el resultado de una colaboración entre Garland y su director, Pete Travis. No siempre fluida, pero una en la que el guionista del film ha tenido un grado inusual de participación. En un marco más amplio, es un film de ajustado presupuesto, como sus ambiciones, que ha desembocado en inteligentes decisiones de marketing que han metido dinero en las arcas del film incluso antes de su estreno en los cines.

Señalo este precedente en primer lugar, porque me parece una triunfada de modelo económico. Segundo, porque resulta en una película sencilla con un plan, con la suficiente cintura como para llegar hasta donde otros films con más dinero y necesidades taquilleras no alcanzan o se ven restringidos. Por poner un ejemplo, es un film cuya violencia se encuentra en el punto exacto: brutal y divertida, sin resultar humillante, gratuita u ofensiva, pero en el que las relaciones entre buenos y malos son incómodas, tensas y agresivas (y, por lo tanto, inmensamente entretenidas). Es un film que respira sensación de libertad, dentro de las circunstancias; de que sus integrantes han disfrutado (y sufrido) en su esfuerzo en superar las limitaciones y lo han hecho abrazando conceptos clásicos, directos, adultos y potentes. Y ahí reside (bonito palabro que tirar al final de un verano cinematográfico) su pureza.


Pete Travis | Alex Garland | Alex Garland, Andrew Macdonald, Allon Reich | Stuart Ford, Deepak Nayar, Adi Shankar, Joanne Smith | Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Jason Cope, Rakie Ayola, Warrick Grier, Wood Harris, Domhnall Gleeson, Joe Vaz, Scott Sparrow, Junior Singo, Luke Tyler, Langley Kirkwood, Edwin Perry, Karl Thaning, Michele Levy | Paul Leonard-Morgan | Anthony Dod Mantle | Anthony Dod Mantle, Anthony Dod Mantle | Mark Eckersley | Mark Digby | DNA Films, IM Global, Reliance Big Pictures | Aurum |
  • Suki Tiene Truki

    Junto a Headhunters (PELICULÓN) de lo mejor que me he echado a la cara últimamente. Una muy grata sorpresa teniendo en cuenta que hace 3 meses no daba un duro por la peli.

    P.D: ¡¿Como podéis haber podido dejar de lado en la web Headhunters?!

  • Olayuss

    Altamente recomendable, muy lograda y larga vida a karl Urban. Ya podrian haberle fichado para Total Recall en vez de al tontainas de Colin Farrel, indigno para suplir al increible chuache. No le llega ni a la suela.

  • http://www.facebook.com/enric.fernandezcarmona Enric Fernandez Carmona

    Tenéis toda la razón del mundo, y es el lógico final del film. Pero confieso que una actitud hiperdogmática por parte del juez al final del film, subrayando los errores que incluso ella le comenta cuando se reencuentran, me hubiese triunfado mogollón. No se, luego algún superior que dijese algo así como que la necesitamos y bla bla con cara muy seria.
    Que conste que estoy hablando por hablar y que el film me pareció una “cucada”.

  • Leto83

     De hecho, tiene toda la lógica del mundo. El personaje ha llegado donde está suspendiendo el examen por tres décimas. Dredd al principio no comprende ese favor, pero en la práctica lo descubre. Sobre el papel la novata ha suspendido por muy poquito, pero en la práctica es un aprobado. Es un final cojonudo porque completa al personaje de Thrilby. Si hay secuela, estoy convencido de que la volveremos a ver.

  • Leto83

    Vista una semana después del estreno. Poco más que añadir. Cojonuda peli y con ganitas de que hagan más secuelas. Un merecidísimo 8 le planto. Entretenida a rabiar, bien hecha, bien resuelta, personajes carismáticos… 

  • Waltereborn

    Mientras veía el insulso remake de “Desafío total”, pensaba en que podrían haberles dado todo ese presupuesto a los responsables de “Dredd”. De ese modo pasaríamos de tener una peli que es la rehostia a una que fuera la recontrahostia.

    Pero hoy en día ya se sabe: ¿Quieres una peli de gran presupuesto, con carísimos efectos visuales y un diseño de producción mastodóntico? Entonces olvídate de meter algo políticamente incorrecto y ni una gota de sangre, no vaya a ser que los churumbeles se traumaticen.

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