Críticas

Oz, un mundo de fantasía

El clima creativo en Hollywood siempre se rige por la temática de moda en cuestión, y la actual es una corriente revisionista de cuentos clásicos; todo ello por obra y gracia del éxito de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, que aportó a las arcas de Disney más de 1000 millones de dólares en 2010.

Desde entonces se han puesto en marcha toda una línea de nuevas adaptaciones con un hilo común: la historia de siempre cargada de efectos especiales para las nuevas generaciones y una trama en la que se suele colocar al personaje principal convertido en un guerrero badass al frente de un ejército o combatiendo peligrosos monstruos. Lo hemos visto en Blancanieves y la leyenda del cazador, Jack, el cazagigantes, Hansel y Gretel: Cazadores de brujas y seguramente ocurra también en la futura Maléfica (con Angelina Jolie como la mala de La bella durmiente) y el resto de adaptaciones que se están preparando.

Toda esta introducción viene al caso porque me gustaría deciros que Sam Raimi sale completamente triunfante de Oz, un mundo de fantasía y es su nueva gran película, pero, siendo realistas, para empezar ésta no es ni SU película.

Antes que el nombre del director, los actores o incluso el propio título de la cinta, lo primero que aparece durante los títulos de crédito es un indicativo de que quien está al mando aquí es el productor JOE ROTH (responsable de las nombradas Alicia, Blancanieves y Maléfica).

Partiendo de la plantilla mencionada, y en manos de otro director sin pasión por el material, Oz, un mundo de fantasía habría sido un completo desastre –similar a lo que ocurrió con Alicia en el País de las Maravillas, en la que Burton sucumbió a una pesadilla de CGI y colores sin rumbo alguno– pero, afortunadamente para nosotros como espectadores, Raimi ha tenido la suficiente entereza como para inyectar algo de alma en medio de este espectáculo.

Oz-Mundo-Fantasia

© Walt Disney Studios

Oz, un mundo de fantasía comienza emulando al clásico El mago de Oz de Victor Fleming. Durante casi 20 minutos, la pantalla proyecta el prólogo de la película en blanco y negro –en lugar de sepia– y en formato 4:3; algo inaudito para los tiempos que corren y más para el tipo de película que es. Esperaba que esta parte se la despachasen en cosa de 5 minutos, pero, como digo, Raimi utiliza casi 20 minutos antes de llegar a la Ciudad Esmeralda para presentar al detalle a su personaje principal: Oz, un mago de feria mujeriego, egoísta y mentiroso, pero con un buen corazón en el fondo de su ser.

Raimi entiende que la clave para que funcione la película es construirla en torno a ese aspecto: mostrarnos al personaje que da título de la película, sin distracciones digitales entremedias; porque sabe que su llegada a la tierra de Oz debe simbolizar su superación personal y para ello debemos empatizar con su viaje personal.

James Franco (colaborando de nuevo con el director tras la saga de Spider-Man), está en perfecta consonancia con el personaje y decide abordar el papel interpretando a Oz como un hombre bajo los efectos de setas o alguna droga alucinógena. O al menos creo que estaba interpretando.

Esta actitud, lejos de resultar desastrosa para la película, acaba enriqueciéndola. Franco eleva el personaje y su aire desenfadado supone un alivio cómico con el que el público adulto puede sentirse identificado. Sus miradas lascivas hacia las brujas pasarán inadvertidas para los inocentes ojos de los espectadores más jóvenes, pero las caras de sádico y muecas imposibles con las que Franco riega la película son toda una declaración de intenciones sobre la personalidad de su personaje.

Oz-James-Franco

© Walt Disney Studios

Como señalaba antes, Raimi es sólo una herramienta para realizar la nueva gran producción de Disney y no despliega el 100% de su capacidad –digamos que está a un 60%– pero se ve que sigue siendo él quien está detrás de la cámara, aunque esté “controlado” por los altos mandos.

Tras ese prólogo en el que Oz tiene que escapar por patas debido a meterse en las faldas que no debía, Raimi aprovecha su huida en globo aerostático para mostrarnos características clásica de su realización como el uso de la vista subjetiva y aprovecharse de objetos volando directamente a la cara del espectador, para meter sustos que bien podrían caber en la saga de Evil Dead o Arrástrame al Infierno.

Después de esos minutos de distensión, llegamos mediante una transición a la colorida tierra de Oz –intachable visualmente y un auténtico espectáculo de formas y colores– en la que se revela que, en cuanto la historia se aleja de los personajes, es cuando se le ven todas las costuras. Durante la siguiente hora y media lo que toca es presentación de las brujas (Mila Kunis, Rachel Weisz y Michelle Williams) y correteo por todos los escenarios digitales de esta tierra mágica a través de un guión completamente funcional y predecible.

La película es larga (y se hace larga) pero aún así se queda corta argumentalmente hablando, y se notan las prisas por posicionar a los personajes, no dejando hueco para el desarrollo argumental. Raimi se ve obligado a plantar semillas con guiños de lo que se verá luego en El mago de Oz, haciendo que las cosas pasen porque sí, porque la historia es así y los personajes deben acabar en unas posiciones preestablecidas, tirando por la ventana el arco emocional que en realidad se debería mostrar. Por muy triste que suene, esto no deja de ser un negocio y el director tiene que ejercer la figura de encargado de la empresa que, al abandonar su puesto, debe dejar todo dispuesto para que el que venga detrás continúe el trabajo.

Oz-James-Franco-Mila-Kunis

© Walt Disney Studios

La llegada al Pueblo de Porcelana es de los pocos momentos restantes en los que el director vuelve a enseñar sus cartas emocionales. El encuentro de Oz con la pequeña muñeca remite a otra de las recientes producciones de Raimi: la caótica Spider-Man 3, en la que el realizador mostraba un desdén absoluto hacia ciertas imposiciones (Venom) pero revelaba en qué lado estaba puesto su corazón (la escena del nacimiento de el Hombre de Arena) con una delicadeza conmovedora.

Lamentablemente, esta baraja de la que dispone resulta pequeña en conjunto, porque, claro, nadie habría dado luz verde a esto enfocado como drama, y ahí es donde se pierde realmente su esencia. ¿Qué es Oz, un mundo de fantasía? ¿Es una historia de amor? ¿es una cinta de aventuras? ¿es cine de acción con megabatallas CGI contra brujas?


Llega un punto en el que la película pide mandar a tomar viento a los Munchkins y Quadlings y convertirse en un intenso y oscuro thriller psicológico viendo el descenso en la locura y el desgarro físico y emocional de cierto personaje; pero claro, esto es una película de Disney, no ‘Cisne negro’, así que se tira por el camino fácil.


Oz-James-Franco-Mono

© Walt Disney Studios

El mayor mal detrás de Oz, un mundo de fantasía es pertenecer a una época en la que se busca narrar los orígenes de todo, despojando a cualquier mito de todo su misterio y Raimi tiene que batallar por encontrar momentos aislados que remarcar en medio de un Oz Begins creado sin entidad propia, siendo sólo una excusa para tener una nueva saga llena de efectos digitales.

De aquí a un año a nadie se acordará de esta película –qué leches, yo la vi hace dos semanas y ya se me está olvidando–, salvo a los implicados en su ya anunciada secuela; pero si os atrevéis a viajar a la Ciudad Esmeralda, sin importar que el viaje sea largo y predecible, sabed que al menos os acompañará un director que antepone, siempre que le es posible, su corazón a una explosión o virguería digital, y un actor que consigue dejarte el culo roto en cada escena haciendo que te preguntes si está fumado o todo forma parte de su actuación.

No es mal plan para pasar una tarde lluviosa en el cine si no tenéis nada mejor que hacer u os toca contentar al sobrino de turno. Y no todos los días se tiene la ocasión de ver monos voladores.


Sam Raimi | Mitchell Kapner y David Lindsay-Abaire, basado en los libros de L. Frank Baum | James Franco, Mila Kunis, Rachel Weisz, Michelle Williams, Zach Braff, Joey King | Peter Deming | Danny Elfman | Bob Murawski | Robert Stromberg | Walt Disney España | Walt Disney Pictures, Roth Films |
  • http://www.facebook.com/cinthya.jaraguadalupe Cinthya Jara Guadalupe

    mmmm una pregunta quisiera saber de que obra o libro fue inspirada esta pelicula porfas me pueden decir

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=1003175260 Santi Serrano Sedano

    ¿En serio?.Yo soy de los que andaba buscando todo el rato a Bruce Campbell durante la proyección y cuando di con el creo que me emocioné más que con toda la peli. Y eso que tiene momentos que son puro Raimi…algunos planos y escenas como bien se dice en la critica podrían formar parte de la trilogia “Evil Dead”.

  • http://www.facebook.com/daria.sensei Sandra Acosta

    Esta crítica es demasiado amable.
    Si bien la película no es un bodrio de las dimensiones de la mencionada Alicia, es demasiado impresonal y se nota que Raimi lo ha hecho solo para cobrar el cheque. Le sobra demasiado metraje, demasiada melcocha y le falta un poco más de audacia y malicia.
    Ay, el pg13… cuanto daño ha hecho al cine actual :/

Críticas

ant-man-y-la-avispa

Aquí hemos venido por las risas.

sicario el dia del soldado

El camino a la redención.

theendlessport

Nunca caminarás solo, hermano.

jurassic world el reino caido

Jugando con los dinosaurios a casas encantadas.

novitiate

Deseos, derechos y libertades.

Twitter

Podcast