Críticas

Cuando todo está perdido

Me ocurrió algo muy extraño con All is Lost. Me gustó un montón y no recordaba casi nada del film veinte minutos después de verlo. Esto no es normal. Las películas que me gustan se quedan conmigo debido a varios factores: su mero valor de entretenimento, la calidad de su puesta en escena, el carácter de la interpretación, o la resonancia de sus temas. All is Lost no registraba “nada”. En absoluto. Y el motivo, tras algo de cavilar, es que creo que All is Lost no es un film normal, pero dicho así se queda como un espectacular eufemismo. La verdad es que la segunda película de J.C. Chandor no se parece a ningún film que haya visto jamás porque, simple y llanamente, es un film antinatura.

Escrito está: “Al principio era el Verbo”. ¡Aquí me paro ya! ¿Quién me ayudará a seguir adelante? No puedo hacer tan imposiblemente alto aprecio del Verbo; tendré que traducirlo de otro modo, si el espíritu me ilumina bien.

Encuadremos el film. All is Lost es una aventura de supervivencia marítima caracterizada fundamentalmente por la presencia de un único actor en pantalla, Robert Redford. Su tesitura comienza cuando un contenedor choca con su barco abriendo un boquete considerable en el casco, e iniciando una cadena de acontecimientos que terminan poniendo su vida gravísimamente en peligro durante los 110 minutos que dura el film; obstáculos que tendrá que salvar a base de experiencia, ingenio y sobre todo (y esto es importantísimo) de su capacidad para EFECTUAR.

Para emprender acciones que desemboquen en la preservación de su vida.

 © 2013 - Roadside Attractions

© 2013 – Roadside Attractions

All is Lost es un film que me ha obligado a destilar el significado de “efectuar” porque el mensaje de All is Lost es de una simplicidad absolutamente aplastante: “haz o muere”. Más aún, supone una renuncia al contenido temático inmensamente psicológico, inmensamente espiritual, inmensamente personal, que habitualmente asociamos a la palabra “aventura”: revelación, transformación, epifanía y, en definitiva, cambio. Nada de eso existe en All is Lost. La mecánica de la aventura, para garantizar resonancia, para que nos identifiquemos completamente con ella, esconde un viaje mental. All is Lost dice “mi aventura es un proceso físico”. All is Lost es un conjunto de las acciones que realiza nuestro protagonista, desde ponerse una tirita, a llenar un bidón de agua potable, pasando por mezclar cuidadosamente pegamento de tapar boquetes, para seguir con vida.

Es­crito está: “En el principio era la mente”. Medita bien el primer renglón, de suerte que tu pluma no se precipite ¿Es, verdad, la mente la que todo lo hace y crea?

Imaginadlo: es como ver a Frodo y Sam atar bolsas, enfundar sus espadas, ponerse las capas, ver el mapa, verles dar un paso detrás de otro sin que en ningún momento se detengan a recordar su hogar, sin pararse a expresar –o permitir que entendamos siquiera– la evolución interna que están atravesando. Nada. Cero. Eso es All is Lost.

Ningún plan de juego es malo. Ni siquiera el de este film que ha decidido, con cojones de masivo tamaño, privarme cada vez que puede de todo contacto con la consciencia del personaje hasta tal punto que El silencio de un hombre parece un episodio perdido de Topacio. Y sin embargo, la ejecución del plan es absoluta, total, y categóricamente coherente con su propuesta: “Si sobrevivir es hacer”, plantea, “acciones tendrás”. ¿Es dramático? En sentido estricto: sí. Cada acción, cada segundo, es un pequeño conflicto que debe resolverse. Bajo una enorme lupa es, y os aseguro que no hay un error en esta frase, “la más” película de acción que he visto nunca.

¿Quién hace estas acciones? Nuestro protagonista. Un tipo. Tiene cara de Robert Redford, pero podría ser cualquier persona con un barco en alta mar. ¿Es rico? Tan rico como cualquier persona que tenga un barco. ¿Es un avezado marino? Hombre, se maneja, sin aspavientos. No lo suficiente como para que la situación le supere. ¿Importa mucho que sea viejo? Es ciertamente una putada pero no me imagino que un chaval disfrutara de un abanico de posibilidades más amplio, dada la situación, perdido en el quintocoño, sin radio, y sin raciones. Es un hombre práctico, con cerebro, que actúa. “Nuestro hombre”, se llama en los créditos. De ahí a “nosotros” solo va una pequeña alteración.

Pero es Robert Redford y Robert Redford condiciona este film hasta tal punto que el director renuncia a despegar la cámara de su actor protagonista. No es un recurso tan explícitamente marcado como sucedía por ejemplo en películas como Rosetta, de los hermanos Dardenne, aunque algo de eso hay. Sobre todo, creo que es una elección del director razonada en que tan importantes son las acciones como el hombre que las hace, por lo que hay que seguir al hombre. Una prerrogativa que Chandor va a seguir hasta la muerte: la cámara cerca, la cámara con objetos, la cámara en detalles, en manos, en heridas, en latas, en pernos, en cuerdas. No hay más de cinco planos generales en esta película. Chandor no solo se centra en una planificación determinada: renuncia deliberadamente a abrir el plano. Se han ido a rodarla a Rosarito, el gigatanque donde Cameron montó el Titanic, pero tengo la sensación de que la podrían haber rodado en una bañera. ¿Es espectacular? Podría, pero no quiere. Convierte al actor en su eje, lo que limita mucho su sintaxis. Y dado que es una decisión consciente y oportuna –de las muchas decisiones oportunas de las que está lleno el film, como estamos viendo– no tengo ninguna objeción al respecto.

Debiera decir: “En el principio era la fuerza”. Pero, no obs­tante, al escribirlo así algo me advierte que no me quede en ello.

El segundo motivo del condicionamiento que impone Robert Redford va más allá del personaje, o de la historia, o del plan. Es que, joder, ES Robert Redford. Jeremias Johnson. Woodward. Sundance Kid. Si este es tu actor, apuntaste maneras como director de actores en Margin Call, y esta es tu segunda película, apartar la cámara de Redford te va a parecer poco menos que una herejía. Y es un problema para Redford, por un motivo fundamental: los actores, todos, sin excepción, llegan a una edad donde sus hombros se crujen bajo el peso de la historia. Este hombre tiene 77 años. Y seamos honestos: es un actor labrado por su físico y un extraordinario sentido para elegir papeles. El resto de este actor (y director ganador de un Oscar, y más importante que nada: héroe de jóvenes cineastas del mundo entero) lo ha puesto el Cine. Por eso hay una diferencia de kilómetros entre Redford, insisto, 77 años, a plena luz del día, trastabillándose, intentando pasar primero una pierna, luego la otra por encima de una cuerda que no levanta ni dos palmos del suelo, y el Redford que en un par de contadas ocasiones aparece silueteado a contraluz, su melena rubia iluminada con el rostro en sombra. Y ese es mítico.

 © 2013 - Roadside Attractions

© 2013 – Roadside Attractions

A estas insólitas circunstancias hay que añadir en cuenta el papel de la expansiva y relajante banda sonora de Alexander Ebert (Magnetic Zeros), que termina de despojar al film de sentido de urgencia y tensión. Lo que habría sido la muerte en un film de acción, o una herida gravísima para una experiencia solo un poco más frenética que esta, es asumido con naturalidad por la película merced a la determinación de J.C. Chandor –y de su productor, el indómito Cassian Elwes— por contarte una aventura a su manera, por jugar con los principios básicos del drama, y por contar un actor que asume perfectamente esa intención. Actuar es sobrevivir. Y J.C. Chandor demuestra que solo hay una forma de romper esquemas. Haciéndolo.

¡Viene en mi ayuda el Espíritu!. De repente veo claro y osadamente escribo: “En el principio era la acción”.


J.C. Chandor | J.C. Chandor | Robert Redford | Alexander Ebert | Pete Beaudreau | Frank G. DeMarco, Peter Zuccarini | Glen Basner, Joshua Blum, Howard Cohen, Eric d'Arbeloff, Zachary Quinto, Cassian Elwes | Neal Dodson | Roadside Attractions |
  • Ivan Casajus

    Esta película es increíble.
    ‘Con lo puesto’, sin añadir subtramas o información del personaje que no suma ni interesa… cine puro y duro.
    La vi tarde. Pero la vi. Gracias a Dios la vi.

  • Joseba Merino

    le trenia muchas ganas a esta pelicula. por redford. por la premisa. por todo. y despues de leer esta critica, se que si en algun momento la estrenan en un cine por aqui, y puedo ir a verla, vere algo completamente diferente a lo que yo pensaba que iba a ser esta pelicula. lo que me alegra. ahora tengo aun mas ganas de verla de las que ya tenia. gracias, rafa…

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

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Caída en picado en el pozo de la corrupción.

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Camelot termina.

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Pintaba muy bien.

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