Críticas

La entrega

Ver La Entrega se parece un poco a un partido del Madrid en el minuto 70 cuando gana 1-0 y te das cuenta de que lleva 20 minutos sin chutar a puerta, indicativo de que el equipo se está tocando la polla y esto puede acabar de cualquier manera. A la película le pasa un poco lo mismo: durante bastantes minutos cae en una especie de limbo donde sus dos vertientes, retrato humano y thriller criminal, no cuajan en absoluto. La primera porque no controla a su personaje principal y la segunda porque le falta nervio, pero sigue adelante de todos modos porque en ella participa una sobredosis de clase tan descomunal que sobrevive a golpes de inspiración. Hay partidos del jodido Mandril en los que realmente deseo que el contrario le meta un saco de goles en el minuto 92 para que espabilen, ese maldito grupete autoproclamado como “elegido para la gloria”. Meh. Si esto se lo deseo a mi equipo de toda la vida, con La entrega no llego a tanto. Pero hay pocas cosas que me fastidien (amargamente, porque aquí nadie es mejor que nadie, dice el cuñado) tanto como la falta de convicción cuando el talento sobra. Y aquí sucede. Un poquito.

Todo en La Entrega es pequeño y cotidiano. Un acogedor y clásico pub deportivo de Brooklyn que sirve de sucursal de intercambio de dinero negro es atracado por dos granujas que se llevan parte de la recaudación de un grupo de mafiosos chechenos, quienes exigen al dueño del establecimiento, el amargado y crepuscular Primo Marv (James Gandolfini), y a su ligeramente embobado pero también ligeramente pragmático pero también ligeramente badass camarero Bob Saginowski (Tom Hardy) que encuentren el botín robado o de lo contrario se harán una alfombra chechena con sus escrotos. No le hace ninguna gracia a Marv, quien perdió hace una década el control del barrio precisamente a manos de esta mafia, ni tampoco demasiada a Bob, un pobre diablo a quien recientemente la vida le ha sonreído con el descubrimiento de un perrito abandonado y de un potencial romance con Nadia (Noomi Rapace), una camarera solitaria y dañada. Los aficionados al cine negro estarán encantados de descubrir que ambos incidentes están más relacionados de lo que parece, en particular con la entrada en acción del loco del barrio: Eric Deeds (Matthias Schoenaerts), un zumbado que servirá de nexo de unión a todas las tramas de la película. Dinero, perrino y amor escalan, se complican, se enzarzan, chocan y explotan en tres manzanas de edificios, mientras el resto del mundo sigue girando.

© TM and 2014 Twentieth Century Fox Film Corporation

© TM and 2014 Twentieth Century Fox Film Corporation

Mystic River –por poner el ejemplo Lehaneniano-niano más cercano– nos enseña una cosa: puedes ser “pequeña” Y puedes ser épica de cojones. Ambos conceptos NO son excluyentes. Precisamente por estar protagonizadas por gente común las apuestas en estas películas no pueden ser más altas porque sus personajes no se juegan lujos: se juegan su supervivencia. La entrega es diferente a Mystic en términos formales; es más limitada en el tiempo y más reducida en personajes, pero los conceptos se repiten: o eres una víctima o no lo eres. Es un material poderoso, dita sea. Material en manos –cojo aire– de un reparto cuyo secundario masculino principal ha sido el mascarón de proa de una de las series más grandes de la historia de la televisión, escrito por uno de los novelistas más admirados del género, protagonizado por el que va a ser el actor de referencia de las próximas décadas, escoltado por dos maravillosos actores que son la crema del cine joven europeo, y ejecutada por un director (Michaël R. Roskam – Bullhead) y un director de fotografía que han efectuado sin el mero asomo de duda la siempre difícil transición estética desde el vibrante, novedoso y artístico cine del viejo continente al más rígido y honorable thriller clásico norteamericano.

Es decir: The Drop no estaba destinada a ser una película. Estaba destinada a ser una bomba nuclear. Lo sabes porque viendo el film, te das cuenta de lo BUENOS que son estos tíos. Y lo sé yo, tú y todo el mundo. Joe Morgenstern, en su reseña del Wall Street Journal, dedica un párrafo entero al asombroso ejercicio de acento de Hardy, nacido en Londres, que no solo habla a la perfección con voz de Brooklyn, sino de parte obrera de Brooklyn. Hay ciertas escenas de tensión, complejas, con varios elementos que discurren en paralelo, que Roskam resuelve como si se llamara Richard Donner y llevara cincuenta años en esto, por no mencionar que tanto él como su DP, Nicolas Karakatsanis, y su directora de producción, Thérèse DePrez (Cisne Negro), entienden instintivamente la importancia suprema del propio bar, como escenario, y lo saca bonito de cojones, y te transmite una sensación de tradición, de negocio antiguo, que ancla el film en un contexto social; todo ello salpicado de diálogos secos y al pie. Gandolfini nos lleva a los últimos y tristes años de Tony Soprano. Rapace vuelve a hacer un clínic de un dificil personaje que tiene dominado a la perfección (inteligente, capaz, perceptiva, herida; un papel del que necesita escapar ya porque lleva años lista para comerse todo). Está bien hasta el perro. Individualmente, puntualmente, la película funciona de maravilla. Lo que le falta es intensidad. Y la ausencia de intensidad deriva de un fallo de conjunto. Y los fallos de conjunto son un error de base.

Pero primero…

No: a la suya, señor Gandolfini.

No: a la suya, don Gandolfini.

Hecho el inciso, La entrega ignora todas las ambiciones, perfectamente legítimas (el cine te permite ser pequeño y grande a la vez), que proporcionan a sus compañeras más ilustres poso y resonancia, dos características que aquí no veo por ningún lado. Hay una cierta sensación de que todos los protagonistas del film discurren sobre raíles, destrozados por diversos factores: su pasado, el barrio, la rutina. Es una especie de taciturno estado de ánimo, peligroso para un thriller, que conforme pasa el metraje comienza a afectar a todos los implicados, constriñendo al film, que funciona en tercera marcha durante el 70 por ciento del metraje y para cuando quiere subir es casi demasiado tarde, porque casi me ha perdido. En beneficio de la película, parece una decisión completamente consciente y deliberada. Son demasiado buenos, vale la pena insistir, como para que este material se les vaya de la manos. Lo que no pueden controlar, lo que nadie puede, son los daños colaterales que provoca esta decisión en mí: en el momento en el que me sueltas de los huevos y me despegas a la pantalla, voy a amplificar todos tus defectos. Y los tienes. Y el problema es que residen en puntos importantes.

Primero, Hardy tiene problemas para controlar a Bob Saguinowski porque es tantas cosas, tan diferentes, que el actor se ve obligado en ocasiones a modificar su comportamiento en cada línea de guión. Esto desemboca en una circunstancia curiosa: un error de interpretación. Es un gran personaje, uno que esconde muchas cosas bajo su piel de bobalicón, pero creo que está, simplemente, mal expresado. Conste que me parece un problema técnico, no enteramente culpa de nadie en concreto, sino más bien producto de una suma de pequeños descuidos cuyo resultado es exagerado por la falta de intensidad mencionada. Segundo, el personaje de Rapace es inexistente (indignantemente inexistente procediendo del tío que escribió a Annabeth fucking Markum). Tercero: que para ser un thriller pequeño demuestra demasiada recurrencia, en todo lo que se refiere a la trama del robo, a la elipsis, un instrumento que siempre me ha parecido de peli mayor y más compleja. Creo sinceramente que una aproximación más directa y contundente habría obrado maravillas, incrementando el impacto del film.

Y me habría encantado ver en The Drop más rabia, más… lo que fuera porque creo que habría terminado siendo una especie de clásico menor: uno en el que sus defectos quedan completamente soslayados por el brío, por su contenido, por sus intenciones. Es más, parte de ella abre ciertos huecos a la renovación, a la esperanza de una nueva vida, al cambio y al optimismo. En su lugar, prefiere ser una descripción de un lugar agotado y casi anónimo, habitado por fantasmas con sus pequeños vicios y virtudes, asfixiados por el pasado y la tristeza, un día más. Pero incluso este aspecto queda difuso por falta de escenas personales, íntimas –dos conversaciones rutinarias entre su pareja romántica, ausencia casi total de contacto entre Gandolfini y su hermana… demasiado poco–. Podría haber hecho de ello una bandera. Podría haber hecho una bandera de ALGO, lo que fuera, cagonlaleche. Gone Baby Gone era igual de pequeña; la misma mirada al pasado, pero te hacía mella hablando con pasión sobre temas de madurez, paternidad y legado. En su lugar, el nuevo film de Roskam (quien no va a sufrir para encontrar trabajo, voy avanzando) prefiere contentarse con genialidades insertadas en la descripción de lo que es, al final, un día más en Brooklyn, donde nada cambia y donde nada realmente vive, pagando el precio –y siempre se paga– de una obra que decide sacrificar conscientemente parte de su humanidad. Teniendo lo que tenía, y demostrando lo que a veces demuestra, merece por lo menos una pequeña y amable reprimenda.


Michael R. Roskam | Dennis Lehane (basado en su propio relato corto 'Animal Rescue') | Tom Hardy, James Gandolfini, Noomi Rapace, Matthias Schoenaerts, John Ortiz, Ann Dowd, Michael Aronov | Marco Beltrami | Nicolas Karakatsanis | Christopher Tellefsen | Thérèse DePrez | Peter Chernin, Dylan Clark | David Greenbaum | Chernin Entertainment. Fox Searchlight Pictures | Hispano Foxfilm |
  • Santi

    Yo creo que sí lo sabía. Deeds es la coartada perfecta, el bocazas que habla mucho y no hace nada. En un momento de la peli Marv le dice a Deeds, aléjate del chico, no estaba tratando de proteger a Bob, sino al propio Deeds, ya que lo necesitaba con vida para llevar a cabo su plan, y sabía de lo que era capaz Bob. Por eso no se dicen nada por teléfono. Por eso espera en el coche su final.

    Se insiste en esta crítica que Bob era “lento”, pero en mi opinión es el más espabilado de todos. Muy inteligente.

  • azotedemercados

    Me gustaría que alguien me aclarara una duda: por qué en el pasado Bob Saginowski (Tom Hardy) es quien mata de dos tiros en la cara a Glory Days si es su primo quien hacía trapicheos en su bar y al que le debía el dinero el tal Glory Days? Y por qué su primo Marv no sabía que había sido Bob quien lo mató y creía que era el colgado de Eric Deeds (Matthias Schoenaerts). Gracias y a ver si me podéis explicar ese hecho de la película.

  • estrokastos

    Vista. Excelente análisis Rafa. Coincido con todo. No soporto que una película se estanque, que no avance; estar viendo metraje que tenía que haberse cortado porque no aporta, porque es redundante. Para mi es un fallo más grave de lo que pueda parecer, me parece muy básico… No es que te cuenten una imbecilidad o algo muy profundo, es que no te lo están sabiendo contar.

  • Abel G.C.

    Todavía no la vi porque en Irlanda se estrena en Noviembre (lo que me toca los huevos)

    Rafa, me da la sensación de que lo del personaje de Rapace viene por el origen de la historia, empezó siendo un relato corto (no pasaría de las diez páginas y el personaje femenino no estaba muy desarrollado) y luego Lehane escribió el guión y ya que estaba pues hizo una novela de ello así que me imagino que tendría que estirar muchas cosas. Aunque para ser sincero a mi me da lo mismo, del hombre que escribió Live by Night y otras tantas cosas yo le acepto cualquier cosa

  • TassaDarK

    Voy a hacer mi reseña SUPERPROFESIONAL para los que son de la ESO como yo y se han mareado con el pedazo de análisis sesudo de los gitanos estos:

    Es sosilla.

  • javiKnight

    Yo creo que desde los primeros instantes, la película no quiere que equivoques tu idea global del film, a pesar de jugar en la liga del genero negro, casi parece desnudarse ante la etiqueta del thriller de barriada más identificable, y se introduce en algo cercano al drama costumbrista durante gran parte del metraje.

    La combinación de contrastes parece interponerse en la mecánica resultante, pero quizás la intención, si nos ceñimos a la economía del libreto, no sea un producto por encima de sus posibilidades, si no más bien una simple y directa historia sobre fracasos, frustraciones, y complejos demasiado tiempo agarrados al corazón.

    Me gustan muchos aspectos de la película, el apoyo del Detective Torres como enlace/narrador del pasado, me gusta como Hardy no quiere salirse del tiesto en ningún momento, y aguanta los envites sin pestañear, lo que hace que su personaje se complete automáticamente sin necesidad de explicaciones, y al final del film, te deja claro quien es, lo que ha sufrido, y lo que quiere. Me chifla como Gandolfini exprese al milímetro su estado emocional incluso sentado en una esquina, fuera del enfoque directo, y desde luego me encanta Matthias Schoenaerts, a quien deberían otorgarle más minutos de juego, porque me parece un actor tremendo. Rapace aparece, aporta, no luce tanto, pero sabes que está. Y me gusta mucho Michaël R. Roskam, y el acabado visual que confiere al film, los momentos en el Bar resultan acogedores, impregnan un aroma de historia a cada rincón del lugar. Y me gusta mucho la historia que cuenta, y cómo la cuenta, y como la define Dennis Lehane, como un cuento corto. Un cuento agridulce, pero bonito, sin excesos, pero con intenciones.

    Quizás un poco más de pólvora, un poco más de tensión, algo más de ‘Épica’, hubieran exigido malformar el contenido en virtud de algo demasiado impostado, al menos por lo que yo vi, y lo que me trasmitió al final.
    Precisamente esa combinación de géneros, tonos, y sencillez narrativa son los que me han ganado más después del visionado.

    pd: la reseña de Rafa me ha encantado, felicidades. Y van…

  • marcbranches

    La vi en Donosti. Salí con una sensación muy similar a la tuya, pero el gran recibimiento que tuvo me hizo pensar en el cabronazo que hay dentro de mí, que me impide disfrutar de las cosas que debería. Porque, joder, esta película lo tenía TODO para llevarme al catre: género negro en atmósfera obrera, y un plantel acojonanting en todas las áreas de trabajo.

    Y no. Al final no hay polvo.

    La película está bien, pero a) tarda tanto en arrancarse por soleares que cuando lo hace casi se ha terminado, y b) da la sensación que nunca sale de su zona de confort. Nada explica tan bien ese último punto como las interpretaciones de su cuarteto protagonista, que están estupendos en papeles que harían aún estando hasta el culo de peyote. Y ahí incluyo el acento bajoneoyorkino de Hardy, cuya interpretación se podría resumir con la fórmula: hieratismo ryangoslinguista – semimonguerismo adamsandleriano + britishworkingclass random. O algo así.

    Vamos, que sí pero no. Pero todo esto da igual porque es la última película de JAMES GANDOLFINI y esa certeza me llena de la melancolía que la película quiere desprender y no consigue.

  • Abraham Cazalilla

    Hala Madrid.

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