Críticas

Argo

Tony Mendez (Ben Affleck) pasea solo y meditabundo durante la presentación de Argo, el film dentro de su film, mientras escucha Dance the Night Away, de Van Halen. A su alrededor pasean actores disfrazados de alienígenas, periodistas enfervorizados del gremio y tantos productores como ex esposas de productores. Mendez menea la cabeza. Es un espía de la CIA. Tiene una misión. ¿Qué está haciendo ahí, rodeado de esta gente? Es el organizador de la fiesta, pero no se siente parte de ella. Se podría extender a su película en general. Una que flirtea con la asombrosidad, pero tiene un miedo espantoso a abrazarla.


Argo es una SEÑORA PELÍCULA que invita demasiado a pensar en el cipotón que el Affleck del futuro, con 60 años, liberado y con voz propia, hubiera podido hacer.


Vamos a pararnos en ese momento. La película: Argo es el film más conseguido de Affleck, una de las pocas cintas que he visto este año en la que no he mirado el reloj ni una sola vez, y un film que demuestra a un cineasta enfocado en pulir sus habilidades narrativas. Repasando su filmografía, la forma en la que nos describe una sucesión de acontecimientos adquiere una importancia cada vez mayor. Del drama moral, fundamentado en los personajes, de Gone Baby Gone pasa al thriller orientado a la acción de The Town. Argo va un paso más allá: es un procedimental que nos describe la operación de rescate de un grupo de diplomáticos estadounidenses atrapados en Irán tras la toma de la Embajada en 1979, en la que se emplea un film ficticio como tapadera, alternando entre tres escenarios, la situación personal de los “rehenes”, los pormenores de la mencionada operación y el impacto político de la situación general en las altas esferas de Washington.

© Warner Bros. Pictures

Para hacerse una idea del dominio de Affleck en este ámbito, basta con los diez primeros minutos de película, que nos describen la toma de la Embajada en Teherán con tensión creciente conforme se acerca la turba iraní. El director hace gala de innumerables recursos a su disposición, tanto visuales –los planos largos cada vez se cierran más sobre los rostros de los personajes– como los sonoros –la música se vuelve cada vez más ominosa, los pasos suenan cada vez con más fuerza–, combinando panoramas impecables –el exterior de la embajada, vista a través de los barrotes, con la cordillera de Alborz al fondo del encuadre– con detallados planos –la destrucción de los moldes de los visados– que contribuyen a dar peso específico; una sensación de tiempo y lugar remachada por la densa foto de Rodrigo Prieto, constante a lo largo del film mientras avanza con fluidez desde los mercadillos de la capital iraní hasta las azoteas del Hilton en Los Ángeles.

Pero Argo es más que una reconstrucción de época, o un sólido docudrama: esta película está viva y su núcleo espiritual reside en el amor por el propio cine. Una de las evoluciones más delicadas del film tiene lugar en torno al proceso de creación de la película que la gente de la CIA está manufacturando para sacar a los rehenes del país, escondidos en forma de falsos profesionales del cine. Argo, la adaptación del libro Lord of Light, va aumentando cada vez más su peso dentro de la propia historia. Pasa de ser una mera excusa –“despachemos esto cuanto antes, ten a punto los comandos por si esta parida falla”– a relacionarse íntimamente con la propia estructura de la película (a partir de su brillante fiesta de presentación) y jugar una importancia capital conforme los propios rehenes están obligados a convencerse del amor que sienten por este proyecto ficticio para dar validez a sus tapaderas. Y se convencen, y cómo, en un momento climático del film. Es un poco como los mexicanos ilegales de Bowfinger, que empiezan sin saber poner un trípode y acaban devorando la Cahiers. El jodido cine te gana, quieras o no, y te va a salvar el culo si lo amas.

© Warner Bros.

Todo esto es aún más divertido porque, realmente, no sabes si los propios rehenes se lo creen o no. Quizás lo hacen motivados por el pánico. Sin embargo, es una construcción tan sutil que prefiero pensar que Affleck se permite el lujo de dar manga ancha al film, para permitir que el espectador complete en lo más profundo de sí mismo el significado de esta línea argumental relacionada con el cine. Lo que es seguro es que un cineasta menor jamás, jamás, jamás, habría permitido dar tanta cancha a la interpretación emocional del espectador. No habría dedicado ni una sola escena a que pudieramos atisbar qué es exactamente esa locura hortera de ciencia ficción que pretendían hacer (insisto, preciosidad de momento, con todos los actores disfrazados leyendo el guión) y que enriquece tanto el resultado final.

Lamentándolo mucho, en el caso de Affleck, este pedazo de mérito no parece natural. Todavía no. Parece un felicísimo acierto añadido derivado de la férrea disciplina. Argo, por desgracia y otros momentos importantes, es un film relativamente infantil a la hora de lidiar con las emociones de la audiencia, lo que se ve con claridad en sus últimos diez minutos, cuando sube la música de campanillas. Nos recuerda que vuelve a ser un excelente thriller ligero. Uno no sabe exactamente hasta qué nivel quiere llevar Affleck el film, un poco insulso en aspectos morales: gane o pierda, Mendez no va a recibir la gloria –así es como percibimos a los espías, como gente condenada– pero este importante ángulo jamás termina de pesar en la película. En sus hermanas mayores (Los Idus de Marzo, por citar a Clooney, productor y ejemplo de veteranía en estas lides), este ángulo ES ABSOLUTAMENTE TODO: influye en la trama, en sus personajes, en el tono general del film y en su relación del espectador, proporcionando un efecto indeleble y único. Por ese derrotero, salen maravillas.

© Warner Bros. Pictures

Se ve en el propio Affleck, paseando encorvado por la película, con la percha del traje puesta y perfilando su personaje en breves planos (un anillo, un cuadro de familia, nada más que contar, bravo) con una encomiable economía narrativa… pero sin que dejes de pensar un momento en qué habría pasado con un verdadero leading man, en vez de un chaval que prefiere depender del extraordinario plantel de secundiarios que le rodean. Hay muy poco humor en el film, la mayoría de él atribuible a la maravillosa pareja que conforman Goodman y Arkin (machacado exageradamente por el uso y abuso de la línea más divertida, un juego de palabras a costa del título del film). Se habría agradecido cierta profundidad en el lado iraní (barbas, barbas enfadados, barbas que fuman, chicas asustadas). Se habría agradecido, maldita sea, una percepción aún más madura de las cosas, indispensable en este film por su temática, porque la edad media del reparto es de 40 años y porque su director no se esconde detrás de fuegos de artificio para desviar la atención.

Pero esto que menciono son bonificaciones adicionales. Argo, por sí misma, es una narración modélica de acontecimientos, un arte en decadencia. No sobra ninguna escena, ningún personaje. Todos los elementos tienen un grado altísimo (foto, diseño de producción, banda sonora, montaje, el chaval que lleva los cafés…). El nivel por separado de cada secuencia es excelente; juntas contribuyen al resultado final. Se instala cómodamente entre compañeras recientes como Valkiria, obras de narradores. Y deja atisbar lo que Affleck puede llegar a ser en, pongamos, 2023. Depende de buenas elecciones, del mimo y cuidado del gran estudio que ha decidido acogerle para reemplazar a Eastwood, su storyteller estrella. Affleck, que tiene menos años que los que Eastwood se ha dedicado a hacer películas, está todavía increíblemente lejos, pero conoce el camino. Y no es un genio, pero voluntad le sobra. Y todavía tiene un poco de miedo. Pero ese miedo no va a durar demasiado.


Ben Affleck | Chris Terrio, basado en el artículo 'Huida de Teherán', de Joshuah Bearman | Ben Affleck, John Goodman, Alan Arkin, Bryan Cranston, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Kyle Chandler, Chris Messina | Alexandre Desplat | Rodrigo Prieto | William Goldenberg | Ben Affleck, George Clooney, Grant Heslov | Chris Brigham, Chay Carter, Graham King, David Klawans, Nina Wolarsky | GK Films, Smoke House, Warner Bros. Pictures | Warner Bros. |
  • http://www.facebook.com/people/Jose-Garcia-Martinez/1720373871 Jose Garcia Martinez

    Cuando un largometraje de dos horas se te pasa como si fuese la mitad del tiempo solo es por una razón, es porque te entretiene y te gusta lo que estás viendo, y eso es lo que me ha pasado a mí con esta película, que se me ha pasado el tiempo volando. Cierto es que me esperaba más, después de tantos premios esperaba algo que me dejara con la boca abierta, lo que no ha ocurrido. El conjunto del filme está bien realizado, es difícil encontrarle alguna pega, la única que se podría decir es que como acostumbran en sus películas los americanos, ellos siempre son los buenos y siempre tienen la razón, pero como dicen en el prólogo del largometraje ellos pusieron a un sha que era un tirano y ahora el pueblo iraní estaba tomando represalias, así que sin contar con esta mirada unilateral todo en ella está bastante conseguido, la trama, las caracterizaciones, las localizaciones e incluso ese punto de crítica hacia el mundo del séptimo arte. El argumento se basa en el rescate de siete americanos refugiados en la embajada canadiense de Irán y el guión no deja esa línea argumental en ningún momento. El momento que se disponen a coger el avión es de lo mejorcito, con esa tensión que hace que te muerdas las uñas o que te pongas a comer palomitas compulsivamente, en cuanto al resto del metraje podríamos decir que entra dentro de la normalidad.
    En resumen: largometraje bien realizado y entretenido.

  • http://www.facebook.com/PyroMetallo Desiderio Treviño Pulido

    argo-fuck-yourself!!!

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    mierda? kon personajes ikonògraficos komo no name man en en los spaguetti westerns d sergio leone o harry el sucio o peleador pendenciero… no hacìa personajes “oscareables”, pero si grandes interpretaciones… yo discrepo…

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

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Pintaba muy bien.

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