Noticias

Cerramos el año con un poquito de cine oportuno

Con el IVA cultural en el 21%, las ayudas reducidas drásticamente, con un nuevo modelo de financiación para el cine, basado en el mecenazgo, que nunca llega (y cuya efectividad está por ver), me reservo la posibilidad de pensar y decir en voz alta que la crisis está siendo la excusa para cercenar la cultura. Una cultura que sí, también entretiene, pero que siempre ha sido germen de conocimiento, pensamiento crítico y una forma de plasmar sueños y utopías perfectamente reivindicables.

Otros años hemos recomendado típicas películas navideñas, esas que en nuestra infancia nos hicieron crecer felices y que transmitían valores más o menos universales (amistad, valor, amor…). Pero este año, que ya estamos muy quemados y que nada nos impide revisitar esos títulos, me parece más oportuno recomendar otros títulos. Películas muy oportunas dada nuestra actualidad política y que, de paso, demuestran ese lado de la cultura que tanto molesta a aquellos que intentan callarla. Quizás pocos sean la alegría de la huerta, es verdad, pero es que la gente que nos gobierna se ha esmerado en amargarnos las Navidades, y nunca está de más acordarnos de ellos y de sus familias.

La Escopeta Nacional: Los chanchullos de Miguel Blesa y José María Aznar, que se gestaban entre cacerías, puros y copas de coñac, son pura esencia berlanguiana y una muestra de que nuestra clase política actual es igual que la de hace casi 40 años. La peli es muy graciosa, pero a uno se le agria la sangre pensando que lo que parece una parodia era y es, simplemente, un retrato de aquellos que luego dan lecciones de democracia mientras se forran a nuestra costa.

Margin Call: Aunque este título retrate, y con qué acierto, la caída de la primera empresa que desembocó en la actual crisis financiera mundial, la actitud de muchos de sus personajes, sobre todo los que ocupaban las esferas más altas, nos recuerdan de nuevo a lo que aquí ha ocurrido con gente como Blesa y otros banqueros que mientras desangraban a su clientela y llevaban a sus entidades a la quiebra y posterior rescate, se llenaban los bolsillos y abandonaban el barco como RATAS. Ver un título como éste no sólo os regocijará en vuestra cinefilia, sino que os encenderá un poquito más la mecha para no caer en la tentación de que, con esos augurios de recuperación, esto no volverá a pasar. PASARÁ.

4 Meses, 3 Semanas, 2 Días: Nuestro gobierno ha decidido que una mujer no es dueña de su cuerpo ni capaz de decidir de forma unilateral si desea o no tener un niño que ya se está gestando. Sólo contempla dos supuestos, malformación incompatible con la vida o que la mujer muestre un trastorno derivado del embarazo. En el primer caso es una cuestión lógica y de salud, en el segundo, teniendo en cuenta que una depresión o un problema de ansiedad no aflora de un día para otro, puede suponer un riesgo para la madre tener que verse obligada a prolongar la gestación hasta que dos médicos certifiquen que el embarazo puede generarle algún tipo de trauma. Ignora el gobierno que una mujer puede no querer tener un niño porque no tenga dinero para mantenerlo, porque su entorno familiar no sea favorable, porque padezca algún tipo de impedimento de otro tipo o porque, simplemente, no sea un momento oportuno. Ni siquiera que el no nato pueda tener algún tipo de discapacidad da libertad a una madre para decidir si desea tenerlo o no, el estado le obligará a hacerse cargo de él a la vez que reduce ayudas a la dependencia, destroza la educación pública, etc. Todo esto por no decir que el gobierno entiende que las mujeres que deciden abortar lo deben hacer por algún tipo de capricho absurdo, que no saben lo que hacen y que ya deciden ellos. Como si abortar fuese algo tan simple como ir al chino a por pipas. Una fractura social brutal, porque serán las familias con pocos recursos las que al final deban tener al bebé o acudir a lo clandestino. Una clandestinidad que muestra muy bien una película como 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días. Algo que recomendamos complementar, para no acabar demasiado deprimidos, con la visión amargamente cómica que el genio George Carlin tenía sobre el tema.

La Pelota Vasca: La Piel Contra la Piedra: Es verdad que aún queda mucho para llegar a un clima de convivencia ideal en el País Vasco, pero también es verdad que se ha avanzado enormemente en los últimos años en este campo, el mundo abertzale vuelve a estar en las instituciones, algo que para muchos es una ofensa, pero que en realidad responde a algo sencillo: cumplen la ley de partidos que se elaboró para dejar a ETA fuera de las instituciones. Insisto, aún queda mucho recorrido y que muchas tibiezas dejen de ser tal cosa, pero a pie de calle se respira una normalidad inaudita hace 10 años y la convivencia es mucho mejor. El que el colectivo de presos de ETA hace unos días reconociera el daño causado y aceptase la ley penitenciaria, aunque sea un gesto aparentemente leve nacido de una obviedad, es un claro síntoma de que las cosas van por buen camino.

El documental de Julio Médem, que le costó al director una campaña brutal en su contra, no pretendía sino hacer un retrato de lo que pasaba en Euskadi y en España en aquel momento, hace ahora 10 años, con un clima mucho peor, con ETA aún en plena actividad, pero donde empezaba a vislumbrarse incluso en boca de quienes eran afines al mundo más radical, una necesidad de que el problema llegase a su fin. Un documental que lo único que defendía era la voluntad de entendimiento, pero que muchos quisieron ver como un equivocado movimiento de dar voz en igualdad de condiciones al mundo abertzale. Pero es que no hay entendimiento sin diálogo y no se puede conocer un problema sin mirarlo de cerca, desde dentro y buscar el por qué del mismo. Pese a algunas voces ausentes, como el PP, que declinó participar, e incluso debida a eso, este documental es un fiel reflejo de cómo estaban las cosas hace 10 años y de cómo ha sido posible llegar a este punto. Ha sido necesario ser implacables con la ley, pero también asumir y reconocer que el entorno abertzale ha dado pasos importantes aunque aún estén lejos de lo que muchos quisiéramos. Estamos muy cerquita de que la normalidad total sea un hecho, ojalá que sea pronto.

Las Uvas de la Ira: Joseph Steinbeck escribió en 1939 la novela Las Uvas de La Ira que John Ford adaptaría al cine un año más tarde. Una historia que contaba las consecuencias de la crisis provocada por el crack de 1929 y sus efectos en pequeños campesinos que fueron desahuciados de sus tierras teniendo que emigrar a California en busca de un porvenir mejor. Os suena ¿no? Da igual que hayan pasado casi 70 años, la crisis actual la vuelven a pagar quienes menos tienen, muchas veces quedándose sin casa. Vuelve a obligar a mucha gente a marcharse fuera porque en su país el gobierno ha decidido que son ellos los que deben pagar el pato mientras oímos estupideces como lo de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Ojalá que el inminente 2014 de motivos reales de optimismo, aunque mucho me temo que bajo la fachada de que las cosas mejoran se estará cocinando el caldito que acabe hirviendo dentro de unos años con otra nueva crisis. Llamadme aguafiestas, pero es lo que creo.

Por lo demás, feliz año a todos (sin coña, ojalá sea un buen 2014 para todos) y tened cuidado esta noche si cogéis el coche.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • dearimatea

    Predicador es la hostia y todo el Punisher Max de Ennis, una maravilla

  • Erik

    Se agradece Señor Grijaldo. Un placer.

Críticas

la monja

Terror perezoso sostenido en un escenario terrorífico.

equalizer 2

Tu amigo y vecino Denzel.

Captura

La bestia domada.

mi6

Pillad palomítas.

ant-man-y-la-avispa

Aquí hemos venido por las risas.

Twitter

Podcast