Firmas

El Último Cinéfilo

Un relato de Aleix Ortuño (@l_aleix)

Creo que salió en las noticias (en según qué noticias) el veinte de diciembre de 2013. Álex Tarrujo acababa de morir, víctima del cáncer de páncreas que lo devoraba desde hacía algunos años, en la casa a las afueras de Badajoz donde vivía últimamente. Hacía sólo tres años que había abandonado la cárcel, de donde había salido en libertad condicional por buena conducta, si bien es cierto que un error administrativo hizo que estuviera encerrado veintiún años en lugar de los ocho que estipulaba su condena.

Obviamente, no es la vida y obras del señor Tarrujo la que tiene que estimular la curiosidad y fascinación del lector de esta humilde página de cine. Es el legado del, qué duda cabe, mucho menos anónimo señor Francisco Budecas el que ha marcado la vida de cualquier cinéfilo español, y es en él en quien tenemos que profundizar. En cualquier caso, la efeméride brutal de la muerte del propio Tarrujo, pupilo del anterior y uno de los hombres que más cerca estuvo de conocerlo, es demasiado significativa como para que el autor de este artículo se resista a usarlo de punto de partida.

Al fin y al cabo, Álex Tarrujo se ganó con sangre su mención en la Historia.

Bastante se ha hablado ya del señor Budecas. Nacido en Silvania pero español de adopción y asturiano de madurez, entró directamente como jefe del Proyecto para la Traducción de Obras Cinematográficas (Proyecto TOC) en 1949, cargo que desempeñó ininterrumpidamente durante cuarenta y un años, hasta el momento de su muerte. El resultado de su trabajo forma parte todavía hoy de nuestra vida cotidiana: Francisco Budecas fue el encargado de la traducción de todos los títulos de las películas extranjeras estrenadas en España durante esas cuatro décadas.

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Fácilmente puede intuirse que la vida de una persona que entregó su vida a una tarea tan titánica es difícil de interpretar, y que, a la hora de hallar la verdad, el investigador –y el lector esporádico– tienen que hacer frente a exageraciones, deshumanizaciones y a la mitificación del personaje. Es precisamente la visión de Álex Tarrujo, el joven ayudante de Budecas durante sus últimos quince años, la que más puede ayudarnos a acercarnos al ser humano.

En una de las pocas entrevistas por carta que concedió desde la cárcel, Tarrujo explica:

“Francisco [Budecas] era verdaderamente un enamorado del cine. A veces incluso iba a ver la misma película varias veces al cine, aunque es cierto que en ese caso intentaba colarse. Le molestaba tener que pagar dos veces por la misma película y, una vez que lo pillaron, montó en cólera y llenó el vestíbulo de palomitas. Pero el cine le apasionaba, y pasé grandes momentos con él viendo películas. Me acuerdo cuando vimos Jungla de Cristal, una de esas traducciones que él llamaba creativas. ¡Se entusiasmó tanto con ese filme! Se subió al asiento de su butaca, obstaculizando la visión de ciento veintidós espectadores de la sala, y desde allí no paraba de decirme: ‘¡Ese edificio es una jungla! ¿A qué sí? ¿A que ese edificio es toda una jungla? ¡Es una jungla!’”

Una imagen que muchos no serán capaces de relacionar con la imagen de hombre formal que ofrecía al público.

Es evidente que esa “traducción creativa”, como la menciona Tarrujo, se convirtió en la cruzada personal de Francisco Budecas: su búsqueda de lo que él mismo definió como los “títulos puros” de las películas. Una obsesión que lo convirtió en la figura trascendente y polémica que es incluso a día de hoy.

Las anécdotas en las que su muestra de despotismo parecen hacer frente a la lógica son numerosas. Hay, por ejemplo, el caso de La guerra de las galaxias.

Francisco Budecas, entusiasta seguidor de la saga, se pasó la mayor parte de su vida intentando convencer al mundo de que Coruscant (capital del Imperio Galáctico) y Alderaan (planeta destruido por la Estrella de la Muerte al comienzo del primer filme) eran planetas de dos galaxias distintas.

Antonio Ruiz, presidente por entonces del Club Yavin de Aficionados de Star Wars en España, tiene mucho que decir respecto a ese incidente:

“Las cartas empezaron a hacerse más frecuentes. Pronto recibíamos una a la semana. Budecas nos hacía llegar hojas y más hojas con anotaciones y cálculos, cartas de navegación e incluso fotografías tomadas con un telescopio doméstico que se compró. Su convicción de que la historia de Star Wars ocurría en distintas galaxias, y no en una sola, rozaba el fanatismo. No era competencia mía involucrarme personalmente en el asunto, pero cuando todo ese acoso empezó a molestarme, yo mismo le envié una carta preguntándole por qué creía, entonces, que las películas empezaban con aquel famoso “en una galaxia muy, muy lejana”. Me respondió que eso debíamos preguntárselo a George Lucas, y que nada en esa frase parecía ser muy correcto, puesto que la galaxia no podía ser tan lejana cuando él, defendía, era capaz de ver Tatooine con su telescopio las noches de luna llena.”


Tarrujo lleva un año muerto. Queda pues, como responsabilidad de los columnistas y articulistas que tengan que venir, preservar la imagen de esta figura clave del cine patrio, de esta personalidad que, querida u odiada, nos dejó un legado tan influyente.


A pesar de los esfuerzos del señor Francisco Budecas para ponerse en contacto con George Lucas, parece ser que este encuentro no llegó a producirse nunca, de tal modo que, cuando a la muerte de Budecas, un periodista español le preguntó al señor Lucas qué pensaba de ese hombre, Lucas contestó: “Boodacas… what?”.

A la pregunta sobre este famoso incidente, Álex Tarrujo recuerda:

“Recuerdo su obsesión con La Guerra de las Galaxias. De todos modos, en el fondo sé que estaba contento, porque se había salido con la suya. Es así. Supongo que las generaciones venideras se preguntarán el porqué de la traducción del título y su relación con la “galaxia muy, muy lejana”, pero lo cierto es que, por más que se lo pregunten, el cambio quedará fijado. En esa ocasión, Francisco [Budecas] volvió a lograr imponer su genio creativo.”

Y prosigue:

“No siempre era así. Por las oficinas corría el rumor de que cuando salió la primera película del James Bond de Ian Fleming, Dr No, Budecas quiso cambiarlo a No contra 7, y ponerlo entre exclamaciones: ¡No contra 7!. Ante una decisión como ésta, a mí me queda claro que ese hombre era un genio. Por supuesto, no le permitieron ese título. Como tantos artistas antes que él, Francisco [Budecas] tuvo que amoldarse al orden establecido. Aun así, en una muestra de inconfundible ingenio irónico, la tituló El agente 007 contra el dr. No. Siempre lo consideró un trabajo menor, pero llegó a satisfacerse bastante con el resultado.”

Es en estas mismas declaraciones de Álex Tarrujo sobre los cambios de título, escritos para un artículo que nunca llegó a publicarse, donde encontramos, como auténtico documento revelador, el siguiente fragmento:

“Yo mismo he de admitir que no siempre me sentí cómodo con esa costumbre suya de cambiar los títulos de las películas. En 1975 acababa de empezar a trabajar para él cuando Woody Allen estrenó Love & Death. Creo que a Francisco [Budecas] le gustaba Woody Allen, pero no terminaba de comprenderlo. Recuerdo que vimos la película en el pequeño proyector que había en su despacho. Se rió mucho con ella. Cuando terminaron los créditos, sin embargo, se puso furioso de repente. ‘¿Amor y muerte? ¿Amor y muerte?’, exclamó. ‘¿Qué clase de título es ése para una comedia? ¡No hace la menor gracia!’. No me di cuenta de que la pregunta era retórica. Le dije que el título era una parodia de ‘Guerra y paz’. Él me replicó con uno de los primeros aforismos que le oí pronunciar: ‘Ninguna parodia lo es si no hace gracia’. Entonces dijo ‘Bueno, habrá que encontrar el título puro de esta película’. Estuvo pensando tal vez doce segundos. Luego exclamó ‘¡Ya lo tengo! ¡La última noche de Boris Gruixenco! ¿Qué te parece, eh? ¡Ese sí que es gracioso!’. Y se puso a reír.”
[Aquí sigue una transcripción de la risa del señor Budecas por parte de Álex Tarrujo, quien, curiosamente, sustituye la habitual onomatopeya de “¡Ja, ja, ja…!” por “¡Jwoig!, ¡Jwoig!, ¡Jwoig…!”.]

“En ese momento supe que lo mataría algún día.”

Tardó quince años.

Sea esta narración del señor Tarrujo la auténtica confesión de una muerte premeditada, o sólo palabrería, los hechos son que el catorce de septiembre de 1990, Tarrujo asesinó al señor Francisco Budecas introduciendo su cuerpo dentro de la bobina de un proyector de cine. Siete días más tarde, Budecas tenía que presidir el jurado oficial del Festival de San Sebastián.

No pudo hacerlo.

Tuvo que sustituirlo un tal Ken Loach, y quién coño sabe quién es ese.

No puede decirse precisamente que los motivos del asesino quedaran esclarecidos en el juicio, y es probable que los detalles subyacentes no lleguen a conocerse nunca, sobre todo ahora, que Tarrujo lleva un año muerto. Queda pues, como responsabilidad de los columnistas y articulistas que tengan que venir, preservar la imagen de esta figura clave del cine patrio, de esta personalidad que, querida u odiada, nos dejó un legado tan influyente.

Un hombre de temperamento artístico y genio desbordante, “un auténtico cubista”, como lo definió Pablo Picasso en 1972. Un hombre que era, en palabras de Luís Buñuel (pronunciadas en la presentación de una de las muchas conferencias que realizó Budecas por Hispanoamérica), “el único hombre que comprendió que el título Un chien andalou era un anagrama del swajili”.

Nostros nos quedamos, para terminar el artículo, con unas declaraciones del propio Francisco Budecas cargadas de optimismo: “Prefiero que me metan dentro de la bobina de un proyector y que me haga papilla antes que tener que leerme otra crítica de cine.”

Sin lugar a dudas, el último de los cinéfilos.

  • Arambolo

    Buen articulo, magnifico, mejor que muchos tediosos editoriales de periodicos nacionales… osea que el mastuerzo aplastado ese fue el responsable de la locura de que cuando los españoles vamos al extranjero, los guiris nos miren como locos al hablar de cine…porque “High noon” y “Solo ante el peligro” se parecen como un huevo a una castaña….hum lo mismo si lo hubiera “bobinado” en el año 70 muchas cosas serían distintas…cambio creativo decia el muy capullo, no te jode….

  • Leto83

    Pues la verdad es que ha estado genial. Emocionante, divertido y entretenido de cojones. Y se lee de carrerilla. Genial texto.

    PD: soy uno de los pardillos que se lo ha creído hasta ver los comentarios de más abajo. Crédulo que es uno supongo!

  • New_Rodro

    El protagonista de esta historia haria un gran equipo con Moncho. xD

    http://www.lashorasperdidas.com/index.php/2012/06/02/el-mono-montador/

  • Grijaldo

    O sea que es una coña no? Porque soy capaz de creérmelo,en este país cualquier cosa.

  • JoakinMar

    Anda, asi que este es el responsable de que todas las peliculas de parodias de los 90 con Leslie Nielsen tuvieran la coletilla “como puedas” al final!!!!

  • doc_diablo

    Me ha gustado, me ha divertido, y era tan versosímil (conociendo los inventos en la traduccion española) que durante unos parágrafos me lo tragado.
    Felicidades al autor¡

  • Raul Nicora

    Juro que desde la ignorancia y la somnolencia me lo he creído hasta el final. Bueno, casi. Me lo he creído hasta la última cita del señor Budecas.

  • G. G. Lapresa

    Esto da para tarantinada.

  • Eric Sanabria

    ¿Qué hace esto que no está en la sección de julandradas?

  • Alvaro Talavera

    Gran artículo, enhorabuena.
    La verdad es que la historia de estos personajes daría para una película, una de aquellas con título mal (o “creativamente”) traducido cuya trama al público le costaría creer. Al fin y al cabo la realidad supera siempre a la ficción.

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