Críticas

The Master

The Master es consecuencia directa de Pozos de Ambición y se me hace imposible entender la existencia de esta película sin recurrir al precedente establecido por el film protagonizado por Daniel Day-Lewis, donde Paul Thomas Anderson renovó su “voz” a la hora de contar historias. Como Pozos, The Master es un film donde el tema debe emerger a partir momentos fascinantes, extraños, perturbadores y poderosos, cada uno de ellos más importante por sí mismo que por la relación que mantienen con los demás. Anderson se lo puede permitir porque, en términos meramente estéticos, es la hostia y porque sus dotes de comunicación con el reparto son capaces de llevar a sus actores –que generalmente se encuentran entre los mejores del mundo– hasta más allá del límite, llenando de matices emocionales cada segundo del film. Pero si bien The Master es un film prácticamente inalcanzable para el 90 por ciento de los realizadores contemporáneos, tiene dos profundas pegas: a su tono le falta pegada y la aproximación a su planteamiento es confusa, porque su nuevo film es bastante más complejo que su hermano mayor, lo que requiere de una mayor solidez narrativa, y no obstante Anderson decide, para mal, ser más Pozos que Pozos.

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The Master requiere necesariamente de cierta estructura que Anderson, enamorado como está de los detalles accidentales, no está dispuesto a conceder. Es un film más enrevesado en forma, primero porque nuestro personaje protagonista, Freddie Quell (Joaquin Phoenix), no es una fuerza dominante, sino que evoluciona en relación al resto; y en contenido, comenzando por los objetivos de nuestro héroe: si Daniel Plainview tiene las cosas perfectamente claras (como su propio apellido indica), Freddie Quell busca algo que el sexo, el alcohol o la violencia no le pueden dar: paz mental (“Quell” significa “tranquilizar”) y sentido de pertenencia a un grupo.

Quizás lo encuentre en la figura del pregonero Lancaster Dodd (Phillip Seymour Hoffman), creador de una nueva y revolucionaria filosofía pseudoespirtual conocida como “Cienciología Pero No”, aprovechando el período de esperanza y progreso que se abre tras la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos —The Master es una secuela de facto, recordemos–. Quell conoce a Dodd durante una de sus innumerables borracheras y se siente atraido tanto por el predicador, como por las mujeres que componen el grupo y por el desprecio total y absoluto de la organización ante las convenciones sociales. Dodd ve en Quell un desafío personal y por otro lado a un lacayo al que emplear para protegerse de quienes pretenden desenmascararle. Detrás de Dodd se encuentra su esposa, Peggy, matriarca y protectora de los fundamentos de la organización, quien apenas puede ocultar la repulsa que le produce Quell, menudo, achepado, asocial, violento y, en términos generales, una amenaza que puede arruinar lo que hasta entonces ha sido un negocio espléndido.

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La relación entre estos tres personajes es el film: no existen relaciones simétricas cuando de por medio se inmiscuye un sistema organizado de creencias que unos imponen y otros reciben. Aun teniendo las herramientas necesarias –una cara visible, una mano en la sombra y puro músculo– los impusos personales son un obstáculo peligroso porque son más honestos.  Quell es un personaje precioso, la verdad sea dicha y Phoenix va mucho más allá de los manierismos  (hace un arte de poner los brazos en jarra) porque su mala hostia y su descontrol proceden del desencanto. Estuvo realmente enamorado una vez, no cuajó. En comparación, este colectivo en el que se ha metido no es más que un pobre reemplazo.

Partiendo de esta base, The Master podría haber sido un film “muy” hermoso o “muy” enfadado. Tendría que haber sido “muy” lo que fuera. Y sin embargo, conforme pasan los minutos la película se va metiendo en una atmósfera melancólica, escuchimizada, mohína. Se aprecia perfectamente en la gradual pérdida de tensión en la relación entre Quell y Dodd, que empieza con una bomba nuclear de escena –cuando Quell se descubre ante Dodd en una suerte de absorbente cuestionario cuyas preguntas mezclan condicionamiento por insistencia y auténtica percepción– en la que coinciden la sabiduría del director, el carácter de los actores y la pertinencia de ambos en el desarrollo de la trama. Es un caso prácticamente aislado que se repetirá solo un par de veces más en todo el film, conforme vamos descubriendo que ni Lancaster ni su esposa tienen la misma riqueza que nuestro protagonista y Anderson da predominio a las excentricidades sobre la narración, intentando capturar de nuevo el relámpago en la botella, lo que deja a Phoenix solo, y a Hoffman y a Adams (o a secundarios meramente accidentales, como la inmensa Laura Dern) dependiendo únicamente de su talento para sobrevivir –el del primero es excelso, así que apenas te enteras de los problemas, pero el caso de ella es más grave: nunca parece encontrar un ritmo sobre el que trabajar por la mera naturaleza de su personaje, concebido para aparecer cuanto menos, mejor–. Para cuando Dodd, descrito como un pregonero de baja estofa, extrae literalmente de la tierra (¿simbolismo por contraste? ¿falta una escena?) su cacareado segundo manual de autoayuda, The Master se ha convertido en un film ostensiblemente menos tenso y más arbitrario, que depende de las exhibiciones de sus protagonistas y del privilegiado sentido audiovisual de un director cuyos films, y este no es una excepción, siempre me han resultado enormemente amenos, independientemente de los problemas que les vea.


Conforme pasan los minutos, The Master deja de ser una película  para convertirse en una exhibición descontrolada de talento cinematográfico en estado puro. (No es exactamente un cumplido)


Además, soy un fan de esta versión de Anderson. Me gusta cómo nos ve: fallidos pero indomables. En Magnolia todos estábamos sujetos a las leyes de la coincidencia pero desde Pozos somos enteramente libres, sus actores son enteramente libres y la narrativa es enteramente libre. La luz tiene menos filtros, es más dura y contrastada, su mundo es más real, su cámara es más tranquila y deja las expresiones de inquietud en manos de la banda sonora. Es un realizador más detallista, más centrado en los comportamientos y en los gestos, más preocupado del tono que de las palabras. En The Master, nunca cesa de preguntarse cosas: cómo adaptamos nuestras ansias a nuestras creencias, las interpretaciones del sexo como motor vital, el mecanismo por el que pasamos de servir a ser servidos y de nuevo a servir. Todo ello empaquetado en una fotografía de 70mm y un excepcional vestuario y diseño de producción que sirven a las extraordinarias descripciones espaciales de su director: una infinita playa de posguerra donde nuestro protagonista cumple sus fantasías, unos simétricos grandes almacenes donde no puede hacerlo, un pequeño jardín donde se encuentra la única chica que quiso.

Pero si Pozos de Ambición estaba caracterizada (y unida) por una progresión de violencia aplastante –pocas veces he visto un film tan manifiestamente hostil– , The Master se especializa en eludir conflictos, siempre de acuerdo con la naturaleza de su protagonista, siempre buscando sustituir una adicción (amor, sexo, alcohol, religión) por otra, en lugar de abordar sus propios demonios y satisfacer definitivamente sus ansias, por muy difícil que sea en el mundo de Anderson (fijáos el precio que paga Plainview)  “Serías la primera persona del mundo que no pertenece a un amo”, espeta Dodd a Quell. Creo, con toda honestidad, que es posible pedir a Anderson una descripción más precisa y contundente de la incertidumbre, pero tendré que esperar a su siguiente obra maestra.


Paul Thomas Anderson | Paul Thomas Anderson | Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams, Ambyr Childers, Laura Dern | Jonny Greenwood | Mihai Malaimare Jr. | Leslie Jones, Peter McNulty | David Crank, Jack Fisk | Paul Thomas Anderson, Megan Ellison, Daniel Lupi | Ted Schipper, Adam Somner | Weinstein Company, Ghoulardi Film Company, Annapurna Pictures | Alta Films |
  • Oscar

    Enhorabuena por la crítica, muy acertada.

  • Waltereborn

    Gracias por tus palabras tío.

    Es verdad que hay escenas que pueden llegar a incomodar un poco, pero creo que es algo deliberado por parte del realizador.

  • George Kaplan

    Está tan bien argumentada tu crítica que poco puedo añadir. Me centraré en lo que estoy más de acuerdo, que Phoenix está inmenso, que es ya uno de esos titanes de la actuación pues consigue que te olvides de que es un actor y que el muy cabrón está en la liga de los más grandes de este tiempo. Lástima que se le haya cruzado esa bestia parda de Daniel Day-Lewis porque el Oscar también podría haber sido suyo.

    Sobre la peli tengo que decir que estoy muy de acuerdo con Rafa, que soy un fan entregado de Anderson desde que vi por primera vez Boogie Nights, pero que dentro de su línea habitual de desconcertar al espectador, en este caso y por primera vez un pelín sí que me ha exasperado.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100002176704514 Samael Xii

    Esta película creo que ni de cerca piensan estrenarla en mi país !! y mi necesidad de buen cine reclama verla mas con la critica que leí acá!!!

  • http://www.facebook.com/javi.metral Javi Metral

    La acabo de ver. Me ha parecido magistral. Este Anderson empieza a erigirse como gran maestro del cine actual, un verdadero y extraño talento. Lo de Phoenix solo era superable por la interpretación de Lewis en Lincoln, y aun así podría debatirse. El resto del reparto, sencillamente impresionante.

  • http://www.facebook.com/people/Gerardo-Medina-Pérez/1108401785 Gerardo Medina Pérez

    Exacto, independientemente de que estemos ante una disección de la cienciología extrapolable a cualquier doctrina religiosa, la peli trata de la relación entre maestro y alumno, y cómo se complementan. Phoenix es el ser libre que el reprimido Hoffman quiere ser, pero no puede, así que intenta enjaularlo sin éxito.

  • http://www.facebook.com/people/Gerardo-Medina-Pérez/1108401785 Gerardo Medina Pérez

    Totalmente de acuerdo, una obra maestra absoluta

  • catcher in the rye

    Es curioso como dentro de la filmografía de Paul Thomas Anderson ninguno menciona Punch Drunk Love, para mí la mejor elaborada y cohesionada de todas sus películas.

  • Waltereborn

    Gracias tío.

    Un abrazo.

Críticas

predator

Pintaba muy bien.

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Terror perezoso sostenido en un escenario terrorífico.

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Tu amigo y vecino Denzel.

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La bestia domada.

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Pillad palomítas.

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