Críticas

La Isla Mínima

Por Doc Diablo.

1980. Dos desaparecidas. Dos policías “castigados” por diferentes motivos a ocuparse de un caso poco importante en un pueblo perdido entre las marismas del Guadalquivir dónde se malvive a peonadas, se atesoran juguetes que muestran fotos de las “grandes ciudades” como Málaga o Cádiz, las mujeres callan o hablan a escondidas mientras se tapan los moratones y la vida asfixia y desgasta igual que antes de llegar eso a lo que en Madrid llaman democracia.

Juan, un Raúl Arévalo que deviene en el punto más flojo del film, joven policía que ha escrito una carta a un periódico quejándose abiertamente de un general, tiene una mujer y una hija pequeña y una fuerte convicción de lo que la nueva España debería ser. Cuando el film termine sólo le quedaran dos de las tres. La interpretación de Arévalo es extremadamente hierática, y la mayor parte de las veces sabemos lo que piensa/siente gracias a la precisión del guión y la superlativa planificación de escenas del director. Para comunicar mostrando muy poco hay que tener esa categoría/don especial, (Oldman en El Topo, Eastwood en Sin perdón, Burt Lancaster en El Gatopardo, Delon en Le Samurai…) que él no posee o, como mínimo, aquí no demuestra. Esto genera una desconexión emocional del espectador para con su personaje, que priva al film de alcanzar todo el efecto trágico que su desenlace pretende.

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Pedro (Javier Gutiérrez) es su opuesto aparente, un representante de la “vieja escuela” al que conviene apartar como a todo lo que dé una imagen asociada al franquismo, que el Gobierno de Suárez quería borrar a toda costa. Javier Gutiérrez borda el papel, se metamorfosea en el personaje, y consigue que el espectador y los habitantes del pueblo, los sospechosos, los/las testigos e incluso su naïf compañero, lo veamos en cada momento bajo la luz que él quiere proyectar. Un hombre cargado de demonios que consigue ocultar la verdad a todos, excepto a sí mismo y que noche a noche, ginebra a ginebra, intenta ahogar las voces en su cabeza.


No es La isla minima un “whodunit” al uso ni confiere atención especial al asesino ni a sus actos, usando la investigación como tapadera de un impecable e implacable retrato de un lugar y, sobre todo, de un tiempo concreto.


Un merecidísimo sombrerazo al trabajo de fotografía de Alex Catalán, recién premiado en San Sebastián al igual que Gutiérrez, que consigue alternar imágenes de una plasticidad y una belleza abrumadora, con otras realmente desasosegantes, que muestran espacios terribles, algunos por claustrofóbicos y miserables, otros por enigmáticos y aparentemente sin fin a la vista. Enfoques a contraluz de los protagonistas en un cortijo mientras buscan pruebas, una turbadora imagen de una chica caminando por un arcén en plena noche en un impecable guiño a Lynch… y un sinfín de momentazos más que no quiero reventaros aquí.

Todo este trabajo resalta, aún más si cabe, el domino de la composición del plano y el músculo narrativo que ya exhibía su director Alberto Rodríguez en la nunca suficientemente recordada Grupo 7. No voy a entrar comparaciones con películas míticas de las que se ha ¿beneficiado? La isla mínima en estas últimas semanas, merced a una paracampaña de prensa que la ha intentado propulsar al Olimpo del cine, primero por una cuestión de buen gusto, y segundo porque la estupenda película de Rodríguez no lo necesita para nada.

Ya el propio director ha hablado del cine que le gusta y le ha inspirado a lo largo de su carrera, y ése valor añadido de estar rodada por un tipo al que le entusiasma el buen cine y que es además capaz de reciclar elementos de Clouzot, Sturgess o Joon-ho Bong para crear un film con identidad propia ya es visible para el cinéfilo con un mínimo bagaje.

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Incluso sin detectar nada de eso, La Isla mínima es su propia película, que pese a la descompensación que provoca un actor protagonista literalmente triturado por el otro, y algún secundario que no sé si es que es un actor no-profesional o solamente malo de cojones, tiene una planificación de órdago, una fotografía apabullante, un composición protagonista para el recuerdo y sobre todo unos cojones de padre y señor mío para, en un final que remite a Costa-Gavras (y ésta que es la gorda no la he leído en ningún sitio) contarnos la mierda de país en que vivimos, la mamarrachada que es la mitificada “Transición española” y como Franco en su día, y el caza-elefantes hace unos pocos meses, lo dejaron todo atado y BIEN ATADO para que todo cambiara, pero todo siguiera igual.

Y si no, id a pueblos marginales a ver cómo se vive, o preguntaos porque se puede salir a la calle tranquilamente con la bandera del aguilucho sin que te manden directo a Carabanchel.

Una muesca más en el cinturón de su director y posiblemente el mejor thriller español desde su propia Grupo 7 y No habrá paz para los malvados.


Alberto Rodríguez | Alberto Rodríguez, Rafael Cobos | Javier Gutiérrez, Raúl Arévalo, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Jesús Carroza, Manolo Solo, Salvador Reina, Juan Carlos Villanueva | Mercedes Gamero, Gervasio Iglesias, Miker Lejarza | José Antonio Félez, Ricardo García Arrojo | Julio de la Rosa | Alex Catalán | José M. G. Moyano | Manuela Ocón | Atresmedia Cine, Atípica Films, Sacromonte Films | Warner Bros. |
  • Modesto Gallego

    Buena película policiaca pero tampoco como para ganar 10 Goyas. La historia tampoco es muy enrevesada. Trata de dos policías opuestos ideológicamente de la España de 1980 que se van a Andalucía a investigar la desaparición de dos chicas. La fotografía de la peli sí es muy buena y la peli no aburre en ningún momento. Resumen : Es distraída pero tampoco pasará a la historia del cine español. Yo le pongo un 7.

  • Predator_Hunter

    Pregunto, y lo que voy a preguntar, es un spoiler, así que aviso antes que nada.

    ¿Al final, Quini y Sebastian no trabajaban juntos? Yo pensaba que el tal Quini iba repartiendo los folletos estos que Sebastian tenía, en plan “Tú eres mi relaciones, y me consigues a las chicas, para montarnos una especie de red de prostitución y sacarnos un dinero”.

    Vamos, así lo entendí, pero también me puedo equivocar xD.

  • Fredo Muñiz López

    La Isla Mínima es el lugar en el que finalmente encuentran a Sebastián a punto de cargarse a la chica.

    Cuando el coche se les queda embarrancado y echan a correr campo a través, Jesús les dice “por ahí sólo se llega a la Isla Mínima”, refiriéndose a que sólo hay un lugar al que el coche blanco puede estar dirigiéndose.

  • catcher1138

    Estos comentarios tampoco son una peli y tú me llamas gilipollas. Mismo baremo. ¿Tampoco entonces se puede decir que alguien “se carga” a otro? Qué puto lastre tenemos con la corrección política de los cojones, cuando es obvio que no hay intención de ofender, el que se ofende es que está deseando ser ofendido.

  • Estrella

    es necesario decir ”se las cepilla” ? tio,ya se que una peli,pero podrias utilizar otra palabra,de todas formas son violadas,no cepilladas,gilipollas.

  • Seibei .

    Joder, creí que era el único que se había dado cuenta del efecto que causa el cambio de marchas en esa escena. Parecía que iba conduciendo yo y estaba pegao pegao a la butaca del cine. Me encantó.

  • Leto83

    Es que ese plano incluso da miedo joer. Que por cierto, maestría en cómo imprimir emoción y tensión a una persecución en mitad de la noche únicamente con el sonido de las marchas.

  • Leto83

    Al fin vista, me ha encantado. Además, tiene la pinta de ser una de esas películas en las que los visionados posteriores ganarán más, descubriendo detalles que se escapan la primera vez. Añadir sólo que considero una pena que la crítica de esta cojonudísima peli tenga tan pocos comentarios, ya que es una de las propuestas más potentes que hay en cartelera ahora mismo. Un 8 y subiendo.

  • Yoyo Ucronia

    No me gustó, la volveré a ver, me encantará.

    El sábado me acerco a ver Perdida en los cines Victoria a la hora anunciada por web y prensa. Nos dicen, sin más explicaciones ni disculpas, que ha empezado hace media hora. Muchos se van cabreados y yo me meto a ver La isla mínima. Error. Cuando estás predispuesto a ver otra cosa una película de sutilezas como ésta no te entra a la primera. Si encima hay un desquilibrio tan grande entre los dos protagonistas es más fácil que te salgas de lo que te están contando, que el cuidado en la composición te deje frío y confundas el misterio propuesto con lo que en realidad te quieren contar.

    Resumiendo: No me metí en la cama muy contento y, sin embargo, cada vez me gusta más el poso que me ha dejado. Tengo ganas de disfrutarla con calma. Una sensación rara pero muy parecida a la que tuve en el estreno de Bladerunner y ya me la he visto más de 25 veces.

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