Críticas

El Lobo de Wall Street

Aquí va un motivo rotundo para ver El Lobo de Wall Street: se trata de una de las últimas oportunidades que tendréis de ver al dueto formado por Martin Scorsese (director, 71 años) y Thelma Schoonmaker (montadora, 74 años); dos individuos cuyos talentos, sumados –sin olvidar al extraordinario productor Irwin Winkler–, conforman uno de los más elevados estándares de técnica y narración cinematográfica del cine estadounidense contemporáneo. Segunda razón: la consolidación total y absoluta, a ojos de este servidor, de Leonardo DiCaprio como actor por el que gastar el precio de una entrada de cine. Tercera razón: en 180 minutos, a El Lobo de Wall Street solo le sobran, como mucho, mucho, tres escenas. Cuarta: siendo la incursión más descarada de su director en el género cómico desde Jo, Qué Noche, El Lobo de Wall Street me pareció constantemente divertida y puntualmente hilarante hasta el punto de mearme en la butaca. Una razón para no verla: que estéis buscando un film con el que saciar vuestra indignación con el tema que trata. Puedo recomendaros, en este sentido, mil películas antes que la que nos ocupa, pero solo puedo recomendaros una que reúna los cuatro motivos previos, y hela aquí.

© Universal Pictures

© Universal Pictures

El Lobo de Wall Street es la historia de Jordan Belfort, agente de bolsa cuyas habilidades para el negocio acaban convirtiéndole en proverbial emperador de los mercados, situado por encima de la ley y de cualquier tipo de atadura moral. Jordan Belfort, para que nos entendamos, es Dios. Es nuestro narrador y guía del film.  No existe nada que quede fuera de su punto de vista, ninguna situación que no pase a través de su perspectiva.  Es un hedonista, un vividor, un matón, un ninfómano y un drogadicto encantado de serlo. No tienes derecho a mirarle a la cara, no puedes hablar sin su permiso y no existe forma alguna de que alguna vez, situado como está en las alturas, empatice jamás contigo.  Jordan Belfort es un monstruo contemporáneo. La clase de animal capacitado para existir gracias al funcionamiento de nuestra sociedad.  Belfort viene a condensar el esterotipo negativo DEFINITIVO del villano de nuestros días, y a Scorsese esta figura le resulta absolutamente irresistible. Al fin y al cabo, hablamos de un personaje aparecido a medida de un cineasta fascinado por el crimen, no tanto por sus efectos, sino por el poder absoluto que en sí mismo ejerce sobre las personas. El Lobo es un retorno al pasado para Scorsese, hasta el punto de que el film podría integrar una trilogía con Uno de los Nuestros y Casino tanto por el contenido mencionado, como por la estructura –exposición voz en off -> hora de historia pura y dura -> montaje final– como por la libertad técnica de la que hace gala el director, muchísimo más suelto en sus herramientas que en Infiltrados o Shutter Island.  Lo que diferencia a El Lobo es su marcado carácter cómico derivado del hecho de que Scorsese no encuentra en este individuo ningún punto moral al que agarrarse, ningún código ético que perseguir. Llegado a este punto, el director y su actor protagonista deciden desde el principio dejar de intentar buscar un sentido a la figura de Belfort. Su opción escogida, porque Belfort es monstruoso, es refocilarse en ella.

Y el resultado es que El Lobo de Wall Street supone una crítica a los criminales trajeados como Starship Troopers lo era al estamento militar. Tan fascinada por sus personajes y por el mundo en el que viven, tan dominada por el gamberrismo, que estás a punto de olvidarte de que es una crítica. Las tres horas de El Lobo de Wall Street podrían resumirse en esto: “Mira qué bien se lo están pasando estos hijos de la gran puta”. Belfort y su horda de lacayos ni siquiera son descritos como personas excepcionalmente hábiles en su labor. Son un puñado de vendeburros que aparecieron en el momento y en el lugar necesarios, y que llegaron a la cima destrozando vidas de pobres incautos,  chupando para mofa y befa su dinero y su buena voluntad. El caso es que no es un film sobre las víctimas, que rara vez aparecen en escena y solo a través de un hilo telefónico. Es un film sobre los verdugos.  Todo el rato. Todo verdugos. Todo excesos.

Lo que distingue a El Lobo de otros films caracterizados por acercarse peligrosamente al límite es que Scorsese y su bandera, Leonardo DiCaprio, están disfrutando genuinamente con el material e intentan contagiarte ese humor. Dos días después de verla, me sigue enamorando como Scorsese es capaz de lidiar con tanta gracia con un tema tan repulsivo. Los motivos son varios. Se trata de un film elegante y cuidado que, por pura técnica y riqueza visual, te distancia convenientemente de lo que ves.  Es un film precioso que contrasta con la fealdad de su tema. Es un film juguetón que intenta tomarte el pelo a la mínima, otro motivo para relajarnos y dejar nuestro cabreo a la puerta del cine. Y es una película que, afortunadamente, da un paso más allá de la mera “incorrección política” (perdón por el término) gracias al uso del humor, del sexo explícito y del uso constante de las drogas no como añadido, sino como motor de la trama. El Lobo de Wall Street busca a un espectador con manga ancha y tolerante. Y tolerancia va a hacer falta. De lo contrario sería insoportable, porque Lobo abunda en tetas, culos, nabos, rayas, pirulas, orgías y gerontofilia,  ensanchando los límites de lo que entendemos por una película mainstream sin llegar –aunque dando un pasito más cerca– al terreno peligroso del cine marginal donde se crió su director y vivió durante décadas. Para todo el repudiable comportamiento que exhibe, Lobo nunca, nunca, nunca, es un film hostil o amenazador.  Es una gamberrada que se distingue particulamente porque, a la mínima que tengas la mente abierta, te va a permitir captar la broma. No se me ocurre mejor forma de describirlo.

Partiendo de esta premisa, la película podría ser acusada de intrascendente. Al fin y al cabo, no cuenta nada que no sepamos y el film de Verhoeven, por volver a la comparación, nos proponía un comentario más profundo: era un film que sentía (o, mejor dicho, que te engañaba para que creyeras sentir) admiración por sus personajes. Nada de eso hay en El Lobo de Wall Street. Es más: todos los intentos por conectar a Belfort conmigo caen completamente en saco roto. Su familia me importa cero. Su mujer me importa cero. Scorsese intenta medio caracterizar a Belfort como “un hombre hecho a si mismo dispuesto a luchar hasta el final por su empresa”. Cero. Son momentos en los que el film da un paso atrás. No puede convencerme de aceptar a un individuo que, en un momento dado del film, se plantea abiertamente si los enanos son seres humanos o si merecen por contra una categoría especial. Este cambio de marchas es más dañino de lo que parece, ¿sabéis por qué? Porque El Lobo de Wall Street, durante la mayor parte de su metraje, intenta que Belfort me caiga bien apelando no a mi compasión, sino a mis instintos más bajos porque vive Dios que no me moriré sin soplar farlopa en el ojete de una prostituta (sí, hay de eso. Y cómo).

© Universal Pictures

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El film, durante la inmensa parte de su metraje y salvando estos peligrosos momentos, odia la trascendencia como la peste. Hay un componente de entretenimiento tan brutal, tan “te lo vas a pasar pipa” que supercede cualquier ambición –porque a Martin Scorsese, que lleva haciendo cine más de lo que yo he vivido, le suda todo la polla y solo un realizador tan veterano podría despojar a semejante material de cualquier rastro de importancia. — Hay muchísimas cosas graciosas y me encanta el humor genuinamente idiota y absurdo del film, y la comprensión de la que hace gala Leonardo DiCaprio sobre el tono que el director quiere imprimir.

Si en Django Desencadenado DiCaprio se dejaba la piel, lo que hace en este film alcanza cimas Cruisianas,  por inteligencia, confianza en sí mismo y esfuerzo. La inteligencia se ve en su faceta de narrador. Aquí el film hace una cosa muy curiosa: nunca estás seguro de si la historia que te está contando Belfort es cierta. Es un individuo que ha pasado tan alcoholizado y entripado tanto tiempo, que ni siquiera sabe de qué color es el coche que conduce. En cada gesto de DiCaprio hay una especie de guiño que te incita a asumir que, quizás, nada de lo que estás viendo es cierto, que no es más que una ilusión de un fulano borracho de poder. Este elemento, el del narrador poco fiable, encaja perfectamente con la propuesta ligera y distanciada del realizador. A sus 40 años, DiCaprio ha conseguido discernir no solo el personaje, sino el contexto en el que funciona, adaptándose a la propuesta del director, por salvaje que sea, sin dudas y sin temores.  El resto viene dado simplemente por su dignidad: tenemos a un actor, por fin, que sabes que siempre le importará el proyecto en el que está, que nunca te dejará salir del cine sin la sensación de que le has visto dar el 120 por ciento de lo que tiene. Para cuando llega la GRAN ESCENA DEL FILM –sabréis cuál, y os aseguro que solo esa escena vale el dinero de la entrada… los asistentes al  Palafox, palabra de boy scout, estábamos presas de un ataque de risa histérica nivel Gel Capilar de Algo Pasa Con Mary– Leonardo DiCaprio, en palabras de un tío, que soy yo, al que nunca le dijo gran cosa: está MATANDO en una película.

(Un apunte. Cabe destacar que Matthew McConaughey hace exactamente eso en cinco. Minutos. De aparición. McConaughey ha roto un dique, o ha superado un trauma o qué se yo porque no encuentro otra explicación, y ya por ratificar, ahora es actor de “todo el mundo a cubierto que sale este pavo”)

DiCaprio está impulsando a Hill (señor increíblemente cómodo en el papel de George Constanza: bufón con lustre) y a Margot Robbie (canalizando la energía de Sharon Stone en una interpretación que dudo mucho que volvamos a ver, porque de lo contrario estaríamos ante la nueva Charlize Theron: ojo a la discusión de matrimonio y a la puta mala hostia de la que hace gala). Y Scorsese, por encima de todo, ha hecho un entretenimiento de primera categoría sobre la miseria. Me mantengo en mis trece: nunca volveremos a ver al kamikaze de Taxi Driver o Al Límite por la ausencia de su guionista fundamental, pero tenemos aquí a un realizador de 70 años en plenitud de creatividad y facultades, sin indicios aparentes de dejadez, en la que probablemente será una de sus últimas incursiones en el estilo que él mismo implantó. Solo por eso, sin menoscabo de su fantástico actor principal, El Lobo de Wall Street no puede ser más recomendable.

 


Martin Scorsese | Terence Winter, basado en el libro de Jordan Belfort | Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Bernthal, Jon Favreau, Jean Dujardin, | Rodrigo Prieto | Thelma Schoonmaker | Bob Shaw | Danny Dimbort, Georgia Kacandes, Alexandra Milchan, Irwin Winkler | Leonardo DiCaprio, Martin Scorsese |
  • doc_diablo

    Está claro.
    La peli es excesiva no pq Scorsese establezca un paralelismo con el estilo de vida de sus protas, sino pq en una ingeniosa maniobra comercial, sabe que la gente prefiere cantidad (supongo que de la droga que te metes) a calidad.
    La has clavado.

  • yoGrandier

    Como te gusta hacer leña del árbol caído…. menos mala sangre macho.
    La pelicula…creo que es hype del momento. Claramente en un tiempo nadie la recomendará dentro de la filmografía del director.
    Esta claro que lo que quiere es poner los dientes largos a todos los mataos que jamás podrán darse un lujo…en todas sus variantes.
    La película en sí es como su banda sonora, una montaña rusa sin sentido. (La escena del yate en la tormenta era necesaria??)
    Todo esto seguramente hace las delicias de un público que hace tiempo que prefiere “CANTIDAD” y no “CALIDAD”

    PD: Txema: Monegros es mierda desde hace una década, deja de ir, tendrás menos preocupados a tus padres y no, Dicaprio no estuvo yendo a Monegros contigo. Déjate de Gifts como si siguieras en el cole.

    Paz

  • criticontropus

    Niños, han disparado tanto a tanto…nadie ha dicho lo relevante, lo más relevante del film: es Scorsese invistiendo la piel de Belfort.
    No es la realidad. Es la deforme realidad de Belfort.
    De un Belfort arrepentido…y de un “liberal” como Scorsese.

    Y, por favor, españoles, a ver si escriben en alguna forma internacional del español, de manera que los no-españoles podamos juzgar las tonterías que regurgitan aquí…

  • Jack Frost

    A mi me encantó Jonah Hill!

  • Julio Alonso

    Opinión, desde luego muy respetable. Pero el cine es en color, para que haya colores para todos los gustos.
    Gracias por leer http://www.quepodemosver.com

  • JakoTorres

    Bueno,

    La película es una pasada. Me ha resultado increiblemente cómica.

    Es un desfase de 3 horas tan perfectamente diseñado, orquestrado y montado que ni cansa, ni llegas a verlo realmente como un desfase modelo porkys ni te hace plantearte absolutamente nada.

    La película es la típica “Ascenso y Caida” de un personaje. Sólo que el personaje es un hijo de puta y termina siendo un hijo de puta. Punto. Campbell fuck off.

    Tiene tántos detalles pequeños que necesitaré dos/tres visionados para disfrutarla completamente.

    El único “pero” que le pongo a esta película es que está sostenida por un sólo personaje. No desmerezco a los demás, pero son comidos escena a escena por el protagonista…(salvo el señor de los 5 minutos, claro…)

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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