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Más Allá de las Colinas (Beyond the Hills)

Escrita por: Rafa Martí­n | 3 enero | 10:29 AM

Cristian Mungiu | Cristian Mungiu, inspirado en las novelas de Tatiana Niculescu Bran | Cosmina Stratan, Cristina Flutur, Valeriu Andriuta, Dana Tapalaga, Ionut Ghinea, Costache Babii | Oleg Mutu | Mircea Olteanu | No hay (like a BOSS) | Calin Papura, Mihaela Poenaru | Pascal Caucheteux, Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Vincent Maraval, Cristian Mungiu, Bobby Paunescu | | Wild Bunch, Les Films du Fleuve, Mandragora Movies, Mobra Films | Alta Films


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Alina (Cristina Flutur) regresa a su Rumanía natal tras una breve e, imaginamos, horrible experiencia en Alemania como inmigrante. Es recogida en la estación por su amiga Voichita (Cosmina Stratan), monja en un demacrado convento (ultra) ortodoxo. Alina quiere estar con Voichita por encima de todo. Puede ser amor carnal, puede que no. Es amor. Alina tiene graves problemas para expresar sus sentimientos hacia su amiga. Voichita lo sabe, pero su único amor está entregado a Dios, dada su actual condición de monja. Así que calla por respuesta, a sabiendas del peligro que corre el estado mental de su compañera, cada vez más obsesionada ante su silencio. Esto se llama CONFLICTO. Cristian Mungiu se limita a colocar este dilema en un entorno restrictivo, dar la patada a la bola de nieve y dejar que la situación escale lentamente hasta un clímax explosivo, en el que “armar un Cristo” cobra un nuevo y sorprendente significado. Esto es Más Allá de las Colinas, es el nuevo film del director de 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días, y es un peliculón como la copa de un pino.

© 2012 – Mobra Film

He dicho que Mungiu “se limita” a guiar el desarrollo de los acontecimientos pero me quedo corto. Me quedo espectacularmente corto. Como sucediera en su precedesora, deja cocer la mierda a fuego lento en un film donde vuelve a centrarse en dos protagonistas femeninas que viven una relación desequilibrada en la que se alternan simpatía, devoción, silencio y culpa, ninguna de las cuales llega nunca a expresarse de viva voz. Y sin embargo, allá por el minuto 133, cuando uno de los integrantes del convento transmite veladamente sus sospechas sobre el extraño comportamiento de una de nuestras protagonistas, sabemos perfectamente a qué se está refiriendo si hemos prestado la atención suficiente. Mungiu construye cine que se intuye, y lo hace través de sus propias reglas narrativas, que parten de una base fundamental: el 2.35:1, formato que el director rumano exprime hasta dejar seco.


El film es largo, denso; pero nunca llega tarde, o aparece demasiado pronto. Es como Gandalf. Saboread cada minuto. Es una maravilla.


Más Allá de las Colinas está construida en forma de tomas largas, algunas de ellas en movimiento, otras en forma de plano fijo. Centrémonos en las segundas porque son las más importantes y es ahí cuando Mungiu se saca de la manga recursos sin límite. Veamos: de vez en cuando, le da por encajar a ocho personajes dentro de un solo eje sin crispar lo más mínimo la imagen (la segunda visita de Voichita al hospital); en otras, le apetece insertar a siete actrices en diferentes planos –la conversación de las monjas mientras preparan la comida: cuatro delante, dos inmediatamente detrás, y una séptima, escondida en un tercer plano de scroll, poseedora de la revelación más contundente, escondida en una esquina del frame; esto parece el Shadow of the Beast–; o bien directamente rompe el frame, con el plano que enfrenta a Voichita con el sacerdote del convento, cada uno de ellos tan metido en su extremo que apenas percibimos su nariz y poco más –prueba del enfrentamiento abierto que hay entre ellos a esas alturas del film–. Y oh, no olvidemos: el plano Mungiu (TM) que situa a nuestra protagonista en el centro mientras a su alrededor se desarrolla la escena; ella no interviene en ella, simplemente nos mira, fijamente, y nos invita a poner lo que estamos viendo en el verdadero contexto, que es exactamente EL OPUESTO al que se nos presenta explícitamente. No tiene fin. Es una constante clase magistral de cómo exprimir el significado narrativo de anchos, altos y profundidades de plano. Todos significan algo. Todos expresan algo, y de muchos se infiere lo contrario.

© 2012 – Mobra Film

Si uno de los dos pilares del film es su construcción, el otro es la dinámica de las dos actrices protagonistas y para demostrar cómo funciona: Stratan y Flutur recibieron la Palma de Oro ex-aequo. No es tanto la cuestión del premio como de la necesidad de repartirlo entre ambas, porque Alina y Voichita son –como ya lo eran Gabita y Otilia– tan diferentes como indisociables. El choque está entre los personajes y entre las actrices: Flutur saca una cabeza a los miembros del reparto y su interpretación va volviéndose cada vez más física conforme pasan los minutos; Stratan se cae si la soplan y todo su papel está en sus ojos. Ambas comparten un aire llano, curtido y sencillo. Salvo un pasado común en el orfanato donde crecen hay pocos nexos en común entre ambas. El pasado. El deseo. Y, por contraste, Dios. Muchísimo más tangible e infinitamente más cruel que el de Ang Lee: una no puede alcanzar a la otra sin abrazarlo, la otra no puede llegar a la una sin apartarse de él. El problema es que ninguna de las dos quiere realmente hacerlo, porque implica un cambio total de modos y conductas, y ni Alina ni Voichita, por formación personal, están preparadas. No pueden ser libres y no tienen ni la más remota idea de cómo empezar a serlo, y su destino está en manos de incapaces (el hermano de Alina, Ionut, discapacitado, juega un factor primordial en el desenlace), locos, sirvientes, e iluminados. El fantasma de Ceaucescu rondaba cada plano de 4 Meses… y en esta ocasión Mungiu ha cambiado una dictadura intangible por otra, que separa el mundo en el que viven nuestras protagonistas del orden establecido –y si ese orden era, en el anterior film, una cena familiar; aquí es un hospital con profesionales contemporáneos que contemplan a las monjitas como venidas de otro planeta, y quizás lo son.

Es un mundo jodidísimo, el de Mungiu. Por tomar prestada una frase de la (muy recomendable, con sus peros) The Master: “Serías el primer hombre de la Historia que no sirve a amo alguno”. Mungiu no olvida las lecciones de una dictadura: la mano invisible que guía y condiciona nuestros actos. Nada bueno florece de ahí porque las lecciones, en el cine de este E X T R A O R D I N A R I O cineasta, se aprenden demasiado tarde. No seáis cafres, hamijos y hamijas, y corregid ese error. A verla. Ya.


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    Yo no voy a verla porque esto no es lo mio pero he de decir que la crítica me ha parecido cojonuda,me quito la boina caballero.

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    Totalmente de acuerdo me metí con miedo en la sala pero a pesar de ser un poco larga y tener que levantarme, disimuladamente, de la butaca para estirarme un poco mereció la pena.