Críticas

Messi

La simplicidad es veneno para un documental y Messi, de Álex de la Iglesia, lo descubre a cada minuto que pasa. Y de puro superficial, casi acaba desmereciendo a su extraordinaria figura.

Messi está instalado en un lugar comodísimo porque solo tiene dos públicos: los que no saben quién es Lionel Messi y los devotos del fútbolista que llevan años intentando descubrir a la persona que hay detrás. Con este documental ambos pueden dormir tranquilos: Leo Messi no solo es uno de los jugadores más grandes de la historia del fútbol, sino que además es un tío de puta madre. Un Ulises de nuestros días que a través de su fuerza de voluntad, la medicina y un extraordinario talento consiguió no solo sobreponerse a las adversidades que le deparaba su propio cuerpo para convertirse en el mejor jugador de fútbol del mundo, sino que conquistó la conciencia de un país, el suyo, que al principio recelaba de él como extranjero al haberse formado en España y terminó elevándole a la altura de un icono nacional y digno heredero del 10 de su gran predecesor, Diego Armando Maradona.

Ambos públicos reciben una historia maravillosamente amable, un “de la nada al todo”, un “rags to riches”, alimentada por una amena estructura que combina imágenes de archivo con comentarios en vivo — un elegante restaurante — de sus allegados y profesionales, junto a una parte dramatizada en la que actores reproducen gran parte de la vida de su figura central. Alternando hábilmente entre estos diferentes tipos de narración, y sumado la ajustada duración de 90 minutos, Álex de la Iglesia consigue un documental moderadamente entretenido, con cierta distinción, nunca cargante si acudes a él con la mirada limpia, y una pieza curiosa que añadir a la memorabilia de la Pulga de Santa Fe. Fin.

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El gran, GRAN error, fue llamar a Johan Cryuff.

No entré en la sala con ganas de ver un ataque frontal contra Leo Messi. Principalmente porque ya sabía por anticipado que Leo Messi no estaba presente en el documental para defenderse de cualquier acusación que se pudiera verter contra él –es curioso hablar en estos términos de una de las superestrellas deportivas más crípticas de nuestro tiempo–. Lo que quería es que la gente que le conocía de cerca me ayudara a definir a Lionel Messi como jugador de fútbol, y salí completamente insatisfecho.

Mis deseos eran legítimos porque en cierto modo el documental invitaba a ello. Lionel Messi, explican muchos de los presentes, habla sobre el campo. Se puede decir de una forma más elegante: es una persona que se expresa a través de la disciplina que ama. Esa premisa exigía, para tener éxito, mostrar un análisis profundo de Lionel Messi como jugador de fútbol. No lo hay a pesar de que todas las cartas estaban ahí. No todos los días coinciden en una misma pieza gente como Cruyff, Segurola, Valdano, Piqué o Sabella intentando describir a un chaval al que han criado, al que han formado, al que han estudiado y con el que han convivido. Pero su peso específico en el documental es escaso, casi nulo.

Escaso, insisto, en lo que llama a un perfil del que es –soy del Madrid pero venga, hombre– uno de los jugadores ofensivos más completos y avanzados de los últimos 25 años. Uno de los profesionales más dominantes de toda la historia de su disciplina, cuyas características desafían los principios más elementales de su deporte. Primero revelación, después apuesta segura y finalmente pináculo de uno de los sistemas futbolísticos más complejos nunca vistos, madurado a través de 40 años de ajustes en la pizarra, a través de la formación milimétrica de canteranos y, en último término, de la consolidación de una idea a través de la posesión del balón: el Barcelona 2009 de Pep Guardiola.


Para descubrir a Messi, apenas es recomendable. Para entender a Leo Messi… Olvidáos. Ved jugar a Leo Messi.


No me vanaglorio de ser un especialista en fútbol. Pero creo que como mínimo, Messi es esto y un poco más: un jugador con un sentido innato de los matices y extraordinariamente versátil. La decepción abunda cuando el documental nos muestra imágenes de Messi en acción; la misma rutina, la misma estructura. Messi coge la bola, Messi se mea a mil, Messi mete gol. Una reducción conceptual que ignora su virtuosismo como pasador — una faceta habitual que reluce especialmente esta temporada — , su asombroso sentido de la lectura del juego y su fluidez en su cambio de demarcación — ahora es un definidor, ahora es un enlazador perfecto en tres cuartos, ahora es un iniciador de jugada, ahora es un distribuidor de área pequeña –. Ignora una característica fascinante como es su instinto para asumir el control total de un partido cuando su equipo más lo necesita. E ignora, aunque viendo el cariz bienintencionado que tiene el documental era de esperar, su lado oscuro: sus ocasionales desconexiones, sus aún más aisladas y sorprendentes explosiones de mala baba, su manifiesta incapacidad para facilitar la aparición de un escudero que proteja al equipo cuando él no está, y su errático funcionamiento bajo situaciones de presión humana brutal — Messi juega con un juicio pendiente, ¿cómo se hace eso?–. Toda su bonhomía atenúa la realidad. Ignora los aspectos puntuales que construyen una figura de su relevancia.

Por eso, cuando Cryuff abre la boca y comienza a describir cómo Messi mantiene una cadencia irregular de movimientos para facilitar el regate, o mantiene un centro de gravedad bajo para imposibilitar la carga cuerpo a cuerpo y absorber los golpes con facilidad — auténtico ténet del Barça de Rijkaard y de Guardiola, uno que demostró la viabilidad física del jugador técnico en un momento en el que el fútbol amagaba con convertirse en un terreno muy árido — y es interrumpido súbitamente para que me cuenten, no sé, lo bien que tocaba la flauta de pequeño, comprenderéis mi desencanto. Cruyff intenta racionalizar, lo que ha hecho toda su vida, y sus palabras amagan con abrirnos la puerta a un documental muy superior al que tenemos entre manos.

Un documental como este que nos ocupa, que funciona mejor cuánto menos le pides, es limitado por definición. Y dado que cumple una finalidad informativa, lo que en una película de ficción podría ser aceptable aquí es letal. Desde esa perspectiva cabe decir que Messi es muy chungo, pero no un fracaso absoluto. Por ejemplo, una parte genuinamente satisfactoria es la que intenta describir a Messi como el “hijo pródigo” del fútbol argentino, el héroe en su tiempo de necesidad ante la ausencia de un Román, un verdadero triunfo se mire por donde se mire. “Messi vive en España pero habla en rosarino”, explica Sabella, quien por unos minutos logra evocar nostalgia en la figura de Messi como el “desplazado”: uno que ha triunfado fuera de sus fronteras pero se siente de su tierra. De la Iglesia y Valdano aciertan plenamente en esa descripción de esa característica esencial de su figura. Y las partes ficcionalizadas son muy correctas. Conviene recordar de vez en cuando que, al margen de su faceta de autor, De la Iglesia — merced a trabajos publicitarios o más “impersonales”– es un narrador consumado y consigue construir una sencillita y decente “feel good movie”, familiar, que construye el corazón del film. Artificial y artificioso, pero corazón al fin y al cabo.

Pero De la Iglesia no es un aficionado al deporte. “Intento ver esa pasión desde el fútbol desde un punto de vista exterior”, explicó hace unos días al diario Sur. Sin una mínima implicación en el tema que abordas, así sale lo que ha salido. De la Iglesia parece creer que esto es Campeones, donde las figuras simplemente “emergen” por ciencia infusa, son perfectamente capaces de resolver un encuentro de fútbol sin la presencia de sus compañeros (Andres Iniesta ni siquiera abre la boca en el documental, redios) y equiparan su talento a un aura de divinidad. Yo haría casi más responsable de esto a Valdano –guionista y probable orientador futbolístico del documental –, quien apuesta por el aguachirri en lugar de profundizar, pero todo el proyecto atufa a un simple publirreportaje sobre este pedazo de futbolista. La gran paradoja que marcará a Messi, el documental, es que tal limpieza de sable habría sido perfectamente legítima dada la categoría de su sujeto. El gran lastre consiste en que ha elegido hacerla desde la perspectiva más inane posible.


Álex de la Iglesia | Jorge Valdano | Víctor Alcaraz, Ramon Besa, Johan Cruyff, Juan Pablo Garaventa, Andrés Iniesta, Javier Mascherano, César Luis Menotti, Gerard Piqué, Santiago Segurola, Jorge Valdano | Kiko de la Rica | Domingo González | Jaume Roures | Javier Méndez | Mediapro |
  • malavibora

    Sé quien es Lionel Messi, a mi pesar, y quizás por éso me apetece más tragarme un discurso de Kim jong-Un sin subtítulos que ver un documental sobre él. A parte de tener un gran dominio de la pelota sobre el campo no le veo más virtudes a ese señor, ni dentro ni fuera del campo, salvo su enorme dominio como evasor fiscal.

    No soy madridista. Por mí el Madrid puede bajar a 2ª. El Barça también puede bajar a 2ª, de hecho. Lo único que le pido al mundo del fútbol es que paguen impuestos y que vivan sin subvenciones. Gente dependiente sin ayudas y estos memos multimillonarios recibiendo indultos de Hacienda. ¿No tenía nada mejor que hacer Alex de la Iglesia que dedicarle un documental a este figura?

  • Santi Serrano Sedano

    Mi interés en este documental es bastante nulo. Como futbolista está claro que es de lo mejor que hay ahora mismo, pero como persona creo que queda lejos aquel chaval humilde que maravillaba con el balón en los pies. Ahora es un endiosado que como no le pases la pelota te monta una que para que…y pocos gestos nobles le he visto en el campo. Yo vería antes un documental de Xavi, Iniesta, Raúl, Casillas…gente de la casa que son de lo mejorcito del futbol mundial dentro y fuera del campo. O de Maradona…porque ese ha sido un genio dentro del campo y un personaje fuera de el con tantos excesos y locuras…¿pero Messi?, creo que lo más interesante de el será la parte de su infancia y adolescencia…como persona tiene una pinta de soseras que tira para atrás…

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