Críticas

Kingsman: El servicio secreto

Kingsman es una película pefectamente canónica del excelente dúo que conforman el director Matthew Vaughn y la guionista Jane Goldman, una pareja caracterizada por su habilidad para subvertir los géneros, desde el fantástico (Stardust) hasta el superheroico (Kick-Ass)… lo que en realidad es una afirmación un pelín inexacta. Hacen eso y lo envuelven dentro de películas que, en sí mismas, son como mínimo decentísimas piezas de entretenimiento dentro del género que intentan transgredir. Y Kingsman, donde es el turno de un icono como el agente secreto británico (ya sea James Bond, ya sea John Steed), no es una excepción. Por encima de todo lo demás, me pareció ágil, alegre a la vista, imaginativa, sin ninguna caída de ritmo especialmente remarcable, y respetuosa y conocedora de los aspectos más distintivos de la historia del superespionaje cinematográfico: gadgets, secuaces, coches, y trajes de Saville Road.

Pero si en realidad hay algo que distingue a Kingsman es el toque particular de Vaughn y Goldman a la hora de caracterizar su visión de Bond. Sobre el papel, es una aventura de espionaje con toques de comedia y acción, de estética chic inspirada en el cine del agente secreto en los años 60 y 70. Sin embargo, por debajo esconde un animal más peligroso: un crítica contra las élites abanderada por su protagonista, un joven de clase media-baja, cani en forma, decente en fondo y aprendiz de espía, Gary ‘Eggsy’ Unwin (Taron Egerton). Ahí reside su espíritu, y su parte más vunerable, porque no creo que la película consiga todo lo que se propone en este aspecto. Pero esta pareja de director/guionista no está a la vanguardia del cine de entretenimiento por ir provocando infartos proletarios a ejecutivos. Kingsman ES un blockbuster, al fin y al cabo, pero uno enriquecido por las inquietudes particulares de sus creadores.

© 20th Century Fox

© 20th Century Fox

Y durante tres cuartas partes de metraje, estas inquietudes son bastante notorias. El agente secreto Harry Hart (Colin Firth) recluta a Unwin por una deuda de honor, pero también por su desencanto con el inmovilismo que domina la organización para la que trabaja, una cuyos integrantes se apodan como los Caballeros de la Mesa Redonda y captan a sus aprendices entre las clases altas de la sociedad británica. El villano del film, Richmond Valentine (Samuel L. Jackson), es un magnate de la electrónica cuyo plan para destruir el mundo contempla la salvación de cualquiera que pueda pagarse el billete. En definitiva, las grandes organizaciones, los Estados y los viejos estamentos son objetivos del film de Vaughn y Goldman, que se deleitan con el contraste entre una figura en principio tradicionalista como es la del agente secreto, y un nuevo juego de reglas donde chavales como Unwin, muy frustrado por la falta de oportunidades en la vida, y por ser incapaz de proteger a su madre frente a su abusivo padrastro, podrían representar un nuevo futuro. En la decencia y la vulnerabilidad residen el encanto de la interpretación de Egerton.

Este es el contenido de Kingsman y se encuentra dentro de un envoltorio intachable. La película vuelve a ser ejemplo de la gran virtud de Vaughn y Goldman: su dinamismo. Todo parte de la espléndida idea de usar a Harry Hart como punto de conexión entre las dos tramas principales del film, al estar presente durante la educación de Gary y al investigar el desarrollo del maligno plan de Valentine, lo que permite que el film salte sin esfuerzo entre ambas tramas. La presencia de Firth no solo dista de ser testimonial, sino que saca todo el partido posible del componente de sorpresa que aporta a la película al tratarse de su primera incursión en el género de la acción –donde demuestra estar dotado, como Brosnan, de una gracilidad impropia de sus años–, y de dos ángulos discordantes en Firth: su calidez (heredada de su faceta de galán romántico) que en este caso aprovecha para transmitirnos una convincente relación de padre con ‘Eggsy’, y otro aspecto más duro, enigmático y violento, que saca a relucir ocasionalmente con espectaculares resultados como A Single Man y El Topo, en sus conversaciones con Valentine.

La fantástica elección de Firth es un aspecto destacable pero servidor cree que está película obedece a Samuel L. Jackson. Porque si bien Firth y Egerton se mueven en un plano más o menos “serio”, en Jackson se concentran las intenciones de Kingsman de homenajear, desde el más profundo respeto, a la parte más excéntrica de James Bond, y a las incontables películas y series que la siguieron durante los años 60 y 70. Sucede que a Jackson le cuesta poquisimo entrar estado de gracia. Ha llegado a un punto de espléndida madurez donde sus interpretaciones son, al mismo tiempo, tan dinámicas como perceptivas, hasta el punto de que su Valentine oscila sin ningún tipo de fricción entre la parodia y la amenaza. Su vestuario, que supera con creces el mejor día de Kanye West, es definitorio de una de las películas más coloristas que he visto desde el Speed Racer de los Wachowski, y que remite sin ningún tipo de pudor a las modas de Carnaby Street, King’s Road y, en definitiva, el Swinging London al que Austin Powers –con la que Kingsman comparte aspectos tan agradecidos como este– nos acercó hace más de 15 años.

© 20th Century Fox

© 20th Century Fox

Más allá de su estética particular de tiempos pasados — a los que Vaughn y Goldman guardan inmenso cariño– Kingsman es un ejemplo más del dominio que tiene su director para poner en escena películas aparentemente convencionales, limpias, nítidas, pero que están salpicadas de llamativas ideas visuales. Su dominio de la cámara es inmensamente versátil y tiene una habilidad innata –y nunca bien ponderada– para amplificar la acción a través de la perfecta sincronía con una banda sonora plagada de constantes crescendos, sin desdeñar el uso de canciones, nunca intrusivas, y oportunas como el uso del Freebird de Lynyrd Skynyrd en una iglesia del sur de Estados Unidos, donde sucede una de las escenas más memorables del film. Como apunte, este señor se ha convertido en un experto en rodar escenas de entrenamiento, muy agradecidas al romper la dinámica del film sin que decaiga el interés, y cuya plantilla extiende al resto de las escenas de acción, siempre con sentido, progreso y resultado. Poco hay que decir en realidad de Vaughn: si habéis visto First Class, ya sabéis el nivel.

En realidad, son tantas y tantas las ventajas de Kingsman como film de acción –ni siquiera hemos mencionado a Michael Caine o a Mark Strong, impecables como centrocampistas defensivos para ayudar a Egerton y a los chavales del film, ni el portentoso diseño de la secuaz a la que da vida Sofia Boutella– que se me hace extraño hablar de sus flaquezas como, ejem, ataque contra la “casta”. Me da la sensación de que Kingsman, en el fondo, es una película que no termina de llevar su premisa hasta el final. Y no lo digo porque pierda mala baba o corazón –de hecho, parte de la eficacia del clímax reside en lo inesperadamente personal que se vuelve para nuestro joven protagonista– sino porque conforme ‘Eggsy’ se va transformando en un Kingsman, pierde parte del gracejo que le hacía tan interesante durante gran parte del film (un aspecto sintomático es que su compañera de equipo, que interpreta una encantadora Sophie Cookson y le servía como ancla moral, como defensora ante sus compañeros más pijos, desaparece del metraje durante gran parte de la película para regresar al final con un mero sentido funcional). Se abre un debate ideal en los comentarios para preguntarnos si Eggsy se está transformando en un agente secreto en sus propios términos o en realidad se está institucionalizando al convertirse en el mismo estereotipo que su mentor quiere cambiar. Si es este último caso –y yo estoy bastante convencido de que es así– las ansias de transgresión de Kingsman quedarían un poco coartadas. En cualquier caso, alegra ver que perviven los chispazos revolucionarios que vimos en el género con películas como F de Flint –donde se contempla la destrucción del patriarcado, creedlo o no–. Quizás estos son tiempos más domados, pero la voluntad, gracias a Vaughn y Goldman, sigue ahí.


Matthew Vaughn | Matthew Vaughtn & Jane Goldman, basados en un comic original de Mark Millar y Dave Gibbons | Taron Egerton, Colin Firth, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Sophie Cookson | George Richmond | Paul Kirby | Henry Jackman, Matthew Margeson | Eddie Hamilton, Jon Harris | Adam Bohling, David Reid, Matthew Vaughn | TSG Entertainment, MARV Films | Hispano Foxfilm |
  • Daniel Mayoralas Martinez

    Yo tengo unos Oxford sin picado (y con picado) pero claro, yo siempre he sido un caballero 😉

    Yo me lo pase teta, pim, pam, pum… Zasca… Jackson es brutal, Firth me encanta y Strong… Parece que en cualquier momento va a decir “niñatos” y se va a liar a tiros…

    PD: Y para el que esté interesado el uniforme, aquí va un enlace…

    http://www.mrporter.com/mens/designers/kingsman

  • Martin

    Pues vaya joyita nos acaba de traer Vaughn a los cines. Justo acabo de salir de verla y me lo pasé teta.

    LA ESCENA de la iglesia es de lo mejorcito que he visto en cintas de acción, con ese ritmo y la musiquita de free bird. Y Samuel L. Jackson se nota que se lo pasa teta en esta peli, sacando a uno de los mejores villanos que he visto.

    Hay que bonico ha sido gastarme mis 8 pavos en algo así… Lloraré de la emoción.

  • DexterMorgan

    A mi me parece, junto con el hecho de que el intento de mensaje anticlasista se queda en eso, en un intento, me parece el peor fallo de la película.
    Vaughn intentaría parodiar el sexismo rancio de las pelis de Bond, y por sus contestaciones con respecto a las críticas a esa escena, él cree que lo ha parodiado y le ha dado la vuelta porque es la princesa la que sugiere irse por detrás, y además opina que las feministas no tienen sentido del humor.
    Por supuesto, no se le ha pasado por la cabeza que el intento le haya salido mal y que haya formas mucho mas interesantes de reventar ese tópico.

    Y es una pena, la película lo estaba consiguiendo con un método tan simple y sencillo como no sugerir en ningún momento nada mas que una amistad entre Eggsy y Roxy.
    No es tan fácil parodiar estas cosas y ser subversivo, desde luego.

  • Ivan Casajus

    Yo la fui a ver ayer por fin, impresiones…
    Ostras, la crítica me parece cojonuda, pero sinceramente no me gustó mucho la película.
    Hasta ahora había disfrutado mucho cada película de Vaughn, pero en ésta me he encontrado que hay demasiadas cosas en la coctelera y que esto afecta al ritmo [demasiado tiempo con el entreno, quizás]. Me ha parecido como si fuera ‘X-men, first class’ antes de pasar por el último montaje para quitar lo que sobra.
    Me he aburrido, la verdad. O mejor dicho, he ido perdiendo interés. Por ejemplo, la

    SPOILERS
    SPOILERS
    SPOILERS
    última escena con Caine debería haberme engolillado+10, pero me daba un poco igual.
    Por otra parte, tiene algunas cosas muy poco sutiles y algo cerdas como el plano subjetivo del trasero de la princesa al final [sí, entiendo que antes el James Bond de turno se acostaba con la chica después de salvar al mundo y que aquí, con la nueva generación y su transgresión, el camino a entrar sea otro… pero formalmente/visualmente eso me pareció feo feo (no me malinterpreten: la princesa y su trasero de sangre azul se merecen todos mis respetos… pero me pareció un punto de director algo torpe)].
    Al final vemos el mundo matándose a hostias a ritmo de música disco. Muy punkie, brutal y cínico a más no poder, sí, pero yo ya estaba cansado
    FIN SPOILERS
    FIN SPOILERS
    FIN SPOILERS

    Aprovecho para señalar que la realización en las escenas de acción no me ha gustado mucho [ejemplo brutal el de la -gran- escena de la iglesia]… pero eso es cosa mía.
    Pero cosas buenas tiene muchas, y muy buenas: me limitaré a señalar que estoy al 150% con la crítica acerca de Jackson pero, es que además, creo que la elección de Taron Egerton es maravillosa. El chaval se come la pantalla casi desde que su personaje tiene 3 años. ¿Será finalmente el joven Han Solo?Por favor decidme que sí.
    Pero bueno, básicamente que me he aburrido.

  • MrBlogger

    Entoncando con lo que dices tu, yo lo plantearía de esta manera

    Que la élite es capaz de cualquier cosa por mantener su estatus (tanto es así que incluso una organización “independiente” para proteger una nación se nutría de élites y casi que al final solo protegía a las élites, y eso es lo que ha cambiado con la llegada de eggsy con la mediación de Harry Hart, porque ponían por encima a las personas sobre lo demás) y que somos los demás los que garantizamos que se perpetúe la élite, porque en el fondo queremos ser como ellos y para eso debemos mantenerles a ellos ahí, los que tenemos que cambiar somos nosotros.

    Ahí la peli da un pequeño vuelco, porque se carga literalmente a toda la élite y quien toma el relevo es la plebe, pero una vez aceptado el hecho de que tienen que mejorar a todos los niveles (educación, cultura, moralidad, etc) pero sin rebajarse a la pura ostentación y cinismo que había antes.

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