Críticas

Los Mercenarios 3

Cuando se estreno la primera entrega de Los Mercenarios existía un anhelo generacional que estaba a punto de verse culminado. Los que pasamos la infancia alimentando nuestro cerebro con esas odas a la violencia del Hollywood ochentero, íbamos a ver cumplido el sueño húmero de ver juntos en pantalla al top de aquella época. Por fin Stallone, Schwarzenegger y Willis juntos, los fundadores de Planet Hollywood, los colegas más duros de la historia, los tíos que hicieron de las camisetas cerdas llenas de sangre, sudor y cerveza un modelo de héroe definitivo para la infancia (por eso mi padre nunca me dejó tener pistolas de juguete, no fuese a dedicarme a ajusticiar facinerosos). Los tres, junto a un buen puñado de actores con los huevos negros como la noche, jugándose la vida allí donde ni siquiera el ejército tiene redaños de ir.

El resultado quizás no fuese tan épico como uno hubiese esperado. Stallone era el verdadero protagonista junto a Jason Statham, que hacía de mano derecha. Lo de Chuache y Willis eran más cameos que otra cosa y la historia… bien, una trama estándar de equipo de élite que debe derrocar a un malvado dictador de un país tropical de chichinabo. Pero daba igual, al menos se parecía a lo que deseábamos y el colegueo se notaba en pantalla. No era un MacPro, pero al menos era un Hackintosh decente. En taquilla funcionó suficientemente bien como para hacer una secuela, algo más cara y con nuevas incorporaciones. Van Damme como villano, más Chuache, más Willis y un surtido de coñas autorreferenciales que culminaban en el absurdo personaje de Chuck Norris. Bien, divertido, pero quizás excesivamente tontorrón todo y esa sensación constante de “vamos a rodar donde nos dejen romper barato”.

"Mejor tómate dos de L-Carnitina y una de Creatina"

“Mejor tómate dos de L-Carnitina y una de Creatina. Y para comer, arroz con pollo seis veces al día.”

La tercera entrega (ya voy al grano) sigue en la misma línea y vuelve a hacer gala de una política de fichajes propia del Real Madrid: Kelsey Grammer para hacer un papel muy similar al de Willis (que se largó porque quería cobrar mucho por hacer poco), Wesley Snipes como gran rescatado del olvido, Antonio Banderas para dar un punto exótico, actores con galones como Harrison Ford y Mel Gibson y un puñado de jóvenes para que la media de edad no parezca propia de una partida de julepe. La trama sigue siendo lo de menos y Stallone se busca un director emergente como Patrick Hughes (Red Hill) al que encomendar la tarea de rodar eficazmente pero sin artistadas.


Esta tercera parte tiene nulas aspiraciones de evolucionar y prefiere agarrarse al dicho de “no arregles lo que no está roto”.


Por tanto, el resultado vuelve a ser muy similar. Escenas de acción en entornos propicios para destrozar cosas por cuatro perras, momentos de lucimiento particular para las nuevas incorporaciones, gracietas autorreferenciales, pelea final y a correr. ¿Es algo malo? No especialmente, a fin de cuentas Stallone se limita a dar a su público lo que quiere. Sabe que no va a sorprender, pero tampoco va a decepcionar. Es como ir a un McDonalds, un BigMac nunca sabrá a solomillo, pero sabes que sabrá a BigMac SIEMPRE.

"¡Gillette, lo mejor pal mostacheteeee!"

“Lo gané tirando con la chimbera en las fiestas de Móstoles.”

Sin embargo, y de ahí la larga introducción nostálgica, tras tres películas de la saga, queda la sensación de haber echado un polvete rutinario, de haber ido a por el aprobado raspado, cuando estos tipos que mitificábamos de críos y que tenían varios zurullos a sus espaldas (no lo vamos a negar), se convirtieron en míticos cuando fueron parte de pelis más ambiciosas que llenar un cine de nerds que querían tener músculos. Por aquí han pasado los protas de Rambo, Jungla de Cristal, Terminator, Indiana Jones y Arma Letal, películas que perduran sin necesidad del factor nostaliga, pero esta franquicia no se esfuerza lo más mínimo en intentar hacer algo comparable. Prefiere quedarse en la eficiente comodidad de Comando, Cobra, Doble Impacto o similares, que son pelis que disfrutamos todavía pero con cierto grado de nostalgia y un punto de cinismo, ya que siempre hemos sabido que nunca quisieron ser más que un placer culpable y que no disimularon nunca su cutrez en muchos aspectos. El tiempo dirá si la franquicia será capaz, al menos, de hacernos recordar alguna escena absurdamente violenta o alguna frase lapidaria típicas de aquellos títulos.

Como punto destacable, ahí está Banderas. No por barrer para casa, sino porque es capaz de salvarse de una presentación con acrobacias “zorro style” y música con castañuelas, para convertirse en un robaescenas en base a un personaje muy improvisado que sólo ansía tener amigos. Los demás hacen su trabajo, alguno se limita a cobrar su cheque, y Snipes, definitivamente, se parece a Eddie Murphy disfrazado de su abuela en El Profesor Chiflado.


Patrick Hughes | Sylvester Stallone, Creighton Rothenberger, Katrin Benedikt | Sylvester Stallone, Jason Statham, Antonio Banderas, Harrison Ford, Wesley Snipes, Mel Gibson, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Kelsey Grammer, Arnold Schwarzenegger, Jet Li, Glen Powell, Víctor Ortiz, Ronda Rousey, Kellan Lutz, Ivan Kostadinov, Robert Davi | Avi Lerner, Danny Lerner, Kevin King Templeton , John Thompson, Les Weldon | Guy Avshalom, Guymon Casady, Boaz Davidson, Danny Dimbort, Robert Earl, Samuel Hadida, Victor Hadida, Basil Iwanyk, Zygi Kamasa, Trevor Short | Brian Tyler | Peter Menzies Jr. | Sean Albertson, Paul Harb | Daniel T. Dorrance | Nu Image, Millennium Films, Davis-Films, Ex3 Productions, Fipex Holding | Universal Pictures |

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

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