Críticas

The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro

Spider-Man siempre ha sido uno de los personajes más amables de Marvel, un chaval de instituto, humilde y huérfano, que clásicamente ha encarnado valores puros e inocentes a la vez que lidia con los traumas y complejos de la adolescencia y la asunción de responsabilidades. Sam Raimi lo entendió muy bien y en el prematuro reboot iniciado por Marc Webb la idea no variaba demasiado, aunque se intuía una intención de llevar la nueva franquicia por unos derroteros difíciles de conciliar: por un lado, una idea de Spider-Man más infantil y blanca (mucho slapstick y chiste tonto), y por otro un Peter Parker con el superpoder de acumular traumas y deudas personales.

En esta segunda parte se magnifican esos dos aspectos a los que Marc Webb y los guionistas deben añadir un nivel más de complicación en el proyecto, que sirva como inicio de un nuevo megauniverso fílmico para Sony. Un universo que pueda competir con los de Los Vengadores y La Liga de la Justicia y sea junto a la saga Bond el salvavidas de un estudio sobre el que sobrevuela el fantasma de la desaparición desde hace tiempo. Eso nos lleva a tener frente a nosotros una película que, si bien tiene la virtud de enlazar y enriquecer el pasado de los Parker y la trama amorosa, se ve obligada a presentar tres villanos, una relación de amistad importante de la que no teníamos noticia en la anterior peli, detalles de futuros personajes relevantes, desarrollar una especie de conspiración en la sombra y potenciar traumas pasados además de generar otros nuevos. Una ensalada quizás con demasiados ingredientes que desde el guión no se han sabido mezclar bien.

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© Sony Pictures Releasing

Se optó por contratar los servicios de la pareja de guionistas de moda en los blockbusters americanos, Alex Kurtzman y Roberto Orci, cuya mano se nota bastante aquí, y no precisamente para bien. En Star Trek y otros proyectos de J.J. Abrams su trabajo ha sido bastante decente, aunque éste último, con sus virtudes y sus carencias, domina perfectamente el entretenimiento y algo tan importante como generar expectación, emoción y personajes con carisma. Pero Kurtzman y Orci también son responsables de series como Hércules o Xena y, claro está, la saga Transformers. Vale, hay que lidiar con el hortera de Michael Bay, pero lo cierto es que en tres películas de la saga no hay ni un solo personaje o trama que merezca la pena recordar y los diálogos obvios abundan tanto como el humor histérico y simplón. Esa tendencia a lo bobo ha empapado aquí a varios personajes, especialmente los villanos, tanto su intrascendente génesis como su mera forma de actuar.

Electro es el villano principal. Un ser que es y se nutre de electricidad y que nace a consecuencia de un accidente en el núcleo de absolutamente todas las tramas de este nuevo Spider-Man: Oscorp. Jamie Foxx es quien lo encarna, primero como Max Dillon, un virtuoso pero invisible ingeniero, y luego como un tipo con tanto poder como odio acumulado, Electro. Hasta aquí bien, una doble personalidad tan válida como la de cualquier historia de este tipo. El problema es cómo Orci y Kurtzman materializan eso sobre el papel y luego se potencia en la puesta en escena. Pasando por alto que el personaje de Foxx es el primer negro con pelo lacio de la historia, el hecho de hacer de Dillon la caricatura de un nerd de tomo y lomo, es el primer paso para que uno no pueda tomarse en serio al personaje. Sin desvelar nada que no se vea en los ochomil tráilers, Dillon es salvado por Spiderman y se obsesiona con él cual fan de Abraham Mateo. Es, como en Transformers, la idea de “humor” que tienen Orci y Kurtzman, cuya esencia suprema se plasma en la escena ante el espejo de Dillon el día de su cumpleaños, donde simula, cual quinceañera en celo, que Spiderman le felicita personalmente porque se acuerda de él. ¡DE ÉL! Así que al final Electro, que podría haber sido un personaje muy decente, se convierte en una adolescente despechada por su ídolo hasta el punto de querer matarlo. Repito, es el villano principal, y esto es lo que da de sí.


La película salva a su protagonista y su trama amorosa y cumple en lo puramente visual, aunque se viene abajo teniendo que aunar muchos personajes, ideas y responsabilidades que lejos de sumar, restan.


El otro enemigo relevante es el Duende Verde. Aquí se añade otro handycap, los guionistas deben presentar al amigo de toda la vida de Parker y hacerlo parecer importante después de que ni se le mencionase en la primera peli. Optan por la estrategia del reencuentro tras largo tiempo separados, que es la menos mala, aunque no deja de ser forzada. Como la película tiene que desarrollar tantos aspectos no se anda con muchos miramientos al ir directamente al grano y explicar todo lo necesario de forma verbal para situarnos en el contexto de este personaje, de largo mucho más interesante que el de Dillon/Electro, pero sin tiempo para desarrollarse mejor. Como Duende, sin embargo, la participación es fugaz y la transformación precipitada. Su odio hacia Spider-Man también se desarrolla de forma muy directa y brusca, pero al menos Harry Osborn no es una parodia y Dane DeHaan hace un buen trabajo con el escaso margen que tiene.

El tercer invitado, que es casi anecdótico, es Rhino. En este caso se podían haber ahorrado el personaje porque sólo lo utilizan como apertura y cierre de la película, con una trascendencia nula más allá de ser la introducción de Los Seis Siniestros. Es tan simple como “ruso loco con metralleta” (al inicio) o “ruso loco con armadura” (al final). Y para encarnar a semejante amasijo de matices fichan a Paul Giamatti y le endosan dos o tres frases del tipo “¡¡¡Nooooo, Spiderman, che foy a machar!!! ¡¡¡¡AJAJAJAJAJA!!!!”. Paul Giamatti, nominado al Oscar.

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© Sony Pictures Releasing

¿Hay salvación para la película? Eso es difícil de juzgar, depende de lo que uno espere de ella. Al menos salvan unas cuantas papeletas importantes. La primera de todas es la del propio protagonista. Con el popurrí de tramas, enemigos y dilemas que le han endiñado, no es poco que consigan mantener a un Parker entrañable, quizás pelín cargante, pero que materializa bien esa idea del joven en la encrucijada de su vida. También, ante la falta de villanos de verdadera entidad, ya sea por ridiculez en unos o urgencia en el desarrollo de otros, el peso de la peli sigue siendo su relación con Gwen Stacy y la responsabilidad que ésta conlleva cuando uno vive pegado al peligro. Un dilema con el que Orci y Kurtzman sí han sabido llevar la cosa a buen puerto y la película lo agradece mucho. Marc Webb ayuda también con una puesta en escena menos loca y más pausada cuando se trata de ir al terreno íntimo. Da espacio a que, pese a la infantilidad del conjunto, los momentos de peso tomen entidad y resulten emotivos. Un punto que también sabe aplicar para salvar el reencuentro con Harry Osborn.

También a nivel visual la película se defiende con soltura. No será de las que generen imágenes inolvidables pero al menos saca partido al 3D cuando el héroe se desplaza por la ciudad. Sería un pecado no hacerlo, la verdad. Nueva York da mucho juego en este formato y más aún desde el punto de vista de Spiderman. En cualquier caso, cumple en una de las facetas básicas de todo blockbuster con un presupuesto de este tipo.

En conjunto pesan bastante la tendencia a lo ridículo de los enemigos y la acumulación excesiva de ideas que no siempre casan bien. Parte es responsabilidad de los guionistas, pero también es cierto que éstos han tenido que lidiar con una concepción de la saga que viene de arriba, con una peli que quiere ser demasiadas cosas a la vez. Quiere ser secuela, pero quiere ser introducción de algo grande, quiere ser mejor que la anterior pero por acumulación de villanos y problemas. Algo parecido a lo que ocurría en Iron Man 2, que era a la vez secuela y eslabón para algo mayor, que introducía tramas para Los Vengadores en vez de centrarse en la suya propia. Cuando Iron Man 3 volvió a lo sencillo, al personaje y a una idea a la que enfrentarlo, todo mejoró de forma notable. Esperemos que aquí suceda lo mismo en el futuro y esta película no sea más que un bache mal encarado por la urgencia del estudio.


Marc Webb | Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jeff Pinkner | Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Sally Field, Paul Giamatti, Campbell Scott, Embeth Davidtz, Colm Feore, Chris Zylka, Denis Leary, Frank Deal, Marton Csokas, Max Charles, Felicity Jones | Avi Arad, Matthew Tolmach | Alex Kurtzman, Roberto Orci, Beatriz Sequeira | Johnny Marr, Pharrell Williams, Hans Zimmer | Daniel Mindel | Pietro Scalia | Mark Friedberg | Marvel Enterprises, Avi Arad Productions, Columbia Pictures, Matt Tolmach Productions | Sony Pictures Releasing |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

  • NightCrawler

    No esa es Iron Man 3 o spiderman 3

    A ver Batman y Robin tiene villanos que no se toman en serio a si mismos pero aqui tenemos un duende verde que mata a gwen stacy, algo que nunca harian los villanos de Schumagger ni los de Raimi (por que ninguno es malvado para empezar), en Batman y Robin es un chiste tras otro pero aqui hay momentos de tension, drama, romance y la escena de la muerte de gwen es algo que fu muy bien logrado.

    Solo exageran con su odio.

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