Críticas

Whiplash

– “Señor Hart, tenga una moneda. Llame a su madre, y dígale que tiene serias dudas de convertirse en abogado”
– “Profesor Kingfield, es usted un hijo de la gran puta”
– “Señor Hart… es lo más inteligente que ha dicho en todo el día. Tome asiento”.

Vida de un Estudiante (James Bridges, 1973)

Whiplash, que servidor os recomienda encarecidamente por el simple hecho de que forma parte del club “entretenida de cojones”, es un proceso de destilación humana que comienza cuando el profesor de jazz Terrence Fletcher (J.K. Simmons) decide en el primer minuto del film que el estudiante Andrew Nieman (Miles Teller) es la próxima gran leyenda de la música. “Enséñame fundamentos”, le pide Fletcher. Un golpe de batería después, la mirada de Simmons lo dice todo: simultáneamente extasiado por el potencial que ha descubierto y descorazonado por la persona donde está contenido. O, desde el punto de vista de Fletcher: atrapado. Así comienza un proceso en el que Fletcher, dependiendo de la escena, manipula, humilla, achicharra o directamente protoniza al joven Nieman, como Dr. Manhattan en máquina de taquiones, hasta reducirle a sus elementos más básicos, desconectado de cualquier lazo afectivo para convertirse en ANDREW NIEMAN: la expresión definitiva de su propia persona.

Creo que el mayor éxito de Whiplash reside en la enérgica manera en la que Chazelle, Simmons y Teller nos transmiten la idea de que en el mundo del jazz –en el del aprendizaje de una disciplina, en general– no existe pasión sin conocimiento. La primera lleva a la afición, el segundo a la maestría. Primero conoce las reglas. Destrúyelas después. El sufrimiento es una parte importante de este desarrollo. Fletcher se deleita con cada ampolla reventada en las manos de Nieman porque cada punzada de dolor establece una conexión más íntima entre alumno e instrumento, y cada bofetón que recibe el chaval es un paso más para convertir su cerebro en un metrónomo.

De hecho, es fácil verla película como un efectista desfile de torturas físicas y psicológicas –de hecho, ahí reside parte de su entretenimiento, cabronazo que soy– pero existe una diferencia de calidad tan brutal en su puesta en escena entre las escenas de prácticas y las que suceden en el “mundo exterior” que inevitablemente y por contraste uno termina pensando que Nieman y Fletcher son las dos únicas personas que viven en un pequeño mundo donde el afecto no tiene cabida. Conforme Nieman evoluciona en la música –o va cobrando la forma que desea Fletcher–, su incompetencia social con su padre y con su novia es cada vez más evidente. La película se contagia de ello.

© 2014 - Sony Pictures Classics

© 2014 – Sony Pictures Classics

En la sala de ensayos, marcada por la disciplina castrense que impone su profesor, Whiplash es pura dinamita, expresiva hasta el tremendismo. Cortes rápidos entre instrumentos que se intercalan con largos movimientos de cámara sobre el eje que es Fletcher –dominador absoluto de estas escenas–. El instructor hace una mueca de desdén, levanta el puño, la orquesta se detiene y Chazelle deposita la cámara en Simmons y Teller, que aprovechan la tensión acumulada para llevar la escena a buen puerto. Merced a esta constante estructura, a la tercera secuencia parecida el público sabe lo que se le viene encima: una audición más de Simmons para conseguir el Oscar al Mejor Actor Secundario. En manos menos diestras Fletcher es un sádico pero Simmons lo eleva a figura trágica, un hombre decepcionado por un mundo en el que nada es interesante porque nada cuesta, y un maestro que decide canjear su propio futuro en favor de una nueva generación dispuesta a aceptar los triunfos que ofrece el sacrificio. Es una aproximación que resultaría sumamente pretenciosa de no ser porque hace mucho, mucho, muchísimo tiempo que no veo a un actor de sesenta y pico, experto en toda clase de latitudes, consciente de que este es su “momento Bryan Cranston” y que va a matar en este papel, pasándoselo tan bien en pantalla con su compañero de reparto, al que no se olvida de aupar ni por un momento. Más que la voluntariosa interpretación de Teller, me quedo con los inmensos réditos que habrá obtenido de una colaboración tan satisfactoria con Simmons  y que a buen seguro aprovechará en un futuro.

Whiplash no es sutil. Por supuesto que no. Es más, debería llevarse el Oscar al MÁS Montaje del año. Pero lo necesita porque cuando no hay música de por medio, en esas contadísimas ocasiones, es rutinaria, artificial y blanda. Whiplash opera bajo la premisa de que los lazos afectivos son una molestia para el desarrollo de Andrew pero trata esas escenas con tal desdén que terminan pareciendo una vaga excusa para regresar a la batería lo antes posible. Y es una lástima porque suponen una oportunidad perdida para analizar con detenimiento el TREMENDO canje personal que está asumiendo nuestro protagonista a cada momento que intenta satisfacer a su profesor. Su padre es idiota, su novia es reducida a algo que sacrificas para conseguir la excelencia, el estamento académico que intenta convencer a Andrew en un momento dado para que repudie los métodos de Fletcher es distante y formal.

Andrew, por todo ello, no tiene incentivos fuera, por lo tanto cualquier pregunta sobre las terribles consecuencias de la explotación del potencial –y sobre la diferencia entre el aprendizaje y el adoctrinamiento cuando se emplea la presión extrema– carecen de sentido. Y Teller, desamparado en estas escenas ante la ausencia de  Simmons, es demasiado joven todavía como para operar en un ambiente tan contraproducente, sin los arrestos o la formación técnica de actores un poco de su quinta, como Redmayne, para apoderarse de estos momentos. El propio Simmons no escapa indemne del exceso de celo de Chazelle, quien propina a su personaje un golpe un pelín bajo, por gratuito e innecesario,  en forma de subtrama que rodea a un antiguo alumno.  En resumidas cuentas: Whiplash fracasa a la hora de describir con interés una insatisfactoria vida personal, dejando desnudo completamente a su protagonista. Chazelle quiere mandar a la mierda esas escenas lo más rápidamente posible para volver a coger las baquetas. Y yo también.


Whiplash es un ejercicio brutal de convicción, vaya bien o vaya mal. Lucha hasta la extenuación contra sus propios defectos para jugárselo todo en cinco minutos. Por carácter. Y lo consigue.


Y ese deseo resulta completamente lógico cuando llega el clímax, la expresión definitiva de lo que Damien Chazelle desea que sea el film. ¿Es la hora del renacimiento de Nieman? ¿Es el momento en el que Fletcher aceptará la realidad de un legado fallido? Hasta ese punto, estoy moderadamente interesado en conocer las respuestas. Whiplash ha sido un conjunto irregular: entretenidísima, volátil, simplista, exagerada en sus momentos álgidos, perezosa en sus tiempos muertos. Todo a la vez. Habría quedado satisfecho hasta ese momento.

Entonces, Teller, Simmons y Chazelle te recuerdan lo que han estado haciendo en esta película: morir por ella. Me viene a la cabeza Black Swan, un artefacto milimétricamente construido por Darren Aronofsky que culmina en cinco minutos apoteósicos. Pero en lo que Black Swan es un remate a gol, en Whiplash es un momento definitorio y algo que no estoy muy acostumbrado a ver: un salto de fe. Es fantástica por sentido de la puesta en escena al desvincular la cámara de nuestros dos protagonistas para describirnos con orden y sentido las múltiples relaciones en una big band: la jerarquía de cada instrumento en una pieza musical así como la importancia del pulso del director de la orquesta, y demostrarnos que por primera vez Fletcher y Nieman se enfrentan en el marco de algo más importante que su mera rivalidad personal. Es fantástica por su precisión a la hora de describir el complejo espíritu de comunión que ambos personajes han alcanzado. Es emotiva porque por vez primera rompe su mensaje del jazz como disciplina técnica para llevarlo al terreno de la explosión emocional y liberadora. Hay tantos “por vez primera” que se acumulan en el clímax de Whiplash, tantas rupturas con su propuesta inicial, que te da la sensación de que Chazelle, Simmons y Teller se han jugado el cuello y han puesto las manos en la parrilla. Por mí.

“Fascínales con el final”, decía Robert McKee (Brian Cox) en Adaptation. “Tendrás tus fallos, tus problemas, pero fascínales con el final. Y tendrás un éxito”.

Consejo atendido.


Miles Teller, J.K. Simmons, Paul Reiser, Melissa Benoist. | Damien Chazelle | Damien Chazelle | Justin Hurwitz | Sharone Meir | Melanie Jones | Tom Cross | Jason Blum, Nicholas Britell. | Jason Reitman, Couper Samuelson, Gary Michael Walters | Bold Films, Blumhouse Productions, Right of Way Films |
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    A mí me parece que lo que tratan de expresar con esa escena es que el profesor es un hijoputa y que da cera, pero si respondes, acabas teniéndole aprecio, y mucho, tanto como para que conozca a tu hija.

  • Carlos Jerez

    Me ha gustado mucho, muy entretenida y con un final cojonudo, pero había una cosa que me sacaba un poco de la película, que no me la creía. Parece una visión grotesca de la realidad, que no lo conozco de primera mano, pero es tan exagerada la relación, la sangre, los comportamientos de los protagonistas, que te pones a mirar lo que dicen los músicos de ella y pasa como con otras grandes películas (como The Hurt Locker o Gravity) que dramáticamente son muy buenas, la técnica es perfecta pero no tiene nada que ver con la realidad. Hasta la anécdota de Charlie Parker es una tortuosa versión de la auténtica.

  • JoakinMar

    Solo decir que me ha parecido el final de esta película uno del so mejores que he visto en muchos años. No había vuelto a estar en tensión en mi vida. Gran film y genial critica Rafa!!!!

  • Turin

    La muerte fue por suicidio ya que padecía de depresión y el del pasillo se veía muy risueño así que no creo que sean los mismos

  • mordac

    Me gustaria escribir, es ver la pelicula con palabras. Bravo

  • Ferran Pujol Martínez

    Para mí el personaje está en eso; en la mano contra la pared mientras te pregunta cosas “sensibles” y en la “subida de pecho” al volver con la banda después de hablar con la niña como ha apuntado spunkmayer.

    Simmons está enorme.

  • Che Hu

    Bueno, sé que no ganará como mejor película, pero esta es mi favorita de todas las nominadas. Una película que se puede definir como extremadamente emocionante, te lleva desde la repulsión al ver cómo el profesor trata a sus estudiantes, hasta ese éxtasis en que se convierte la escena final, pasando por la frustración al ver cómo el personaje principal se rinde y abandona todo en algún momento, o al ver cómo es ignorado por su familia por no ser el “deportista”.

    Desde que la vi, he leído muchas reseñas, muchas opiniones, muchas comparaciones. Válida me parece la comparación con “Reto al Destino” por la forma militar como es “retado” el protagonista….pero no, esto es otra cosa.

    Entre las críticas que he leído, señalan esa enajenación del protagonista con su familia y pareja solo para impresionar a un profesor…o será que en realidad él quiere ser el mejor, él quiere creerle al profesor y sabe que solo abandonando todo puede lograrlo? Como alguien que se ha visto (salvando ENORMES DISTANCIAS, que mi vida no es para nada de película) en una situación similar, donde crees que solo abandonando a quienes te rodean puedes lograr ciertas metas, me identifiqué con el personaje de Andrew…claro, al final yo si me rendí y bueh…eso es algo que no incumbe acá porque esto no es un blog ni un diario personal. Pero si logré entender esa actitud, donde sientes que hay que dejar mucho para lograr algo que en el fondo, crees que es más aún.

    Elementos muy destacables: la actuación de Simmons, quien ya se sabe que pasará a la historia por este personaje y es ganador casi seguro del Oscar, y la de Teller, de quien he visto muy poco (y no me gustaba) pero aquí me parece que se amolda completamente al personaje de Andrew. La música de la película por supuesto es magistral, y finalmente, la dirección de Chazelle, me pareció brutal y una injusticia que no haya sido nominado al oscar, cuando logra dominar cada momento de la película adaptándose (y adaptando al espectador) con todo el entorno, a lo que el personaje está sintiendo: la primera interacción con el profesor, cuando invita a la chica a salir, cuando están seleccionando al baterista adecuado, y por supuesto ese épico final, Chazelle maneja muy bien cada momento.

    Una película que me tiene convertido en un testigo de Jehová, diciéndole a todo el que conozco que la vea, porque independientemente de les guste o no, todo el mundo merece dedicarle 90minutos de su vida a una película que sin duda alguna, por una u otra razón (porque te parecerá genial si te gusta o porque te parecerá que la gente ha hecho mucha bulla y no es gran cosa si no) la van a recordar.

  • Ms Warrior

    Joder que hijos de puta son algunos profesores, pero éste al final consigue a su Charlie Parker. Me ha encantado y ese final me dejó con ganas de más, tanto que después me puse a ver como una loca videos de Buddy Rich en Youtube.

  • Carnivex

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

rev1

El amor nos salvará a todos.

el reino

Caída en picado en el pozo de la corrupción.

chpa1

Camelot termina.

predator

Pintaba muy bien.

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