Críticas

Yo, Frankenstein

Yvonne Strahovski: “No creo en demonios”
(aparece un demonio)
Yvonne Strahovski: “…Oh, mierda”
Aaron Eckhart: “Urgh”

Esto es Yo, Frankenstein, más o menos.

Las películas que me resulta más complicado comentar son aquellas en las que sus responsables no demuestran ningún tipo de cariño porque acabo desconectado de la pantalla. Yo, Frankenstein, se contenta con existir y prefiere hacerme sentir nada antes que enfadarme. Como espectáculo visual, la película se limita a un par de cuidados planos que acentúan unos a veces más que correctos diseño de producción y maquillaje. Como aventura de acción es mecánica. Como historia de redención personal, en la figura del titular del film, es un agujero negro. Y como posible deudora de la serie B, posiblemente la mejor baza que tenía por jugar porque podría haber sido heredera grupo de películas cuyos mejores ejemplos se cimentan en el uso de la sugerencia, la imaginación y un sano desprecio de las costumbres, está sin embargo asfixiada por tres males: es innecesariamente grave, su trama es innecesariamente predominante y el uso de los efectos especiales por ordenador es innecesariamente indiscriminado. Es la clase de película que era terreno abonado para una interpretación protagonista con el rabo fuera, recurso que logra maravillas en Pompeii (Kiefer Sutherland / Adewale Akinnuoye-Agbaje) o 300: El Origen de un Imperio (Eva Green), pero lo que tiene en su lugar es a un Aaron Eckhart contagiado del hastío que predomina e incapaz por sus propios medios de escaparse de las líneas generales del film.

© Lionsgate

© Lionsgate

Líneas que ya sabemos cuáles son en el momento en que el cartel nos anuncia que este film procede de los productores (y del guionista) de Underworld, franquicia que puede gustar mucho o poco, pero por lo menos contaba a su favor con una estética marcada: cuero, dos pistolas y una constante paleta de tres colores. En términos visuales, Yo, Frankenstein es una especie de Van Helsing según Sommers, un gótico de colorines  que solo recurre al uso de las sombras, a la amenaza y al misterio en sus primeros diez minutos, repartidos en una secuencia de acción en un cementerio que sienta las bases de la trama del film. La criatura de Frankenstein llega a nuestros días con la misión de impedir que un príncipe demoníaco se haga con el libro de su creador, lo que le permitiría transformar almas infernales en un ejército de no-muertos invencible a las armas de las que hace uso nuestro protagonista y sus aliados, una raza de gárgolas.

Es la clase de propuesta que te cuentan los colegas en un bar con cuatro vodkas encima y, por lo menos, te medio ríes. Pero a la película no le parece particularmente graciosa, salvo a Bill Nighy, villano como ya lo fuera en Underworld, quien esconde el refocilamiento de quien está pensando que esta película se animaría bastante si decidiera entrar en escena sobre patines, disfrazado de animadora y agitando un par de pompones. Sucede, como viene siendo habitual, que eso de la seriedad es relativo. Convenientemente relativo. Es interesante, por ejemplo, ver cómo el film recuerda que la criatura, Adam, es un asesino (los aficionados a la obra de Shelley recordarán que mata a sangre fría a la esposa de su creador) reconvertido en salvador a la fuerza de la Humanidad. Esperas que la película profundice aunque sea un pelín en ese dilema, pero a los veinte minutos ya sabes que Adam está TORTURADO simplemente porque la TORTURA es su FUEL para meter MECOS GORDOS CON DOS PALOS. Es muy rápido, muy fuerte, autodidacta en artes marciales y su mecanismo de conversación por defecto consiste en mandarte al carajo la vela. El film, a través de sus personajes, se hace ciertas preguntas sobre su naturaleza. Todas son respondidas con un cómodo “que te den”.

Tampoco es que tenga mucho tiempo para explorarlo. Ahora conseguimos el diario, ahora perdemos el diario, ahora recuperamos el diario, ahora lo volvemos a perder, ahora te cuento mi plan, ahora clímax, y sustituimos las comas por escenas de acción, circunscritas a dar tollinas. O Frankenstein persiguiendo a alguien. Al que da tollinas. Un film tan esquemático podría haberse limitado a solo dos puntos de giro y respirar a través de sus personajes el resto del metraje, pero Yo, Frankenstein rellena ese vacío con escenas de combate (no menos de siete en hora y media) en manos de un director inexperto y con escasa ambición creativa. Beattie tiene cierto fondo ganado en el cine de acción de leches noventero pero se pierde en la épica. La masiva secuencia de acción en la catedral (también de tollinas) es virtual de cabo a rabo: desde los planos sobre la catedral hasta las gárgolas, todas iguales, pasando por los demonios, todos vestidos de negro. El copypasteo de personajes CGI es evidente. La ausencia de garra, también. Más que falta de inspiración es falta de ganas de encontrarla. También es lo que le han pedido. Frankenstein contra Demonios contra Gárgolas. Tres bandos son demasiados para tan pocos cimientos.

© Lionsgate

© Lionsgate

Pero más que a Underworld, Yo, Frankenstein me recuerda a films como Legion y Priest en la figura de su actor protagonista: un intérprete con unos determinados puntos fuertes que abandona para reciclarse sin éxito en héroe de acción. Eckhart es la clase de actor que hace una cosa, y la hace MUY bien: es el reverso tenebroso del wonderboy americano (habría sido, mantengo, un fantástico Don Draper). Se puede apreciar en En Compañía de Hombres, Gracias por Fumar, The Dark Knight o momentos de tirado con ínfulas de grandeza en Persiguiendo a Betty. Es una característica muy concreta que funciona excepcionalmente bien en su adecuado tiempo y lugar y una pelicula de acción, como sucedía con Paul Bettany, no es una de ellas. Es una cuestión, en el fondo, de autoexigencia y, por qué no decirlo, de ganas de pasárselo bien y aportar su propio granito de arena para salvar un papel destinado al fondo del pantano. Pero es imposible. La película absorbe humanidad y secreta morfina. Strahovski demuestra en Chuck cierta vena cómica. Aquí es inexistente. Miranda Otto ocasionalmente chispea algo más que su papel estándar de Alteza Serenísima de las Gárgolas, nada más. Jai Courtney no es gran cosa, no hay nada que me incite a pensar que lo es. La película le remata despachando vulgarmente a su confuso personaje (lugarteniente apasionado de su reina que deliberadamente desobedece sus órdenes caracterizado por el odio cerval al protagonista). Y la lista sigue –dos gárgolas amantes, guardaespaldas bigardo, lacayo maligno–, sigue, sigue y sigue.

Es triste comprobar lo habituales que son esta clase de películas. Por cada Dredd, por cada The Raid, por cada película que se hace con un hueco en el cofre de los tesoros de los aficionados hay diez Yo, Frankenstein que, por norma, malinterpretan absolutamente todas las características que definen al género al que pertenecen por obedecer sin salirse UN ÁPICE DE LA RAYA de un exitoso patrón iniciado años ha (da igual que el contexto haya pasado de moda, que esa vía esté virtualmente agotada), sumiendo a todos sus integrantes en un estado de estupor y que, por todo ello, terminan ignorando lo que debe ser un entretenimiento estándar (no ya “bueno”, estándar): vibrante, dinámico, variado, emocionante. Todas ellas características que suelen ir acompañadas de la pasión que se traslada a los espectadores y por la que se activan sus mecanismos de evasión para disfrutar del cine. Aquí no hay ninguna. Yo, Frankenstein no es mala. Es peor. Es filfa.


Stuart Beattie | Stuart Beattie & Kevin Grevioux | Ross Emery | Reinhold Heil, Johnny Klimek | Aaron Eckhart, Yvonne Strahovski, Bill Nighy, Miranda Otto, Jai Courtney, Kevon Grevioux | Michelle McGahey | Marcus D'Arcy | Hopscotch Features, Lakeshore Entertainment, Lionsgate, Sidney Kimmel Entertainment | Sidney Kimmel, Gary Lucchesi | Matt Berenson, Kevin Grevioux, David Kern |
  • Alicia Jaramillo

    Frankenstein es un personaje clásico de la literatura en el genero de terror pero esta película deja mucho que desear sobre el mismo. Una serie de terror en HBO de terror en la que sí me gusta cómo caracterizaron a Frankenstein, es Penny Dreadful, ya se encuentra en su recta final , pero todavía puedes ver algunos de sus capítulos. Si te gustan las historias de terror, esta serie es la indicada. La recomiendo mucho.

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