Firmas

El Mes de los Muertos Vivientes (II)

‘Crimen en la noche’, el zombie vampiro

Por Alberto Abuín

Si al hablar sobre una de las obras maestras de Tourneur ‘Yo anduve con un zombie’ (‘I Walked Woth a Zombie’, 1943) destacábamos la inteligencia del realizador a la hora de suplir la economía de medios, en ‘Crimen en la noche’ (‘Dead of Night’, Bob Clark, 1972) —film maldito donde los haya— pasa algo parecido. El director que años más tarde cosechó un gran éxito con ‘Porky´s’ (id, 1982) iba para autor a tener en cuenta debido a sus primeros trabajos en la década de los 70. Clark fue uno de los primeros en adaptar al cine norteamericano los conceptos del giallo italiano del mismo modo que poco después harían realizadores como John Carpenter. Sin ir más lejos, un precedente muy claro de ‘Halloween’ (id, 1978) es ‘Black Christmas’ (id, 1974), otra cinta maldita, que adelantaba en cuatro años todo lo que Carpenter asentaría posteriormente. A Clark también le debemos una de las mejores aventuras cinematográficas de Sherlock Holmes en la excelente ‘Asesinato por decreto’ (‘Murder By Decree’, 1979) en la que había no pocos elementos de terror.

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Es precisamente el terror el género que Clark abraza en su mejor época como cineasta, curiosamente la menos conocida. Su tercera película además se hace eco de una triste realidad en la sociedad estadounidense en aquellos años en los que la guerra de Vietnam les estaba atizando en lo más profundo de su orgullo. A los soldados americanos enviados a dicha contienda no les llegaba con perder la misma, sino que muchos de ellos al regreso a su país tuvieron que sufrir el desprecio de sus propios compatriotas. En ‘Crimen en la noche’ eso queda expuesto en su delirante premisa: un joven soldado es abatido en Vietnam y milagrosamente regresa a casa convertido en un zombie muy peculiar, no sólo alejado de la visión de Tourneur, sino también de la de George A. Romero, extendida tanto en las secuelas de su archifamosa ‘La noche de los muertos vivientes’ (‘Night of the Living Dead’, 1968) como en sus mil imitaciones.

(From here to the end, Spoilers)

El film da inicio con un montaje que mezcla la muerte del soldado y la plegaria de su madre pidiendo, rezando, que le devuelvan a su hijo vivo y sano. Tras una notificación por parte del ejército de que efectivamente Andy Brooks —Richard Backus en un papel que era para Christopher Walken—ha fallecido en combate, este aparece en una carretera del país haciendo autostop para regresar a su hogar donde es recibido con los brazos abiertos por parte de su madre y hermana, y con bastante desconfianza por su padre quien poco a poco va comprendiendo que su hijo se ha convertido en otra cosa. Ningún personaje llega a ver completamente lo que verdaderamente es y hace Andy, ni siquiera se usan términos como zombie o expresiones como muerto viviente, y sólo el espectador es testigo de las nuevas manías de un nuevo Andy. Cada cierto tiempo este asesina a personas a las que le roba la sangre como si de una transfusión se tratase. ¿Vampiro o zombie? ¿O ambas cosas? Probablemente una nueve especie de monster que recoge elementos de ambos mitos.

La enorme economía de medios —tantos que el film puede ser considerado cutre en muchos momentos— obliga a Clark a lucirse en lo que mejor se le daba: crear una atmósfera de terror, insana e incómoda a lo largo de casi todo el metraje, para concluir en un final que puede recibir todos los sinónimos de extraño, y con cierta carga de melancolía en el subtexto, una pequeña locura que no se ha visto en el subgénero, el monstruo que no pidió serlo solo quiere descansar en su tumba, como debió ser en un principio. Hasta ese instante, los momentos de terror propiamente dichos son más bien pocos, Clark realiza una alegoría sobre los sentimientos del veterano que regresa a casa con todo su ser cambiado por los horrores vividos en una guerra, encontrándose con un horror aún mayor, el de la incomprensión. La gracia es que regresa sin pedirlo, como respuesta a una oración, una pequeña vuelta de tuerca, convirtiendo ciertas peticiones de carácter religioso en algo equivocado. Y si estiramos las posibilidades podemos llegar hasta el peligro que supone el desmesurado amor de una madre.

Llama la atención el uso de la oscuridad, fotografía obra y gracia Jack McGowan, de escasa repercusión en el mundillo, que le viene fenomenal a algunas de las situaciones. Por ejemplo ese camión que aparece de la nada y recoge a Andy para acto seguido desaparecer en completa oscuridad. También esa parte final, en la que el propio director realiza un cameo, un atractivo disparate de tiros que conduce a la trágica conclusión. Una demostración muy eficaz de cómo resolver ciertos retos técnicos con un presupuesto nada holgado, con imaginación. Lo mismo podría decirse de la resolución de algunas situaciones, como la del auto-cine, en la que curiosamente el único ápice del Andy que todos conocen responde a un comentario de carácter sexual y que tranquiliza a los presentes, con la delicadeza por parte de Clark de no convertirlo en un momento cómico.

El muerto viviente de ‘Crimen en la noche’ es uno de los más extraños que se hayan visto en una película. Y con las peores muestras de personalidad que un ser humano pueda tener. Patetismo, extrema seriedad, parquedad de palabras, violencia contenida, con un plus terrible: es consciente de ser un muerto viviente, morando por un mundo que no lo acepta ni lo aceptará jamás y que solo cuenta con el amor incondicional de una madre que le dio la vida y también es testigo de su agonía final. Es sin duda lo más atractivo de una película que por otro lado depende demasiado de coincidencias en su desarrollo argumental —ese doctor que sospecha todo contagiando sus sospechas al padre de Andy— a lo que hay que añadir cambios bruscos de ritmo. Con todo, una de las piezas más raras e interesantes dentro del subgénero al que pertenece y del que se aparta al mismo tiempo. Joe Dante realizaría algo parecido muchos años después en un extraordinario episodio de la serie ‘Masters of Horror’.

 

  • John Constantine

    Asesinato por Decreto es, para servidor, la mejor adaptación de Homes al cine de todos los tiempos. No le falta absolutamente nada y la interpretación de Plummer como Sherlock Holmes me parece antológica, tocando absolutamente todas las teclas necesarias.

  • John Ryder

    Película enrarecida donde las haya. Bob Clark conseguía dotar a sus películas de terror de un sello especial, dentro de la escasez de medios. Echo muchos de menos parte de la oscuridad densa (casi palpable), la atmósfera malsana y las ideas malrolleras y valientes en buena parte del cine de terror actual, limpio, cuco y amaestrado.

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