Críticas

Nebraska

Struck me kinda funny
Funny yeah to me
How at the end of every hard earned day
People find some reason to believe

Bruce Springsteen – Nebraska (1982)

Nebraska es la película que será recordada como la más quintaesencialmente americana de Alexander Payne, hijo de Omaha.  Si bien su columna vertebral es una emotiva historia generacional de padre a hijo, los temas dominantes del film, una road-movie con todas las letras, se insertan completamente en el canon del gran drama social estadounidense. La posesión, el legado, la persecución de los sueños, la disolución forzosa de los negocios familiares y, por extensión, el declive de la comunidad rural contemporánea, son examinados por su realizador con una intensidad inusitada que se traduce en el film visualmente más impactante de toda su filmografía, donde expande, merced al amor reverencial que siente por el estado que le vio nacer,  una historia íntima que inmortaliza entre extraordinarios paisajes y oscuros escenarios de pueblos decadentes. De por sí, Nebraska es un film excelente –o, dicho de otro modo, tan excelente en términos formales como cualquier otra película de la filmografía de su realizador, una expresión que restaría magia al conjunto– pero es esta aproximación, ultrapanorámica, de envergadura masiva, la que vuelve a la película especial y diferente.


La película “definitiva” de Alexander Payne, el film sobre el estado en el que creció, y sobre cuyos paisajes nos presenta las constantes básicas de su filmografia, con espectaculares resultados. Si hay un film que se merece la expresión “épica intimista”, es este.


En el centro de Nebraska está Woody Grant (Bruce Dern), más que anciano, un vetusto soldado retirado cuyo deterioro físico y mental, alimentado por años de alcoholismo, solo es equiparable a su cansancio espiritual: es un hombre hastiado de la realidad en general y del fracaso personal en particular. Es una figura común pero está matizada por la figura de Bruce Dern quien a falta de una palabra mejor realiza una interpretación enferma, carente de la vivacidad que veíamos por ejemplo en Alvin Straight durante Una Historia Verdadera, y propia de un actor que ha agotado su persona cinematográfica hasta el límite de su existencia. El dinámico, cabraloca y frenético veterano de guerra por excelencia del Hollywood de los 70 ha envejecido  hasta convertirse en un viejo fundido, prácticamente incoherente e incomunicado, arrasado por el estrés postraumático que condenó a sus compañeros, y derrotado por la idea de que sus sucesores no han hecho absolutamente nada para remontar el vuelo. Lo que ha venido después de él ha sido una generación de medianías, conformados con ver el tiempo pasar. El papel de Dern –quien hace de América, vista por Payne– comienza y termina en Dern, y adquiere proporciones monumentales por lo que ve y calla, y por lo que recuerda en silencio.

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En su camino para cobrar un falso cheque promocional de concurso donde se le garantiza un millón de dólares le acompaña su hijo Dave, recientemente salido de una separación, a la sombra de un exitoso hermano, y sin nada mejor que hacer que acompañar a un hombre que le resulta completamente irreconocible. En la mejor tradición de este tipo de historias, Payne relata el acercamiento de la pareja –o más bien, el acercamiento de Dave– a través de una sucesión de encuentros con familiares y antiguos amigos y amores, marcados, casi en su totalidad, por el reproche que generan las deudas no pagadas, ya sean románticas –una deliciosa Angela McEwan– o económicas, que han terminado enquistadas con el paso del tiempo.  Payne aborda el conflicto entre familia, dinero y crisis económica por segunda vez consecutiva después de Los Descendientes –film que abría con una sucesión de planos del lado más decadente de Hawai–, pero el precedente, en perspectiva, da la sensación de que se trataba de una plantilla que aquí ha refinado y reducido a la mínima expresión. Se acabaron las escenas extravagantes, se acabó el dinamismo de la cámara, se acabó el star power que Clooney transmitía en cada segundo de metraje.

De entre el variopinto cuadro de personajes, destaca Stacy Keach, en particular. Como antiguo amigo y acreedor de Woody por un quítame allá esas pajas, Ed Pegram es lo más cercano a un antagonista que veremos en el film y el personaje más ejemplar del colapso de la estructura del pueblecito estadounidense. La suerte de empresario reconvertido en caciquillo manipulador que termina absorbiendo las esperanzas de una comunidad por su intolerancia con sus adeudados.  Es la clase de persona que insiste en cobrar, por pequeña que sea la deuda, en lugar de olvidar. Y la clase de persona que cree que el dinero puede compensar absolutamente todos los agravios. La versión de In The Ghetto que se casca en mitad de un karaoke no deja de tener cierta carga irónica. No es que la familia de Woody sea mejor. “No hay nada que supere un millón de dólares”, le espetan durante la cena. Así, conforme pasan los minutos, Woody y Dave traman una suerte de alianza muda contra un mundo limitado, poblado por rácanos, oportunistas, reclamantes, “un puñado de madera y malas hierbas, nada más”. Pero un sueño sigue un sueño: sin ese falso billete de lotería, no hay viaje, no hay encuentro, no hay memorias, no hay aprendizaje, y no hay futuro.

No es un film derrotista, Nebraska. Ni mucho menos. El mundo de las medianías es un terreno en el que Payne se desenvuelve perfectamente porque  suya es una mirada –y creo que este es su gran punto de equilibrio– condescendiente y esperanzada sin llegar a ser distorsionadora.  Dave está atrapado en un piso solitario y en la rutina de la venta de aparatos de audio pero dista de ser una carcasa: SABE que algo falta en su vida, una fuente de riqueza. El personaje de Woody emerge de Dern, pero Payne cimenta a Forte y a su personaje en los detalles. Hay una escena de ruptura muy hermosa en la que su ex, Nöel (Missy Doty) le entrega el resto de la ropa. Las plantas están pochas. Ella les dice que las retire, pero la joven se guarda una hoja seca en el bolsillo, a modo de recuerdo. La escena es muy “Payne”, sin subrayar un ápice aspecto alguno de la secuencia, que no obstante deja un fuerte poso: ha sido una relación que ha acabado mal pero no en completa catástrofe, y es un indicativo del potencial humano que esconde Dave Grant quien, una hora después, va a estar luchando por la dignidad de su padre. Y te lo crees. Forte es un actor limitado por la escasa potencia de su personaje, siempre empequeñecido frente a la terrible figura de su padre, sobre el que pivota constantemente, sin mucho margen para construir una entidad propia, pero está muy bien mimado por Payne y el guionista, el también cómico Bob Nelson, quienes le conceden un feliz papel de hombre mundano y mente abierta a través del cual el film nos intenta hacer llegar que algo se ha perdido, pero gracias a gente como Dave el fracaso, aun existiendo, es puntual, y nunca irremisible –y sirva como ejemplo el maravilloso cierre del film–.

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Una gran película, pero sobre todo es un film esencial de su director. Payne repite en Nebraska muchas constantes, en personajes, en temas, e incluso en estructura –como sucedía en Entre Copas, aquí también nos vamos a encontrar con una escena básicamente cómica sobre la recuperación de un objeto–. Sin embargo,  la decisión formal de meter el formato 2.35 a saco y cristalizar junto al DP Phedon Papamichael las imágenes del estado en blanco y negro, termina por expandir sus ideas (en particular sobre la familia) a un enorme lienzo que abarca el último medio siglo de historia de Estados Unidos, proporcionando grandeza a todo el conjunto hasta que te da la sensación de que Nebraska era el film para el que Alexander Payne se ha preparado toda su vida, con el objetivo de entrar en el Olimpo del Gran Realizador Americano, el gran examen que debía pasar antes de liberarse. Ford. Schatzberg. Scorsese.  Los Coen. SpielbergZemeckis. Quienes queráis nombrar: todo gran realizador estadounidense tiene bajo el brazo una gran película sobre el alma de Estados Unidos. Hoy, la hora de Payne por fin ha llegado.


Alexander Payne | Bob Nelson | Bruce Dern, Will Forte, Juno Squibb, Bob Odenkirk, Stacy Keach, Rance Howard, Missy Doty, Angela McEwan | Phedon Papamichael | Mark Orton | J. Dennis Washington | Doug Mankoff, George Parra, Julie M. Thompson | Ron Yerxa, Albert Berger |
  • Turin

    Creo que lo hizo intencional porque Martin Scorsese tiene muchas películas que son radiografía de la historia estadounidense.

  • GoldenEye21091987

    Vista por fin, es hermosa película. Es muy graciosa pero por más que intentaba reírme no podía dejar de asombrarme ante situaciones y relaciones familiares que me resultan tan conocidas y que me dejaban con un nudo en el estomago. Y sí, la melancolía y la nostalgia inundan el filme, el dolor y el arrepentimiento por las oportunidades perdidas, pero siempre con una mirada conciliadora y esperanzadora. Y ojo al segundo momento con Angela McEwan, a mí casi se me parte el corazón.

  • mikidelgado

    Poco que añadir a lo expresado por Rafa, salvo que el film eclosiona al final como un épico western, si los cuentas están todos los elementos del género. Impresionante film, a estas alturas, no esperaba encontrarme con un nuevo clásico americano.

  • http://www.terror-diario.blogspot.com/ Terror Diario
  • doc_diablo

    Pelicula noble y hermosa donde las haya. Una de mis favoritas de este 2013

  • http://www.lashorasperdidas.com Javier Ruiz de Arcaute

    Yo la vi ayer y suscribo punto por punto lo que dice Rafa. Es una película tan minimalista en sus recursos como grande en todo lo que cuenta y simboliza. Funciona como retrato personal, retrato familiar y retrato de una parte de Estados Unidos que no suele trascender mucho al exterior pero que representa la realidad de medio país.

    Payne escala con cada peli en mi lista de directores favoritos porque me entusiasma esa mezcla de drama y comedia tan perfecta basada en detalles cotidianos. No subraya ni una cosa ni la otra, deja que esas sensaciones emerjan de las propias situaciones sin necesidad de forzar el gag o los diálogos, sin enfatizar las emociones con una música demasiado protagonista. Su banda sonora, que es fabulosa, funciona más para meterte en un estado mental y emocional que como recurso puntual de cada escena.

    Me recuerda en tono y estructura a Una Historia Verdadera, que ya la menciona Rafa, o Broken Flowers. Películas muy austeras en la puesta en escena y sin embargo brutalmente efectivas en sus emociones y personajes. Algo que creo que nace al final más de la honestidad que del efectismo.

    Peliculón.

  • El_Predicador

    Emotiva, dulce, amarga, triste y graciosa.No me esperaba que me tocase la patata tanto y sobretodo no esperaba reirme tanto, esas conversaciones entre los ancianos no distan tanto de las que a veces puede contemplar uno aquí sea de donde sea.

    Un Bruce Dern monstruoso, una mirada suya basta para expresar dolor, rabia, resignación, etc. Mencionar a June Squibb quién consigue sacar gran parte de las risas de la película y alguna lagrimilla. Ver a esta pareja, Dern y Squibb es ver a una pareja real. Son gente que existe y que conoces.

    Hasta entonces, todas las de Payne me han encantado, teniendo especial devoción por Election, pero sin duda esta es su gran obra.

    PD: Si os suena Cole, uno de los orondos primos de Dave es porque es, Devin Ratray, el puto Buzz, el hermano hijoputesco de Macaulay Culkin en Solo en casa. La verdad es que ha terminado mejor que Culkin.

  • Estasbienbueno

    En la palabra “Scorsese” no hay referencia concreta que enlace a IMDB, ¿Eso fue intencional? porque sea como sea tendría cierto sentido.. hablando de filmografía en general.

  • El_Predicador

    Jaaaaajajajaja, joder, cada vez que se queda atrapado en ese tablón de madera y tira los brownies me despollo como la primera vez “¿Qué guarda en el armario Koplek??”

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Vivas recupera el espíritu de ‘Secuestrados’ para contar una historia de venganza que no es tal cosa.

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