Críticas

El Hobbit: La Desolación de Smaug

Regla del Cool: si una película tiene un dragón psicópata gigante que habla, sus posibilidades de ser la polla aumentan exponencialmente. Sin llegar a ese nivel, hay varias cosas que puedo decir sobre El Hobbit, Cacho 2: contiene los momentos más inspirados de Jackson desde hace una década, es consistentemente mejor que el primer cacho del año pasado por personajes, estética y ritmo, no hay absolutamente nada que se pueda hacer ya respecto al perenne problema de la duración (por motivos que explico justo debajo), y viva Evangeline Lilly, campeona del amor interracial y ahora con orejitas mordisqueables.

© Wingnut Films

© Wingnut Films.

El Hobbit de Peter Jackson funciona de dos maneras: como trilogía en sí y como precedente directo de las tres películas de El Señor de los Anillos. Si algo ratificamos en Smaug es que Jackson nunca concibió El Hobbit como un mero piscolabis, un guiño final a los fans o un regreso sencillo a terreno conocido, sino como episodios en firme, con peso específico e indivisibles de una hexalogía de películas con ánimo de ser la traducción cinematográfica definitiva de la obra de Tolkien. En conclusión: Jackson alcanzará su objetivo final allá por 2017, con el lanzamiento de la Tolkien 4K Ultimate Nirvana Edition It’s Over Nine Thousand!!!, conformada por seis ediciones extendidas, con un total de 24 horas de duración y acompañada de un Anillo Único peneano y un nabo de goma con conexión USB firmado por Orlando Bloom. Deal with it.

Sabiendo esto, se me hace un poco raro comentar lo que no es más que un mero extracto. No hay arco completo en los personajes y no se abre ni se cierra ninguna trama. Más que nunca, Smaug funciona como una sección, porque incluso Las Dos Torres cerraba con la conclusión de una situación concreta (el asedio al Abismo de Helm). Pero es una sección marcada por un relativo dinamismo: en sus 160 minutos de duración, el film nos lleva a un mínimo de seis localizaciones distintas, bien marcadas entre sí, con sus propios peligros y personajes, y separadas generalmente por una secuencia de acción, lo que genera una sensación de progreso, que no exactamente “urgencia” –hay que tener en cuenta que Jackson tiene tres películas a su disposición–.

En este sentido, Smaug llama a engaño en una cosa: no es tan GRANDE como aparenta ser, y eso me gusta. Sí, hay un dragón de seis kilómetros de largo, pero lo que se encuentra ausente es la habitual y abrumadora escena de batalla con doscientas mil personas. Esta clase de secuencias funcionaban en Anillos porque en esa trilogía Jackson estaba haciendo malabares con cuatro, cinco tramas diferentes, y a cambio de épica pura y dura en unas, se permitía ser más intimista en otras. Aquí, solo tiene dos, los enanos y Bilbo por un lado, Gandalf por otro –cuya historia sirve de bisagra con la trilogía de Anillos–. Y uno de los grandes problemas de la primera parte de El Hobbit era su insistencia en expandir –y, finalmente, diluir– con grandes combates lo que en realidad funciona mejor como una historia más limitada.

© Wingnut Films.

© Wingnut Films

Aquí vemos la diferencia. En Smaug podemos ver las dos caras de Peter Jackson: el megalómano que concibe las secuencias de acción como una mera sucesión de momentos estrambóticos y un masivo número de personajes sin impacto alguno ni sentido de la continuidad, y el cineasta pausado, proclive a removerte el estómago de asquito y enamorado de la tensión y con auténtica chispa visual. El primero, afortunadamente para mí, solo se ve en la supuesta gran secuencia de acción de mitad del film (una grotesca persecución por el río, virtual en fondo y forma, “falsa”, donde vuelve a pasarse por el forro de los cojones la suspensión de incredulidad, las leyes de la física, y la capacidad de atención del espectador). Smaug es territorio del segundo: el combate literal de luz y tinieblas (Ikaruga total) al que se enfrenta Gandalf, las putas arañas gigantes al inicio del film, y sobre todo, SOBRE TODO, un clímax contra el dragón que recoge una de mis tradiciones estructurales favoritas de los videojuegos; una lucha en firme contra un final boss, con minifases incluidas, en la que nuestros héroes deben preparar una serie de elementos que, unidos, ejecutan un golpe brutal al enemigo. Rara es la vez que veo una configuración así (Alien 3, por poner un ejemplo) y representa una poderosa respuesta a quienes acusan de “simplismo” estructural a los videollocos y de ser incapaces de aportar toques de su narrativa al medio cinematográfico, porque aquí no solo dota a la secuencia de un orden por causas y efectos, amén de precisión y claridad, sino que junto a la interpretación vocal de Cumblepuff y al tenso prolegómeno con Freeman, convierte a Smaug en un antagonista como la copa de un pino por tamaño, magias, skill, mala leche, refocilamiento y resistencia a prueba de bombas de protones, insondablemente superior al puto coñazo de “Casper, el orco gruñón” que vuelve aparecer en esta ocasión maldita sea, acompañado de un clon con pelo raro.


A la espera de conocer el resultado final, no puedo valorar La Desolación de Smaug por completo. Pero si la trilogía acaba como el culo, por lo menos podremos decir que aquí pudimos ver a un Jackson como es de ley, a pesar de sus vicios.


Fuera de las secuencias de acción, Smaug profundiza en dos razas esenciales en el mundo de Tolkien de las que hasta ese momento no teníamos muchas noticias: elfos y, sobre todo, humanos. Sucede en este caso que la aproximación es más tranquila. Estamos fuera de período de guerra. La “sociedad” opera más o menos con normalidad. Y esto es nuevo, y Jackson lo sabe. Los contrastes ya no se limitan al combate. Ahora percibimos las diferencias en todo su esplendor. Vemos la disciplina de los primeros, su amor por el orden, por la fluidez y el control. Los segundos son unos hijoputillas ladinos, dicharacheros y truhanes, que viven en el gran triunfo estético del film, una ciudad en un lago, opresiva, tangible (es un decorado extraordinario) abarrotada, recargada…y viva, alejada de los castillos, de los monumentales salones de piedra, de las murallas, las órdenes y de las barricadas, y síntoma de que Jackson se ha alejado un poco de la épica de caballería para abrazar –quizás merced a la influencia inicial de Del Toro– abiertamente la fantasía, algo que se atisbaba en el primer cacho, con personajes caricaturescos y animales parlantes. Alivian, contrastan y potencian las interpretaciones más graves.

© Wingnut Films

© Wingnut Films

La rimbombancia de Stephen Fry –y su fiel ayudante… er… Antoine– , el diseño de Luke Evans (en el papel de Bardo, estéticamente sacado de una película de capa y espada, perillita incluida), la vivacidad de Lilly o el propio Benedict Cumberbatch como la voz de Smaug –por la mera inflexión de su voz, el actor británico otorga miles de matices a lo que podría haber sido un “evil fucking dragon”–, dan a El Hobbit el matiz juguetón que estaba buscando. Para comparar (porque vale la pena reiterar que estamos viendo dos Jacksons en este film, dos formas de aproximarse a una historia), os invito a ver la gravedad de la trama que sigue a Gandalf, “Anillos” puro y duro. Y fácilmente pulible. Sé que forma parte de un Master Plan y no es que arrebate inercia a la trama; Gandalf tiene sus aventurillas y recordamos el fantástico momento antes mencionado, pero desprende una importante peste a terreno conocido.

La putada de todo esto es que me resulta imposible extraer una conclusión concreta de La Desolación de Smaug. No sé cómo terminará esto. No sé si Jackson se atendrá a estos principios el año que viene o si se sacará la chorra para cumplir el casi nunca acertado principio de “más es mejor”. Digamos que aquí está mal apoyado en una especie de punto de equilibrio donde el realizador neozelandés, el de Braindead, el de Mal Gusto, el de Criaturas Celestiales, el de la escena del abismo de King Kong, termina inclinándose hacia donde le llevan sus instintos primarios. Lo que es agradecidísimo, por mi parte. Smaug, primero, me hace pasar un rato legítimamente entretenido, segundo, me deja la gayola a medio hacer por su falta de cierre, tercero, no dejo de imaginarme en mi cabeza mi propia versión redux, de 40 minutos menos, y cuarto, me permite descubrir que en Jackson sigue latiendo un corazón. Los instintos siguen ahí. Me pregunto si los seguirá hasta el final.


Peter Jackson | Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro | Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage, Stephen Fry, Evangeline Lilly, Lee Pace, Luke Davis, Ken Stott, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O'Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Brown | Andrew Lesnie | Jabez Olssen | Howard Shore | Dan Hennah | Carolynne Cunningham, Peter Jackson, Fran Walsh, Zane Weiner | Toby Emmerich, Callum Greene, Alan Horn, Ken Kamins | New Line Cinema, MGM, WingNut Films, 3Foot7 | Warner Bros. |
  • Peckinpah

    Me mola que te mole. :)

  • isaargh

    Me ha molado que le pidas un abrazo

  • Guest

    Me gusto mucho es una épica y magnifica película aunque me abisma ver un final abierto me encantaría ver la continuación y para todos los que critican que consigan algo mejor que hacer en este maldito mundo hay mejores cosas que hacer idiotas […]

    Ademas de eso creo que las criticas se hacen constructivas no ofensivas en que clase de mundo vivimos y para lo que sea que siga me encantaría ver que sigue algo inesperado, asombroso y cada ves mejor …

  • Borja Cisneros

    para mi claramente en lugar de aparecer los trasgos aparecerán los orcos, y así seguirá siendo la batalla de los 5 ejércitos. No me parece un cambio tan drástico, teniendo en cuenta que estas películas amplían El Hobbit y se trata de enlazar con ESDLA no se puede ir al cine con la mentalidad purista. Tolkien escribió El Hobbit sin tener ESDLA en mente, muchos de estos cambios lo que hacen es unir más ambas historias yo no lo veo mal.

    En cuanto a lo de Sauron no veo mal que nos muestren a un Gandalf dudando: saben que hay un mal en Dol Guldur, alguien muy poderoso. Va a investigar y se confirma que es Sauron. La única diferencia es que en los escritos de Tolkien Gandalf no pensaba que el Nigromante fuese Sauron. de Dol Guldur huye a Mordor y comienza a tocar los huevos a Saruman.

  • Waltereborn

    Mil gracias George. Un abrazo.

  • CarlosAJM

    Y con mi hacha.

  • CarlosAJM

    Es que apenas sale, es donde más se nota que han cortado. Es más, creo que el Bosque Negro también lo han desaprovechado, pero la historia en el pueblo está muy bien hecha.

  • http://genevievemonette.tumblr.com/ Genevieve Monette

    Jajaja, ¡Moriarty!. Espérate al tercer capítulo de la segunda. Épico. No voy a decir nada más para que flipes aún más.

Críticas

fantastic_beasts_and_where_to_find_them_4k-wide-jpg-6000x3750

La franquicia Warner de calidad (por Doctor Diablo).

la-et-mn-arrival-amy-adams-20160904-snap

Todo se deshace, pero el centro se sostiene.

sullyport

La integridad como norma. Por Nauzet Melián

doctor-strange

Marvel recurre a la habitual fórmula de origen de personaje.

inferno

El acertijo es la excusa.

Twitter

Podcast